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civiles huyen de sirte


Población no confía en rebeldes.  Muchos en Sirte, la ciudad natal del líder libio Moamar Gadafi, quieren recuperar la vida de antes de la rebelión.
[Ruth Sherlock] Sirte, Libia. Mientras los combatientes del gobierno rebelde libio ganan terreno en el sitio de Sirte, los residentes dejan en claro que la guerra ideológica está lejos de haber sido ganada.
El descampado que rodea la ciudad natal de Moamar Gadafi se ha convertido en un incierto retazo de lealtades. Mientras los vehículos de las fuerzas rebeldes patrullan los polvorientos pueblos en el territorio ocupado desde el domingo, muchos vecinos de la ciudad miran indignados desde sus hogares.
"Los rebeldes son peores que ratas. La OTAN es lo mismo que Osama bin Laden", dijo un padre, rodeado por sus siete hijos.
Sirte ha sido uno de los principales objetivos de la campaña de bombardeos de la OTAN que ya se prolonga por siete meses y que ha ayudado a que las fuerzas rebeldes hayan ganado el control de gran parte de Libia. La intensidad de los bombardeos, acompañados por los recientes ataques con cohetes por las fuerzas de oposición, ha convertido a Sirte en un "infierno", dijeron varias familias.
Cientos de familias huyeron el domingo de la ciudad, en anticipación de un nuevo asalto. Pero demasiado asustados, enfadados o desconfiados como para buscar refugio en territorio controlado por la oposición, muchos buscan alero en casas cercanas de leales a Gadafi.
"En este momento hay diez familias alojando aquí", dijo el enfadado padre, que, como muchos otros, se negó a dar su identificación por temor a represalias. "Los alimentos escasean, no hay suficiente agua potable y no hay gasolina. Antes, vivíamos como ricos. Yo tenía dos casas. Ahora vivimos peor que animales."
Una escuela abandonada ha sido ocupada por treinta personas que se apretujan en una sala, durmiendo en el suelo de baldosas.
Los líderes rebeldes dicen que están respaldados por el mandato de derrocar a un dictador brutal. Pero muchos vecinos de Sirte dijeron que lo que anhelan es que Libia sea "simplemente como era" antes de la rebelión en febrero.
"Con Moamar Gadafi vivíamos en democracia. No era un dictador", dijo otra residente, Susan Farjan, que contó que había trabajado como periodista online para la televisión estatal libia. "Yo vivía en libertad. Los derechos humanos de las mujeres libias eran respetados. No es que necesitemos a Moamar Gadafi de nuevo, pero queremos vivir como vivíamos antes."
Pese a las condiciones de vida y su ropa cubierta de polvo, el maquillaje de Farjan, su perfume Chanel, sus pendientes de diamantes y su collar de oro delatan una vida en mejores tiempos.
"Todo el mundo quiere a Gadafi. Mi padre lo quiere tanto que su sangre se puso verde", dijo Farjan mientras las lágrimas se abultan en sus ojos, aludiendo al uso del verde como color nacional durante el régimen de Gadafi.
Mujeres y niños reunidos en torno a Farjan estallan repentinamente en un ruidoso y quejumbroso coro: "Dios, Moamar, Libia. Eso es todo lo que necesitamos."
Sin electricidad y sólo con estaciones de noticias del estado que funcionan dentro de la ciudad, las familias en Sirte no saben demasiado sobre los acontecimientos de los últimos seis meses. Muchos creían que la ciudad de Misurata, un bastión anti-Gadafi, donde los combatientes locales expulsaron a las tropas libias, había sido ocupada por una extraña combinación de fuerzas terrestres de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y extremistas musulmanes.
Los combatientes rebeldes en las afueras de Sirte han iniciado una campaña informal de relaciones públicas, proveyendo de alimentos, combustible y medicinas a los vecinos que huyen de una ciudad de la que desconfían profundamente. "Tenemos que mostrarles que no somos la gente que Gadafi dice que somos", dijo Ahmed Zubair, 27.
Entre algunos refugiados han surgido divisiones y confusión. En la escuela abandonada, mientras unas mujeres gritaban a favor de Gadafi, otras abucheaban y expresaban su apoyo a los rebeldes.
"Somos una democracia de una familia", bromeó Mohammed Farjan, 25.
Aunque sus padres condenan la caída del régimen, Farjan dijo que había estado contra Gadafi desde antes de la rebelión. Dijo que las autoridades le habían ofrecido miles de dólares para detener una campaña en Facebook contra el líder de toda la vida.
El servicio de Internet fue interrumpido después de la erupción de protestas masivas en febrero, dijo. Entonces él y tres colegas "jugaron a las escondidas" con las fuerzas del régimen, haciendo pintadas contra Gadafi, dijo.
La inmensa mayoría de los cien mil habitantes de la ciudad no eran partidarios de Gadafi, dijo. "Pero cuando empezaron los bombardeos, la mayoría de la gente lo apoyó a él", dijo.
[Patrick J. McDonnell en El Cairo contribuyó a este reportaje.]
13 de octubre de 2011
3 de octubre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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