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carta blanca para un asesino


[Eugene Robinson] El gobierno no se atreve a llamar terrorista a un cubano confeso del asesinato de 74 personas.
El gobierno de Bush dice que su política de tolerancia cero con el terrorismo se aplica a todos los sospechosos de este tipo de delitos, y no solamente a los malhechores musulmanes, y que su política de tolerancia cero hacia Cuba es una cuestión de principios, y no solamente un ejercicio para complacer a los implacables exiliados cubanos de Miami. De las dos cosas, las evidencias sugieren otra cosa.
El hecho es que Luis Posada Carriles, acusado de terrorismo que entró ilegalmente a Estados Unidos y fue luego detenido, no está en confinamiento solitario y no lo sacan de la celda para un ocasional simulacro de asfixia por inmersión. En estos momentos, es un hombre libre.
De Posada, 79, se sospecha desde hace tiempo que es uno de los que se oponen con violencia al régimen de Castro. Está acusado de haber preparado el atentado con bomba contra un avión de pasajeros cubano en pleno vuelo en 1976, que mató a 73 personas. También se le sospecha de participar en una serie de atentados con bomba contra hoteles y discotecas de La Habana en 1997; en los atentados murió un turista italiano y dejaron varios heridos.
El terrorismo, nos recuerda constantemente nuestro gobierno, es el azote de nuestra época. Así que ¿por qué un hombre que ha sido descrito por nuestro gobierno como un "criminal impenitente y que ha confesado haber preparado atentados terroristas y ataques contra lugares turísticos" va a ser recibido como héroe en Miami, por sus camaradas de la vieja Bahía Cochinos?
Posada ingresó furtivamente al país en 2005 y tuvo la osadía de anunciar su presencia convocando a una rueda de prensa. Después de algunas vacilaciones, fue detenido por funcionarios de Seguridad Interior. En febrero fue acusado por cargos federales de fraude de inmigración, argumentando que había mentido para entrar a Estados Unidos.
El martes en El Paso -donde estuvo retenido Posada-, la juez de distrito Kathleen Cardone desechó la acusación contra Posada diciendo que el gobierno había recurrido a un truco inconstitucional en la recolección de las pruebas contra él. Fue la orden de desestimación de Cardone la que dejó en libertad a Posada.
Cardone determinó que en la entrevista formal de inmigración de Posada después de que agentes federales lo detuvieran en 2005, el gobierno había proporcionado una traducción correcta de las preguntas y respuestas. Lo que el gobierno afirmaba que eran mentiras de Posada, le parecían más bien malentendidos.
Vale la pena señalar que esta no es la primera vez que Posada ha utilizado como excusa su supuesto mal manejo del inglés. Dice que no entendía lo que dijo hace algunos años cuando fanfarroneó sobre su participación en los atentados de La Habana.
¿Así que la juez fue acorralada para que dejara libre a un empedernido terrorista sobre la base de un tecnicismo? No realmente. La verdad es que la juez aceptó participar en la farsa.
El punto de vista de Cardone es que si el gobierno quisiera realmente mantener a Posada tras las rejas debido a sus acciones como terrorista, los fiscales debieron haberlo procesado por terrorismo. Luego, en menos tiempo que decir ‘Ley Patriota', las autoridades lo podrían haber hecho desaparecer en el tenebroso mundo de la detención indefinida, donde se mantiene a los sospechosos de terrorismo que se llamen Muhammad.
Apuesto a que las pruebas contra Posada, que yo encuentro convincentes, son más sólidas que las pruebas secretas contra la mayoría de los detenidos de Guantánamo. Pero los supuestos crímenes de Posada fueron cometidos contra el régimen de Castro. La posición de George W. Bush hacia Cuba ha sido todavía más testaruda y contraproducente que las políticas de sus predecesores. Este gobierno ha intensificado la prohibición de viajar, aumentado la presión económica y ofrecido el espectáculo de estar planeando una Cuba post-Castro.
Entretanto, Castro (aparentemente recuperándose lentamente de una operación al intestino) y su hermano Raúl, están en el poder más firmes que nunca. Las tácticas duras del gobierno no han logrado absolutamente nada, al menos no en Cuba.
La política de tolerancia cero hacia el gobierno de Castro ha sido popular, sin embargo, entre los exiliados más estridentes de Florida: los viejos que saludarán a Posada cuando vuelva a casa en Miami para iniciar una cómoda jubilación.
Un gran jurado de Nueva Jersey está, se dice, investigando la pretendida supuesta de Posada en los atentados con bomba contra hoteles de La Habana y es posible que deba algún día defenderse de otra acusación. Entretanto, nuestro gobierno ha dado a Castro otra causa célebre para vallas publicitarias y manifestaciones.
El gobierno está a punto de aumentar el financiamiento de las transmisiones en Cuba, aunque son vistas y oídas por pocos cubanos, porque los agentes de Castro han adquirido mucha pericia a la hora de interferirlas. El mensaje es que Estados Unidos se opone al régimen de Castro, pero ofrece una mano de amistad al pueblo cubano.
Esa es una idea difícil de vender cuando nuestro gobierno no se atreve a llamar terrorista a un terrorista -y cuando se le permite vivir en libertad a un viejo amargado que mató probablemente a decenas de civiles cubanos.

eugenerobinson@washpost.com

19 de mayo de 2007
11 de mayo de 2007
©washington post
©traducción mQh
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