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rechazo evangélico de la razón


Cuando la fe de tantos estadounidenses se convierte en una ocasión para acoger ideas desacreditadas, ridículas e incluso peligrosas, no debemos tener miedo de decir lo que pensamos.
[Karl W. Giberson y Randall J. Stephens] El campo presidencial republicano se ha convertido en una vitrina del anti-intelectualismo evangélico. Herman Cain, Rick Perry y Michele Bachmann niegan que el cambio climático sea real o que la causen los humanos. Perry y la señora Bachmann rechazan la evolución, afirmando que es una teoría no comprobada. Los dos candidatos que dan el mayor apoyo a la ciencia, Mitt Romney y Jon M. Huntsman Jr., son casualmente mormones, un credo considerado con desconfianza por muchos cristianos.
El rechazo de la ciencia parece formar parte de un fundamentalismo políticamente monolítico de los estados rojos -clara evidencia de una implacable ignorancia de parte de los religiosos. Como dice un lema fundamentalista: "Lo dice la Biblia, creo en ello, eso lo soluciona todo." Pero el cristianismo evangélico no tiene porque definirse como la teología simplista, el aislamiento cultural y el testarudo anti-intelectualismo que han acogido la mayoría de los candidatos republicanos.
Como otros evangélicos, aceptamos la centralidad de la fe en Jesucristo y consideramos la Biblia como nuestro libro sagrado, aunque encontremos difícil reconocer nuestra tradición religiosa en la convicción evangélica tradicional. El evangelismo, en el mejor de los casos, busca una expresión del cristianismo enraizada en la Biblia que sea intelectualmente comprometida, humilde y progresista. En contraste, el fundamentalismo es literalista, excesivamente crédulo y reaccionario.
El fundamentalismo atrae a evangélicos que se han convencido de que su país ha sido ocupado por una enorme conspiración laica; la negación es la respuesta más simple y atractiva al cambio. Han quedado marcados por la eliminación de la oración de las escuelas; el retiro de las escenas de la Natividad en espacios públicos; la creciente legitimidad del aborto y la homosexualidad; la persistencia de la pornografía y de las drogas; y la aceptación de otras religiones y del ateísmo.
En respuesta, muchos evangélicos crearon lo que equivale a una "cultura paralela", alimentada por la iglesia, la escuela dominical, los campamentos de verano y las universidades, así como las editoriales, las redes de radiodifusión, los festivales de música y los grupos de apoyo. Entre los líderes evangélicos, Ken Ham, David Barton y James C. Dobson han sido organizadores -y beneficiarios- particularmente efectivos de esta subcultura.
Ham construyó su organización, Respuestas del Génesis [Answers in Genesis], sobre la premisa de que la verdad bíblica supera todo otro conocimiento. Su Museo de la Creación, en Petersburg, Kentucky, contrasta la "Palabra de Dios", eterna e intemporal, con las efímeras nociones de la "razón humana." Es por eso que sabe que la Tierra tiene diez mil años de vida, que los humanos y los dinosaurios vivieron juntos y que las mujeres están subordinadas a los hombres. Los evangélicos que disienten, como Francis S. Collins, director de los Institutos Nacionales de la Salud son fustigados en la página web de la organización. (En un libro reciente, Ham nos llamó "lobos" disfrazados de ovejas, que nos hacemos pasar por cristianos mientras intentamos secretamente de destruir la fe en la Biblia.)
Barton preside una organización llamada Constructores de la Muralla [WallBuilders], dedicada a la proposición de que los padres fundadores eran evangélicos que querían que Estados Unidos fuera un país cristiano. Ha emergido como un altamente influyente líder republicano, un favorito de Perry, Bachmann y miembros del Tea Party. Aunque su educación consiste en una maestría de educación religiosa en la Universidad Oral Roberts y sus barbaridades académicas le han valido críticas de historiadores evangélicos como John Fea, Barton ve su versión de la historia reflejada en todo, desde la plataforma del Partido Republicano hasta la malla curricular de las ciencias sociales en Texas.
Dobson, a través de su grupo Enfoque a la Familia [Focus on the Family], ha insistido durante décadas en que la homosexualidad es una opción y que los homosexuales podían "alejar con oraciones" su innatural y pecaminosa orientación. Defensor del castigo corporal de los niños y de los roles tradicionales para los sexos, ha acusado a la Asociación Psicológica de Estados Unidos, que en 2000 desautorizó la terapia reparativa para "curar" la homosexualidad, de ceder ante la presión homosexual.
Líderes carismáticos como estos proyectan un atractivo testimonio personal como hermanos en Cristo. Sus audiencias se cuentan en decenas de millones de personas. Salpican sus presentaciones con tantos versos bíblicos que su mensaje parece sacado derechamente de las Escrituras; para muchos, parecen profetas ungidos por Dios.
Pero, de hecho, su rechazo del conocimiento equivale a lo que el historiador evangélico Mark A. Noll, en su libro de 1994, ‘The Scandal of the Evangelical Mind’, describió como un "desastre intelectual". Llamó a los evangélicos a arrepentirse de su renuncia a la razón, denunciando el abandono del legado intelectual de la Reforma Protestante. "El escándalo de la razón evangélica", escribió, "es que parece que no existe".
Hay signos de cambio. En el mundo evangélico, han emergido tensiones entre los que niegan el conocimiento secular y los que lo han aceptado e integrado en su fe. Casi todas las universidades evangélicas emplean a docentes que poseen diplomas de importantes universidades de investigación -un canal de conocimiento desde mundo exterior. Hay estudiantes que llegan al campus cansados de la aproximación a la fe basada en la noción de la guerra de culturas en la que fueron criados, y están más interesados en fomentar la justicia social que en oponerse al matrimonio homosexual.
Académicos como el Collins y Noll, y publicaciones como Books & Culture, Sojourners y The Christian Century, ofrecen una alternativa a los líderes auto-ungidos. Reconocen que la Biblia no condena la evolución y que no dice prácticamente nada sobre el matrimonio homosexual. Entienden que la teología cristiana puede incorporar las tesis de Darwin y florecer en una sociedad pluralista.
Los estadounidenses han confiado siempre en Dios, e incluso hoy el ateísmo es poco más que una discreta voz en los márgenes. La fe, operando calmamente en la vida de los estadounidenses desde George Washington hasta Barack Obama, ha motivado algunos de los momentos más sublimes de Estados Unidos. Pero cuando la fe de tantos estadounidenses se convierte en una ocasión para acoger ideas desacreditadas, ridículas e incluso peligrosas, no debemos tener miedo de decir lo que pensamos, incluso si eso significa criticar a otros cristianos.
[Karl W. Giberson es un ex profesor de física. Randall J. Stephens es profesor de historia. Ambos estuvieron y están asociados al Eastern Nazarene College. Son los autores de ‘The Anointed: Evangelical Truth in a Secular Age.’]
19 de octubre de 2011
17 de octubre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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