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atrocidades de kim jong-il


La comunidad internacional no se puede cruzar de brazos frente a las atrocidades que comete el régimen comunista norcoreano contra su propia población.
[Benedict Rogers] Corea del Norte es clasificada en todos los sondeos de libertad y derechos humanos como lo peor de lo peor. Una red de al menos seis campos de prisioneros políticos, con cerca de veinte mil personas internadas, forma el núcleo del terrible aparato represivo de Kim Jong-il. Espeluznantes relatos de las peores formas de tortura posibles han sido proporcionados por sobrevivientes que han escapado de los gulags.
¿Qué debería hacer la comunidad internacional?
Primero, terminar con su silencio. Es extraordinario que una situación tan grave como la de Corea del Norte sea rara vez discutida. Cuando Corea del Norte aparece en la agenda, es en el contexto de su programa nuclear, seguridad regional o escasez de alimentos. Muy rara vez entran los gulags de Corea del Norte en la conciencia de las potencias internacionales. Eso debe cambiar.
Segundo, es urgente apoyar los esfuerzos para hacer llegar a Corea del Norte información desde fuera. Las transmisiones radiales son el modo más efectivo de hacerlo. Cada vez más norcoreanos tienen acceso a la radio y a celulares, y la comunidad internacional debería recurrir a esos canales para difundir información sobre el país.
Tercero, debemos encontrar maneras de hablar directamente con el régimen y plantear nuestras inquietudes sobre los derechos humanos. El año pasado acompañé a dos parlamentarios británicos, Lord Alton y la baronesa Cox, en un viaje a Pyongyang. En todas las reuniones con altos funcionarios norcoreanos, hablamos sobre los campos de prisioneros y otros graves problemas de derechos humanos.
Sólo el tiempo dirá si esas iniciativas tuvieron algún efecto, pero Corea del Norte es el país más cerrado del mundo, así que nuestro objetivo debería ser encontrar maneras de abrirlo, no de aislarlo aun más.
Más importante, necesitamos hacer un esfuerzo para terminar con la impunidad. Es hora de que Naciones Unidas forme una comisión para investigar los crímenes contra la humanidad que se cometen en Corea del Norte.
Los escépticos dirán que los norcoreanos no cooperarán nunca con una pesquisa semejante, y que el acceso al país será imposible. Eso es muy probable, pero no quiere decir que no se puede investigar.
[El autor es jefe de equipo de Christian Solidarity Worldwide y co-fundador de la International Coalition to Stop Crimes Against Humanity in North Korea.]
19 de septiembre de 2011
9  de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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