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la conquista de la memoria


Estos archivos que se abren, más bien constituyen una invitación a todos los chilenos al doloroso ejercicio de la rememoración para mirarnos a los ojos como hombres y mujeres iguales en dignidad.
[Álvaro Cuadra] Santiago, Chile. En la antigua Grecia, Mnemosyne representó la divinización de la memoria, madre de las musas. Es ella la que preside y otorga el don de la rememoración. Esta divinidad sabe todo lo que ha sido, lo que es y, ciertamente, lo que será. El poeta es el encargado de traer al presente ese otrora desde su ahora. El poeta, el creador, es el encargado de conquistar la memoria, poseído por el "entusiasmo", en su sentido etimológico. Sólo la más alta dignidad poética puede traernos esta revelación tejida de tiempo. La memoria crea el puente entre el mundo de los vivos y aquel mundo que fue.
La conquista de su memoria es, para toda sociedad, el hecho político y moral fundamental, pues en ella se juega su sentido último. Por estos días, los chilenos hemos asistido a la exhibición de una serie televisiva de fina factura titulada ‘Los archivos del Cardenal’ que establece el puente indispensable entre nuestro ahora y aquel tiempo triste y vergonzante de la dictadura militar. De algún modo, la puesta en escena logra resuscitar aquellas imágenes latentes, tanto tiempo adormecidas. De algún modo, esta serie abre una ventana a ese mundo de dolor y muerte para las nuevas generaciones.
De nuevo podemos sentir el hedor de una atmósfera amenazante, de nuevo el miedo y la violencia. No se trata, tan solo, de la recreación de episodios indignantes en un pasado reciente, se trata de la revelación de un tiempo que nos pertenece y con el que debemos vivir hoy. El pasado no es sino un "presente diferido". El Chile actual comienza a conquistar su pasado sólo en cuanto conquista su presente. Mnemosyne deja caer el velo que con tanto afán han tendido aquellos interesados en cubrir de tierra y de olvido las tumbas sin nombre.
Una vez más la infinita tristeza por aquellas palabras que se hunden como puñales en el corazón de tantos: "Dictadura", "DINA", "CNI", "Detenido Desaparecido", "Torturado", "Ejecutado Político". Una vez más los rostros anónimos de los verdugos escondidos detrás de gafas policiales. A pesar de los años, no se han secado las lágrimas de madres reclamando a sus hijos, esposas reclamando el cuerpo de su amado, no se han cansado los labios de besar esa arrugada fotografía ni los ojos de escudriñar el horizonte al amanecer. No se ha apagado el sollozo ni el recuerdo.
La memoria es, desde luego, evocación que si bien no reconstruye el pasado ni lo anula, es capaz de otorgarle su más profunda significación en el ahora de nuestra sociedad. "Los archivos del Cardenal" no debiera ser degradado al plano de la contingencia. La memoria de un pueblo está más allá del cálculo interesado y mezquino. Mnemosyne nos trae aquellos dolores profundos que se graban para siempre, como la misma muerte de nuestros seres queridos, sin reposo. Estos archivos que se abren, más bien constituyen una invitación a todos los chilenos al doloroso ejercicio de la rememoración para mirarnos a los ojos como hombres y mujeres iguales en dignidad. Acaso sea éste un primer paso para que la memoria no sea más ni museo ni mausoleo sino signo de una nueva vida, un nuevo tiempo para las nuevas generaciones.
29 de julio de 2011
25 de julio de 2011
©el ciudadano

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