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pérdida y esperanza


Pero desde entonces Estados Unidos no ha aprendido más. Basados en pretextos falsos, fuimos empujados a una guerra infundada que ha significado enormes costes en vidas y en dinero. Editorial de The New York Times.
Es doloroso y desconcertante mirar hacia atrás ese día, el abismo que se abrió después de que se derrumbara la segunda torre, cuando no sabíamos nada, excepto que todo estaba en llamas, que un número incalculable de vidas se había perdido y que Lower Manhattan estaba respirando a duras penas en una nube de lo que parecían ser cenizas de Pompeya. Los terribles acontecimientos de esa mañana marcaron una frontera entre uno y otro reino, una frontera que ninguno de nosotros hubiese querido que se cruzara. Todo cambió -eso nos parecía.
Tratamos casi inmediatamente de entender cómo la mañana del 11 de septiembre de 2001 cambiaría nuestro futuro. Diez años después, todavía estamos tratando de entender, mirando hacia atrás y hacia adelante. Simplemente recordar y entristecerse no es suficiente.
Al principio sólo había consternación, tristeza y temor. Pero la noche del día después había algo asombroso en el aire. ¿Lo recordáis? Era un enorme y sincero deseo de cambiar. La gente quería significar más, quería ser llamada a hacer más por el país y la comunidad -más de lo que la vida de todos los días exige, hacer que este absurdo horror significara algo. También había un anhelo público, el deseo de ser absorbido en una obra mayor, reinventar las posibilidades en nuestra vida como país. Había coraje y unidad en las calles de la ciudad y en todo el país, porque todos fuimos testigos de ese punto de inflexión.
Pero desde entonces Estados Unidos no ha aprendido más. Basados en pretextos falsos, fuimos empujados a una guerra infundada que ha significado enormes costes en vidas y en dinero. Nuestra vida cívica ha sido manchada por el aumento de una xenofobia que traiciona nuestros mejores ideales. Mientras nos preparábamos para la guerra, permitimos el debilitamiento de nuestras libertades civiles que son el fundamento de nuestra cultura.
En los días posteriores al 11 de septiembre de 2001, parecía que estábamos en el momento crítico de muchos futuros posibles. Había tanto esperanza como tristeza, tanto amor como indignación, y un poderoso sentimiento de resistencia. Todavía estamos en ese momento con muchos futuros posibles, que son provocados no por lo que nos hicieron esos terroristas en esos cuatro aviones de pasajeros, sino por lo que hemos hecho nosotros en los diez años que han pasado desde entonces. Lamentablemente, como país hemos hecho un mejor trabajo viviendo con nuestros temores que nutriendo el espíritu de comunidad que surgió en esos días.
Todavía estamos aprendiendo de esos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, y, en realidad, diez años es un periodo breve para evaluar las consecuencias de esos atentados. Quizás con el tiempo podremos entender que lo que ocurrió ese día reside en el surgimiento de la compasión y la esperanza que acompañó la consternación y el luto de ese día de septiembre.
11 de septiembre de 2011
10 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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