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sida y costumbres matan a áfrica


[Sharon LaFraniere] El sida y las costumbres dejan en la calle a familias africanas.
Lantyre, Malawi. Hay dos razones por las que Chikumbutso Zuze, de 11 años, nunca ve a sus tres hermanas, por qué no tiene casi nunca la barriga llena y por qué duerme empaquetado como sardina con seis primos en el piso de tierra en la choza de barro de su tía.
Una de ellas es el sida, que se llevó a su padre en 2000 y a su madre en 2001. La otra es el sobrino de su padre, un hombre alto y de tez clara al que Chikumbutso sólo conoce como el señor Sululu.
Fue Sululu quien llegó a su pueblo hace cinco años, después de la muerte de su padre, y se apropió de todas las pertenencias de la familia -colchones, sillas y, lo más importante, la camioneta Toyota verde de la familia, un lujo casi inimaginable en uno de los países más pobres del planeta. Y fue Sululu quien rechazó las súplicas de la madre del niño, ella misma muriéndose de sida, de que le dejara la camioneta para que sus hijos tuvieran alguna herencia que les permitiera ganarse la vida después de su muerte.
En lugar de eso, dijo Chikumbutso, sólo les dejó una radio a pilas.
"Me siento muy amargado por esto", dijo, desplomado en una banca de madera en la choza de barro de 3.60 x 3.60 metros alquilada por sus tíos maternos en las afueras de este pueblo en las exuberantes colinas al sur de Malawi. "No sabemos realmente por qué lo hicieron. No podemos entenderlo".
En realidad, la respuesta es simple: la tradición. En todo el África sub-sahariana la muerte de un padre da derecho automático a su lado de la familia a reclamar la mayoría, si no todas, de las propiedades que quedan, incluso si sus descendientes quedan en la indigencia.
En una era en que el sida se está cobrando unas 2.3 millones de vidas al año en África sub-sahariana -unas 80.000 personas al año solamente en Malawi-, las enfermedades y una testaruda tradición se han combinado en una terrible sinergia, quitando a innumerables madres e hijos no sólo sus seres queridos sino todo lo que poseen.
"Es una historia increíblemente triste", dijo Seodi White, que encabeza la sección en Malawi de Mujeres y Ley en Sudáfrica, una organización de investigación sin fines de lucro. "La gente se está contagiando de sida. Las mujeres se quedan sin nada, excepto la enfermedad. Cada vez que te enteras, te vuelves a impresionar, pero de hecho es normal. Es lo más horroroso que tiene".
La tradición está enraizada en la idea de que los hombres son el sostén de la familia y la propiedad de una pareja casada representa los frutos del trabajo del hombre. Las mujeres pueden cuidar de las cabras y plantar el maíz, pero en todas las comunidades rurales de la región son todavía consideradas apenas diferentes de los menores, incapaces de hacer una contribución económica a la familia.
Cuando un marido muere, la viuda debe empezar todo de nuevo, como una chica joven que debe salir a buscar un marido. Ya que los hijos se quedan normalmente con la madre, las pérdidas de ellas también les afectan a ellos.
"A las mujeres se las deja atrás por tradición, así que están muy expuestas a este tipo de explotación", dijo hace poco en una entrevista Phil Ya Nangoloh, director ejecutivo de la Sociedad Nacional de los Derechos Humanos de Namibia. "Es malo porque convierte a una persona débil en todavía más débil y más vulnerable".
El grado en que los hombres controlan la propiedad familiar varía de país en país y de tribu en tribu.
En las tribus matrilineales los hijos son considerados descendientes de la madre, y una familia vive normalmente en la aldea de la madre. Si el marido muere, la viuda conserva normalmente la casa y la tierra, además de algunos artículos considerados como esenciales para la mujer, como cacerolas, sartenes, utensilios de cocina y cubos, de acuerdo a estudios de Mujeres y Ley en Sudáfrica. Sus cuñados recogen las pertenencias más valiosas, como bicicletas, máquinas de coser, vehículos y muebles.
La mayoría de las tribus son patrilineales, lo que significa que los hijos son considerados descendientes del padre y los hombres son vistos como los propietarios de todas las propiedades. Aquí, la situación de una viuda reciente es realmente precaria. Sus cuñados le pueden permitir que tenga acceso a su casa mientras no se vuelva a casar. Pero si quiere mudarse, se la despoja de toda propiedad.
Alternativamente, puede ser obligada a casarse con uno de los familiares del marido para que conserve la propiedad. O puede simplemente ser expulsada de la casa.
El sida es cada vez más una excusa para el desahucio. "Las familias ahora sufren más de un desahucio", dijo Birte Scholz, que escribió un informe sobre las prácticas de herencia en el África sub-sahariana para el Centro de Desahucios y Derechos de Vivienda, de Ginebra. "Simplemente les dicen: ‘Tienes sida. Debes marcharte'".
En una cultura donde las mujeres son valoradas por su docilidad y obediencia, pocas viudas protestan. Veamos, por ejemplo, el destino de Ellen Wyson, que vivía con su marido y dos hijos en Chiwaya, una aldea del sur de Malawi, hasta la muerte de su marido hace dos años, aparentemente de sida.
Los ingresos de la familia obtenidos por la agricultura y la venta de pescado habían permitido a la pareja no solamente construir una casa de seis habitaciones y cultivar un terreno de tierra agrícola adyacente, sino también dar un estipendio al hermano menor de su marido.
Sin embargo, dijo Wyson, su cuñado era celoso. Cuando murió su marido, dijo, vio la oportunidad de desquitarse. Como en nueve de diez casos, el marido de Wyson no dejó un testamento para protegerla a ella y sus hijos.
"Dos semanas después del funeral de mi marido, llegaron el hermano menor y su esposa y se llevaron el tejado de hierro, las puertas, bicicletas, incluso los productos del huerto", dijo en una entrevista. "Se puso muy agresivo. Me dijo: ‘Se supone que ahora te debes marchar a tu casa, porque tu marido está muerto. Y no te puedes llevar nada".
"Me echaron. No pude hacer nada. Simplemente me resigné".
Wyson, 38, buscó refugio en una choza abandonada sin muebles en la cercana aldea de Ndanga, donde vive ahora de las limosnas de sus parientes. Ella misma en una fase muy avanzada del sida, ha enviado a su hijo e hija, de 13 y 15, a vivir con sus familiares mientras ella trata una terapia antirretroviral en una clínica a cuatro horas a pie de distancia.
Según la ley malawi, la señora Wyson tiene derecho a la mitad o a dos quintos de la herencia de su marido. Sus parientes políticos pueden incluso ser acusados formalmente de apropiación ilegal de propiedad según una enmienda de la ley de herencias de 1998 que penaliza el delito con una multa de hasta 200 dólares o cinco años en prisión.
Pero Wyson dice que ella no tiene dinero ni energía para hacer esos trámites cuando su vida está en peligro. "No quiero reabrir viejas heridas", dijo, mirando su sucio vestido azul.
Centros jurídicos y activistas de derechos humanos dicen que tales casos se dan en toda el África sub-sahariana. En un estudio de 2001 en Uganda, financiado por la Agencia de Desarrollo Internacional de Naciones Unidas, un 29 por ciento de las viudas dijeron que habían sido víctimas de apropiación de propiedad. Uno de cada cinco huérfanos adolescentes dijo que extraños se habían apropiado de sus pertenencias tras la muerte de sus padres.
Las leyes que protegen los derechos de herencia de viudas e hijos no se implementan o son simplemente incapaces de luchar contra el poder de la tradición, dicen abogados. Pocas viudas conocen sus derechos, y todavía menos están en estado de buscar ayuda jurídica, especialmente en países como Malawi, donde hay unos 500 abogados para una población de 11 millones de personas.
Cuando en Zambia una mujer se negó a ser despojada de su herencia por su cuñado o a dejar su casa, sus parientes políticos convirtieron su heredad en un cementerio, dijo Scholz en una entrevista telefónica desde Ginebra. Ahora cinco tumbas adornan su propiedad. Un juez local determinó recientemente que el tribunal no tenía jurisdicción para resolver la disputa.
Sin embargo, cada vez más viudas están luchando. En Zambia la policía dice que en 2003 han investigado 458 casos de apropiaciones ilegales de propiedad. En Malawi, el Centro de Asesoría, Educación e Investigación, un centro sin propósitos de lucro, asesoró a 120 personas en problemas de herencia, pólizas de seguros de vida y apropiaciones de tierras entre julio y septiembre, un aumento de un 60 por ciento con respecto a los tres meses anteriores.
Para cuando murió su padre, dijo Chikumbutso Zuze, su madre estaba demasiado enferma incluso para cocinar para él y sus tres hermanas en su casa de tres habitaciones en la aldea de Bvumbwe en el sur de Malawi. Sin embargo, dijo, ella trató en vano de desafiar al sobrino de su marido cuando, con dickensiana crueldad, se apareció poco después del funeral exigiendo las llaves de la camioneta familiar. También exigió las camas y toda otra posesión que no hubiesen vendido todavía para comprar medicinas o comida.
Chikumbutso vive ahora de la caridad de sus tíos maternos, que dicen que deben luchar diariamente para alimentar a sus propios seis hijos en edad escolar. Para reunir dinero, el niño acarrea cubos de agua, recoge arena del río y busca otros trabajillos en el vecindario.
"No tengo un lugar permanente donde quedarme", escribió en un cuaderno de notas que le dio la Unicef, que se propone localizar y ayudar a huérfanos como Chikumbutso. "Me trasladan de un lugar a otro, a veces a la semana. Ayuda que necesito: comida, ropa, mantas, uniforme para la escuela".
Al menos está ligeramente mejor que su hermana Labbecca, de 14. Hace algunas semanas se apareció a la puerta de su tía, Befiya Phaelemwe, suplicándole que la admitiera.
Pero la tía dijo que con la miseria que ganaba su marido remendando ropas no era suficiente para alimentar a sus propios hijos y a Chikumbutso. Mostró un cubo de metal lleno hasta la mitad de harina de maíz -todas las provisiones de la familia, dijo.
"Le dije que la casa era pequeña y que no podía recoger a otro niño", dijo. "Ella estaba muy triste".
Llorando, Labbecca se alejó penosamente, diciendo que quizás un amigo la dejara dormir en casa. Phaelemwe dijo que desde entonces no la ha visto y no tiene idea dónde está.
Dijo Chikumbutso: "Estoy muy preocupado".

18 de febrero de 2005
22 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh

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