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infiltrando los carteles de la droga


Agencias antinarcóticos estadounidenses en México.
[Ginger Thompson] Washington, Estados Unidos. Las agencias policiales estadounidenses han construido importantes redes de informantes mexicanos que les han permitido infiltrar algunas de las más poderosas y peligrosas organizaciones criminales del país, de acuerdo a funcionarios de seguridad a ambos lados de la frontera.
A medida que Estados Unidos habría nuevas avanzadas policiales y de inteligencia en todo México en los últimos años, las redes de informantes de Washington también han crecido allá, dijeron actuales y ex funcionarios. Han ayudado a las autoridades mexicanas a capturar o matar a más de veinte traficantes de drogas de niveles alto y medio, y a veces han dado a los agentes antinarcóticos norteamericanos acceso a importantes líderes de los carteles que están tratando de desmantelar.
Normalmente, dijeron los funcionarios, a México se le ocultan los contactos de Estados Unidos con sus informantes más secretos -incluyendo agentes de la policía mexicana, funcionarios elegidos y operativos de carteles- en parte debido a preocupaciones por la corrupción en la policía mexicana, y en parte debido a las leyes que prohíben que las fuerzas de seguridad estadounidenses operen en territorio mexicano.
"Los mexicanos ponen los ojos en blanco y dicen que saben lo que está pasando, pese a que no se supone que esté pasando", dijo Eric L. Olson, experto en asuntos de seguridad mexicana del Centro Woodrow Wilson.
"Eso es lo que lo hace tan difícil", dijo. "Estados Unidos está utilizando herramientas en un país donde los funcionarios no se sienten cómodos con esos métodos".
En los últimos años, las opiniones de los mexicanos sobre la intervención estadounidense en asuntos de seguridad nacional se han ablandado debido a que las olas de violencia relacionada con las drogas han causado ya cerca de cuarenta mil víctimas mortales. Y Estados Unidos, con la esperanza de reforzar la estabilidad de México e impedir que la violencia cruce la frontera, ha expandido su papel en modos que eran impensables hace cinco años, incluyendo aviones no tripulados que surcan los cielos mexicanos.
Los esfuerzos han logrado fragmentar a varios de los carteles mexicanos más grandes en pequeñas organizaciones criminales, que se supone son menos peligrosas. Pero la violencia continúa, lo mismo que el flujo de drogas ilegales hacia el norte.
Mientras que el uso de informantes sigue siendo un asunto en gran parte clandestino, varios casos recientes han arrojado luz sobre los tipos de investigaciones que han contribuido a este resquebrajamiento [de los carteles], incluyendo una conspiración este mes en la que Estados Unidos acusó a un vendedor de coches iraní-estadounidense de tratar de contratar a asesinos a sueldo a nombre de un cartel de la droga mexicano, conocido como Los Zetas, para asesinar al embajador saudí en Washington.
Funcionarios estadounidenses dijeron que agentes del Servicio de Control de Drogas [Drug Enforcement Administration, DEA] con vínculos con los carteles ayudaron a las autoridades a localizar a varios sospechosos relacionados con el asesinato, en febrero, de un agente del Servicio de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos [United States Immigration and Customs Enforcement], Jaime J. Zapata, que se supone fue asesinado a tiros por miembros de los Zetas en el centro de México.
Los tratos de la DEA con informantes y narcotraficantes -a veces, reconocieron funcionarios, son lo mismo- están en el centro de las audiencias en un tribunal federal en Chicago, donde uno de los líderes de más jerarquía del cartel de Sinaloa será enjuiciado el próximo año.
Y el mes pasado, un juez federal de El Paso sentenció a un líder de nivel medio del cartel de Sinaloa a prisión perpetua después de ser encontrado culpable de cargos relacionados con drogas y conspiración para delinquir. Fue acusado de ser una especie de agente doble, proporcionando al Servicio de Inmigración y Aduanas información sobre los movimientos de un cartel rival para desviar la atención de sus propias actividades relacionadas con el narcotráfico.
Por importantes que hayan sido los informantes, complejos temas éticos tienden a surgir cuando agentes de policía tienen tratos con delincuentes. Pocos informantes, dicen funcionarios policiales, deciden empezar a dar información al gobierno por altruismo; normalmente son capturados cometiendo un delito y quieren mitigar sus problemas legales, o esencialmente aceptan sobornos para dar informaciones sobre sus colegas.
Morris Panner, ex vicefiscal que es un importante asesor del Centro para la Justicia Penal Internacional de la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard, dijo que algunos casos recientes relacionados con informantes destacan esos problemas y demuestran que las amenazas que representan las redes mexicanas de narcóticos van mucho más allá del comercio de drogas.
"Las organizaciones criminales organizadas de México se han metamorfoseado, pasando de ser organizaciones dedicadas al narcotráfico a algo nuevo y mucho más peligroso", dijo Panner. "Ahora los Zetas son activos en extorsiones, trata de personas, lavado de activos y, cada vez más, cualquier cosa que pueda hacer una organización criminal para hacer dinero, sea en México, Guatemala o, tal como parece, en Estados Unidos".
Debido a la naturaleza clandestina de sus comunicaciones con informantes, y el potencial para estallidos diplomáticos entre Estados Unidos y México, funcionarios estadounidenses se muestran reluctantes a la hora de entregar detalles sobre el alcance de sus fuentes confidenciales al sur de la frontera.
En los últimos dos años, dijeron funcionarios, agentes de la DEA en Houston lograron hacerse con "varias fuentes confidenciales muy bien situadas con acceso directo" a importantes líderes del cartel del Golfo y de los Zetas. Esta red de informantes pagados es un elemento central en los intentos de la oficina de Houston por infiltrar los rangos de ‘mando y control’ de los dos grupos.
Uno de esos informantes pagados fue el hombre que, la primavera pasada, las autoridades dicen que fue abordado por un hombre acusado por la conspiración iraní para asesinar al embajador saudí. Documentos policiales dicen que el informantes contó a sus colegas que un iraní-estadounidense, Mansour J. Arbabsiar, se le había acercado a preguntar si los Zetas estarían dispuestos a montar atentados terroristas en Estados Unidos y otros países.
Las autoridades proporcionarían solo vagos detalles sobre el informante y sus contactos con los Zetas, diciendo que había sido acusado en Estados Unidos de delitos relacionados con drogas y que esos cargos habían sido retirados debido a que había proporcionado previamente "informaciones fiables y corroboradas independientemente" a funcionarios policiales que habían hecho posible "numerosas confiscaciones de narcóticos".
El Ministerio de Justicia ha sido más comunicativo sobre el trabajo de la DEA con informantes en el caso contra Jesús Vicente Zambada-Niebla, conocido como Vicentillo. Los funcionarios describen a Zambada-Niebla como coordinador de logística del cartel de Sinaloa, considerado una de las organizaciones narcotraficantes más importantes del mundo. Sus abogados han alegado que era un informante del Servicio de Control de Drogas (DEA), que le había ofrecido inmunidad a cambio de su cooperación.
La DEA ha negado la imputación y el Ministerio de Justicia tomó la rara determinación de revelar los contactos de la agencia con él en documentos judiciales. El intermediario era Humberto Loya-Castro, que era a la vez un confidente del padrino del cartel, Joaquín Guzmán, conocido como el Chapo, e informate de la DEA.
Los documentos no dicen cuándo empezó la relación entre el servicio y Loya-Castro, pero indican que debido a su cooperación la DEA retiró en 2008 una acusación por concierto para delinquir que se remontaba a trece años.
En 2009, dicen los documentos, Loya-Castro organizó un encuentro entre dos agentes de la DEA y Zambada-Niebla, que estaba sopesando un ofrecimiento para llegar a algún acuerdo de cooperación. Pero el día de la reunión, los supervisores de los agentes la cancelaron, expresando su inquietud por el hecho de que "agentes estadounidenses se puedan reunir con un miembro de alto nivel del cartel como Zambada-Niebla".
Zambada-Niebla y Mr. Loya-Castro se aparecieron de todos modos por el hotel donde alojaban los agentes. Los agentes de la DEA despacharon a Zambada-Niebla sin hacer ninguna promesa, dicen los documentos. Pocas horas más tarde, Zambada-Niebla fue detenido por la policía mexicana y fue extraditado a Estados Unidos en febrero de 2010.
Vanda Felbab-Brown, experta en crimen organizado de la Brookings Institution, dijo que mientras algunos habían criticado a la DEA por hacer "tratos con el diablo", ella consideraba el caso de Zambada como un importante golpe de inteligencia. Incluso en la era de la vigilancia de alta tecnología, dijo, no existen substitutos de las fuentes humanas que puedan entregar a las autoridades todo tipo de información sobre los traficantes en la mira, desde lo que comen hasta dónde duermen en la noche la mayoría de las veces.
Un ex funcionario de antinarcóticos se hizo eco de esa conclusión.
"El trabajo de un agente de la DEA, antes que nada, es infiltrarse en las organizaciones criminales que está investigando", dijo el ex funcionario, pidiendo no ser identificado porque trabaja ocasionalmente como consultor en México. "Nada proporciona esa visión microscópica mejor que un anfitrión que abre la puerta".
[Charlie Savage contribuyó al reportaje].
7 de noviembre de 2011
25 de octubre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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