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terminemos con la sopa de tiburón


Las poblaciones de tiburones están disminuyendo. California puede ayudar aprobando la prohibición de la aleta de tiburón. Editorial de Los Angeles Times.
La pérdida de una tradición cultural es lamentable, pero la pérdida de una especie es trágica y el trastorno del equilibrio medioambiental de los océanos podría ser catastrófico. Es por eso que un proyecto de ley en California, que prohíbe la posesión y venta de aletas de tiburón, debe ser rescatado de los archivos de la Comisión de Asignaciones del Senado el jueves y ser aprobado por los senadores.
Las poblaciones de tiburón están disminuyendo y cerca de un tercio de las especies de tiburón están en peligro de extinción. Contribuye a esta situación la práctica de la pesca del tiburón en operaciones de pesca de gran envergadura en las que se corta a los tiburones sus preciadas aletas, usadas para la exclusiva sopa de aleta de tiburón, y se arroja el resto del pez al océano, para que muera allí. En el pasado, la onerosa sopa no estaba al alcance de todo el mundo, sino solamente de las familias chinas más ricas, pero la emergencia de la clase media china hizo subir la demanda hasta el punto de que se calcula que setenta millones de tiburones son matados al año solamente por sus aletas.
Algunos chino-estadounidenses se oponen vehementemente al proyecto, diciendo que sería el fin de una tradición de siglos de antigüedad: la de servir sopa de aleta de tiburón en las bodas. Un cuenco de esta sopa es un símbolo de prestigio que cuesta cerca de cien dólares. Otros apoyan incondicionalmente el proyecto -uno de los patrocinadores es el representante demócrata Paul Fong (Sunnyvale), que es de origen chino-, señalando que hay muchos modos de homenajear a los invitados de una boda con delicias prestigiosas.
Pese a las afirmaciones de sus detractores, el proyecto no es discriminatorio. La tradición merece respeto, pero a veces las costumbres deben acatar imperativos medioambientales, que en este caso es permitir que las poblaciones de tiburón vuelvan a niveles más sanos. La carne de ballena fue consumida históricamente por Japón, pero es ilegal vender esta carne en este país. En Hong Kong, en un importante centro comercial de aletas de tiburón, una encuesta a principios de año constató que sólo cerca del viente por ciento de los habitantes creen que sería inaceptable omitir la sopa en las bodas.
Como importantes depredadores del océano, los tiburones ayudan a mantener el equilibrio del ecosistema marino. Producen relativamente pocas crías y demoran en madurar; sus poblaciones no se recuperan rápidamente. La práctica de cercenar las aletas del tiburón ya es ilegal en aguas territoriales de Estados Unidos, la Unión Europea y muchos otros países, pero es común en aguas internacionales. Obviamente, una prohibición a nivel de estado no pondrá fin a la pesca de tiburones, pero haría una importante diferencia. Fuera de China, California es el mercado más grande del mundo para aletas de tiburón.
El proyecto AB 376 se ha inspirado en la prohibición en Hawai que se convirtió en ley el año pasado; Oregon y Washington aprobaron prohibiciones este año. Los líderes de la legislatura en California, durante largo tiempo a la vanguardia en el fomento del medio ambiente marino, no deberían perder esta oportunidad de proteger los océanos.
19 de septiembre de 2011
25 de agosto de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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