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abusos británicos en iraq


Dos casos de abusos que mancharon la reputación de las fuerzas militares británicas.
Londres, Inglaterra. Una comprehensiva investigación de los más notorios casos de maltrato de prisioneros cometidos por soldados británicos en Iraq, los describió en su informe publicado el jueves como "una gran mancha en la reputación del ejército", relatando en detalle una serie de espeluznantes abusos cometidos por militares en un regimiento con una historia de trescientos años de honores de guerra en el extranjero. Concluyó que un iraquí, empleado de un hotel en Basra, de veintiséis años, murió en un "escandaloso y grave episodio de violencia arbitraria."
El informe sobre el caso de 2003 fue uno de los golpes más serios a la reputación que ha sufrido el ejército británico, debido a su problemática intervención en la guerra contra Iraq, donde su rol de combate, entre las fuerzas extranjeras, sólo era segundo al de Estados Unidos.
El primer ministro David Cameron habló con periodistas poco después de la publicación de las conclusiones, condenando el "verdaderamente atroz y escandaloso abuso" dejado al descubierto por la investigación y diciendo que "no debería volver a ocurrir." El ministro de Defensa, Liam Fox, comentó sobre las conclusiones diciendo que eran "deplorables, escandalosas, vergonzosas."
La investigación británica, encabezada por uno de los más reputados jueces retirados de Gran Bretaña, duró tres años y costó veinte millones de dólares. Empezó sólo después de que el ministerio de Defensa perdiera una batalla de cuatro años en tribunales para bloquearla. Los comandantes británicos dicen que las medidas que ya se han tomado para supervisar las operaciones con detenidos han minimizado el riesgo de una ocurrencia como en Afganistán, donde las fuerzas británicas también se desplegaron en números sólo inferiores a los estadounidenses en la coalición internacional.
El informe final de mil 400 páginas encontró un patrón de "violentos y cobardes asaltos" cometidos por "un enorme contingente de soldados" de una unidad del Regimiento Lancashire de la Reina, que había resultado en 93 lesiones separadas que debilitaron con fatales consecuencias al empleado de hotel, Baha Mousa, padre de dos hijos. Mousa murió finalmente en el suelo de un retrete abandonado. También criticó al doctor militar y al capellán católico por no informar sobre los abusos después de haber visto las lesiones de Mousa.
Los malos tratos descritos en el informe incluyen encapuchar a los detenidos con sacos de arpillera, obligarlos a estar de pie o agachados en posiciones estresantes, privándoles de sueño durante largos periodos, y una práctica que los soldados británicos llaman ‘harshing’ -gritar directamente a los detenidos desde distancias de seis pulgadas o menos. Los detenidos en Basra también contaron que les habían privado de alimentos, les habían metidos los dedos en los ojos, y les habían pateado en los genitales y riñones.
El informe dice que el asalto final contra Mousa -un chaparrón de puñetazos mientras estaba esposado- tuvo lugar poco antes de su muerte.
El autor del informe, Sir William Gage, dijo que hubo un "fracaso corporativo" en el ministerio de Defensa por los métodos violentos de interrogatorio, incluyendo el encapuchamiento, las posiciones estresantes y la privación de sueño, que habían sido prohibidas en 1972 por el primer ministro Edward Heath después de un escándalo sobre maltratos a detenidos en Irlanda del Norte.
Aunque el caso de maltrato en Basra fue ejecutado por un grupo de soldados dirigidos por un cabo, Gage dijo que los oficiales tenían una "fuerte responsabilidad" por no detener las agresiones.
El ministerio de Defensa había impuesto previamente medidas disciplinarias a varios de los oficiales y soldados implicados, licenciando de las fuerzas armadas a algunos de ellos. El jueves, declaró que suspendería a todos los que todavía estuvieran en las fuerzas armadas, a la espera de una revisión de sus casos.
Seis hombres fueron absueltos por una corte marcial en 2007. El séptimo, el cabo Donald Payne, al que el informe del jueves se refiere como un "matón violento", fue condenado a un año de prisión por someter a Mousa a tratos inhumanos. Fox, el ministro de Defensa, dijo al Parlamento el jueves que había instruido a los funcionarios que hicieran "un poco más para llevar a justicia a los responsables." Los abogados de Mousa exigieron que los implicados sean juzgados en cortes civiles.
Los paralelos entre los casos en Basra y el escándalo estadounidense de la cárcel de Abu Ghraib -incluyendo el uso de técnicas similares y la dificultad de hacer responsables a los oficiales- han angustiado a muchos en Gran Bretaña. Ambos casos giraron sobre maltratos a detenidos civiles bajo custodia militar, y ocurrieron gruesamente al mismo tiempo, unos meses después de la invasión de 2003. Durante ese periodo, tropas de Estados Unidos y británicas habían empezado a hacer frente a sostenidos ataques de parte de insurgentes iraquíes, los que resultaron en crecientes bajas militares.
En la época, comandantes británicos en el sur de Iraq fueron a menudo explícitos al comparar lo que describían a los periodistas visitantes como las tácticas restringidas y amistosas con la población civil de las tropas, con prácticas estadounidenses al norte. Citando la larga historia colonial de Gran Bretaña, dijeron que sus tropas entendían mejor que las fuerzas norteamericanas los resultados contraproducentes de las tácticas agresivas contra los nativos.
Gran Bretaña retiró sus últimas fuerzas de Iraq en 2009, dejando tropas estadounidenses como la única presencia militar extranjera significativa. Muchos analistas en Gran Bretaña, y algunos oficiales en retiro, describieron la intervención de seis años en Iraq como un funesto fracaso, centrado principalmente en la incapacidad de las fuerzas británicas para impedir que las milicias chiíes controlen efectivamente partes de Basra y otras ciudades.
El informe no halló evidencias de que Mousa y otros detenidos fueran abusados sexualmente, un persistente elemento en los casos de abusos contra detenidos en Abu Ghraib, aunque acusaciones en ese sentido han sido frecuentes, de acuerdo a abogados de la familia Mousa, en ciento cincuenta otros casos de abusos contra detenidos por soldados británicos en Iraq entre 2003 y el fin de las operaciones británicas con detenidos. Los abogados dijeron que esos casos serán proseguidos con renovado vigor en tribunales británicos.
El ministerio de Defensa luchó durante años contra los llamados a una investigación independiente sobre la muerte de Mousa, finalmente perdiendo cuando la Cámara de los Lores resolvió que la Carta Europea de Derechos Humanos, incorporada en la legislación británica en 1998, se aplicaba a Mousa cuando estaba bajo custodia militar británica en Ira, En 2007, el ministerio de Defensa accedió a pagar una indemnización de 5.4 millones de dólares a la familia Mousa, incluyendo a su padre, que había sido coronel de policía durante el régimen de Saddam Hussein.
Los intentos de comunicación con la familia Mousa no fueron fructíferos. Después de que la indemnización fuera pagada en Gran Bretaña, dejaron Basra. Un entrevistador de la BBC habló con el padre de Mousa, Daoud, el jueves en El Cairo, donde recibió al periodista británico, pero dijo que su familia no se recuperaría nunca de la muerte de su hijo.
El informe de Basra incluye 73 recomendaciones para eliminar futuros abusos. Fox, el ministro de Defensa, dijo a la Cámara de los Comunes que el gobierno las había aceptado todas, excepto una: prohibir ciertas "técnicas verbales y no-físicas" usadas tradicionalmente por interrogadores del ejército para sacar información de los detenidos. No especificó esas técnicas, pero dijo que había pedido al más alto mando militar británico, el general Sir David Richards, que volviera a redactar las normas de modo que sólo "personas definidas en circunstancias definidas" puedan usarlas.
27 de septiembre de 2011
9 de septiembre de 2011
©new york times vía
cc traducción c. lísperguer

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