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torturas y cárceles secretas en libia


Acusan a rebeldes libios de torturar a prisioneros.
[Kareen Fahim] Trípoli, Libia. Primero fueron las vendas, las esposas que te dejan cicatrices y las amenazas de muerte. Luego empezaron las golpizas y las descargas eléctricas. En la niebla del dolor, el detenido, que dijo que no había hecho nada malo, podría haber confesado cualquier cosa, recordó más tarde.
Las técnicas eran conocidas por los libios, pero no sus perpetradores: eran ex rebeldes, de acuerdo al detenido, un hombre de treinta y seis años que dijo que había trabajado en la inteligencia militar del gobierno del coronel Muamar al Gadafi.
El hombre, que pidió que no se publicara su nombre debido a que temía ser víctima de represalias de sus ex captores, contó que había sido detenido por ex rebeldes armados hace casi dos semanas, y retenido en un edificio durante cuatro días y torturado.
Fue imposible verificar inmediatamente su historia, pero mostraba lo que dijo que eran evidencia de torturas: enormes moretones y ronchas en sus piernas, rayas azules y negras en los muslos, y cicatrices en sus pies y tobillos, a los que, dijo, sus secuestradores conectaron cables eléctricos.
Más tarde fue trasladado a otro edificio en Trípoli, frente a las oficinas del gabinete del Consejo Nacional de Transición, el gobierno provisional de los ex rebeldes. Allá, en celdas con sangre fresca en las paredes, fue retenido durante otro día más, hasta que le dejó marchar, disculpándose, un oficial ex rebelde, dijo.
Ahora, dijo, se marcha a Túnez. "No confío en nadie en Libia."
Su caso ilustra la creciente preocupación sobre las brigadas armadas de los ex combatientes rebeldes en la capital libia que corrieron a llenar el vacío de poder después de que las tropas del coronel Gadafi huyeran de la ciudad hace más de un mes. En una ciudad con una autoridad central débil y un poder judicial reconstruido casi desde cero, los combatientes se han convertido en detectives, fiscales, jueces y carceleros, muchos de los cuales obedecen sólo a sus propios comandantes, o a nadie.
Los combatientes han detenido a miles de personas; algunos son posiblemente delincuentes, ex oficiales o soldados de Gadafi. Otros simplemente provienen de ciudades que se opusieron a la revolución. Algunos son retenidos en prisiones, otros en cárceles improvisadas y, a veces, también secretas.
Algunos son torturados. El calvario que vivió un detenido de 36 años presentaba similitudes con casos registrados por la organización Human Rights Watch en seis recintos de las fuerzas anti-gadafistas en Trípoli. En un informe dado a conocer el viernes, la organización dice que los detenidos denunciaron malos tratos, incluyendo golpizas y descargas eléctricas. Ninguno de los 53 detenidos entrevistados, dice la organización, han sido llevados ante un juez.
"Lo que estamos viendo es un síntoma de un problema fundamental", dijo Tom Malinowski, el director de la organización en Washington. "Los civiles tienen buenos planes, pero carecen de autoridad sobre las milicias." Malinowski atribuyó al gobierno de transición la autorización para que observadores visiten centros de detención y dijo que algunos eran bien administrados. Agregó: "Dudo que haya un funcionario civil que sepa dónde están todos esos centros."
Human Rights Watch denunció que muchas personas detenidas por las milicias, brigadas y otros grupos de seguridad asociados con el gobierno de transición eran africanos sub-saharianos o libios negros. En algunos casos, los guardias rebeldes de algunos centros de detención obligan a sus prisioneros sub-saharianos a realizar trabajo manual.
Los detenidos sospechosos de delitos más graves, como homicidio y violación, son los más maltratados, dice el informe.
El detenido de 36 años dijo que la muerte, no la culpa, había producido su detención y tortura después de que tratara de comprar un arma para reemplazar la que le había sido confiscada por los rebeldes. Pronto, el hombre fue acusado de suministrar armas a una célula de Gadafi.
A juzgar por sus acentos, supuso que algunos de sus secuestradores eran de la ciudad montañesa de Zintan. Uno de ellos se mostró amable, suavizando su venda y sus esposas. Otro le pidió que escribiera la historia de su vida en unas hojas de papel.
Se echó a llorar, recuerda. "¿Cómo voy a escribir la historia de toda mi vida? ¿Qué quieren de mí?"
Las golpizas empezaron al tercera día. Algunos guardias lo insultaron por haber sido un agente de inteligencia, y otros cantaban: "La sangre de los mártires no será derramada en vano." Lo colgaron del techo y lo golpearon en las piernas, dijo.
Al cuarto día fue transferido a un ex edificio gubernamental en Trípoli. Entre los otros detenidos, dijo, había algunos acusados de llevar un sombrero pro-Gadafi, varias mujeres y un hombre que habían ayudado al gobierno de transición a custodiar los documentos secretos del antiguo gobierno.
Lo trató un doctor, y uno de sus captores lo felicitó por haber sido liberado, y agregó: "Esta es una revolución limpia."
6 de octubre de 2011
1 de octubre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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