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la vida como blanco del fbi


Durante al menos tres años, agentes de contraterrorismo vigilaron a los que entraban o salían de la casa del anarquista Scott Crow en Austin, Texas.
[Colin Moynihan y Scott Shane] Austin, Texas, Estados Unidos. Un grueso fajo de informes del FBI detallan con minucioso detalle la vigilancia a que agentes de contraterrorismo sometieron la casa de una planta en el este de Austin. Durante al menos tres años, apuntaron los números de las matrículas de los coches que aparcaron frente a la casa, anotaron las ideas y venidas de vecinos e invitados y, en un caso, especularon sobre un objeto plano en medio de la entrada.
"Desde la calle no se pudo determinar el contenido", observó un agente desde su coche un día de 2005. "Tenía un gran número de bloques multicolores, con figuras y/o letras", dice el informe, y "puede ser un letrero para ser usado en alguna protesta futura."
En realidad, el objeto en cuestión era más mundano.
"Era un edredón", dijo Scott Crow, preguntándose sobre los papeles en la mesa del comedor de su destartalada casa, donde vive con su esposa, una compañera de piso y un patio trasero con dos cabras, una docena de pollos y un pavo. "Para el programa extracurricular de la escuela de los chicos."
Crow, 44, anarquista y veterano organizador de manifestaciones contra el capitalismo según se define él mismo, es uno de varias decenas de activistas políticos en todo el país que se sabe que fue vigilado en el marco de las crecientes operaciones contraterroristas del FBI desde el 11 de septiembre de 2001.
Otros blancos para la vigilancia del buró, que ha sido criticado por organizaciones de libertades civiles y levemente acusada por el inspector general del ministerio de Justicia, han incluido a activistas pacifistas en Pittsburgh, defensores de los derechos animales en Virginia y católicos liberales en Nebraska. Cuando estas investigaciones no resultan en cargos criminales, sus métodos rara vez llegan a conocimiento del público.
Pero Crow, un larguirucho nativo de Texas que trabaja en un centro de reciclaje, es uno de los varios activistas de Austin que pidieron sus expedientes al FBI, recurriendo a la Ley de Libertad de Información. Las 440 páginas densamente redactadas que recibió, muchas de ellas con la rúbrica de ‘Terrorismo Interior’, entregan una reveladora mirada sobre los esfuerzos del buró, respaldado por otras agencias de la policía federal, estadual y local, para vigilar a la gente que consideraba peligrosa.
En el caso de Crow, que ha sido detenido una docena de veces durante manifestaciones, pero que no ha sido nunca condenado por nada más serio que invasión de morada, el buró presentó una impresionante variedad de herramientas, según muestran los documentos.
Los agentes observaban desde sus coches durante horas -Crow recuerda un agente habitual como un "tío gordo en un todoterrenos, con el motor y el aire acondicionado encendidos"- y espiaron reuniones en una librería y en un café. Para lograr cubrir el día entero, adosaron una cámara de video al poste del teléfono al otro lado de su casa en la Avenida Nueva York.
Trazaron las llamadas telefónicas y mails de Crow y revisaron su basura, identificando su banco y las compañías de crédito hipotecario, que parecen haber sido visitadas. Visitaron las tiendas de armas donde compró un rifle, observando escuetamente, en un documento, que un defensor vegano de los derechos animales, como Crow, no era el más probable de los cazadores. (Dice que el arma era para defenderse personalmente, porque vive en un vecindario marginal.)
Pidieron al Servicio de Impuestos Internos que examinara su relación con Hacienda, pero se retractaron después de que un empleado del SII sugiriera que los modestos ingresos de Crow no impresionarían al jurado, pese a que sus ingresos eran de origen incierto. (Gana 32 mil dólares al año en Ecology Action of Texas, dijo.)
Se infiltraron en reuniones políticas con agentes de policía encubiertos e informantes. Crow descubrió que cinco colegas activistas estaban informando al FBI.
Crow parece haberse sentido alternativamente asombrado, indignado y halagado por la atención del gobierno. "He pasado por momentos de intensa paranoia", dijo, especialmente cuando descubrió que algunos aliados en los que confiaba, eran en realidad espías.
"Pero al principio me hizo reír", dijo. "Es simplemente una gran farsa que el gobierno haga esos tigres de papel. Al Qaeda y los terroristas de verdad son difíciles de encontrar. Nosotros somos fáciles. Es escandaloso que gasten tanto dinero en vigilar a activistas civiles, y en particular a los anarquistas, y equiparando nuestras acciones con las de al Qaeda."
La investigación de activistas políticos tiene una larga historia en el FBI, siendo el episodio más infame el programa Cointel, que vigilaba y a veces hostigaba a defensores de los derechos civiles y pacifistas entre los años cincuenta y setenta. Esas actividades fueron limitadas después de que fueran denunciadas por la Comisión Church del Senado, y la vigilancia del FBI se ha regido por un conjunto de directrices establecidas por los fiscales generales desde 1976.
Pero el atentado con bomba de Oklahoma City de 1995 demostraron el letal peligro que representa el terrorismo nacional, y después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el FBI juró no volver nunca más a pasar por alto a los terroristas que se ocultan a la luz del día. Las células durmientes de al Qaeda que temían muchos estadounidenses, resultaron ser escasas o no existentes.
La consecuencia, dijo Michael German, ex agente del FBI y ahora en la Unión Americana de Libertades Civiles, ha sido un excesivo celo a la hora de investigar a los activistas políticos que no representan ninguna amenaza realista de terrorismo.
"Tienes a todo un equipo de hombres y mujeres en todo el país buscando a terroristas. Afortunadamente, no hay mucho terrorismo en las comunidades", dijo German. "Así que terminan persiguiendo a las personas que critican al gobierno."
Las quejas de la ACLU llevó al inspector general del ministerio de Justicia a evaluar las incursiones del FBI en el espionaje doméstico. El informe resultante de septiembre pasado absuelve al buró de investigar a disidentes sobre la única base de la expresión de sus opiniones políticas. Pero el inspector general también encontró una pobre justificación de algunas pesquisas, incertidumbre sobre si algún delito federal era incluso plausible en otros y un modo engañoso de etiquetar la desobediencia civil no violenta.
Interrogado sobre el espionaje de Crow, un portavoz del FBI, Paul E. Bresson, dijo que sería "inapropiado" discutir casos individuales. Pero dijo que las investigaciones eran realizadas sólo después de que el buró recibiera información sobre posibles delitos.
"No empezamos investigaciones sobre la base de individuos que ejercen sus derechos, que están garantizados por la Primera Enmienda", dijo Bresson. "De hecho, el ministerio de Justicia y las directrices del propio buró para realizar operaciones domésticas prohíben estrictamente esas acciones."
No es difícil entender por qué Crow atrajo la atención del buró. Se ha enfrentado deliberadamente con skinheads y miembros del Ku Klux Klan en sus reuniones, deleitándose con las escaramuzas resultantes. Dice que ha obligado a ejecutivos de multinacionales a mudarse debido a ruidosas protestas nocturnas.
Dice que le gustó particularmente una manifestación en 2003 a favor de Greenpeace en la que los activistas irrumpieron en la sede de ExxonMobil en Irving, Texas, para protestar por los daños ocasionados al medio ambiente. Vestidos con trajes de tigre, los manifestantes llevaron sus pancartas hasta el techo del edificio de la compañía, mientras otros, vestidos con trajes de ejecutivos, llegaban en coches Jaguar con choferes, obligando a los frustrados agentes de policía a distinguir entre los falsos y los verdaderos ejecutivos.
"Fue muy divertido", dijo Crow, uno de los trajes, que escapó mientras otros 36 manifestantes eran detenidos. "Tenían que ignorarnos y nos ignoraron. Pero eso les llamó la atención."
También llamó la atención del FBI, evidentemente, lo que condujo a una investigación de tres años que se concentró específicamente en Crow. Los documentos de la vigilancia muestran que también aparece en otras investigaciones sobre activistas en Texas y más allá, entre 2001 y 2008 al menos.
Para un aficionado de la desobediencia civil, Crow causa la impresión de ser más afable que combativo. Abandonó los estudios, se fue de gira con una banda de rock electrónico y gestionó con éxito un negocio de antigüedades en Dallas mientras se iniciaba en el tema de los derechos animales. En 2001, seducido por la filosofía del anarquismo, vendió su parte del negocio y decidió dedicarse completamente a sus actividades como activista.
Desde entonces ha dirigido una media docena de grupos y dirigido un campo de adiestramiento anual para manifestantes. (Los campos atraen invariablemente a los infiltrados de la policía, que a menudo no eran difíciles de reconocer. "Teníamos una regla", dijo. "Si eras fornido, no eras parte del grupo.") También ayudó a fundar Common Ground Relief, una red de organizaciones sin fines de lucro creada en Nueva Orleans después del huracán Katrina.
El anarquismo era un movimiento terrorista internacional al principio del siglo veinte. Pero Crow, cuya dirección electrónica incluye la frase "sueños quijotescos", describe al anarquismo como una suerte de movimiento de auto-ayuda locales, una variedad de "libertarismo social".
"No me gusta el estado", dice. "No quiero derrocarlo, pero sí quiero crear alternativas."
Este tipo de discurso parece haber dejado perplejos a los agentes asignados a vigilarlo, cuyos informes a los jefes del FBI parecen algo petulantes. Uno de los agentes habla de "acción directa no violenta", una frase del repertorio de los activistas, "un oxímoron". Curiosamente, otro agente comenta sobre Crow y su esposa, Ann Harkness, que llevan juntos veinticuatro años, escribiendo que "según las apariencias no parecía que estuvieran hechos el uno para el otro". En una sesión de formación, "la mayoría de los asistentes se vestían como hippies."
Esos comentarios se destacan en medio de detallados informes sobre banalidades: el correo en el cubo de reciclaje contenía "varios catálogos de negocios como Neiman Marcus, Ann Taylor y Pottery Barn."
Crow dijo que esperaba que la difusión de la operación del FBI podría disuadirlo de continuar vigilándolo. Los últimos documentos que ha visto en los que lo mencionan datan de 2008. Pero la Ley de Libertad de Información impide comentar o filtrar revelaciones de investigaciones todavía en curso.
"Todavía de vez en vez veo a gente sentada en sus coches al otro lado de la calle", dijo. "No creo que se hayan rendido."
6 de junio de 2011
28 de mayo de 2011
©new york times
cc traducción mQh

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