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el otro ejército de estados unidos


Una mirada en el Comando Conjunto de Operaciones Especiales de las fuerzas militares de Estados Unidos. El ejército secreto de Estados Unidos secuestra, detiene, tortura, mata y es impune.
[Dana Priest y William M. Arkin] Los aviones no tripulados y las fuerzas paramilitares de la CIA han matado a decenas de dirigentes de al Qaeda y a miles de sus militantes. Pero hay otra misteriosa organización que ha asesinado incluso a más enemigos de Estados Unidos desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Los operativos de la CIA han encarcelado e interrogado a casi cien sospechosos de terrorismo en sus ex cárceles secretas en todo el mundo, pero las tropas de esta otra organización secreta han encarcelado e interrogado casi a mil, manteniéndolos en cárceles controladas por la organización en Iraq y Afganistán.
Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, este secreto grupo de hombres (y algunas mujeres) se ha multiplicado por diez mientras mantiene un nivel de oscuridad que ni siquiera la CIA ha logrado. "Somos la materia oscura. Somos la fuerza que pone orden en el universo, pero que no puede ser vista", dijo, hablando a condición de conservar el anonimato, un robusto marine de la Armada.
Los SEALs [marines de la Armada] forman parte del Comando Conjunto de Operaciones Especiales de las Fuerzas Armadas estadounidenses, conocido como JSOC, que ha pasado de ser un equipo de rescate de rehenes rara vez usado en el ejército secreto de Estados Unidos. Cuando los miembros de esta fuerza de elite asesinaron a Osama bin Laden en Pakistán en mayo, los jefes del JSOC celebraron no solamente el éxito de la misión sino también el hecho de que casi nadie sabía de la existencia del comando, con sede en Fayetteville, Carolina del Norte.
Este artículo, la adaptación de un capítulo del recién publicado ‘Top Secret America: The Rise of the New American Security State’, de los periodistas del Washington Post Dana Priest y William M. Arkin, lleva la crónica del espectacular surgimiento del JSOC, gran parte del cual no ha sido revelado nunca. Dos presidentes y tres ministros de Defensa han pedido al JSOC rutinariamente que prepare misiones de recabamiento de inteligenca y operaciones letales, mayormente en Iraq y Afganistán, aunque también en países con los que Estados Unidos no está en guerra, entre ellos Yemen, Pakistán, Somalia, Filipinas, Nigeria y Siria.
"La CIA no tiene el tamaño ni la autoridad para hacer algunas de las cosas que nosotros sí podemos hacer", dijo un operador del JSOC.
El presidente también ha otorgado al JSOC la rara autoridad de seleccionar individuos para ser incluidos en sus listas de muerte, y luego asesinarlos, antes que capturarlos. Los críticos acusan que estas misiones de cacería y eliminación de individuos equivalen a asesinatos, una práctica prohibida por las leyes estadounidenses. La lista negra del JSOC normalmente no está coordinada con la CIA, que maneja una lista similar, pero más corta.
Creada en 1980 pero remodelada en los últimos años, el JSOC ha crecido de mil ochocientos efectivos antes del 11 de septiembre de 2001 a veinticinco mil, una cifra que fluctúa de acuerdo a la misión. Tiene su propia división de inteligencia, sus propios aviones espía y aviones de reconocimiento, incluso sus propios satélites. También tiene sus propios combatientes en el espacio virtual, los que, el 11 de septiembre de 2008, bajaron de la red a todos los sitios yihadistas.
La oscuridad ha sido una de las características de la unidad. Cuando los oficiales del JSOC trabajan en agencias civiles del gobierno o en embajadas estadounidenses en el exterior, lo que ocurre a menudo, no usan uniforme militar, a diferencias de sus otros colegas militares. En el combate no llevan nombre ni identificadores de rango. Se esconden detrás de varios apodos: Ejército Secreto de Virginia del Norte (Secret Army of Northern Virginia), Task Force Green, Task Force 11, Task Force 121. Los jefes del JSOC no hablan casi nunca en público. No tienen una página web pública.
Pese al secreto, el JSOC no puede realizar operaciones encubiertas como la CIA. Las acciones encubiertas, en las que el papel de Estados Unidos se mantiene secreto, exige una orden presidencial y una notificación parlamentaria. Muchos funcionarios de seguridad nacional, sin embargo, dicen que las operaciones del JSOC son tan similares a las de la CIA que equivalen a operaciones encubiertas. La unidad recibe órdenes directamente del presidente o del ministro de Defensa, y es dirigida por un cadena de mando solamente militar.
Durante la presidencia de George W. Bush, las operaciones del JSOC eran rara vez comunicadas de antemano al Congreso -y normalmente tampoco después- porque los abogados del gobierno las consideraban "actividades militares tradicionales" que no exigen esa notificación. El presidente Obama ha adoptado la misma opinión, pero ha insistido en que las misiones sensibles del JSOC sean comunicadas a los líderes del Congreso.

Fuerza Letal
La primera misión del JSOC en 1980, la Operación Garra de Águila, el intento de rescate de diplomáticos retenidos como rehenes por estudiantes iraníes en la embajada estadounidense en Teherán, terminó con la colisión de un helicóptero en el desierto y la muerte de ocho miembros del equipo. El extremo secreto de la unidad también provocó la desconfianza de los comandantes militares tradicionalistas y, como resultado, fue rara vez utilizada durante conflictos.
El ministro de Defensa Donald Rumsfeld, todavía dolido por la capacidad de la CIA para entrar por primera vez en Afganistán y frustrado por la lentitud del ejército, infundió nueva vida a la organización. El núcleo del JSOC incluye a la Delta Force del Ejército, los marines de la Armada, el Team 6, el Escuadrón de Tácticas Especiales 24 de la Fuerza Aérea y el Regimiento Ranger No. 75.
El carácter letal del JSOC quedó demostrado en la batalla de la montaña Tora Bora en diciembre de 2001. Aunque bin Laden y muchos de sus seguidores finalmente huyeron a través de la frontera con Pakistán, una historia del ejército narraba que en las noches del 13 y 14 de diciembre el JSOC mató a tantas tropas enemigas que los "cadáveres de los combatientes de al Qaeda fueron retirados al día siguiente del campo de batalla" en camiones.
También ha cometido errores. El 1 de julio de 2002, en lo que la Rand Corp. clasificó como "el ataque por error más grave de toda la guerra", un equipo de reconocimiento del JSOC, persiguiendo a talibanes, fue atacado y un helicóptero de combate AC-130 disparó contra seis sitios en el pueblo de Kakarak. Según los cálculos cayeron entre 48 y cientos de civiles. El "incidente de la boda", como se conoció debido a que entre los blancos se encontraba una boda, convenció a muchos afganos que las fuerzas estadounidenses despreciaban la vida de los civiles.
Sin embargo, el 16 de septiembre de 2003, Rumsfeld firmó un decreto consolidando al JSOC como el centro del universo contraterrorista. Incluía un listado de quince países y las actividades permitidas bajo diversos escenarios, y daba la aprobación previa para realizarlas.
En Iraq y Afganistán, las acciones letales contra al_Qaeda fue garantizada sin una aprobación adicional. En los otros países -entre ellos Argelia, Irán, Malasia, Mali, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Somalia y Siria-, el JSOC necesitaba la aprobación explícita del país implicado o al menos una aprobación de un superior en la cadena de mando estadounidense. En Filipinas, por ejemplo, el JSOC podía emprender operaciones psicológicas para confundir o atrapar a operativos de al Qaeda, pero para acciones letales necesitaba aprobación de la Casa Blanca. Para atacar blancos en Somalia necesitaba al menos la aprobación del ministro de Defensa, mientras que los ataques en Pakistán y Siria necesitaban la aprobación presidencial.
En el otoño de 2003, JSOC recibió un nuevo comandante que convertiría la organización en el arma más efectiva en el arsenal antiterrorista de Estados Unidos. Desde su privilegiada posición como subdirector de operaciones en el Comando Conjunto, el general de brigada Stanley A. McChrystal había llegado a creer que en los círculos más altos del gobierno existía una aversión a tomar decisiones. Nadie quería equivocarse, así que hacían más preguntas o agregaban más capas al proceso. El nuevo énfasis en la cooperación entre agencias también significó reuniones más grandes y más largas. Cualquiera de entre una multitud de agencias podía retrasar una operación hasta que fuera demasiado tarde.
McChrystal creía que tenía que "escabullir el control" de la sofocantes burocracia de Washington, dijo a sus asociados. Trasladó sus oficinas a la Base Aérea Balad, a 72 kilómetros al nordeste de Bagdad, y trabajó en un viejo hangar de cemento con tres centros de mando conectados: uno para luchar contra los afiliados de al Qaeda en Iraq, otro para la lucha contra los extremistas chiíes en el país y el tercero para sí mismo, de modo que pudiera supervisar todas las operaciones.
Persuadió a otras agencias de inteligencia de que lo ayudaran -la presencia de la CIA creció a cien; el FBI y la Agencia de Seguridad Nacional a ochenta, juntos. Ganó su lealtad exponiendo completamente la operación a todos los involucrados. "Mientras más gente comparte tu problema, mejor lo resolverás", diría.
McChrystal instaló una sola mesa de trabajo y un portal donde las tropas podrían subir documentos, chatear, buscar inteligencia disponible sobre blancos -fotografías, biometría, transcripciones, informes de inteligencia- y seguir el tráfico de mensajes de los comandantes durante el curso de las operaciones.
Luego dio acceso a este a los rivales burocráticos del JSOC: la CIA, la NSA, el FBI y otros. También empezó a colocar a sus hombres en cada una de las agencias de seguridad nacional en Washington. En total, desplegó 75 funcionarios entre agencias de Washington y cien más en todo el mundo. Rotaban cada cuatro meses, de modo que ninguno quedara desconectado del combate.
Algunos veían a los enlaces como espías de una organización que ya era demasiado importante. Pero esas sospechas no lograron hacer descarrilar ni al JSOC ni a McChrystal.
Los rumores decían que comía una sola vez al día y corría 16 kilómetros diarios. Con su cara tensa, sus ojos intensos y delgado, se parecía a su personaje. Un letrero en Balad decía: "175 2." Diecisiete horas de trabajo, cinco de sueño, dos para comer y hacer ejercicios.
La legendaria ética del trabajo de McChrystal se mezclaba bien con su exuberancia irlandesa y su aspecto de hombre corriente. Consideraba que beber cerveza con sus subordinados era un importante ejercicio de camaradería. Prefería que le llamaran por su nombre de pila. Parecía casi ingenuamente confiado. (Este rasgo fue la causa de la perdición de McChrystal en 2010, después de que fuera ascendido a comandante de las tropas en Afganistán. Él y miembros de su círculo íntimo hicieron comentarios inapropiados sobre sus jefes civiles en presencia de un periodista de Rolling Stone. McChrystal ofreció su renuncia, y Obama la aceptó rápidamente.)

Sacando Partido de la Tecnología
La dependencia de la resistencia iraquí de la tecnología moderna también dio una ventaja al moderno JSOC y sus socios, especialmente a la Agencia de Seguridad Nacional. La NSA aprendió a localizar todas las señales electrónicas en Iraq. "Hicimos nuestro agosto", dijo un alto comandante del JSOC, hablando a condición de conservar el anonimato, para describir las operaciones secretas.
Una innovación fue llamaba la Varita de Zahorí Electrónica, un sensor llevado por los comandos que podía detectar la ubicación de un celular en particular. El pitido se hacía más fuerte cuando un soldado con el dispositivo se acercaba a la persona que llevaba el teléfono.
Matar al enemigo era la parte fácil, dijeron comandantes del JSOC; localizarlo era lo más difícil. Pero gracias a Roy Apseloff, director del National Media Exploitation Center, la agencia del gobierno estadounidense para analizar documentos incautados por las fuerzas armadas y la comunidad de inteligencia, el recabamiento de inteligencia del JSOC mejoró dramáticamente. Apseloff ofreció a McChrystal prestarle sus propios empleados en Fairfax para estudiar ítemes incautados durante allanamientos. El equipo de Apseloff bajaba los contenidos de unidades de memoria flash, celulares y ordenadores bloqueados o dañados para extraer nombres, números de teléfono, mensajes e imágenes. Luego procesaban y almacenaban los datos, relacionándolos con otras informaciones que pudieran ayudar a los analistas a encontrar no solamente a un tipo malo sino a toda una red de ellos.*
El mayor reto era como encontrar las gemas en el tacho de basura con suficiente rapidez como para ser útil. La clave era más ancho de banda, la línea electrónica que transportaba informaciones como correos electrónicos y llamadas telefónicas en todo el mundo. Afortunadamente para las fuerzas armadas y el JSOC, los atentados de 2001 coincidieron con un desarrollo no-relacionado: la caída de las punto com. Creó una sobreabundancia en la capacidad comercial de los satélites y las fuerzas armadas compraron gran parte de esta.
En un año desde la llegada de McChrystal, el JSOC había coordinado a 65 estaciones en todo el planeta para permitir a los espectadores participar en las teleconferencias por video de 45 minutos que dictaba dos veces al día. Para 2006, el JSOC había aumentado en tres años cien veces su capacidad de ancho de banda, de acuerdo a altos oficiales.
El otro reto que enfrentaba el JSOC era humano: interrogadores mal preparados tenían poca información sobre los detenidos individualmente y no sabían qué preguntar o cómo preguntar de modo más efectivo. Peor, algunos miembros de la Task Force 121 del JSOC estaban golpeando a los prisioneros.
Incluso antes de que las fotos tomadas por militares en la cárcel de Abu Ghraib empezaran a circular en 2004, un informe confidencial advirtió que algunos interrogadores del JSOC estaban maltratando a los prisioneros y ocultándolos en recintos secretos. Las tropas del JSOC también detenían a las madres, esposas e hijas cuando en una casa no encontraban al hombre al que andaban buscando. El informe advertía que esas detenciones y otras operaciones de barrido masivas eran contraproducentes si se quería ganar el apoyo de los iraquíes.
Otra investigación sobre los centros de detención del JSOC en Iraq durante un periodo de cuatro meses en 2004 concluyó que los interrogadores daban a algunos prisioneros sólo pan y agua, en un caso durante diecisiete días. Otros prisioneros eran encerrados en celdas han hacinadas que no podían estar de pie ni tenderse mientras sus verdugos ponían música a todo volumen para impedirles dormir. Otros aun eran desnudados, empapados con agua fría y luego interrogados en cuartos con aire acondicionado o dejados a la intemperie.
Finalmente 34 soldados de grupos de trabajo del JSOC fueron disciplinados en cinco ocasiones en un periodo de un año a partir de 2003.
McChrystal ordenó a su jefe de inteligencia, Michael Flynn, que profesionalizara el sistema de interrogatorios. Para el verano de 2005, las cabinas de interrogatorio del JSOC, en Balad quedaban a la vuelta de la esquina de la enorme conejera de cuartos donde los especialistas utilizaban memorias, ordenadores, celulares y documentos para usar durante los interrogatorios. Los mapas de papel fueron retirados de las paredes y remplazados con pantallas planas y sofisticados mapas computarizados. A los detenidos dispuestos a cooperare se les enseñaba a usar un ratón para recorrer sus vecindarios virtuales para identificar a blancos potenciales.
El JSOC tenía que acatar las reglas establecidas en el Manual de Campo del Ejército para interrogar a los detenidos. Pero a sus interrogadores se les permitía mantenerlos apartados de los otros prisioneros y retenerlos durante noventa días, con las aprobaciones correspondientes de sus superiores y en algunos casos de abogados del Ministerio de Defensa, antes de que fueran integrados a la población normal de las cárceles militares.
El nuevo sistema de interrogatorios también incluía al FBI y a un equipo judicial que reunía evidencias necesarias para juicios en la Corte Penal Central en Bagdad. Desde principios de 2005 a principios de 2007, los equipos enviaron a más de dos mil personas a juicio, dijeron altos oficiales.

Bajas
Al Qaeda utilizó la invasión norteamericana de Iraq como un llamado a las armas para terroristas y reclutas en todo Oriente Medio, los que empezaron a llegar desde Túnez, Libia, Egipto y Arabia Saudí -hasta doscientos al mes en el punto más álgido. Hacia fines de 2005 emergió un impactante panorama: Iraq abundaba en redes de al Qaeda semiautónomas.
Al Qaeda había dividido Iraq en secciones y nombrado a un comandante provincial a cargo de cada una. Estos comandantes además dividían sus territorios en distritos y nombraban a militantes para encargarse de cada uno, de acuerdo a oficiales. Había líderes urbanos dentro de esas zonas y células en cada ciudad. Había jefes para combatientes extranjeros, para finanzas y para comunicaciones.
Hacia la primavera de 2006, usando un ancho de banda extendido y la constante vigilancia de aviones espías, el JSOC llevó a cabo una serie de ataques, conocida como Operación Arcadia, en la que recogieron y analizaron 662 horas de video filmadas en diecisiete días. La operación incautó 92 discos compactos y montañas de documentos, lo que provocó otra rondas de allanamientos en catorce ubicaciones. Esos golpes proporcionaron discos duros, unidades de memoria flash y un sótano donde se apilaban 704 discos compactos, incluyendo copias de una sofisticaba campaña de propaganda de al Qaeda. La Operación Arcadia condujo, el 7 de junio de 2006, a la muerte del jefe de al Qaeda en Iraq, Abu Musab al-Zarqawi, cuando el JSOC ordenó un ataque aéreo para asesinarlo.
El carácter letal del JSOC era evidente en sus listas de bajas: en 2008, solamente en Afganistán, comandos del JSOC atacaron quinientos blancos y mataron a unas mil personas, contaron oficiales. En 2009 realizaron 464 operaciones y mataron a cuatrocientos a quinientos enemigos. Mientra Iraq se hundía en el caos en el verano de 2005, el JSOC realizó trescientos allanamientos al mes. Más del cincuenta por ciento de los comandos de la Delta Force del Ejército del JSOC tienen ahora Corazones Púrpuras.
Los ataques más intensos en Iraq le recordaban a McChrystal la descripción de Lawrence de Arabia de "anillos de pesar", el coste emocional entre pequeños grupos de combatientes. Grandemente influido por la vida de Lawrence, McChrystal veía a sus tropas del JSOC como modernas fuerzas tribales dependiendo unas de otras para formar alianzas y sobrevivir.
Si ganar guerras se lograra sólo con asesinatos, el libro del JSOC ya podría estar escrito. Pero en la época moderna ninguna guerra se gana solamente matando a suficientes enemigos. En la edad de las armas de precisión, ocurren accidentes que provocan enormes reveses políticos.
Cada ataque del JSOC en el que también quedaron civiles heridos o muertos, o casas o medios de supervivencia destruidos, se convirtió en una fuente de quejas tan profundas que es difícil calcular los efectos contraproducentes, todavía en desarrollo. El éxito del JSOC en los ataques contra las casas, negocios e individuos correctos era sólo del cincuenta por ciento, de acuerdo a dos comandantes. Consideran que esta tasa era buena.
"A veces nuestras acciones eran contraproducentes", dijo McChrystal en una entrevista. "Podíamos decir: ‘Tenemos que matar a ese tipo’, pero los efectos de nuestra acción kinésica eran negativos y ellos [las fuerzas armadas convencionales que ocupaban gran parte del país] debían encargarse del caos."
En 2008, Bush mandó al JSOC, brevemente, a Pakistán. Para atenuar la inquietud de la embajadora estadounidense Anne Patterson sobre las crecientes muertes de civiles en ataques del JSOC en otros países, los comandos le entregaron una consola Predator para que pudiera presenciar los ataques en tiempo real. Debido a la indignación pública en Pakistán, oficiales norteamericanos cancelaron la misión después de sólo tres allanamientos. La CIA continúa realizando ataques con aviones no tripulados en el país.

Burocracia
El Ministerio de Defensa ha dado el JSOC un papel mayor en las misiones no militares, incluyendo el trazado del flujo de dinero desde bancos internacionales para financiar redes terroristas. También se ha implicado profundamente en "operaciones psicológicas", que fueron rebautizadas como "operaciones de información militar" para que sonaran menos amenazadoras. El JSOC envía rutinariamente pequeños equipos de militares vestidos de paisano a embajadas estadounidenses para ayudar en lo que llaman campañas en medios y de mensajes de texto.
Cuando asumió el presidente Obama, simpatizó de inmediato con la organización. (Ayudó que el director de la CIA, Leon Panetta, tuviera un hijo que, como reservista de la Armada, estaba desplegado con el JSOC.) Pronto Obama estaba usando al JSOC incluso más intensamente que su predecesor. En 2010, por ejemplo, ordenó secretamente enviar tropas del JSOC a Yemen para asesinar a los líderes de al Qaeda en la Península Arábiga.
La Primavera Árabe obligó a la Casa Blanca a retrasar algunas misiones del JSOC. Entretanto, la organización está ocupada con su nuevo edificio de dos mil ochocientos metros cuadrados que es su nuevo centro de comando. A diferencia de oficinas anteriores, no está ubicado en alguna parte oscura del planeta. Está al otro lado de la carretera del Pentágono en prístino esplendor suburbano, a apenas cinco minutos de la oficina civil de McChrystal y sus restaurantes cerveceros favoritos.
Como lo implica su nombre, el objetivo del Grupo de Trabajo Conjunto para Operaciones Especiales-Región de la Capital Nacional no es la siguiente red terrorista, sino otro de sus enemigos de toda la vida: la burocracia de Washington. Cerca de cincuenta curtidos combatientes del JSOC y un puñado de otros agencias de inteligencia y policiales federales trabajan allá.
México está en primer lugar en su lista de deseos. De momento el gobierno mexicano, cuya Constitución limita los contactos con las fuerzas armadas estadounidenses, depende de otras agencias federales -la CIA, el Ministerio de Seguridad Interior, el Servicio de Control de Drogas (DEA) y el Servicio de Inmigración y Aduanas- para el recabamiento de inteligencia y otras tareas.
Pero el grupo de trabajo de la Capital Nacional del JSOC no está simplemente esperando ociosa que pueda ser útil a sus vecinos del sur. Está creando paquetes de objetivos para las agencias nacionales norteamericanas que han solicitado su ayuda, incluyendo el Servicio de Inmigración y Aduanas, la segunda agencia policial federal del país y la última en ocupar un papel importante en las actividades contraterroristas de Estados Unidos.
[Del libro ‘Top Secret America’, de Dana Priest y William M. Arkin.]
17 de octubre de 2011
2 de septiembre de 2011
©washington post
cc traducción c. lísperguer

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