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condena por soacha se hace esperar


Falsos positivos’ de Soacha: continúa la espera por la primera condena. Faltaba poco para dar inicio al que se esperaba fuera el último capítulo de uno de los dolorosos casos de ejecuciones extrajudiciales de Soacha, cuando las víctimas se enteraron de un nuevo aplazamiento. ¿Hasta cuándo?
Colombia. Kelly Ruíz y Ana Páez esperaban que este fuera su último viaje a Bucaramanga. Desde hace casi tres años han tenido que ir desde Bogotá hasta la capital santandereana muchas veces. Casi diez. Siempre cargando un pendón que lleva estampada la foto y el nombre de Daniel Andrés Pesca y Eduardo Garzón.
Daniel era el esposo de Nelly y Eduardo, el hijo de Ana. Ambos fueron asesinados y presentados como guerrilleros en combate y los dos hacen parte de los casos de los llamados ‘falsos positivos’ de Soacha (Cundinamarca). El hecho, por el que la justicia halló responsables a ocho militares, iba a llegar a su capítulo final este martes, cuando se esperaba que el juzgado tercero penal especializado de Bucaramanga diera a conocer la condena para los uniformados.
Esto, luego de que un fiscal de Derechos Humanos y DIH, en 27 sesiones de juicio oral, presentara testimonios, análisis de llamadas y estudios de técnica balística que demostraron la responsabilidad de los uniformados. Pero no fue así. Sobre las 2:00 de la tarde la audiencia fue aplazada. La razón: un cambio en la defensa de uno de los imputados.
La esposa y la mamá de estos dos jóvenes, que fueron reportados el 5 de marzo del 2008 como muertos en combate en la vereda El Brasil, municipio de Cimitarra (Santander), habían viajado desde el sábado anterior de Bogotá hasta Bucaramanga, en donde ha transcurrido todo el proceso. Ellas no viajaron solas. Lo hicieron acompañadas por otras de las llamadas ‘madres de Soacha’ y por varias organizaciones de derechos humanos que se movilizaron hasta allá para apoyarlas.
Pero el viaje se perdió. La audiencia de individualización de pena quedó en suspenso hasta el próximo 15 de julio. Mientras tanto, los condenados permanecerán en la Quinta Brigada en Bucaramanga y las familias que habían llegado hasta allí se alistan para regresar a Bogotá, con la desilusión de no poder haber dado punto final a esta espera, en la que llevan casi tres años y que cada vez se hace más dura.
Beatriz Sánchez, representante de la familia de Eduardo Garzón, manifestó a Semana.com su inconformismo por la decisión de aplazar la audiencia a última hora. "Es una falta de respeto a las víctimas. Nosotros vinimos desde Bogotá a esta audiencia y diez minutos antes de que empiece la aplazan. Consideramos como reprochable que el defensor informe que necesita más tiempo para conocer el caso, cuando desde el 3 de julio se conocía el sentido del fallo".
La abogada aseguró además no entender "la intención de pedir aplazamiento a última hora porque ellos están condenados. Las familias están muy tristes, ellas quieren terminar este proceso porque es una espera muy larga. Ellas sueñan con que se haga justicia".
 
Los Responsables
Daniel Andrés Pesca y Eduardo Garzón habían sido reportados como guerrilleros muertos en combate, pero a lo largo de la investigación la Fiscalía obtuvo los elementos materiales probatorios suficientes para desestimar la ocurrencia de un enfrentamiento entre las tropas regulares y los supuestos miembros de grupos armados ilegales.
Por eso, el juez al sopesar los elementos materiales probatorios dados a conocer por la Fiscalía, encontró méritos suficientes para declarar culpables al coronel (r.) Wilson Javier Castro Pinto, comandante del Batallón Caldas, por homicidio agravado, desaparición forzada agravada y peculado por apropiación.
Al teniente (r.) Edward Antonio Villany Realpe, por estos mismos punibles.
A Jesús Eduardo Niampira, sargento viceprimero (r.), y Guillermo Pacheco Anzola, soldado profesional (r.), por homicidio agravado, desaparición forzada agravada, peculado por apropiación y falsedad ideológica en documento público.
Y a los soldados profesionales (todos retirados) Germán Augusto Oliveros Tabares, Juan Carlos Álvarez, Nelson Ospina Tabares y Benancio Puentes Guapacha por homicidio agravado y desaparición forzada agravada.
El fiscal del caso solicitó al juzgador imponer a los condenados la máxima pena contemplada en el sistema penal acusatorio que es de 60 años, pero solo hasta el 15 de julio se sabrá la decisión.
Dos historias detrás de la primera condena en los casos de Soacha

Daniel Andrés Pesca, el Esposo
La historia la cuenta Kelly Ruíz, su esposa. "Mi esposo salió un día a trabajar y no regresó. Él tenía 27 años, yo 23. Teníamos una familia muy bonita, dos hijos: Alison Dayana y Santiago. Él se desapareció el 4 de marzo del 2008 y seis meses después nos enteramos de que había sido reportado como guerrillero muerto en combate en Cimitarra (Santander)".
Daniel fue reportado como desaparecido, pero su familia descubrió, por un informe de Medicina Legal, que había sido reportado como muerto en combate. Desde entonces ella empezó su lucha por demostrar que su esposo no era guerrillero, que era un taxista, su esposo y padre de dos niños.
"Desde ese momento nos unimos a las madres de Soacha, entre todas denunciamos el hecho con la ayuda de la Personería de Soacha (Cundinamarca). Fue entonces cuando supe qué era una ejecución extrajudicial y cuando tuve que explicárselo a mis hijos. No fue fácil", dice Kelly.
Kelly le puso el pecho a la situación. Ha acudido a todas las audiencias. Desde la primera que se hizo en Cimitarra hasta las otras tantas que se han hecho en Bucaramanga. Desempleada y con el dolor de haber perdido a su esposo, Kelly ha cargado con el pendón que lleva la foto y el nombre de su cónyuge, y con la penosa tarea de repetir y repetir la historia. Todo para que no se olvide. Todo para que se haga justicia.
"Llevamos tres años en audiencias, viajando casi diez horas cada vez que hay una, aguantando que la defensa de los uniformados aplacen y aplacen las diligencias. Para nosotros es muy difícil saber esto de hoy (martes), que se aplaza la lectura del fallo final. Nos toca devolvernos, pero volveré. Por más de que se postergue esto, siempre estaré ahí hasta ver que se hizo justicia".
A Kelly sus hijos siempre la han acompañado. Ellos le ayudan a cargar el pendón o las carpetas con la documentación que ella ha recogido del proceso de su Daniel. "Me interesa que ellos sepan todo. Que ellos sepan sobre todo que su papá no fue un guerrillero y que es inocente".

Eduardo Garzón, el Hijo
La historia la cuenta Ana Páez, su mamá. "A mi hijo yo le decía mi perro, pero no por nada malo, sino porque no me dejaba sola para nada. Me acompañaba a lo que fuera, me apoyaba en lo que necesitaba. Trabajaba conmigo también".
Eduardo tenía 32 años cuando desapareció. "Él vivía con la esposa. Tenía tres hijos y trabajaba conmigo en el casino dentro de las instalaciones de la Policía de seguridad vial. Era un muchacho del que nunca tuve queja, al que conocía tan bien, que por eso no descansaré hasta que se demuestre su inocencia".
Eduardo apareció, igual que Daniel, como muerto en combate en Santander. Desde entonces Ana no ha parado de sufrir. "Una madre qué puede hacer, sabiendo quién era mi hijo, cómo no voy a luchar y protestar hasta que se sepa que es inocente y además quién fue el que estuvo detrás de todo. Es cierto que ya hay condenados, pero sé que falta el resto. Y solo cuando se conozca todo, sentiré que se habrá hecho justicia".
29 de junio de 2011
28 de junio de 2011
©semana

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