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la construcción de la memoria


Procesos de subjetivación y horizontes de legitimidad. La clase dominante elabora la memoria colectiva, y de este modo se transmiten las tradiciones y los mandatos. En tanto, las luchas sociales producen cambios en la ley, que promueven transformaciones en las condiciones de subjetivación.
[Analía Buzaglo y Laura Capella] Argentina. Queremos tomar un aspecto que nos parece fundamental en la polémica con ciertos defensores de un psicoanálisis a histórico, al argumentar que tomar enfoques que consideren lo que se ha dado en llamar memoria social o colectiva tendría que ver con la idea de la existencia de un inconsciente colectivo, lo cual sería una falsedad desde el punto de vista psicoanalítico.
De ninguna manera consideramos que exista un inconsciente colectivo, sino que entendemos que la Memoria Colectiva, en el sentido en que Maurice Halbwachs (1950) la toma desde lo filosófico, bien podemos considerarla desde el concepto de discurso según la teoría lacaniana.
Para Halbwachs no hay dos memorias --la individual y la social - sino una sola y ésta resulta de una articulación social. Este autor sostiene que en cada sociedad la clase dominante genera una memoria colectiva que constituye el soporte de la memoria colectiva de toda la sociedad.
Considera también que la memoria depende del lenguaje y esto implica la prueba de que se recuerda por medio de constructos sociales, pues el lenguaje no se puede concebir sino en el seno de una sociedad.
Por otro lado, esta concepción de memoria podemos vincularla con el concepto marxista de que: "Las ideas dominantes en cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante" (Marx Engels, 1848). A su vez esta concepción de ideología, para el marxismo, podemos relacionarla con la del Discurso Amo, en tanto también definición del inconsciente y del sujeto. Es desde esta concepción que consideramos se transmiten las tradiciones, los temores, los prejuicios, la idea de lo prohibido y permitido, los mandatos familiares y sociales, es desde esta concepción que podemos decir que somos hablados.
Consideramos, entonces, la dimensión socio histórica en la constitución subjetiva y en la producción de subjetividad. En relación a esto último que lo vinculamos a la idea de una "cura a aportar, ya no a tal o cual, sino a la cultura y su malestar" (Lacan; 1960).
Las históricas luchas sociales han introducidos e intentan producir importantes cambios en la ley positiva, tales como la Ley de Expropiación, la Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes --que modifica la anterior del patronato de la infancia -, la Ley de Protección contra la violencia familiar, la Ley de matrimonio igualitario, la ley de Salud Mental, entre otras.
Estos cambios, a su vez, promueven profundas, aunque lentas, transformaciones en las condiciones de subjetivación; por lo que la continuidad de las luchas sociales es indispensable, tanto para la apropiación de esos cambios por los mismos protagonistas, cuanto para la asunción de éstos por la sociedad en su conjunto. Lo cual expresa la diferencia entre lo que se considera lo legal y lo legítimo. En ese sentido es que hablamos de horizontes de legitimación en tanto posibilidad y no como certeza.
El psicoanálisis piensa al colectivo social y al sujeto constituidos a partir de "una fractura incurable y sin solución" (cita de Jorge Alemán, 2009). Justamente, esa falta de plenitud lograda para el colectivo social lejos de ser considerada un déficit es lo que permite pensar en una transformación imprevisible, siempre pendiente.
Por otra parte: "La dislocación entre lo real y la realidad puede dar lugar a un antagonismo, pero sólo si éste se construye, si se inventa; nunca viene de manera inmanente, garantizado. Tampoco está garantizado que ese antagonismo, en el caso de que emerja, tenga per se una orientación emancipatoria. Todo eso exige la presencia de lo que llamamos lo político, la presencia de la construcción política" (también tomado de Jorge Alemán; cita de 2011).
El discurso psicoanalítico, como reverso del discurso del amo, propone la producción de un nuevo discurso amo, menos "tonto", que produzca menos sufrimiento. En palabras de Alemán: "La única manera que, pienso, puede advertirnos del contragolpe inevitable de la hostilidad de la ley que nosotros mismos hemos fundado es aceptar, tal y como Lacan propuso en su lectura de Antígona de Sófocles, que una experiencia ética requiere siempre, por lo menos en su matriz, responder a una instancia que nos demanda algo excesivo; algo que nos supera".
[Las autoras son psicólogas. Fragmento del trabajo ‘Procesos de subjetivación y horizontes de legitimidad’, presentado en el III Congreso Argentino Latinoamericano de Derechos Humanos: ‘Repensar la Universidad en la diversidad latinoamericana’, realizado en Rosario.]
24 de junio de 2011
23 de junio de 2011
©rosario 12

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