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hacia una sociedad vampírica


columna de lísperguer
Comunidad científica europea rechaza clonación de vaca con genes humanos para producir leche humana.

Recurriendo a la palabra "horror" se refirió Michaela Kuan, de la organización LAV, al experimento del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), de Argentina, que resultó en la primera vaca clonada, con genes humanos, que debería producir leche humana o leche maternizada. Otras organizaciones europeas también han rechazado el experimento. Existe el temor de que esta leche pueda representar un peligro para la salud humana y que no contribuya a solucionar el problema de la desnutrición. Desde 2008, la producción e importación de ganado clonado o de sus subproductos están prohibidos en la Unión Europea. La Cámara Europea argumentó entonces que "la clonación afectaría a la imagen de la agricultura europea, basada en la calidad de los productos y el bienestar animal". Que la clonación afecte las normas de bienestar animal tiene relación con el hecho de que los animales clonados viven mucho menos que los otros y a que estarían más expuestos a enfermedades, pero parece dudoso que a la industria ganadera, y a sus consumidores, les pueda interesar la longevidad de las vacas cuya vida de todos modos no llegará nunca a su término natural.

El verdadero horror está en la sociedad que presupone, tan terrible y aberrantemente basada en la explotación animal. No sólo implica el más definitivo desconocimiento del derecho a la vida, sino que santifica las manipulaciones más atroces, hasta el punto que nos convierte en una sociedad parásita. Con un par de alas negras y colmillos prominentes, seríamos estupendos vampiros.

El experimento me hizo recordar otro igual o peor, relacionado con la dictadura argentina, descrito en Página 12.  Según el testimonio de Rosa Roisinblit, en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada, hoy el Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos) algunos días las detenidas embarazadas eran obligadas a formar fila para que las esposas de los marinos eligieran, por ser rubias o de ojos celestes o negros y otros atributos físicos, a las que, tras dar a luz, serían asesinadas, para quedarse con sus hijos. Mientras algunas mujeres ya estaban embarazadas al momento de su secuestro y detención, otras muchas habían quedado embarazadas tras ser violadas por soldados o por sus interrogadores. Sus hijos eran "adoptados" por familias militares en complicidad con jueces que regularizaban las "adopciones".

Este era el tipo de sociedad que querían fundar las dictaduras latinoamericanas en los años setenta y ochenta: basadas en la esclavitud y en la más cruenta explotación de la población civil, tratada como se trata al ganado, sin el más mínimo respeto por la vida, hacinada en gigantescos campos de concentración donde las familias militares sacaban esclavos para sus empresas, mujeres que eran convertidas en esclavas sexuales para oficiales y tropa, mujeres que embarazaban para robarles sus hijos y asesinarlas, humanos de donde extraer órganos. La lista de horrores de los proyectos neo-nazis en América Latina en esos años es interminable.

No estoy insinuando que la presidenta Cristina Fernández quiera crear una sociedad semejante, contra cuyo proyecto libró ella, con Néstor Kirchner, una lucha tan definitiva e importante. Pero es muy difícil no detectar detrás de estos dudosos logros científicos un proyecto social que perpetúa los peores rasgos de las sociedades occidentales, que fomentan las formas más abyectas de explotación animal a manos de los humanos y de unos humanos por otros. Drácula sería dichoso en una sociedad semejante.
lísperguer

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