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hambre en haití


En Haití los niños mueren de desnutrición, víctimas de la crisis de los alimentos empeorada por las tormentas.
[Jonathan M. Katz] Puerto Príncipe, Haití. El niño de cinco se tambaleaba sobre sus piernas de palo de escoba: pesaba menos de nueve kilos, incluso después de días de beber leche enriquecida. Cerca, una niña de cuatro cuelga de una tira amarrada a una balanza, sus grandes ojos apagados, sus brazos delgados colgando exánimes.
En lugares de Haití sólo accesibles en burro o a pie, los niños están muriendo de desnutrición: su magra ración de alimentos paralizada por las devastadoras tormentas que destruyeron cultivos, exterminaron al ganado y provocaron una subida en espiral de los precios de los alimentos.
Al menos veintiséis niños gravemente desnutridos murieron en el curso de las últimas cuatro semanas en la remota región de Baie d’Orange al sudeste de Haití, dijeron algunos cooperantes, y se teme que el número de víctimas sea mucho más alto si no llega rápidamente ayuda a este pobre país caribeño.
Otros 65 niños gravemente desnutridos están siendo tratados en clínicas improvisadas en tiendas de campaña en la zona montañosa, o en hospitales donde fueron evacuados en Puerto Príncipe y en otros lugares, dijo Max Cosci, que dirige el contingente belga de Médicos sin Fronteras en Haití.
Una evacuada -una niña de siete- murió cuando estaba siendo tratada, dijo Cosci, agregando: "La situación es extremadamente frágil y peligrosa".
En un pabellón improvisado de desnutrición en un hospital de Médicos sin Fronteras en la capital, diez niños demacrados estaban el jueves en cuidados de emergencia, con sus estómagos hinchados y su pelo descolorido por la desnutrición. Varios tenían las caras hinchadas típicas de kwashiorkor, un trastorno de la deficiencia proteínica.
Mackenson Duclair, de cinco años, con sus costillas sobresaliendo de su pecho y sus piernas poco más que piel estirada sobre los huesos, pesaba 8.9 kilos incluso después de días de beber leche enriquecida con potasio y sal. Los doctores dijeron que debía subir 2.2 kilos antes de volver a casa.
Colgando de una balanza del techo, Venecia Lonis, de cuatro, miraba tan apática como una muñeca de trapo cuando los doctores la pesaron, sus grandes ojos marrones inexpresivos, su pelo sujeto con lazos amarillos y brillantes.
La abuela de Mackenson, que lo ha criado desde que muriera su madre, dijo que apenas tiene una lata de maíz para comer ella misma, el niño y su nieta de ocho todos los días.
"Estas cosas no ocurrían cuando yo era niña", dijo Ticouloute Fortune, de 72.
Las familias rurales que ya deben hacer frente a precios desenfrenados en Haití, el país más pobre del Hemisferio Occidental, perdió sus redes de seguridad cuando las siembras fueron destruidas y el ganado destruido por las tormentas, que en agosto y septiembre mataron cerca de ochocientas personas y provocaron daños por más de mil millones de dólares.
Myrta Kaulard, la directora del país en el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas dijo que temía que se produjeran otras muertes por desnutrición en otros lugares aislados de Haití, y que equipos de búsqueda y médicos estaban rastrillando el noroeste y a lo largo de la península del sudoeste para controlar la situación.
Desde septiembre, el Programa Mundial de Alimentos ha enviado más de treinta toneladas de ayuda alimentaria -suficientes para alimentar a 5.800 personas durante dos semanas- a la remota región del sudeste, y otras organizaciones financiadas por la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos también han enviado alimentos, dijo.
Pero los empinados y angostas veredas y mala visibilidad hacen difícil entregar el alimento a las comunidades montañesas, donde el hambre está empeorando. En un caso, un camión del programa se volcó cuando intentaba subir un cerro y se deslizó por un despeñadero, muriendo un cooperante en el incidente.
"Siempre hay algún embotellamiento. Estamos haciendo frente a la misma situación que la gente", dijo el jueves Kaulard a la Associated Press.
Haití en general y los pueblos montañeses en particular han sufrido de hambre crónica durante largo tiempo. Las tasas de desnutrición infantil han sido altas durante años -en 2007 el programa mundial de alimentación informó que casi un cuarto de los niños estaban crónicamente desnutridos.
Áreas rurales remotas en particular siembran sólo lo que necesitan para vivir menos de siete meses al año, dijo Kaulard.
Pero durante el año, cooperantes y funcionarios han estado observando el empeoramiento de la situación del hambre y ahora la gente que vive en las montañas y las organizaciones de ayuda que están trabajando allá dicen que la situación es peor que en el pasado.
Este año, por ejemplo, el ministerio de Agricultura de Haití calcula que el sesenta por ciento de la cosecha se perdió con las tormentas que afectaron a todo el país. La calidad de la tierra ya es pobre y con las tormentas los campesinos perdieron las semillas para el próximo año, dijo Kaulard.
Los efectos de las tormentas varían ampliamente de aldea a aldea e incluso de familia a familia. En algunos lugares, la distribución de alimentos está intacta. En otros, Médicos sin Frontera han encontrado tasas de desnutrición severa, hasta de un cinco por ciento.
La escasez de ayuda podría acrecentar el problema. Los países donantes han financiado sólo un tercio del llamado de ayuda de Naciones Unidas para reunir 105 millones de dólares para ayudar a Haití después de los huracanes y los recursos podrían agotarse en enero, dijo Kaulard.
El jueves en el hospital, Enock Augustin estaba sentado a un lado en la cama donde dormía su hija de cinco años, Bertha. La niña de aspecto frágil fue evacuada el ocho de noviembre, con vómitos y diarrea. Cuando llegó, casi un cuarto de su peso corporal se debía a la retención de fluidos, un síntoma de aguda deficiencia proteínica.
La hinchazón retrocedió poco a poco cuando fue alimentada con leche enriquecida con nutrientes y tratada con antibióticos y antiparásitos. Llegó a pesar apenas nueve kilos y medio.
Desde entonces ha ganado casi un kilo más, pero sólo podrá marcharse a casa cuando llegue a doce kilos, dijeron los doctores.
Durante meses la familia de Augustin ha sobrevivido pese a los galopantes precios de la sémola de maíz y arroz importado porque ellos han sembrado patatas, que podían comer o trocar por plátanos, ñame y árbol del pan, cuyos precios no fluctuaron con el mercado mundial.
Pero entonces, en agosto, pasó la tormenta tropical Fay, seguida por el huracán Gustav, la tormenta tropical Hanna y el huracán Ike.
"Cada vez que pasa un huracán, mata nuestros animales y plantas", dijo Augustin, con seis hijos. El camino fue borrado, los mercados se hicieron inaccesibles y "el precio de todo llegó a las nubes".
La familia subsistió con dos tazas de sémola de maíz y Bertha empezó a encogerse y luego a hincharse ante sus ojos.
"Estaba realmente muy mal. La subimos al helicóptero y ellos la trajeron aquí", dijo Augustin. "Espero que el gobierno se entere de nosotros y nos traigan más ayuda".

23 de noviembre de 2008
21 de noviembre de 2008
©fwdailynews
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