Blogia
mQh

murió norman mailer 1


[Elaine Woo] Provocador y prolífico novelista y ensayista. A los 84. Primera parte.

Murió Norman Mailer, el beligerante escritor, dos veces ganador del Premio Pulitzer, que se hizo camino a gritos y puñetazos, a veces literalmente, en una extraordinaria carrera como uno de las voces más originales y audaces de las letras de la posguerra americana. Tenía 84 años.
Acosado por graves problemas de salud por los que en 2005 se le debió colocar un marcapasos, y hospitalizado varias veces por problemas pulmonares este otoño, Mailer murió a causa de una aguda insuficiencia renal en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York, informó su albacea literario, J. Michael Lennon.
Mailer, definido como "un genial y obseso estilista" por Joan Didion, escribió cerca de cincuenta libros que zigzaguearon entre géneros, incluyendo ficción, biografía, historia, ensayos y un periodismo altamente personal. Fue un gran provocador con una impenitente sensibilidad machista que, en la página y fuera de ella, le cosechó más gloria, fracasos y notoriedad que a cualquier otro escritor importante de su generación.
En su trabajo se concentró en eventos y personalidades sobresalientes de su época, sea que escribiera sobre la Guerra Fría y las protestas contra la Guerra de Vietnam, o sobre iconos como Marilyn Monroe y Muhammad Ali. En sus escritos sobre el existencialismo, las convenciones políticas, el viaje del Apolo a la luna, el sexo y las relaciones entre los sexos, Mailer reflejó todo el espectro de lo que la escritora Camille Paglia llamó su "muy compleja conciencia".
Sus novelas revelan la enormidad de sus aspiraciones. Después de llegar como cohete a la cima de la pirámide literaria a los 25 años con una novela sobre la Segunda Guerra Mundial, ‘Los desnudos y los muertos' [The Naked and the Dead] (1948), escribió una ‘autobiografía' de Jesús (‘El Evangelio según el Hijo' [The Gospel According to the Son]) y una saga que recorrió dos siglos de historia egipcia (‘Ancient Evenings'). Su última novela, ‘El castillo en el bosque' [The Castle in the Forest] imagina a Adolf Hitler de niño y su historia.
Aunque la de novelista era la identidad que más apreciaba Mailer, no fue su papel más celebrado. "Nunca fue capaz de escribir diálogos convincentes, un hecho que lo limitó seriamente", escribió Tom Wolfe. De las cuatro docenas de libros de Mailer, sólo diez son novelas en el sentido tradicional, y las malas reseñas superan a las buenas.
Wolfe y otros críticos encuentran más valor en el dominio de Mailer del género híbrido conocido como Nuevo Periodismo, la versión periodística de historias reales. ‘Los ejércitos de la noche' [The Armies of the Night] (1968), sobre la marcha hacia el Pentágono contra la guerra de Vietnam, y ‘La canción del verdugo' [The Executioner's Song] (1979), sobre el doble homicida de Utah, Gary Gilmore, demostraron que Mailer era maestro de este exigente formato, introducido por Truman Capote, que diluyó las fronteras entre la literatura y el reportaje. La comisión Pulitzer valoró al primero por su obra documental, y al segundo por su ficción, validando la naturaleza proteica del talento de Mailer.
Los críticos observaron que era extraordinario que el personaje de Mailer mismo no apareciese en ‘La canción del verdugo'. Fue una excepción en una dilatada obra documental en la que Mailer se presentaba a sí mismo a menudo como un bufonesco participante-observador. En ‘Los ejércitos de la noche', con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura [National Book Award], el autor está siempre presente como el personaje llamado simultáneamente ‘Mailer', ‘la Bestia', ‘el Rumiante' y ‘el General'. En ‘Un fuego en la luna' se llamó ‘Acuario‘; en ‘El prisionero del sexo' [The Prisoner of Sex], ‘el Prisionero'; y ‘el Periodista' en ‘Miami y el sitio de Chicago' [Miami and the Siege of Chicago]. A veces, como en ‘La pelea del siglo' [The Fight], un pequeño clásico sobre la pelea de 1974 entre Ali y George Foreman, fue simplemente ‘Norman'.
"Durante un período, ningún suceso público importante en Estados Unidos parecía completo si no había sido observando por Mailer mismo observándose", escribió Paul Gray en la revista Time en 1983.
El egotismo que permitió esa obra tan osada, también nutrió las hazañas extra-literarias que bruñeron la díscola imagen de Mailer.
Se divorció cinco veces, y en 1960 estuvo a punto de matar a puñaladas a una de sus mujeres. En los años setenta, en el punto más álgido del movimiento feminista, fue vilipendiado por las feministas, en parte por el apuñalamiento, pero también por las poco políticas caracterizaciones de las mujeres como "bestias malignas y descuidadas" que había sido creadas para parir hijos. En1981 defendió la libertad condicional de Jack Henry Abbott, un condenado con ambiciones literarias -una experiencia que terminó trágicamente cuando Abbott mató a un hombre seis semanas después de salir de la cárcel.
Mailer era conocido por pelearse con sus críticos. Entre bastidores en el programa ‘The Dick Cavett Show' a principio de los años setenta, golpeó a Gore Vidal, que había escrito que las violentas inclinaciones de Mailer lo colocaban en el mismo bando que criminales como Charles Manson. (Después del cabezazo, Vidal escribió: "Las palabras le vuelven a fallar a Norman Mailer"). En otra ocasión, Mailer se dio de cabezazos con el columnista Jimmy Breslin, que bromeó que el impacto le había costado al hombre salvaje de la literatura americana probablemente dos capítulos de su siguiente libro. La imagen de tipo rudo de Mailer se reflejó en una propuesta, que ofreció durante su quijotesca candidatura a la alcaldía de Nueva York, con Breslin como compañero de lista, para aliviar las tensiones urbanas con justas en Central Park. Su imprevisible conducta impidió que Mailer pudiera ser clasificado en "alguna de las categorías literarias conocidas", dijo el crítico Morris Dickstein en 2006.
Vidal observó una vez que Mailer era un escritor público que "quiere influir sobre la gente de su época, pero al que nadie ve ni siquiera cuando es bueno. Así que cada vez que habla lo hace con más descaro y ruido".
Mailer lo explicó de este modo:
"Yo compartía con Ernest Hemingway la idea -a la que llegué paulatinamente- de que incluso si uno embotaba su talento en el proceso de convertirse en hombre, era más importante ser un hombre que un muy buen escritor, y que yo probablemente no podría ser un muy buen escritor sino aprendía primero a domeñar mi coraje".

La abundancia de coraje de Mailer se puede trazar a sus inicios en Long Branch, Nueva Jersey, donde el hijo de inmigrantes judíos nacería el 31 de enero de 1923. "Era nuestro rey", dijo al biógrafo Peter Mansov su madre, Fanny Schneider Mailer.
Fue un estudiante excepcional en la Escuela Pública Número 161 en Brooklyn, adonde había llegado su familia cuando tenía cuatro años; en la graduación, el director anunció que Norman tenía un IQ de 165, un récord en la escuela. Entró a Harvard a los dieciséis, y sacó su diploma de ingeniería en 1943.
El joven Mailer se aferró a la ingeniería incluso aunque, como novato, descubriera su amor por la moderna literatura americana: John Steinbeck, John Dos Passos y James T. Farrell. Adoraba a Hemingway tanto por su virilidad como por su estilo literario. En su segundo año, Mailer empezó a escribir cuentos, para la revista Harvard Advocate, bajo la clara inspiración de Hemingway. Uno de esos cuentos, ‘The Greatest Thing in the World', ganó el concurso literario de la revista universitaria Story en 1941.
Al año siguiente, Mailer pasó el verano trabajando en un hospital psiquiátrico, acumulando los materiales que inspiraron su primera novela, ‘A Transit to Narcissus'. Escrita en un estilo que Mailer describiría más tarde como "terriblemente atormentado", fue rechazada por más de veinte editores, pero el autor en ciernes no se inmutó. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la consideró como una oportunidad que debía utilizar. Mientras otros jóvenes cavilaban sobre en qué rama de las fuerzas armadas enrolarse, "yo me preocupaba tenebrosamente sobre si una gran novela sobre la guerra debía tener a Europa o el Pacífico como telón de fondo", escribió, "y mientras más lo pensaba, menos dudas quedaban en mi mente. Tenía que ser Europa".
El ejército, sin embargo, tenía otros planes. Mailer fue llamado a las filas y enviado al Pacífico cuando estaba terminando la campaña de las Filipinas. Asignado inicialmente a labores de inteligencia en el Regimiento de Caballería Blindada 112, de San Antonio (donde absorbió el acento tejano que años más tarde seguiría impostando), fue más tarde transferido a tareas de primera línea como tirador, aunque apenas si participó en combates. Mailer sirvió como cocinero en el ejército norteamericano que ocupó Japón, fue degradado por insubordinación y abandonó las fuerzas armadas siendo soldado raso.
Cuando volvió a casa en 1946, Mailer reunió las cartas que había escrito a su mujer durante dos años, Beatrice Silverman, estudiante de música en la Universidad de Boston, y las utilizó como notas para su novela sobre la guerra.
Ambientada en una isla imaginaria en el Pacífico ocupada por los japoneses durante la guerra, ‘Los desnudos y los muertos' explora el tema que lo ocuparía durante gran parte de su obra: el choque entre un individuo y las autoridades establecidas. Para los años cuarenta, su lenguaje causaba escándalo, lleno de fug y fugging, la aproximación más cercana a una obscenidad que permitió su editor.
El libro, escrito en quince meses en un estilo convencional, aunque sin sentimentalismos, fue saludado por la crítica como un debut divinamente logrado. Orville Prescott, del New York Times, la llamó "la novela más impresionante sobre la Segunda Guerra Mundial que he leído nunca". Estuvo en la lista de éxitos de venta del Times durante un año, ocupando el primer lugar durante once semanas consecutivas. Casi sesenta años después, sigue siendo considerada como una de las mejores novelas americanas sobre la guerra y la más lograda novela de Mailer.
Su siguiente novela, ‘La costa de Berbería' [Barbary Shore] (1951), fue una angustiante exploración de las ideologías de la Guerra Fría vista a través de personajes como un liberal veterano de la guerra, un agente del FBI y un ex funcionario soviético. Fue criticada duramente.
Mailer pensó que su tercer intento, ‘El parque de los ciervos' [The Deer Park], lo redimiría. Concebida como la primera de una serie de novelas, ofrece una sarcástica visión de Hollywood, pero seis editores rechazaron el manuscrito debido a su contenido sexual explícito. Finalmente fue publicada en 1955 por G.P. Putnam, y recibió tibios comentarios. En una de las reseñas más generosas, Brendan Gill, de la revista New Yorker, la llamó "un libro ambicioso, vigoroso, escandaloso, mal forjado, tan fuerte y tan débil, tan hábil y tan torpe, que sólo un escritor de gran talento pudo haberlo metido entre las tapas". Después del fiasco de ‘El parque de los ciervos', Mailer se dedicó a escribir ensayos y crítica cultural para revistas como Esquire y Partisan Review. También co-fundó y dio nombre al primer semanario del país, Village Voice, en 1955.
Junto con Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William S. Burroughs, Mailer se convirtió en uno de los primeros avatares hip de la era de Eisenhower. Ganó esa distinción en 1957 cuando la revista Dissent publicó ‘El negro blanco' [The White Negro], su más célebre ensayo.
En una explicación del ‘existencialismo americano', Mailer define al hipster como un hombre que responde a la posibilidad de la aniquilación atómica decidiendo "vivir con la muerte como un peligro inmediato, divorciarse uno mismo de la sociedad, existir sin raíces, emprender un viaje sin mapa por los rebeldes imperativos de uno mismo". Esta nueva raza de aventurero urbano, "absorbe la sinapsis existencialista del negro y, para propósitos prácticos", escribió Mailer, "podría ser considerado un negro blanco".
El ensayo parecía glorificar la violencia de los matones en emborronamiento del machismo y la criminalidad. Entre los críticos que lo repudiaron se encontraba el escritor James Baldwin, que rechazó el retrato que ofrece Mailer del hombre negro como "una especie de símbolo fálico andante". La preocupación del ensayo con la violencia y la masculinidad anticipó un tema que, según el crítico Dickstein, "impregnaría toda la vida y obra de Mailer durante los siguientes treinta años". ‘El negro blanco' formó el núcleo de ‘Advertisements for Myself' (1959), una antología de cuentos, ensayos y otros escritos, incluyendo algunos que Mailer reconoció que eran bastante mediocres. Sin embargo, fue un libro influyente que declaraba su intención de llevar una vida pública de cierta importancia, y "no contentarse con nada menos que una revolución en la conciencia de nuestra época".
Entre sus admiradores se encontraba el crítico literario Alfred Kazin, que dijo que "[Mailer] estaba pletórico de incisivos comentarios sobre la América de Eisenhower, la televisión, los suburbios, y J.D. Salinger". Concluyó que Mailer era "uno de los escritores más variables, inestable y, en general, imprevisibles que he leído nunca".
‘Advertisements' cerró toda una década llena de tempestades personales. Su matrimonio con Silverman terminó en 1951, y tres años después de casó con la artista Adele Morales. Después de una fiesta de toda una noche en su apartamento en Manhattan en 1960, Mailer la apuñaló, fue detenido y pasó dos semanas en el hospital psiquiátrico de Bellevue en Nueva York. Emergió de ahí algo escarmentado, pero incapaz de concentrarse en la gran novela que sentía que llevaba en su interior.
Los años sesenta le proporcionaron el material para un apoteósico regreso.
Particularmente interesantes son sus escritos de periodismo político para Esquire, que incluye ‘Superman va al supermercado' [Superman Comes to the Supermarket], un penetrante ensayo sobre la Convención Nacional Demócrata en 1960 y la vigorizante candidatura de John F. Kennedy. Fue incluido en ‘Los papeles presidenciales' (1963), que Mailer presentó como consejos para Kennedy, cuyas hazañas en tiempos de guerra y su boda con una bella mujer personificaron los ideales varoniles que apreciaba el autor.

elaine.woo@latimes.com

17 de noviembre de 2007
11 de noviembre de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
rss


1 comentario

Greta -

Qué pena de verdad, tenía la vana esperanza de conocerlo y estrechar su mano