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más protestantes en méxico


[Mary Jordan] Influencia de la iglesia disminuye a medida que crece el protestantismo.
Zinacantán, México. Después de que Pedro González Pérez, 38, perdiera la visión de su ojo izquierdo durante una borrachera, dijo que buscó desesperadamente ayuda, pero no se la dieron en la monumental iglesia católica de la ciudad.
"Es muy difícil encontrar a un sacerdote católico con quien hablar cuando tenemos un problema. Viene al pueblo cada 15 días", dijo González, albañil, que entonces se unió a una pequeña pero creciente iglesia evangélica al borde de la ciudad. Allá, el pastor, que oficia varias veces a la semana, habló con él todos los días para ayudarle a dejar la bebida, dijo.
"Yo crecí en la iglesia, pero aquí no encontré solución para mis problemas", dijo González, parado frente a su nueva iglesia, un sencillo edificio de madera que cada vez más se llena de antiguos católicos.
La iglesia católica continúa teniendo tanta influencia en México que rivaliza con el gobierno federal sobre el impacto que tienen en la vida de la gente, aunque en muchos rincones del país está perdiendo terreno rápidamente ante las iglesias protestantes. Cuando la jerarquía católica comience la elección de un nuevo líder tras la muerte del Papa Juan Pablo II, uno de los grandes retos del nuevo Papa será tratar el tema del descontento de los católicos, que aquí se ha profundizado debido a la grave escasez de sacerdotes y la sensación de que la iglesia está demasiado alejada de la vida diaria de la gente.
El teólogo mexicano Alfonso Vietmeier estimó que los grupos protestantes en México tienen un ministro por cada 250 seguidores, en comparación con un sacerdote por cada 10.000 católicos. En algunos lugares, el sacerdote visita tres veces al año porque tiene a cargo hasta 50 pueblos, dijo Vietmeier.
Eso es ciertamente verdad en el extremo sur del estado mexicano de Chiapas, donde hay miles de pequeñas comunidades metidas entre colinas verdes y neblinosas. Las iglesias protestantes de Estados Unidos han ayudado a llenar el vacío enviando msioneros aquí y a la vecina Guatemala en los últimos años para construir nuevas iglesias y escuelas. Con más y más de estas iglesias, se estima que una de cada tres personas serán protestantes en este estado de 4 millones de habitantes. Es parte de una tendencia que se observa bastante en América Latina.
En un país donde casi cada pueblo se ordena en torno a una iglesia católica desde que llegaran los conquistadores españoles hace 500 años e impusieran el catolicismo, el creciente número de desertores es visto como un llamado de atención a la iglesia romana para que se haga más accesible y relevante para la gente.
"La iglesia católica ha tenido el monopolio durante tanto tiempo que se ha puesto descuidada" en esta región, dijo el reverendo Thomas J. Reese, sacerdote jesuita y editor de una revista católica de Estados Unidos. Los sacerdotes no pueden simplemente "estar sentados en sus iglesias", sino que "deben salir y escuchar a la gente", dijo.
Juan Pablo era conocido por tener una relación directa con la gente pobre, incluyendo a muchos en esta ciudad de 3.000 habitantes que lloraron por él cuando los noticiarios de radio informaron sobre su muerte. Algunos fueron a la capital del estado vecino de Tuxtla Gutiérrez, visitado por el Papa en 1990.
Pero al mismo tiempo, algunos líderes de la iglesia locales observan que durante el mandato de Juan Pablo, su gestión rígida y autoritaria de la iglesia les hizo más difícil tratar problemas locales. Por ejemplo, dijeron, durante años los líderes católicos en Chiapas fomentaron el uso de diáconos que hablaban el idioma nativo -los clérigos por debajo de un sacerdote, que ayudan en el ministerio. Pero en 2002 funcionarios del Vaticano enviaron una carta a Chiapas aconsejando a los líderes paralizar la ordenación de diáconos durante un período de evaluación de 5 años.
Los diáconos se encargan de algunos servicios de la iglesia y cuidan de los enfermos.
"Su trabajo es muy importante en términos de reconciliar los problemas de las comunidades", dijo el reverendo Raúl Orlando Lomeli, un sacerdote de Chiapas. Los diáconos, dijo, son hombres de la localidad enraizados en la cultura indígena de la región y hablan el idioma nativo, que en este pueblo es el tzotzil.
Muchos aquí se preguntan cuál será la posición del nuevo Papa sobre los diáconos y si solucionará el problema de la escasez de sacerdotes, permitiéndoles casarse o permitir que las mujeres tengan acceso al sacerdocio.
Lomeli dijo que hay muchas expectativas: "Alguna gente quiere que los laicos tengan un papel más importante, especialmente las mujeres. Alguna gente está cuestionando si los votos de celibato deben ser obligatorios y otros quisieran que se fomentara más a los diáconos. Algunos pensaron que durante Juan Pablo II, sus posiciones no correspondían a la situación actual de la iglesia".
Guadalupe Hernández, esposa del albañil herido, González, también creció como católica y asistió a la iglesia en la plaza del pueblo, que tiene cielos abovedados y un recargado altar decorado con sirios y claveles frescos.
Incluso después de ver cómo la nueva iglesia evangélica ayudaba a su marido, dijo, no quiso abandonar la iglesia católica de la que eran tan familiar. Además, algunos parientes estaban preocupados de que su marido hubiera dejado la iglesia de sus ancestros.
Pero ahora, ella también asiste a la pequeña iglesia de madera. El domingo entró a su nueva iglesia, se levantó el chal azul y verde que había bordado sobre su cabeza y rezó, buscando ese raro momento de soledad después de cuidar de sus dos hijas más pequeñas, de 3 y 4 años.
Hernández, que vive en una chabola de un cuarto con piso de cemento y un fogón abierto como cocina, dijo que no tenía nada negativo que decir sobre la iglesia católica. Más bien, dijo, la nueva iglesia la había ayudado mucho cuando enfermó seriamente hace tres meses. dijo que fue un pastor evangélico quien se vino a quedar con ella hasta que pasaron sus dolores de estómago.
Mariano de la Cruz González es uno de los dos pastores que sirven a 100 personas de la congregación protestante de González, la Iglesia de Cristo. Dijo que la iglesia está superando a los católicos porque ofrece una conexión más directa con la gente y un mensaje más relevante ajustado a sus necesidades. En este pueblo, ese mensaje es: ¡Hay que dejar de beber!
Aunque Zinacantán es conocida a los extraños mayormente por sus coloridos chales bordados, los que viven aquí dicen que el pueblo se define en gran parte por lo que no tiene: no hay trabajo ni cómo salir de la pobreza. Muchos hombres en el paro pasan parte del día bebiendo; una mañana hace poco, un hombre de edad mediana daba tropezones cerca de la plaza del pueblo, con una botella de aguardiente en su mano.
De la Cruz no tiene los largos años de educación formal de los sacerdotes católicos. Pero vive con su esposa en la comunidad y habla tzotzil. Y González dijo que lo importante para él es que "puedo ir a su casa cuando quiera. Puedo hablar con él cuando lo necesito".
Este domingo pasado, en la nueva iglesia de González la mayoría de la gente en los bancos eran antiguos católicos. En San Lorenzo, la grandiosa iglesia católica en la plaza de la ciudad, no hubo misa el domingo. El sacerdote la estaba diciendo en otro lugar.

Bart Beeson contribuyó a este reportaje.

6 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh

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