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Estados Unidos teme nuevo resurgimiento del terrorismo de al Qaeda. Funcionarios del Pentágono discuten sobre futuro rol en Iraq.
[Michael S. Schmidt y Eric Schmitt] Bagdad, Iraq. Mientras Estados Unidos se prepara para retirar sus tropas de Iraq para fines de este año, altos funcionarios estadounidenses e iraquíes están expresando su creciente temor de que la rama local de al Qaeda, que hace apenas unos años ofreció una debilitadora resistencia que empujó al país a la guerra civil, esté preparando un mortífero renacimiento.
Los aliados de al Qaeda en África del Norte, Somalia y Yemen están tratando de ejercer más influencia después de la muerte de Osama bin Laden y el reducido rol de lo que queda de la dirigencia de al Qaeda en Pakistán. Por su parte, al Qaeda en Iraq está luchando por recuperarse de las importantes derrotas que le infligieron grupos tribales iraquíes y tropas estadounidenses en 2007, así como de la muerte de sus dos líderes en 2010.
Aunque ciertamente la organización está más débil que en su periodo de apogeo hace cinco años y es improbable que vuelva a tener el vigor de antaño, analistas estadounidenses e iraquíes dicen que la franquicia de al Qaeda está cambiando sus tácticas y estrategias -como montando ataques contra las fuerzas de seguridad iraquíes con pequeños pelotones- para explotar las brechas que están dejando las tropas estadounidenses salientes y tratando de reiniciar la violencia religiosa en el país.
La organización, que también se conoce como al Qaeda en Mesopotamia, ha mostrado una sorprendente flexibilidad incluso en momentos en que sus rutas tradicionales de combatientes extranjeros a través de Siria han sido interrumpidas por el caos en ese país, dicen funcionarios de la inteligencia estadounidense. Está realizando más de treinta ataques a la semana, monta atentados de gran escala cada cuatro a seis semanas y ha ampliado sus campañas de reclutamiento de iraquíes, lo que ha redundado en un significativo aumento de terroristas suicidas nacidos en Iraq.
"Me estremezco cada vez que alguien dice que al Qaeda está en las últimas", dijo el general de división Jeffrey Buchanan, el más alto portavoz de los militares estadounidenses en Iraq. "Creo que algún día vamos a mirar alrededor y decir que ha pasado un largo tiempo desde que oímos hablar de al Qaeda por última vez y entonces podremos decir que la organización está en las últimas".
El resurgimiento de la organización afiliada a al Qaeda ha contribuido a alimentar el debate entre algunos funcionarios del Pentágono, por un lado, que están buscando la manera de dejar pequeños grupos de instructores militares estadounidenses y fuerzas de operaciones especiales para operar en Iraq, y algunos funcionarios de la Casa Blanca, por el otro, que están ansiosos por concluir el último capítulo de una polémica guerra que le ha costado la vida a más de 4.400 soldados en los últimos ocho años.
Analistas iraquíes expresan sus temores de que los lazos entre al Qaeda y miembros del ex partido gobernante Baath puedan estar restableciéndose. "El gobierno teme que una alianza entre al Qaeda y Baath precisamente ahora, después de la retirada de las tropas norteamericanas de Iraq", dijo Ehssan al-Shemari, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Bagdad. "El tema de la seguridad es el mayor reto que tendrá el gobierno en la siguiente fase".
De acurdo al general Buchanan, hay en la red de al Qaeda en Iraq entre ochocientas a mil personas, "desde terroristas implicados en operaciones hasta medios para financiar a los combatientes". Un documento dado a conocer por los militares en julio de 2010 decía que al Qaeda contaba con cerca de doscientos combatientes "duros" en Iraq. La débil economía iraquí está proporcionando una enorme bolsa de reclutas jóvenes y vulnerables, dicen analistas.
Un funcionario del Ministerio de Defensa familiarizado con la rama de al Qaesa dijo que los líderes y reclutas de la organización son árabes sunníes de las regiones central, occidental y norte de Iraq. Aunque algunos pueden haber estado afiliados al Partido Baath durante el gobierno de Sadam Husein, dicen los analistas, no estuvieron relacionados con niveles altos ni del gobierno ni de las fuerzas armadas. Los extranjeros sólo constituyen un pequeño porcentaje de la base de miembros de la organización.
Durante el verano la rama de al Qaeda en Iraq trató de encender una guerra religiosa con una serie de atentados coordinados en todo el país y la ejecución de veintidós peregrinos chiíes de la ciudad de Karbala que pasaban por la provincia de Anbar, una zona controlada por al Qaeda.
Tras la matanza de los peregrinos, las fuerzas de seguridad del gobierno local en Karbala realizaron allanamientos en Anbar, detuvieron a varias personas y los llevaron a Karbala. Los allanamientos enfurecieron a los líderes locales de Anbar, que amenazaron con responder con violencia. Pero el gobierno del primer ministro Nuri Kamal al-Maliki intervino frenéticamente. El ministro interino de Defensa viajó a Anbar para reunirse con líderes locales y finalmente uno de los líderes locales amenazó con una demanda judicial -una forma de resolver una disputa en Iraq que antes era impensable.
La capacidad del gobierno de Maliki para aliviar las tensiones llevaron a muchos funcionarios estadounidenses e iraquíes a creer que los iraquíes serían capaces de distender las tensiones religiosas sin la tutela estadounidense.
Los allanamientos subrayaron las cambiantes tácticas de la organización. La rama local de al Qaeda "se ha abstenido de intentos de imponer sus leyes y controlar territorios -iniciativas que la dejaron extremadamente vulnerable a las operaciones anti-subversivas- y adoptó un modelo terrorista más tradicional construido sobre la base de una organización clandestina y ocasionales atentados a gran escala", de acuerdo a un estudio -en agosto- de Brian Fishman, analista experto en contraterrorismo de la New America Foundation, un centro independiente de investigación.
Aunque Estados Unidos está retirando todas sus 33 mil tropas, excepto el puñado que permanecerá en el país para proteger la embajada estadounidense, ambos gobiernos están conversando sobre la continuidad de la cooperación militar. Uno de los principales objetivos de Estados Unidos es que el gobierno de Iraq apruebe la presencia de un contingente de fuerzas especiales norteamericanas para adiestrar y asistir a las fuerzas de seguridad, de acuerdo a dos funcionarios estadounidenses.
El viernes, la Casa Blanca anunció que el presidente Obama se reunirá con Maliki el 12 de diciembre para tratar la continuidad de la "asociación estratégica" entre Estados Unidos e Iraq.
Altos funcionarios estadounidenses dicen que el intercambio de inteligencia entre fuerzas iraquíes y norteamericanas, que funcionarios de ambos países dicen que redujo el número de atentados a la mitad en los últimos dos años, se reducirá significativamente una vez que las tropas se marchen.
Los funcionarios están particularmente preocupados sobre las capacidades nocturnas de las fuerzas especiales iraquíes, que dependían de los estadounidenses para localizar a los insurgentes, para el transporte por helicóptero y otras misiones contraterroristas nocturnas.
"No será tan nítido como cuando les ayudábamos", dijo un funcionario estadounidense que fue interrogado sobre los militares en Oriente Medio. "Probablemente tendremos allanamientos de casas equivocadas, blancos confundidos. Tampoco quiere decir que al Qaeda tendrá luz verde para hacer lo que quiera. Pero los iraquíes harán cosas que les hemos aconsejado no hacer" y su capacidad para actuar contra la resistencia será menor, dijo el funcionario.
A medida que decae el apoyo de los militares estadounidenses, el Departamento de Estado, que tendrá una mayor presencia en Iraq en los próximos años, está aumentando sus esfuerzos para ayudar a los iraquíes en su lucha contra al Qaeda.
El mes pasado, la secretario de Estado Hillary Rodham Clinton clasificó al líder de al Qaeda en Iraq, Ibrahim Awwad Ibrahim Ali al-Badri, como un terrorista global especial y ofreció una recompensa de diez millones de dólares por informaciones que conduzcan a su captura. Pocos iraquíes habían oído hablar de Badri, que fue uno de los primeros terroristas en elogiar a Osama bin Laden tras su asesinato en mayo pasado, jurando que cometería cien atentados en Iraq para vengar la muerte de bin Laden. Badri, conocido también como Abu Dua, ha mantenido un bajo perfil desde que asumiera el control de la organización después de que los dos líderes previos del grupo fueran asesinados en abril pasado.
Al Qaeda en Iraq ha concentrado sus ataques contra las fuerzas de seguridad iraquíes, pero altos funcionarios estadounidenses también han expresado sus temores de que la organización pueda exportar su violencia. En mayo, dos refugiados iraquíes que vivían en Bowling Green, Kentucky, fueron acusados de tratar de enviar rifles para francotiradores, misiles Stinger y dinero a la rama de al Qaeda en su país natal. Ninguno de los acusados -Waad Ramadan Alwan, 30, y Mohanad Shareef Hammadi, 23- fue acusado de conspirar para cometer atentados en territorio estadounidense. Una operación policial encubierta impidió que las armas y el dinero fueran enviados a Iraq.
El nuevo director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Matthew G. Olsen, advirtió en una declaración ante el Congreso el mes pasado, que era cada vez más probable que al Qaeda en Iraq cometiera atentados fuera del país. Mostró un video de la organización que circuló en enero en el que se llama a sus miembros a atacar a estudiantes y destruir infraestructuras en Occidente.
[Michael S. Schmidt informó desde Bagdad, y Eric Schmitt desde Washington. Zaid Thaker contribuyó al reportaje.]
20 de noviembre de 2011
6 de noviembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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