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noruegos divididos sobre inmigración


Esta es una de las capitales más apacibles y agradables de Europa, pero Oslo es una ciudad dividida. El oeste de la ciudad es rico, seguro y predominantemente blanco; el este es más pobre, menos seguro y más poblado por inmigrantes -musulmanes muchos de ellos.
[Steven Erlanger] Oslo, Noruega. Noruega ha endurecido hace poco sus liberales criterios de inmigración y asilo en medio de un prolongado debate sobre la asimilación y el multiculturalismo. Pese a la riqueza petrolífera de Noruega y sus bajas tasas de desempleo, ha habido una creciente preocupación sobre el aumento de la población musulmana, especialmente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y la crisis danesa sobre la publicación, a fines de 2005, de caricaturas de Mahoma, que también fueron publicadas en Noruega.
Pero la población musulmana está creciendo, y ahora el mahometismo es la segunda religión del país. El impacto de una creciente y cada vez más visible población musulmana en una Noruega étnicamente uniforme, liberal e igualitaria, ha hecho subir popularidad del Partido del Progreso (que se opone a la inmigración), que es ahora la segunda mayoría en el Parlamento. Y parece que ha sido uno de los catalizadores de la masacre cometida aquí en Noruega contra la élite blanca. El perpetrador, Anders Behring Breivik, dice que se vio obligado a actuar por la incapacidad de los políticos tradicionales, incluyendo a los del Partido del Progreso, para frenar la marea musulmana.
De muchos modos, esos argumentos han sido inflados hasta el absurdo. Noruega, con una población de 4.9 millones de personas, tiene cerca de 550 mil inmigrantes, casi el once por ciento de la población, pero 42 por ciento de ellos poseen la nacionalidad noruega. Se calcula que la mitad de los inmigrantes son europeos blancos, especialmente polacos y suecos, que han llegado atraídos por los mejores salarios que ofrece la rica Noruega.
Pero entre 1995 y 2010, la cantidad de inmigrantes en Noruega casi se ha triplicado, y los musulmanes, aquí como en otras partes de Europa, tienden a tener familias más numerosas que la población nativa.
Y sea que se trate de simple y pura economía, o del deseo de vivir con otros musulmanes, o debido a políticas de bienestar social erróneas, en algunas ciudades han surgido guetos informales de inmigrantes que obstaculizan la asimilación en la lengua, la cultura y la sociedad noruegas.
En Furuset, un distrito en el extremo oriental del metro de Oslo, los inmigrantes superan a los noruegos nativos, que están abandonando la zona. Hay una nueva y enorme mezquita junto a un centro comunitario en una pequeña colina arriba de la estación del metro, que tiene a su alrededor un pequeño parque y bancas. El parque tiene una cruda estatua de Trygve Lie, ex ministro de Relaciones Exteriores en exilio durante la Segunda Guerra Mundial, que fue el primer secretario general de Naciones Unidas, un símbolo de la resistencia noruega y de su aceptación de responsabilidades internacionales.
"Cuando llegué aquí en 1976, era una zona nueva y sólo vivían noruegos", dice Lisbeth Norloff, profesora de noruego. "Y ahora quedan muy pocos y algunos de estos también se están marchando." Está feliz de que sus propios hijos sean adultos y vivan en otros lugares, dice, "así que no tengo que preocuparme sobre qué debería hacer."
En sus clases en Furuset, dice, sólo tiene dos noruegos nativos de un grupo de cuarenta alumnos, y ha tenido que bajar los estándares, ya que muchos de sus estudiantes no hablan noruego en casa. "Creo que los dos lados están perdiendo", dijo.
"Aquí en Oslo hay un montón de escuelas donde la mayoría de los estudiantes no provienen de familias nativas", dijo Harald Stanghelle, editor político del diario Aftenposten. "Es un nuevo fenómeno en Noruega, y ha planteado un nuevo tipo de debate."
En general, ese debate gira sobre cómo integrar a los inmigrantes en un país pequeño con su propio y difícil idioma si no son capaces de aprenderlo a hablar bien inclusive en las escuelas estatales.
Aunque el debate se hace eco del que se desarrolla en otros países de Europa Occidental, Noruega es un país estable, rico y tiene poco desempleo, así que la competencia por el empleo no es un problema muy urgente. Otra diferencia fundamental es que Noruega, dados sus principios, tiende a acoger como refugiados a algunas de las víctimas más pobres de conflictos en sus países, se trate de los vietnamitas que huían en botes hace algunas décadas o de los somalíes y eritreos de ahora.
Estos refugiados normalmente no están muy bien educados y muchos de ellos han pasado por experiencias terribles, de modo que se asimilan con más dificultad, al menos hasta la segunda o tercera generación. Por ejemplo, muchos vietnamitas tuvieron problemas inicialmente, dijo Stanghelle, pero a sus hijos y nietos les va muy bien en la escuela y están integrándose en la sociedad noruega.
Un miembro del Partido del Progreso que no quiere que la política se inmiscuya con el duelo y solidaridad nacionales, pidió permanecer en el anonimato. Pero dijo que ahora en Noruega hay más consenso sobre una política de inmigración más severa y restrictiva. "Nuestras políticas de inmigración han sido extremadamente ingenuas y lo mismo se puede decir de nuestras políticas de integración, pero eso es algo que ahora reconocen todos los partidos políticos", dijo.
En el pasado, cualquier crítica de la inmigración o del asilo era considerada racista, "pero ahora eso ha sido en gran parte superado", dijo. "Tenemos un debate real sobre la inmigración y la integración y tenemos elecciones cada cuatro años. Somos un país de consensos, esto es Noruega y en esto estamos juntos", dijo.
Arne Strand, el ex editor político del diario Dagsavisen, considera a Breivik como un "jinete solitario", cuyo incoherente manifiesto en realidad no es representativo de ninguna tendencia ideológica en Noruega, excepto de la diminuta extrema derecha. Pero aunque la idea le parece repugnante, cree que la masacre tendrá algún impacto sobre la política. "Este atentado, este asesinato en masa volverá a encender el debate, y tenemos elecciones en un mes", dijo.
El debate es también real entre los inmigrantes en Furuset, que temen que la fuga de los nativos perjudique las posibilidades de que sus hijos tengan aquí una vida mejor.
Yemane Mesghina, 39, llegó aquí hace nueve años como refugiada de Eritrea, y está enormemente agradecido de los noruegos por su hospitalidad. Trabaja en la limpieza y vive en Furuset con su novia y un bebé porque, dice, "es barato" en una ciudad muy cara. ¿Se siente en casa en Noruega? Ríe. "Es diferente en cuanto a la cultura y en el idioma", dijo. El distrito está dominado por paquistaníes, dijo, que llegaron aquí como trabajadores invitados en los años setenta y ochenta, cuando Noruega necesitaba fuerza de trabajo.
Cerca del noventa por ciento de la gente que vive en su edificio de departamentos son paquistaníes, dijo Mesghina. Y el barrio tiene mala reputación debido a una banda criminal paquistaní conocida como la "Banda B."
Mesghina dice que la mayoría musulmana tiene algo bueno: "aquí no hay alcohol". Pero está preocupado por su hijo, y sobre cómo se integrará en la sociedad noruega cuando haya tan pocos noruegos en el barrio.
"Me preocupa que mi hijo no aprenda el noruego que hablan todos", dijo. "Incluyendo los chistes."
Pero, como muchos otros aquí, no está demasiado preocupado de que las masacres ejerzan más presión sobre los musulmanes. "Lo más importante es lo que piensa la mayoría", dijo. "Y la mayoría no tiene problemas con nosotros."
[Elisa Mala contribuyó al reportaje.]
7 de agosto de 2011
25 de julio de 2011
©new york times
cc traducción mQh

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