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libia quiere ejército propio


Que pueda marchar derecho y descolmillar a las milicias. Paramilitares en un desfile la semana pasada,  organizado por el consejo militar de Trípoli.
[Clifford Krauss] Trípoli, Libia. Las marchas pueden difícilmente ser llamadas correctas en momentos en que el nuevo Ejército Nacional Libio entrena diariamente en un base abandonada de la fuerza aérea.
Los soldados todavía no llevan el paso ni se mantienen derechos en las formaciones. Algunos responden sus celulares cuando deberían estar recibiendo órdenes. Algunos fuman en medio de los ejercicios. Otros empujan y dan empeñones cuando estallan peleas personales por una u otra cosa.
"Todavía no tenemos militares buenos, realmente buenos", dijo, supervisando el entrenamiento, el general Abdul Majid Fakih, instructor de la academia militar durante el gobierno del coronel Moamar al-Gadafi, que más tarde desertó: "Estamos empezando a construir recién".
Libia no ha tenido nunca un ejército nacional realmente profesional -una piedra angular en la construcción de un estado moderno-, uno que no fuera la herramienta personal de un rey o un dictador y mantenido débil y dividido aposta para prevenir golpes de estado. Y el intento de construir uno por el combativo nuevo gobierno interino puede ser su más difícil e importante tarea.
Sólo un ejército respetado será capaz de convencer u obligar a desarmarse a las varias milicias fuertemente armadas y rivales en el país y unirlas bajo una dirección unificada. El reto fue subrayado durante el fin de semana cuando una milicia de la ciudad de Zintan capturó a Seif al-Islam el-Qaddafi, hijo del coronel Gadafi y su heredero político, sin ayuda del ejército, y luego se negó a entregarlo al gobierno central.
El ejército está tratando de construir respeto organizando desfiles en todo el país, incluyendo saltos en paracaídas y sobrevuelos de aviones de guerra MIG de la era soviética y helicópteros Mi-8. Pero incluso los oficiales de la nueva fuerza dicen que hacen frente a los retos que conlleva la construcción de respeto por los militares, así como romper los antiguos hábitos del amiguismo y lealdad a uno u otro caudillo.
El nuevo ejército, que cuenta algunos miles e incluye a muchos soldados que desertaron de las fuerzas armadas del coronel Gadafi, necesita barracas, uniformes, vehículos, botas, radios, incluso linternas, dicen los oficiales. Más que tener un mando central unificado, está formado por distintos comités en diferentes ciudades, según el modelo de las diversas malicias que libraron guerra contra la dictadura. Y quizá más inquietante es que, en todo el país, las milicias ya no aceptan órdenes.
En su primera misión hace apenas una semana , el ejército envió cien soldados a Al Maya, una aldea justo al occidente de la capital, para separar a dos milicias rivales, y recuperar la antigua base del ejército que ahora es un montón de edificios bombardeados y tanques oxidados. Su éxito en la negociación de un acuerdo tentativo entre las milicias después de cuatro días de combate, que dejó al menos trece muertos, fue alabado como un modelo para construir un nuevo ejército que pueda servir como una fuerza unificadora.
Pero una de las milicias, de Zawiyah, ya rompió su promesa de mantener las armas en casa y montó un control policial en la vía principal a algunos kilómetros al oeste de una base del ejército, como resistencia. Armados con ametralladoras pesadas montadas en camiones, los milicianos dicen que no van a ninguna parte. Entretanto las tropas del ejército se están quedando en la base, pintando de blanco las murallas y empezando a limpiar el terreno.
"No podemos decirles que entreguen sus armas", dijo el capitán Hakim el-Agouri, el comandante de ejército de aquí en Al Maya. Se encogió de hombros. "Hay gente que no entregará sus armas, y si ese es el caso, no habrá estabilidad en Libia".
Diederik Vandewalle, experto en Libia del Dartmouth College, dijo que será difícil para el nuevo ejército cumplir con "la primera exigencia de todo estado moderno: tener el monopolio de la violencia". Agregó: "Uno de los elementos que se debe infundir en los soldados es el sentimiento de identidad nacional, y esa identidad tiene que existir a nivel nacional. Pero las milicias tienen una identidad unida a su propio grupo o ciudad".
El ejército se ha convertido en uno de las varias fuerzas armadas que ansían poder, tanto militar como político. Abdel Hakim Belhaj, el comandante del ejército en Trípoli, le dijo al primer ministro Abdel Rahim el-Keeb, en un discurso la semana pasada, que esperaba que mantuviera su promesa de incluir a ex rebeldes en puestos de gabinete cuando Keeb estaba formando su gobierno.
En una entrevista, Belhaj, un musulmán que luchó contra la Unión Soviética en Afganistán pero ahora critica a al Qaeda, dijo que el ejército daría a los paramilitares a elegir entre "incorporarse al Ministerio de Defensa o a la policía, o entregar las armas y volver a la vida civil".
Dijo que tenía confianza en que el ejército podría cumplir esa misión dentro de un par de meses.
"No podemos tener un ejército que obedezca a agendas personales", agregó. "En Libia, el ejército tiene que ser profesional y leal", y su principal misión es la defensa de las fronteras contra la amenaza que representa la inestabilidad en los cercanos Chad, Malí y Sudán, así como la infiltración de al Qaeda desde Argelia".
Comandantes del ejército dijeron que su fuerza ahora estaba mayormente entrenando, pero también protegiendo edificios de gobierno y persiguiendo a pequeños grupos de ex partidarios de Gadafi que todavía no se han rendido.
Dijeron que pensaban construir el ejército metódicamente. Primero, se están formando comités en las ciudades en todo el país para entrevistar a los milicianos y decidir quién debería ir al ejército, quién a la policía y quién no está calificado para ninguno de los dos. La gente con experiencias o capacidades especiales, como conocimiento en informática, será asignada a tareas especiales.
Los milicianos con experiencia militar formal aparte de la rebelión aprenderán las tácticas adecuadas y los antiguos miembros de las fuerzas armadas deberán volver a entrenarse, dijeron oficiales.
"Hay que cambiar muchas cosas", dijo el general Fakih, el instructor. "Antes, el ejército adiestraba a terroristas. Eso se acabó. Tenemos que cambiar el modo en que los soldados tratan a la gente, y los oficiales a los soldados".
Al mismo tiempo, los oficiales dicen que se están preparando para convencer a las varias milicias a entregar sus ametralladoras pesadas, armas antiaéreas y lanzacohetes, los que dijeron que no se necesitan en los puestos de control en las calles.
Los líderes civiles dicen que quieren que las milicias se desarmen totalmente en el plazo de un mes, pero los oficiales responden que eso no se podrá hacer durante varios meses. El general Fakih dijo que el ejército estaba preparando "muchos planes" para desarmar a las milicias si estas no entregaban sus armas voluntariamente, pero no especificó qué milicias eran.
Esos planes quizá sean necesarios.
Más abajo en el camino desde la base aérea Al Maya, Ali Dow Mohammed, comandante de una milicia en Zawiyah a cargo de los puestos de control pesadamente fortificados, dijo que sus fuerzas dejarían las armas sólo cuando hubiera un nuevo gobierno, "y todavía no hay gobierno".
""El consejo de Zawiyah decidirá qué haremos con nuestras armas", agregó Mohammed. "Estamos aquí para mantener la paz".
23 de noviembre de 2011
21 de noviembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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