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hija de la guerra sucia


Fue criada por el hombre que asesinó a sus padres.
[Alexei Barrionuevo] Buenos Aires, Argentina. Victoria Montenegro recuerda una niñez llena de escalofriantes discusiones durante la cena. El teniente coronel Hernán Tetzlaff, jefe de familia, contaba sobre operaciones militares en las que había tomado parte en las que los "subversivos" habían sido torturados o asesinados. Las discusiones terminaban a menudo cuando él "golpeaba la mesa con su arma", contó.
Costó una incesante búsqueda de parte de una organización de derechos humanos, un análisis de ADN y casi una década para superar la negación para Montenegro y darse cuenta de que el coronel Tetzlaff de hecho no era su padre ni el héroe que pretendía ser.
En lugar de eso, era el hombre responsable del asesinato de sus padres biológicos y quien se había apropiado de ella ilegalmente.
Él le confesó lo que había hecho en 2000, dijo Montenegro. Pero no fue sino cuando ella declaró en un tribunal aquí la primavera pasada que finalmente arregló cuentas con su pasado, desprendiéndose para siempre del nombre que le dieron el coronel Tetzlaff y su esposa -María Sol- después de falsificar su certificado de nacimiento.
El juicio, en la última fase de la audiencia oral, podría probar por primera vez que los más altos jefes militares del país participaron en un plan sistemático para robar los bebés a personas que percibían como enemigas del gobierno.
Jorge Rafael Videla, que dirigió a los militares durante la dictadura argentina, está acusado de dirigir la campaña para apropiarse de los bebés de las madres en centros clandestinos de detención y entregarlos a militares o funcionarios de seguridad, o incluso a terceros, a condición de que los nuevos padres ocultaran su verdadera identidad. Videla es uno de los once oficiales que están siendo juzgados por 35 actos de apropiación ilegal de menores.
El juicio también reveló la complicidad de civiles, incluyendo jueces y funcionarios de la Iglesia Católica Romana.
El rapto de cerca de quinientos bebés fue uno de los capítulos más dramáticos de la dictadura militar que gobernó Argentina de 1976 a 1983. La frenética campaña de madres y abuelas por encontrar a sus hijos desaparecidos no ha flaqueado nunca. Fue uno de los temas que los presidentes civiles elegidos después de 1983 no perdonaron a los militares, aunque se concedió amnistía por otros crímenes de la "guerra sucia."
"Incluso los numerosos argentinos que consideraron la amnistía como un mal necesario no estuvieron dispuestos a perdonar esto a los militares", dijo José Miguel Vivanco, director de la sección Américas de Human Rights Watch.
En América Latina, los robos de bebés fueron en gran parte exclusivos de la dictadura argentina, dijo Vivanco. Nada semejante ocurrió durante la dictadura de diecisiete años en el vecino Chile.
Una notable diferencia fue el rol de la Iglesia Católica. En Argentina, la iglesia apoyó en gran parte al gobierno militar, mientras que en Chile se enfrentó al gobierno del general Augusto Pinochet y trató de denunciar las violaciones a los derechos humanos, dijo Vivanco.
En Argentina, sacerdotes y obispos justificaron su apoyo al gobierno por preocupaciones por la seguridad nacional, y defendieron la apropiación de los hijos (de desaparecidos) como un modo de asegurarse de que no fueran "contaminados" por los enemigos izquierdistas de las fuerzas armadas, dijo Adolfo Pérez Esquivel, un activista de los derechos humanos y Premio Nobel de la Paz que ha investigado decenas de desapariciones y declarado en un juicio el mes pasado.
Montenegro dijo: "Pensaban que estaban haciendo algo cristiano bautizándonos y dándonos la oportunidad de ser mejores personas que nuestros padres. Pensaban que nos estaban salvando la vida."
Funcionarios de la iglesia en Argentina y en el Vaticano se negaron a responder preguntas sobre su conocimiento o participación en adopciones ilegales.
Durante muchos años, la búsqueda de niños desaparecidos fue en gran parte fútil. Pero eso ha cambiado en los últimos diez años gracias al mayor apoyo del gobierno, a la avanzada tecnología forense y el creciente banco de datos genéticos después de años de pruebas. La última adoptada en recuperar su verdadera identidad, Laura Reinhold Siver, llevó el número total de recuperaciones a 105, en agosto.
Sin embargo, el proceso de aceptación de la verdad puede ser largo y tortuoso. Durante años, Montenegro rechazó los intentos de funcionarios y abogados de descubrir su verdadera identidad. Desde joven recibió una "fuerte educación ideológica" del coronel Tetzlaff, oficial del ejército en un centro clandestino de detención.
Si recogía un volante de los izquierdistas en la calle, "me sentaba frente a él para contarme durante horas lo que le habían hecho los subversivos a Argentina", dijo.
La llevó a un centro de detención donde pasó horas hablando sobre operaciones militares con sus colegas oficiales, "sobre cómo habían torturado y asesinado a personas."
"Crecí pensando que en Argentina había habido una guerra, y que nuestros soldados habían ido a la guerra para defender la democracia’", dijo. "Y que no había desaparecidos, que eso era una mentira."
Dijo que no le permitían ver películas sobre la "guerra sucia", incluyendo ‘La historia oficial’ [The Official Story], una película de 1985 sobre una pareja de clase media alta que adopta a una niña de una familia que estaba desaparecida.
En 1992, cuando tenía quince, el coronel Tetzlaff fue detenido brevemente por sospechas de robo de bebés. Cinco años después, un tribunal informó a Montenegro que ella no era la hija biológica del coronel y su esposa, dijo.
"Yo todavía estaba convencida de que era una mentira", dijo.
Para 2000, Montenegro todavía creía que su misión era mantener al coronel Tetzlaff fuera de la cárcel. Pero cedió y permitió que le sacaran una muestra de ADN. Entonces un juez entregó la discordante noticia: la prueba confirmaba que era la hija biológica de Hilda y Roque Montenegro, que habían sido miembros de la resistencia. Se enteró que ella y los Montenegro habían sido secuestrados cuando ella tenía trece días.
En la sobremesa en un restaurante, el coronel Tetzlaff confesó a Montenegro y su marido que él había dirigido la operación en la que los Montenegro fueron torturados y asesinados, y la había apropiado en mayo de 1976, cuando tenía cuatro meses.
"No puedo decir nada más", dijo, ahogándose con el recuerdo de esa cena.
En 2001, un tribunal condenó al coronel Tetzlaff por la apropiación ilegal de Montenegro. Fue enviado a prisión, y Montenegro, todavía creyendo que sus acciones durante la dictadura habían sido justificadas, lo visitó semanalmente hasta su muerte en 2003.
Poco a poco empezó a conocer a la familia de sus padres biológicos.
"Eso fue un proceso; no fue un momento o un día en que borras todo y empiezas de nuevo", dijo. "No eres una máquina que puede ser reiniciada una y otra vez."
Le tocó a ella contarle a sus tres hijos que el coronel Tetzlaff no era el hombre que pensaban que era.
"Les había contando que su abuelo era un valiente soldado, y yo tuve que contarles que su abuelo era un asesino", dijo.
Cuando declaró en el juico, utilizó su nombre original, Victoria, por primera vez. "Fue muy liberador", dijo.
Dice que no odia a los Tetzlaff. Pero "el corazón no te secuestra, no te oculta, no te agrede, no te miente toda la vida", dijo. "El amor es otra cosa."
[Charles Newbery contribuyó al reportaje.]
14 de octubre de 2011
9 de octubre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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