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la hora de la venganza


El camino de la reconciliación en Libia está sembrado de obstáculos prácticamente insuperables.
[Adam Nossiter] Trípoli, Libia. El presente y el futuro son suficientemente desalentadores para las tambaleantes autoridades libias, aunque también hay que considerar el tormentoso pasado de cuatro décadas de crímenes de estado cuyas heridas exigen atención.
Con asesinatos masivos, desapariciones y ejecuciones públicas, las víctimas del Tribunal Popular, de la Agencia de Seguridad Interior y del Tribunal de Seguridad Interior del régimen de Gadafi se cuentan en decenas de miles, afirman activistas de derechos humanos libios y extranjeros. ¿Cómo harán los libios para ajustar cuentas con el pasado?
Las autoridades provisionales están estudiando opciones para exponer el largo catálogo de asesinatos y torturas, buscando modelos en Sudáfrica, Europa y América Latina. Los motiva la convicción, dicen, de que no se puede construir un nuevo país a menos que se arroje luz sobre los rincones más oscuros del antiguo.
Los detalles están siendo estudiados, como muchas otras cosas en un país que parece estar saliendo de una larga pesadilla. Pero el ministro interino de Justicia, un veterano de las justas con el gobierno de Gadafi desde dentro y fuera, dijo que existía un plan tentativo: investigación, audiencias públicas y juicios, con una pesquisa que deberá extenderse a los primeros días de la conquista del poder por el coronel Gadafi en 1969.
"Estamos estudiando Chile, Argentina, Sudáfrica", dijo el ministro interino de Justicia, Mohammed al-Alagi, refiriéndose al trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de ese país, que enfatiza el recabamiento de datos y la responsabilidad antes que el castigo.
Más importante, sugirió Alagi en una entrevista en el vacío y resonante Ministerio de Justicia, era imperativo que los libios confrontaran los crímenes de la era de Gadafi en un país donde no había medios independientes para denunciarlos.
Esa prioridad debería estar por encima del juicio y castigo, dijo Alagi, ex presidente del colegio de abogados local que tuvo una importante función en una fundación de derechos humanos durante la era de Gadafi, de acuerdo a Human Rights Watch.
Un experto en Libia sugirió, sin embargo, que Alagi había fomentado la causa de los derechos humanos con peligro para su vida. "Muchos abogados recurrían a Alagi cuando necesitaban ayuda", dijo la experta Heba Fatma Morayef, investigador de Human Rights Watch. "Corría riesgos para entregarme información".
Alagi dijo en una entrevista esta semana que se formaría una comisión de investigación para "mostrar a la opinión pública lo que había ocurrido, la realidad".
"Luego", dijo, "todos tendrán un juicio justo".
No entregó más detalles sobre la comisión, limitándose a decir que había sido propuesta en el borrador de un proyecto de ley que estaba estudiando el gobierno interino -el Consejo Nacional de Transición.
Por supuesto, sin instituciones, con un poder judicial que debe ser reformado completamente y con milicias paramilitares todavía armadas en todo el país, un ajuste de cuentas con el pasado no es algo que vaya a ocurrir hoy. Además, también han habido instancias de asesinatos por venganza. Sin embargo, existen algunos indicios de que cuando llegue el momento, no se hará la vista gorda con los crímenes de Gadafi: los libios están indignados, incluso si no conocen todos los detalles, y funcionarios como Alagi han demostrado que también están pensando en el asunto.
"Para reconstruir la sociedad, es necesario que la gente sepa toda la verdad", dijo Alagi. "No te puedes imaginar lo que ha sufrido la gente en los últimos 42 años. Violaban a las mujeres en presencia de sus padres y hermanos".
Pero se mostró cauto al afirmar que el énfasis no estaría puesto en la represalia,  un indicio de los persistentes vínculos entre el nuevo y el viejo orden y el hecho de que algunos políticos en el consejo de transición desempeñaron funciones en el gobierno de Gadafi. En realidad, sus palabras delataron un cierto reconocimiento de que casi todos jugaron algún papel en facilitar el fin del antiguo régimen y esa catarsis, y no el castigo, es lo que importa.
"Esto no es castigo, no es venganza", dijo el ministro de Justicia. "¿Quiénes son responsables de esas violaciones? La gente debería saberlo. Después de eso vendrán los juicios".
Alagi agregó: "Quizás promulguemos una ley para perdonarlos".
Sin embargo, un asistente sentado a la larga mesa de conferencias ofreció un rápido desmentido. "Excepto a los que asesinaron y violaron", dijo el asistente, Nureddin M. Ejledi, director del departamento jurídico y tratados del Ministerio de Asuntos Exteriores, queriendo decir que sólo aquellos con sangre en sus manos serían castigados, una norma de culpabilidad que ha sido utilizada en otros países en procesos de reconciliación entre el pasado y el presente.
Alagi dijo que un objetivo central de los fiscales deberían ser, en su opinión, las varias decenas de funcionarios del régimen de Gadafi responsables de las peores violaciones, algunos de los cuales -pero se negó a decir cuántos- ya estaban en prisión.
"Para nosotros lo más importante son las personas que dirigieron estos crímenes", dijo. "No son más de veinte a veinticinco funcionarios".
A menos de dos semanas desde el asesinato del coronel Gadafi a manos de paramilitares que lo encontraron en su ciudad natal, Sirte, el gobierno interino ha tenido muchos problemas urgentes a los que hacer frente. Pero los funcionarios reconocieron la necesidad de "instalar un poder judicial" para evitar la sed de venganza.
"Durante meses, le hemos estado diciendo a la gente que tengan piedad, que no recurran a la venganza", dijo Alagi.
Hay cierta impaciencia con esta posición. El consejo de transición no ha discutido "lo suficiente" sobre estos crímenes en el pasado, dijo Jalal el-Gallal, portavoz del consejo.
"No refleja el ánimo de la gente", dijo Gallal. "La gente ha sufrido durante mucho tiempo. La mayoría de la gente que apoyó al régimen anterior está todavía libre, lo que es un indicio de tolerancia". Pero sugirió que en las calles existía un deseo más urgente de venganza.
Sin embargo, el consejo de transición ha dado en los últimos días señales de que las décadas de delitos cometidos en el régimen de Gadafi no han sido olvidadas.
A la defensiva, emitió una lista de esos crímenes después de que organizaciones internacionales expresaran su preocupación por lo que parecía haber sido la ejecución sumaria del coronel Gadafi a manos de los paramilitares que lo capturaron. El consejo de transición definió al coronel como un "tirano" y dijo que era responsable de una masacre de oficiales en 1977, del colgamiento público de estudiantes universitarios, de otros colgamientos durante el Ramadán en 1984 y del asesinato de más de mil doscientos prisioneros, muchos de ellos presos políticos, en un solo día en la cárcel de Abu Salim en 1996. El mensaje del consejo al mundo parece claro: cualquier maltrato que haya recibido el coronel Gadafi desaparece en la nada en comparación con sus crímenes.
Al mismo tiempo, quizás como un presagio de cómo ajustarán cuentas con el pasado las nuevas autoridades, ha habido un titubeante intento de iniciar un nuevo tipo de transparencia oficial. El domingo, los ministros interinos se reunieron en un podio en una universidad islámica casi en las afueras de la ciudad para responder preguntas de periodistas, en árabe, y dar cuenta de cómo pensaban dirigir sus ministerios, cuánto dinero se había gastado de momento y qué planes tenían.
Pareció una clara instancia de transparencia y rendición de cuentas oficial. También estuvo allá Alagi, para prometer, parpadeando detrás de sus gruesas gafas, una "corte humanitaria para resguardar los derechos humanos", y anunciar que se perseguirá a los miembros del séquito del coronel Gadafi que se han refugiado en el extranjero.
"Quiero que el mundo, la comunidad internacional, vea esos juicios", dijo Alagi.
5 de noviembre de 2011
3 de noviembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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