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de militares a paras


Durante un tiempo las Fuerzas Armadas intentaron impedir que la gente llamara a las autodefensas ilegales por el nombre de "paramilitarismo".
Colombia. Para la institución llamar así a estos grupos era una manera implícita de decir que funcionaban como organización paralela a los militares y por eso rechazaba el mote. La palabra paramilitar, sin embargo, se quedó pegada en el lenguaje de la gente, y adquirió su propio significado.
No es una discusión semántica inocua. Con la desmovilización de los paramilitares entre 2003 y 2006, ha quedado al descubierto que cientos de militares y policías de diferentes grados y bajo distintas motivaciones fueron cómplices activos y pasivos de la barbarie paramilitar. La Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía registraba en agosto de este año cerca de 500 denuncias contra miembros de la fuerza pública por posibles nexos con las autodefensas.
Es un debate difícil de encarar, pues tratándose de soldados y policías que aún hoy siguen dado la vida para proteger la democracia de sus enemigos, la sensibilidad institucional es extrema. No obstante, el país necesita conocer la verdad sobre cómo se dieron esos vasos comunicantes entre fuerza pública y paramilitarismo.
¿Fue una estrategia contrainsurgente de Estado, como argumentan varios estudiosos y defensores de derechos humanos? ¿O más bien, recae la responsabilidad sólo sobre unos cuantos oficiales que, viéndose perdiendo terreno en combate, apelaron al brazo efectivo y terrorista de la autodefensas para frenar a las guerrillas? Quizás ninguna de las dos teorías es del todo válida, y no fue ni política de Estado, pero tampoco un asunto de simples manzanas podridas. Quizás, la verdad está en el medio, con épocas de una colaboración cuasi orgánica entre militares y ‘paras’ en unas regiones, y en otros momentos y otras regiones, casos de miembros corruptos de la fuerza pública que cohonestaron crímenes del paramilitarismo por afinidad ideológica, porque compartían a un mismo enemigo, o simplemente por corrupción, porque buscaron lucrarse de sus negocios ilegales.
Con el ánimo de comenzar a escudriñar este oscuro capítulo de la historia del conflicto colombiano, y aportar información dura y comprobable a su esclarecimiento, VerdadAbierta.com se dio a la tarea de documentar tres historias fundamentales. Una primera que investiga cómo llegaron algunos miembros de la fuerza pública a convertirse en jefes o mandos medios del paramilitarismo. La segunda compara las cifras de aquellos militares y policías denunciados en las versiones de los desmovilizados de Justicia y Paz, con las de los procesados por la Procuraduría y las de los mencionados por víctimas o victimarios en las historias de la propia VerdadAbierta.com. La tercera documenta fallos del contencioso administrativo para resarcir víctimas de agentes del Estado y averigua qué hizo la justicia penal con los responsables de esas violaciones.

 De Militares a ‘Paras’
Verdadabierta.com reconstruye historias de policías y militares activos o retirados que terminaron como jefes y mandos medios de las AUC.
Una poderosa motivación que empujó a varios militares y policías activos hacia grupos paramilitares es paradójica. Recurrían allí como refugio, pues ya empezaban a ser investigados por delitos cometidos con o sin relación a la labor que desempeñaban en la fuerza pública.
Tal es el caso de Armando Alberto Pérez alias ‘Camilo’, ex jefe del Bloque Catatumbo de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en Norte de Santander. Según documentos de la Fiscalía, la justicia abrió investigación contra Pérez, cuando éste era capitán del Ejército en Urrao (Antioquia) porque sospechaba de su complicidad en el asesinato de Ricardo Alonso Quiroz. Fue puesto en prisión militar, y estando allí, lo contactó un hombre de las autodefensas. Con su ayuda escapó en 1998, y se metió a los ‘paras’, a órdenes de Carlos Castaño, con el nombre de guerra de ‘Camilo’. Ya en las AUC, ‘Camilo’ tuvo a su cargo más de 800 hombres como segundo de Salvatore Mancuso y fue responsable directo de la masacre de La Gabarra en 1999, en la que cayeron asesinadas 34 personas, entre muchos otros delitos de lesa humanidad.
Luis Alexander Gutiérrez, alias ‘El Capi’, se unió a los paramilitares en 2001, también porque, siendo comandante de Policía en Tibú, la justicia había empezado a investigarlo por su posible complicidad precisamente en la masacre de La Gabarra.
‘El Capi’ puso las habilidades adquiridas en la Policía luego de especializarse en operaciones antiterroristas urbanas, contraguerrillas, criminalística y explosivos y de recibir curso de Comandos Jungla (unidad élite de la Policía), al servicio de las Auc. Llegó a ser uno de los jefes del Bloque Libertadores del Sur en Nariño y Putumayo. ‘
De igual forma sucedió con Edgar Ignacio Flórez Fierro alias ‘Don Antonio’, quien hasta antes de 2003 era capitán del Ejército con estudios en ciencias militares y armas. Pero fue expulsado de sus filas por haber realizado un operativo como civil para incautar un armamento a un grupo guerrillero, y por omisión en la Masacre de Micoahumado en Bolívar. En muy corto tiempo ‘Don Antonio’ llegó a ser comandante del frente José Pablo Díaz del Bloque Norte de las Auc. En ese cargo lo puso ‘Jorge 40’, con la idea de que ampliara su control militar y de negocios en Atlántico y otras ciudades del Caribe.
Precisamente, ‘Don Antonio’ llegó a las filas paramilitares gracias a un viejo conocido ex militar con quien coincidió en el Cesar y quién pasó por una situación similar. Se trata de David Hernández alias ‘39’, ex jefe del Frente Mártires del Cacique del Valle de Upar del Bloque Norte, quien fue comandante del Batallón Granadero de contraguerrilla en Valledupar hasta 1999, cuando fue acusado (con otros militares) del asesinato del ex asesor de paz de la Gobernación de Antioquia, Alex Lopera. Después de esto, ‘39’ se fugó y se unió a los ‘paras’ como segundo al mando del grupo comandado por ‘Jorge 40’ en Cesar.

Otros Motivos
Sin embargo, no todos los ex militares y policías que terminaron en las filas del grupo armado tenían una investigación judicial. Es el caso de Oscar José Ospino Pacheco. Mejor conocido como ’Tolemaida’, alcanzó el grado de capitán en el Ejército Nacional. Se unió posteriormente al Bloque Norte de las AUC. Allí se convirtió en la mano derecha de ´Jorge 40`, y se desempeñó como comandante del frente Juan Andrés Álvarez con alrededor de 400 hombres bajo su mando. ´Tolemaida` es acusado de masacres, desplazamiento y desaparición forzada por lo que luego de su desmovilización en 2006, huyó a Venezuela donde fue capturado 3 años después. Sin embargo, pese a su historial delictivo en las AUC, no hay evidencia de ninguna investigación en su contra durante su carrera militar que pudiese ser motivo de deserción hacia las autodefensas.
Igual de limpio parecía estar el historial militar del capitán Jairo Andrés Angarita Santos, de la Fuerza Aérea Colombiana, antes de su retiro. Siendo uno de los mejores pilotos de helicóptero de la institución, Angarita pidió la baja a principios de los noventa. Sin embargo, siguió vinculado con la fuerza pública participando con la Policía Nacional y el Ejército en varias operaciones antinarcóticos y contraguerrilla.
Hacia finales de la década, el ’Comandante Andrés’, como se le conoció en la organización armada, se vinculó como piloto de operaciones logísticas y de combate de las AUC. Llegó a ser comandante de los bloques Sinú y San Jorge, del Bloque Córdoba, con 925 hombres armados a su disposición. Hay pocas pistas de por qué se unió al paramilitarismo, pero mientras fue militar no quedó registrada investigación alguna en su contra. Fuentes consultadas por VerdadAbierta.com apuntan a que un narcotraficante que conoció durante una operación militar, lo puso en contacto con las AUC, unos años más adelante, cuando ya se había retirado.
Otros dos casos similares son el de Diego José Martínez Goyeneche, alias ´Daniel Boom` o ´Potecrema` y el de Adolfo Enrique Guevara Cantillo alias ‘101’. Teniente retirado del Ejército, Martínez Goyeneche tomó la decisión de ingresar a las AUC en 1999, donde fue encargado por Carlos Castaño de comandar el bloque Tolima al que se le atribuyen 770 víctimas registradas en el Sistema de Información de Justicia y Paz.
El primero de febrero de 2002, siendo capitán del Ejército, Guevara Cantillo pidió la baja. Poco tiempo después, ya era reconocido con el alias de ´101` o ´Alejandro`, y comandaba el Frente Mártires del Cacique de Upar del Bloque Norte.
Estos hombres acabaron por involucrarse con los grupos paramilitares de una u otra manera, y alcanzaron posiciones de mando y control de estructuras armadas. Sin embargo, es difícil establecer qué sucedió primero y qué sucedió después. ¿Pidió ´Tolemaida` la baja en el Ejército para posteriormente unirse? O por el contrario, ¿tenía ya algún tipo de relación y decidió retirarse para hacer parte de las AUC?
En cualquiera de estos casos es de notar que el entrenamiento militar, pagado con dineros públicos, terminó siendo aprovechado por los paramilitares que, como ya sabe el país, le hicieron un grave daño a millones de colombianos.

Mandos Medios
Algunos de estos ex militares y ex policías no se convirtieron en comandantes de algún frente o bloque paramilitar, pero asumieron roles claves en el emporio paramilitar por cuenta de su experiencia, habilidades y conocimientos aplicados en el campo de batalla.
Así por ejemplo, Manuel Arturo Salom alias ‘JL’, sargento retirado del Ejército, se unió a los ‘paras’ como encargado de dar instrucción militar a tropas del Frente Héroes de Tolová. Su severidad en los entrenamientos y su trato a la tropa lo hizo impopular aún entre los endurecidos miembros de las AUC.
Con posterioridad, ‘JL’ fue reclutador, jefe de finanzas y de logística de la banda de ‘Don Mario’ en Córdoba y Urabá hasta 2008, cuando fue capturado como responsable de los delitos de homicidio, secuestro y concierto para delinquir por la desaparición de 43 personas en Urabá en 1990, hecho conocido como la masacre de Pueblo Bello.
Diego Fernando Fino Rodríguez alias ‘Marlon’, es otro ejemplo. Como capitán del Ejército llegó a ser miembro del Grupo Mecanizado No. 4 Juan del Corral, adscrito a la IV Brigada con sede en Medellín. Junto con ‘39’ y otros hombres, participó y fue procesado por el asesinato de Alex Lópera en marzo de 1999, razón por la cual se fugó de la Brigada y se unió al Bloque Córdoba, y posteriormente al Bloque Catatumbo donde terminó desempeñando labores militares y de logística.
En muchas ocasiones, estos mandos medios sirvieron como puente de enlace para que otros militares se enlistaran con los ‘paras’. Este fue el caso de Jorge Humberto Victoria Oliveros, conocido con el alias de ‘Miguel’, quién se desmovilizó con el frente Héroes de los Llanos y Frente Héroes del Guaviare. De acuerdo expedientes judiciales, a inicios de los años noventa, ‘Miguel’ fue el enlace de la casa Castaño con otros militares activos que terminaron en las filas de los paramilitares.
Sin embargo, no todos estos mandos medios ‘paras’ habían alcanzado alguna posición de mando en la fuerza pública antes de su deserción. José Gregorio Mangones, mejor conocido como ‘Carlos Tijeras’, llegó a ser comandante del frente William Rivas del Bloque Norte de las AUC, no obstante, sólo había sido soldado raso en el Ejército hacia 1987. Pero no había sido un soldado promedio. Antes de unirse a los ‘paras’ fue seleccionado como el mejor soldado del batallón de Infantería Mecanizado No. 5 Córdoba con sede en Santa Marta y enviado al Sinaí como miembro de las fuerzas de paz.
Un caso sonado es el de David Hernández López alias ‘Diego Rivera’ desmovilizado del Bloque Central Bolívar en Nariño. Como testigo protegido en Estados Unidos, ‘Diego Rivera’ fue quien reveló ante la Corte Suprema los videos que muestran al abogado Ramón Ballesteros intentando sobornarlo para que declarara a favor de los ex congresistas santandereanos Luís Alberto Gil y Alfonso Riaño. ‘Diego Rivera’ fue subteniente del Ejército y luego de salir de la fuerza pública, fue jefe político del Bloque Libertadores del Sur del BCB en Nariño.

Los Que No Llegaron a la Desmovilización
Varios militares que llegaron a las filas de las AUC, nunca llegaron a desmovilizarse. Es el caso de Carlos Mauricio García, alias ‘Doble Cero’, quien fue lancero del Ejército y se graduó como abogado de la Universidad de Antioquia. Al retirarse del Ejército en 1988, con el grado de teniente, se fue a las autodefensas de Córdoba y Urabá, en ese entonces bajo el mando de Fidel Castaño. Con la bendición de la casa Castaño, fundó el Bloque Metro de las Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá, que se expandió desde Medellín hacia el oriente y nordeste de Antioquia. Siempre dijo que su objetivo primordial era la lucha contraguerrilla. Su bloque alcanzó a dominar en 45 municipios y según Justicia y Paz, dejó 12.080 víctimas.
Luego de que ‘Don Berna’ le disputara, barrio a barrio, el control de las bandas de Medellín, ‘Doble Cero’ salió derrotado, a refugiarse en la Costa Caribe. Perdió la batalla contra el ala del paramilitarismo más entretejida con el narcotráfico. Fue asesinado en Santa Marta en mayo de 2004, mes y medio después de que cayera, también abaleado, su protector Carlos Castaño
Casos de militares que se unen a grupos armados de extrema derecha, se remontan incluso hasta la década de los ochenta. Así, el mayor Alejandro Álvarez Henao figura en las memorias de Carlos Castaño como fundador de las Accu, y además fue quien reclutó a ‘Doble Cero’ para la causa paramilitar. También, el teniente del Ejército Luís Antonio Meneses, luego conocido como ‘Ariel Otero’, fue uno de los dos jefes principales de las Autodefensas del Magdalena Medio a fines de los 80. Fue asesinado en 1992, después de haber intentado desmovilizar a su grupo.
Otros ejemplos de ex paramilitares asesinados incluyen a ‘39’, quién murió en 2004 luego de un ataque del Ejército; ‘Daniel’, envenenado con cianuro en la cárcel La Picota murió en junio de 2009; el paradero de ‘Camilo’ es incierto pues se dice que está prófugo de la justicia o fue asesinado años atrás luego de su fallida desmovilización.
Así mismo, otros ex militares convertidos en ‘paras’ tampoco participaron de la desmovilización pero por otras razones. Francisco Robles alias ‘Amaury’ estuvo prófugo de la justicia hasta mediados del año pasado. Hasta 1998, ‘Amaury’ había sido el cabo primero Robles, miembro de cuerpo de Fuerzas Especiales del Ejército. Desde que se graduó con honores del curso de suboficiales No. 3, se destacó por su carácter y puntería. Hizo cursos de lancero, de paracaidista, de contraguerrilla, de antiterrorismo urbano, de explorador, siempre en grupos elite. En todos ellos ocupó siempre el primer lugar de su curso.
En 1998, fue acusado de asesinar a dos personas en Bogotá. La justicia militar lo había encarcelado en los calabozos del Batallón de Policía Militar No. 13, también en la capital pero a finales de ese año escapó mientras iba a una cita médica. Posteriormente se unió a los paramilitares como jefe del Frente Sabanas en Bolívar y se convirtió en tercero al mando del Bloque Norte. Nunca se desmovilizó, y después de ser acusado como jefe de las Águilas Negras en el norte del país, fue capturado el 28 de agosto de 2010 por agentes del DAS y del CTI en Astrea, Cesar.
Estos ex militares convertidos en ’paras’ tuvieron un alto valor estratégico para los paramilitares Sus historias representan casos concretos de cómo se crearon en la realidad, estos vasos comunicantes entre fuerza pública y paramilitarismo.
28 de noviembre de 2011
cc verdad abierta   

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