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toque de queda para jóvenes


Algunos condados han impuesto un toque de queda para los jóvenes menores de dieciocho años si no se encuentran acompañados por padres o tutores. Editorial de The Washington Post.
Contrariamente a la hipérbole que ha marcado el debate en el condado de Montgomery sobre la declaración de un toque de queda para los jóvenes, la propuesta no es una limitación draconiana de los derechos de los adolescentes ni una cura milagrosa para la delincuencia juvenil. Es simplemente un enfoque dictado por el sentido común que la policía cree que puede ser útil a la hora de proteger la seguridad pública. Es mucho menos problemático que la legislación anti-ocio que ha sido sugerida como una alternativa. Si se aprueba, ayudará a proteger a los jóvenes.
El Concejo Municipal todavía tiene que decidir sobre un proyecto enviado por el Ejecutivo del Condado, Isiah Leggett, demócrata, que impondría un toque de queda -de medianoche hasta las cinco de la mañana los viernes y sábados, de once de la noche a cinco de la mañana las otras noches- para jóvenes menores de dieciocho años. Leggett propuso la idea en julio, tras el incidente con una pandilla en Silver Spring que subrayó la creciente atracción de Montgomery, particularmente su centro urbano, como un punto de encuentro después de medianoche de chicos problemáticos. Las jurisdicciones aledañas del Distrito y del condado de Prince George han impuesto un toque de queda.
La oposición al toque de queda ha sido feroz y la dirige el concejal Phil Andrews (demócrata de Gaithersburg-Rockville) como director del comité de seguridad pública. Andrews es un legislador dedicado que hace bien sus deberes. Ve la propuesta de implantar un toque de queda como una sobre-reacción frente a lo que llama un incidente aislado en Silver Spring que dice que ha sido solucionado correctamente con una mayor presencia policial. Pero su argumento de que el toque de queda no es necesario se ve debilitado por su desatinada propuesta de implementar una ley anti-ocio que en lo esencial convertiría en un delito que alguien se comportara -sólo a los ojos de los policías- sospechosamente. Es una receta para una implementación arbitraria que, como predijeron el fiscal del condado, Marc Hansen y otros, sería declarada inconstitucional.
La propuesta de toque de queda de Leggett no es onerosa. Restringe a los jóvenes su derecho a reunirse y permanecer en lugares públicos durante las horas indicadas. Los jóvenes acompañados por alguno de sus padres o un tutor, que están asistiendo a una actividad religiosa, o vuelven del trabajo, o están en su propiedad, en camino a casa desde el teatro, no violarían la ordenanza. Incluso los que la contravengan no serán probablemente detenidos, sólo recomendados de que se marchen a casa -lo que, francamente, es donde debe estar alguien de menos de dieciocho años a las once de la noche un día de semana.
5 de diciembre de 2011
24 de noviembre de 2011
©washington post
cc traducción c. lísperguer

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