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crímenes de la otan en libia


Los bombardeos aéreos de la OTAN contra objetivos civiles causaron decenas si no cientos de víctimas civiles.


[C.J. Chivers y Eric Schmitt] Trípoli, Libia. La campaña aérea de la OTAN -que se prolongó durante siete meses en Libia-, aclamada por la coalición occidental y muchos libios por propinar el golpe fatal al coronel Moamar al-Gadafi y haber ayudado a sacarle del poder, tuvo como resultado una cantidad de víctimas que todavía no son reconocidas: cientos de bajas civiles que la coalición se sigue negando a reconocer e investigar.
Según lo que cree la OTAN sobre la guerra, y en declaraciones desde que terminaran los bombardeos el 31 de octubre, la operación dirigida por la coalición fue casi perfecta: un modelo ejemplar de guerra aérea en la que se utilizó tecnología de punta, una meticulosa planificación y moderación para proteger a los civiles contra las tropas libias del coronel Gadafi, que era el mandato de la coalición.
“Hemos llevado a cabo esta operación muy cuidadosamente, y no tenemos informes confirmados sobre bajas civiles”, afirmó en noviembre el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen.
Pero una visita en terreno del New York Times a objetivos bombardeados en todo el país –incluyendo entrevistas con sobrevivientes, médicos y enfermeras, y la recopilación de restos de municiones, partes médicos, certificados de defunción y fotografías- encontró versiones verosímiles sobre decenas de civiles matados por la OTAN en numerosos ataques. Las víctimas, entre ellas al menos a veintinueve mujeres o niños, a menudo dormían en sus casas cuando fueron bombardeadas.
En total, al menos cuarenta civiles y quizás más de setenta, murieron como resultado de ataques de la OTAN en esos sitios, como sugiere la evidencia disponible. Aunque el total no es alto en comparación con otros conflictos en los que las potencias occidentales han recurrido pesadamente al poderío bélico aéreo, y menos exagerado que las versiones que hizo circular el gobierno libio, tampoco se trata de una versión completa. Sobrevivientes y médicos que trabajan para las autoridades interinas informan sobre decenas de civiles más heridos en estos y otros bombardeos, y mencionaron a los periodistas otros sitios donde se sospecha que hubo víctimas civiles.
Dos semanas después de haber entregado un memorándum de veintisiete páginas del Times, con extensos detalles sobre nueve bombardeos en los que las evidencias indican que los aviones mataron o dejaron heridos a civiles que no eran su objetivo, la OTAN modificó su posición.
“Según lo que usted ha reunido en el terreno, parece que civiles inocentes pueden haber sido matados o heridos, pese al cuidado y a la precisión [de las incursiones]”, dijo Oana Lungescu, portavoz de la OTAN en el cuartel general en Bruselas. “Lamentamos profundamente la pérdida de vidas humanas”.
Agregó que la OTAN estaba en constante contacto con el nuevo gobierno libio y que “estamos dispuestos a colaborar con las autoridades libias para hacer lo que crean que sea correcto”.
Sin embargo, la OTAN traspasó la responsabilidad de iniciar investigaciones a las autoridades interinas libias, cuya sobrevivencia y su victoria sobre el gobierno libio fue posible sobre todo por la campaña aérea. De momento, los líderes libios no han expresado ningún interés en investigar los bombardeos [que la OTAN dice que fueron errores].
La incapacidad de evaluar completamente las bajas civiles reduce la posibilidad de que las fuerzas de la coalición, que descansan más que nunca en el poderío aéreo antes que arriesgar tropas terrestres en conflictos en el extranjero, analicen su experiencia libia para minimizar las muertes colaterales en otros lugares. Los comandantes aliados deben presentar a la OTAN, en febrero, un informe sobre las lecciones aprendidas. La falta de curiosidad de la OTAN sobre los numerosos episodios letales plantea interrogantes sobre lo completa que será esa evaluación.
La experiencia de la OTAN en Libia también revela una actitud que inicialmente prevaleció en Afganistán. Allá, las fuerzas de la OTAN dirigidas por Estados Unidos, endurecieron las reglas de combate para los ataques aéreos e insistieron en definir con mayor precisión los objetivos para reducir las muertes de civiles sólo después de ignorar repetidamente, o de contradecir las versiones sobre ataques aéreos que causaron numerosas muertes de civiles.
En Libia, la falta de interés de la OTAN por sus víctimas no intencionadas también ha dejado a muchos civiles heridos casi sin ayuda médica tras el caótico cambio de régimen en el país.
Estas víctimas incluyen a un niño impactado por escombros en su cara y ojo derecho, una mujer cuya pierna debió ser amputada, otra cuyas heridas en pie y piernas la dejaron inválida, un doctor norcoreano cuyo pie fue aplastado y su esposa, que sufrió una fractura de cráneo.
La investigación del Times incluyó visitas a más de veinticinco sitios, incluyendo Trípoli, Surman, Mizdah, Zlitan, Ga’a, Majer, Ajdabiya, Misurata, Sirte, Brega y Sabratha y cerca de Bengasi. En esos lugares se destruyeron más de 150 objetivos, incluyendo bunkers, edificios y vehículos.
Los aviones de guerra de la OTAN realizaron varios miles de bombardeos en los que lanzó 7.700 bombas o misiles. Debido a que el Times no analizó otros sitios impactados en varias ciudades y pueblos donde se efectuó la campaña aérea, la estimación de las víctimas puede ser baja.
Hay indicios de que la coalición adoptó varias medidas para evitar daños a civiles, y a menudo no atacó obras de infraestructura civil que eran utilizadas por las fuerzas armadas libias. En dos campañas aéreas norteamericanas en Iraq en 1991 y 2003 aparentemente se evitó atacar elementos de infraestructura, incluyendo el tendido eléctrico.
Esas medidas ahorraron a los civiles las penurias y riesgos que han acompañado las operaciones aéreas occidentales [contra países árabes]. La OTAN también declaró que en Libia las fuerzas de la coalición no usaron municiones racimo o ni pertrechos con uranio empobrecido, que representan ambos riesgos para la salud humana y el medio ambiente.
Los aviones de la coalición lanzaron misiles guiados por láser o satélite, dijo el coronel Gregory Julian, portavoz de la OTAN; tampoco se habrían utilizado bombas tontas.
Aunque la abrumadora mayoría de los ataques parecen haber destruido sus objetivos sin matar a civiles, muchos factores contribuyeron a una serie de lo que según la OTAN fueron errores fatales. Entre estos se incluyen una bomba defectuosa, datos de inteligencia erróneos o anticuados y la mínima presencia de personal militar en el terreno que pudieran ayudar a dirigir los bombardeos.
La aparente suposición de la coalición de que las residencias que creían que alojaban a fuerzas del gobierno no estaban ocupadas por civiles demostró repetidas veces ser una idea equivocada, por lo que sugieren las evidencias, haciendo recordar a los partidarios del poder aéreo de que ninguna guerra está libre de errores o costes.
La investigación también constató importantes daños a la infraestructura civil en algunos ataques cuyos motivos no eran claros o en que los riesgos que corrían civiles eran evidentes. Estos incluyeron ataques contra bodegas que los paramilitares que hoy las custodian dijeron que sólo almacenaban alimentos, o en las cercanías de negocios o casas que fueron destruidas, incluyendo un ataque contra un depósito de municiones junto a un vecindario que provocó una enorme explosión secundaria, esparciendo ojivas y combustibles tóxicos.
La OTAN todavía no ha proporcionado al nuevo régimen libio datos sobre la ubicación o tipos de proyectiles que no explotaron en sus ataques. La investigación del Times encontró al menos dos enormes proyectiles en los sitios visitados. “Esta información se necesita urgentemente”, dijo el doctor Alí Yahwya, cirujano jefe del hospital de Zlitan.
Además, en un rastreo de un sitio Times encontró restos de municiones de la OTAN en un edificio en ruinas que un portavoz de la coalición dijo explícitamente que la OTAN no había atacado.
Ese error –un par de bombardeos- costó la vida a doce paramilitares rebeldes y casi mató al personal de una ambulancia que se encontraba socorriendo a los hombres heridos. El error subrayó el a veces tenue conocimiento de la OTAN de la realidad en el terreno y planteó interrogantes sobre la veracidad y franqueza de la campaña de relaciones públicas de la OTAN.
El segundo ataque revela una táctica que los sobrevivientes de varios sitios atacados pudieron confirmar: los aviones de guerra volvieron a atacar el objetivo apenas minutos después del primer ataque, una práctica que puso en peligro, y a veces mató a los civiles que se encontraban socorriendo a los heridos.
Presionada sobre los peligros que representaban esos ataques para los civiles no combatientes, la OTAN dijo que reconsideraría esa táctica en su evaluación interna de la campaña. “Ese es un punto válido que debe ser tomado en consideración en futuras operaciones”, dijo el coronel Julian.
Esa declaración representa un cambio en la posición de la coalición. La respuesta de la OTAN a las acusaciones de ataques erróneos ha consistido en desmentidos cuidadosamente redactados y la insistencia en que sus operaciones fueron diseñadas y supervisadas con excepcional meticulosidad. Enfrentada a acusaciones fidedignas sobre la muerte de civiles, la coalición declaró que no tenía ni la capacidad ni la intención de investigarlas y a menudo repitió que los ataques en disputa no habían sido errores.
La coalición mantuvo esta posición incluso después de que dos organizaciones occidentales independientes –Human Rights Watch y la Campaign for Innocent Victims in Conflict, o Civic- se reunieran en privado con funcionarios de la OTAN y compartieran la investigación en el terreno sobre esos errores, incluyendo, en algunos casos, los nombres de las víctimas, las fechas y ubicación de donde murieron.
Las organizaciones que investigan las muertes de civiles en Libia dijeron que la resistencia de la coalición a rendir cuentas y a reconocer los errores demostraban una pobre política de relaciones públicas. “Está más que claro que hubo bajas civiles en los ataques de la OTAN”, dijo Fred Abrahams, investigador de Human Rights Watch. “Pero toda esta campaña está envuelta en una atmósfera de impunidad” y por las felicitaciones mutuas de la OTAN y las nuevas autoridades libias.
Abrahams agregó que el asunto iba más allá de la necesidad de ayudar a civiles afectados por los bombardeos, aunque dijo que era importante. Lo que está en juego, dijo, era “quién va a perder la vida en las próximas campañas debido a estos errores no analizados y al hecho de que nadie aprende de ellos”.
Human Rights Watch y Civic también observaron que la posición de la coalición sobre las víctimas civiles que provocó en Libia se desviaba de sus prácticas sobre daños colaterales en Afganistán. Allá, la indignación pública y las tensiones políticas sobre errores fatales llevaron a la OTAN a adoptar políticas para investigar acciones que provocaron daños a civiles, incluyendo directrices para presentar condolencias y efectuar pequeños pagos a las víctimas y sus familias.
“Usted podría pensar, como pensé yo, que todas esas lecciones aprendidas en Afganistán habían sido utilizadas en Libia”, dijo Sarah Holewinski, directora ejecutiva de Civic, que ayudó a la OTAN a definir sus prácticas para Afganistán. “Pero muchas de ellas no lo fueron”.

Escogiendo Objetivos <br>Cuando los militares extranjeros empezaron a atacar a las fuerzas del gobierno libio el 19 de marzo de 2011, las fuerzas armadas norteamericanas, más experimentadas que la OTAN a la hora de dirigir grandes operaciones, coordinaron la campaña. Los norteamericanos traspasaron el mando a la OTAN el 31 de marzo.<br>Siete meses después, la coalición había destruido más de 5.900 [de lo que clasificó como] objetivos militares en 9.700 bombardeos aéreos, de acuerdo a sus propios datos, contribuyendo a desmantelar las fuerzas armadas libias y las milicias gadafistas. Aviones de guerra de Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Italia, Noruega, Dinamarca, Bélgica y Canadá arrojaron bombas. Dos países de fuera de la OTAN –Qatar y los Emiratos Árabes Unidos- participaron en menor escala.<br>Francia realizó casi un tercio de todos los ataques aéreos; Gran Bretaña se hizo responsable del 21 por ciento; y Estados Unidos del 19 por ciento de los bombardeos, de acuerdo a datos de esos países.<br>Los ataques se definieron en dos categorías generales. Los llamados ataques deliberados se dirigían contra objetivos fijos, como edificios o sistemas de defensa anti-aérea. Esos objetivos eran seleccionados y asignados a pilotos poco antes del despegue.<br>Los ataques deliberados eran planificados para minimizar los riesgos para los civiles, declaró la OTAN. En Nápoles, Italia, analistas de inteligencia y especialistas en la identificación de objetivos aprobaban blancos propuestos y compilaban listas, que eran enviadas a un centro de operaciones cerca de Boloña, donde los objetivos eran entregados a aviones con una especificación de las armas que debían ser usadas.<br>Para algunos blancos, como los búnkeres del alto mando, dijo la OTAN, se realizaron primero largos periodos de vigilancia. Aviones no tripulados y otros llevaban la crónica de la rutina diaria en los sitios, conocida como “esquemas de vida”, hasta que los comandantes se sintieran suficientemente convencidos de que cada uno de los objetivos era válido.<br>Otras consideraciones eran también tomadas en cuenta. Los especialistas elegían, por ejemplo, el ángulo de ataque y el momento del día que significara menos riesgos para los civiles, afirma la OTAN. También consideraban cosas como los proyectiles, señalando el tamaño y tipo de bomba, y los fusibles.<br>Algunos fusibles retrasan brevemente la detonación de la carga explosiva de la bomba. Esto facilita que el proyectil penetre el concreto y explote en un túnel o búnker subterráneo, o, alternativamente, que se entierre en la arena antes de explotar, reduciendo la onda expansiva, la metralla y los riesgos para las personas y propiedades cercanas.<br>(La OTAN también podía elegir bombas inertes, hechas de concreto, que pueden derrumbar edificios o destruir tanques con energía quinésica antes que mediante una explosión. La OTAN declaró que esas armas se usaron en la guerra con una frecuencia diez veces menor que las otras.)<br>Muchos de los primeros ataques fueron misiones planificadas, pero casi dos tercios de todos los bombardeos, y la mayoría de los ataques más tarde en la guerra, fueron de otro tipo: bombardeos dinámicos.<br>Los bombardeos dinámicos eran ataques contra blancos dictados por la oportunidad. Las tripulaciones en patrullas aéreas identificarían un objetivo, o serían informadas sobre su ubicación, como vehículos militares sospechosos. Luego, si eran aprobados por los aviones espía Awacs, atacaban.<br>La OTAN dijo que las misiones dinámicas eran también guiadas por prácticas destinadas a limitar los riesgos. El 24 de octubre, el teniente general Charles Bouchard, de Canadá, el comandante de la operación, describió la filosofía más allá de la aprobación cuidadosa de los blancos o el uso exclusivo de armas guiadas: restricción. “Sólo atacábamos cuando teníamos un blanco a tiro”, dijo.<br>El coronel Julian, el portavoz, dijo que hubo cientos de ejemplos en que los pilotos pudieron haber arrojado sus proyectiles pero que debido a preocupaciones por la seguridad de los civiles, optaron por no disparar. El coronel Alain Pelletier, comandante de siete bombarderos canadienses CF-18, que realizaron 946 ataques, dijo que Canadá instaló un software especial en sus aviones que permitía a sus pilotos evaluar el radio posible de la explosión en torno a un objetivo y cancelar el ataque si la tecnología advertía que representaba demasiados riesgos para la población civil.<br>El coronel Julian también dijo que la OTAN transmitía mensajes por radio y que lanzó al aire millones de volantes pidiendo a los civiles libios que se mantuvieran alejados de probables objetivos militares, una práctica que fue confirmada por ciudadanos libios en gran parte del país.

Golpe a los Rebeldes
Las evidencias muestran que la OTAN causó víctimas civiles apenas días después de su intervención, empezando con uno de los errores más graves de la guerra aérea: el ataque contra un convoy blindado de los rebeldes, que estaba avanzando a través del desierto hacia las primeras líneas del frente oriental de Libia.
Después de sobrevivir la primera ola de ataques aire-tierra, los militares libios tomaron medidas para evitar ser atacados por la OTAN. Empezaron a movilizarse en formaciones más pequeñas y a veces dejaron de lado los vehículos blindados, prefiriendo los camiones parecidos a los usados por los paramilitares. Repentinamente los pilotos tenían menos objetivos.
Cuando el 7 de abril los blindados rebeldes se concentraron en una colina a unos 32 kilómetros de Brega, los aviones de la OTAN atacaron. En una serie de ataques, bombas guiadas por láser detuvieron la formación, destruyeron los blindados de los rebeldes y dispersaron a los paramilitares, matando a varios de ellos, contaron los sobrevivientes.
El ataque continuó mientras los civiles, incluyendo al personal paramédico, trataban de dirigirse hacia los cráteres y llamas para socorrer a los heridos. Entre ellos había tres pastores.
Cuando los pastores se acercaban por la arena, cayó una bomba, contó uno de ellos, Abdul Rahman Alí Suleiman Sudani. La explosión los echó por tierra, dijo, matando a sus dos primos.
Uno, dijo, fue cortado por la mitad; el otro tenía una enorme herida en el pecho. Sudani y otros familiares volvieron más tarde al sitio para recoger los restos para su sepultura en Kufra. Los hombres murieron cuando trataban de ayudar, dijo.
“Llamamos a sus familias en Sudán y les dijimos: ´Sus hijos han muerto´”, dijo.
El coronel Julian se negó a discutir este episodio, pero dijo que cada vez que los aviones de la OTAN volvían a atacar se trataba de un evento y una decisión distinta, y que no era una práctica general que la OTAN atacara dos veces el mismo objetivo.
Esta práctica fue informada varias veces por sobrevivientes en ataques separados y la mencionaron para explicar por qué algunos civiles optaban por no ayudar en los sitios atacados o escapaban poco después del ataque.
El coronel Julian dijo que era probable que la táctica fuera incluida en la evaluación interna de la campaña aérea de la OTAN.

Ataque Errante
La planificación o restricción de la OTAN no protegió a la familia de Alí Mukhar al-Gharari cuando en junio su casa fue destruida por un fenómeno tan viejo como la guerra aire-tierra: un proyectil errante.
Un jubilado de Trípoli, Gharari poseía una casa de tres plantas que compartía con sus hijos adultos y sus familias. El 19 de junio en la noche fue impactada por una bomba, que destruyó el frontis. Los escombros cubrieron un departamento en el patio, contó la familia, donde Karima, la hija adulta de Gharari, vivía con su marido y sus dos hijos, Jomana, de dos, y Khaled, de siete.
Murieron los cuatro, así como otro hijo adulto de Gharari, Faruj, que fue lanzado desde su cama en el segundo piso hasta los escombros abajo, contaron dos de sus hermanos. Ocho familiares más quedaron heridos, uno de ellos gravemente.
El gobierno de Gadafi, que parece haber aumentado la cifra de víctimas, denunció que en ese ataque aéreo habían muerto nueve civiles, incluyendo a un rescatista que murió electrocutado mientras retiraba escombros. Esas muertes no han sido verificadas independientemente, aunque las muertes de Gharani no han sido puestas en discusión.
Inicialmente la OTAN casi reconoció [lo que llamó] su error. “El objetivo era un depósito de misiles”, dijo la coalición en una declaración poco después.
“Han ocurrido varios errores en el sistema balístico que pueden haber causado bajas civiles”.
Luego se retractó. Kristele Younes, directora de operaciones en terreno de Civic, la organización de víctimas estudió el sitio y entregó sus conclusiones a la OTAN. Recibió una fría respuesta. “Me dijeron: ´No tenemos informes confirmados sobre bajas civiles´”, dijo Younes.
La razón, dijo, era que la coalición había creado su propia definición de “confirmación”: sólo las muertes investigadas y corroboradas por la OTAN misma podrían ser llamadas confirmadas. Pero debido al rechazo de la coalición a investigar las acusaciones, su conteo de las bajas no podía ser modificado debido a la definición, la que implicaba que no había víctimas.
“Esa posición era absurda”, dijo Younes. “Pero dejaron en claro que la OTAN no tenía ninguna intención de revisar esos incidentes”.
La posición dejó desorientada a la familia Gharani, y en peligro social. Uno de los hijos de Gharani, Mohammed, dijo que la familia apoyaba la rebelión. Pero desde los ataques de la OTAN, otros libios habían clasificado a la familia como gadafista. Si la OTAN atacó la casa de Gharani, era lo lógica callejera, la coalición debía tener una razón.
Mohammed al-Gharari dijo que aceptaría las disculpas de la OTAN. Dijo que podía incluso asumir el error. “Si este fue un error en su sala de control, no diré nada duro, porque ese era nuestro destino”, dijo.
Pero pidió que la OTAN limpiara el honor manchado de la familia. “La OTAN debería contar la verdad”, dijo. “Deberían contar lo que ocurrió, de modo que todo el mundo sepa que nuestra familia es inocente”.

Un Terrible Error
Horas antes de la muerte de su esposa y sus hijos, el 4 de agosto, Mustafá Naji al-Morabit pensaba que había tomado las precauciones adecuadas.
Cuando los oficiales del ejército libio empezaron a reunirse en una casa vecina en Zlitan, se mudó con su familia. Eso fue en julio. La propiedad adyacente, dijeron Morabit y sus vecinos, era propiedad de un médico leal al régimen del coronel Gadafi que recibía a los comandantes encargados del frente local.
Cerca de un mes después, cuando los paramilitares se acercaban, los oficiales huyeron, dijo Morabit. Él y su familia volvieron a casa el 2 de agosto, asumiendo que el peligro había pasado.
La calamidad llamó dos días después a su puerta. En las primeras horas de una tranquila mañana, una bomba lanzada desde el aire destruyó su casa de cemento, torciendo su frontis.
La esposa de Morabit, Eptisam Alí al-Barbar, murió con su cráneo aplastado. Dos de sus tres hijos –Mohammed, de seis, y Moataz, de tres- también murieron en el ataque. La madre de Morabit, Fátima Umar Mansour, perdió tres dedos de su pie izquierdo. También le rompieron la pierna izquierda.
“Estábamos en casa esa noche”, dijo, mostrando su pierna hinchada.
La destrucción de su casa mostró que incluso con normas meticulosas de selección de objetivos, los errores pueden ocurrir. No sólo atacó la OTAN el edificio equivocado, dijeron sobrevivientes y vecinos, sino también lo bombardeó con dos días de retraso.
Morabit agregó un penoso detalle. Sospechaba que la bomba estaba hecha de concreto porque cuando cayó, no hubo llamas ni explosión, dijo. La OTAN puede haber tratado de minimizar los daños, dijo, pero no veía los beneficios de su cautela. “Quiero saber por qué”, dijo. “La OTAN dice que son tan organizados, que son especialistas. ¿Así que por qué? ¿Por qué ocurrió este horrible error?”
No está claro si el error fue cometido por el piloto o por aquellos que escogieron el blanco. La OTAN se negó a responder preguntas sobre ese ataque.
El 8 de agosto, cuatro días después de la destrucción de la casa de Morabit, la OTAN volvió a atacar edificios ocupados por civiles, esta vez en Majer, de acuerdo a sobrevivientes, médicos e investigadores independientes. Los ataques fueron los episodios más sangrientos causados por la OTAN durante la guerra.
El ataque empezó con una serie de bombas de 500 libras guiadas por láser, llamadas GBU-12, sugieren los restos de un proyectil. La primera casa, de propiedad de Alí Hamid Gafez, 61, estaba llena de familiares de Gafez, que había sido desplazado por la guerra, dijeron él y sus vecinos.
La bomba destruyó el segundo piso y gran parte del primero, matando a cinco mujeres y siete niños e hiriendo a varias personas más, incluyendo a la esposa de Gafez, cuya pantorrilla izquierda tuvo que ser amputada, contó el doctor que realizó la intervención.
Minutos después, aviones de la OTAN atacaron dos edificios más en un segundo complejo, de propiedad de la familia Jarud. La familia dijo que en el ataque murieron cuatro personas.
Varios minutos después de los primeros ataques, mientras los vecinos corrían a socorrer a otras víctimas, otra bomba cayó sobre ellos. La explosión mató a dieciocho civiles, dijeron las dos familias.
El número de víctimas ha sido una fuente de confusión. El gobierno de Gadafi dijo que en el ataque murieron 85 civiles. Esa afirmación no parece creíble. Ahora que el régimen ha sido derrocado, el nuevo gobierno ha publicado una lista oficial de víctimas que sólo incluye 35 personas, entre ellas el feto de una mujer herida de la familia Gafez que empezó a parir prematuramente poco antes de morir.
El hospital de Zlitan confirmó 34 muertes. Cinco doctores hablaron sobre decenas de personas heridas, incluyendo muchas mujeres y niños.
Todas las dieciséis camas de la unidad de cuidados intensivos estaban ocupadas por civiles gravemente heridos, dijeron los médicos. El doctor Ahmad Thoboot, co-director del hospital, dijo que ninguna de las víctimas, muertas o vivas, llevaba uniforme. ”No hay ninguna duda de que esto no fue una invención”, dijo. “Hubo víctimas civiles”.
Las descripciones de las heridas subrayaron la diferencia entre errores con armas de tierra-a-tierra normales y la implacable naturaleza de los errores cometidos con bombas de 500 libras, que crean una onda expansiva de un orden enteramente diferente.
El doctor Mustafá Ekhial, cirujano, dijo que las heridas causadas por las bombas de la OTAN eran mucho peores que las que había tratado el personal durante meses. “Tenemos que decir la verdad”, dijo. “Lo que vimos esa noche era completamente diferente”.
En declaraciones anteriores, la OTAN dijo que observó atentamente  las casas antes de atacarlas y vio “actividad militar” en el lugar. También dijo que había evaluado los ataques y que las denuncias sobre víctimas civiles no habían sido corroboradas por “informaciones disponibles”. Cuando se pidió esta información, la coalición no la proporcionó.
Gafez planteó un reto. Una evaluación independiente de los videos de vigilancia previos al ataque, dijo, probaría que la OTAN se equivocó. Dijo que ahí sólo había civiles y exigió que la coalición mostrase esos videos.
Younes dijo que la disputa dejaba de lado un punto esencial. Bajo las directrices de la OTAN y en conformidad con las prácticas que la coalición ha insistido repetidamente que observaba, dijo, si había civiles en la zona, el avión no debió haber atacado.
Las conclusiones iniciales sobre los bombardeos en Majer, parte de la investigación de Naciones Unidas sobre acciones de todas las partes del conflicto en Libia que hayan dañado a civiles, han planteado interrogantes sobre la legalidad del ataque bajo el derecho humanitario internacional, de acuerdo a un funcionario familiarizado con la investigación.

Las Casas como Objetivo Militar
Los ataques de la OTAN en Majer, uno de los cinco ataques conocidos contra residencias ocupadas aparentemente por civiles, sugiere un patrón. Cuando se presumía que las residencias eran usadas por tropas del gobierno libio, también había civiles, lo que sugiere agujeros en el “esquema de vida” de la evaluación y otras formas de autorización de la OTAN.
Los ataques aéreos del 20 de junio en Surnam destruyeron casas de propiedad del general El-Khweldi el-Hamedi, durante largo tiempo confidente del coronel Gadafi y miembro de su Consejo Revolucionario. La OTAN dijo que la residencia familiar era utilizada como centro de mando.
Según la versión de la familia, confirmada parcialmente por los paramilitares, reclamó que los ataques mataron a trece civiles e hirieron a seis más. Paramilitares locales corroboraron la muerte de cuatro de las víctimas: una de las nueras del general y tres de sus hijos.
El general Hamedi resultó herido y se refugió en Marruecos, informó su hijo Khaled. Khaled presentó una demanda contra la OTAN, reclamando que el ataque fue un crimen. Dijo que él y su familia fueron víctimas de las “invenciones”rebeldes, que provocaron el ataque de la OTAN.
El 25 de septiembre, un ataque más pequeño pero similar, destruyó la residencia del general Musbah Diyab en Sirte, dijeron vecinos y miembros de la familia.
El general Diyab, primo lejano del coronel Gadafi, murió en el bombardeo. También murieron siete mujeres y niños que atiborraban su casa cuando los paramilitares sitiaban las defensas de algunos de los últimos bastiones del gobierno libio, dijeron testigos.
Para entonces, las cosas en Libia han cambiado. Las fuerzas del gobierno que quedaban prácticamente no ocupaban ningún territorio. Estaban desorganizadas y reducidas. Eran las tropas rebeldes las que ponían en peligro a los civiles cuando sospechaban que sentían simpatía por el gobierno, dijeron vecinos de Sirte.
Una tarde hace poco, Mahmoud Zarog Massoud, con su mano hinchada por una infección, recorría la armazón derruida de un edificio de siete plantas en Sirte, que fue atacado a mediados de septiembre. Los muebles de su departamento habían sido destruidos por la explosión.
Se acercó a la cocina, donde, dijo, él y su esposa venían de terminar su ayuno de Ramadán cuando fueron impactados por el proyectil. “No pensábamos que la OTAN fuera a atacar nuestra casa”, dijo.
A juzgar por los daños y los restos de municiones, la bomba -con un fusible para su explosión retardada- impactó en otra ala del edificio, se incrustó en otro departamento y explotó, expulsando las paredes hacia afuera. Los escombros volaron por el patio y a través de la puerta del balcón.
Su esposa, Aisha Abdujodil, murió con sus dos brazos cercenados, contó. El suelo y las paredes quedaron manchados de sangre.<br>La OTAN declinó responder preguntas por escrito sobre los tres ataques contra casas en Surnam y Sirte.

[C.J. Chivers informó desde Libia, y Eric Schmitt desde Washington, Bruselas y Nápoles, Italia.]
19 de diciembre de 2011
18 de diciembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer


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peligra memoria histórica en españa


La llegada del Partido Popular al gobierno pone en jaque los modestos avances en derechos humanos. La ley del 2007, que incorporó un reconocimiento a todas las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura y declaró “ilegítimos” los tribunales franquistas y sus sentencias, fue considerada por el PP “un ataque a la transición”.


[Mercedes López San Miguel] Argentina. Con la llegada de la derecha a La Moncloa, organizaciones de víctimas del franquismo como La Memoria Viva manifiestan su temor a que un Parlamento con mayoría absoluta de los conservadores retroceda con la legislación aprobada durante el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que incluso había sido criticada por su moderación. ¿Empeñará el Partido Popular la Ley de la Memoria Histórica?; surge la pregunta parafraseando el título del poema de Antonio Machado: “¿Empeñé tu memoria?”
Esta semana asumirá Mariano Rajoy como nuevo jefe del Ejecutivo. Su partido, el PP, adelantó que hará recortes en todo exceptuando las jubilaciones. Desde La Memoria Viva preocupa el porvenir de las subvenciones. “Varias organizaciones nos planteamos prepararnos para lo que se viene. Existe un peligro de regresión, porque la crisis económica es la excusa para que caigan las ayudas que recibimos”, afirma Pedro Vicente Romero de Castilla Ramos, presidente de La Memoria Viva, nieto de Wenceslao Romero de Castilla López, asesinado en 1936.
En diciembre de 2007, cuando ya parecía que no iba a salir adelante, el Congreso español aprobó la Ley de la Memoria Histórica impulsada por el Ejecutivo socialista. “Un ataque a la transición”, según el PP, que votó en contra. El texto incorporó un reconocimiento a todas las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura; declaró “ilegítimos” los tribunales franquistas y sus sentencias –pero no las anuló como pedían los partidos Izquierda Unida y Esquerra Republicana de Cataluña– y obligó a los ayuntamientos a retirar los signos franquistas de sus calles. El Estado se comprometió a “ayudar” en la apertura de las fosas comunes, pero en los hechos no se hizo cargo de esa tarea.
“El PP va a amputar la ley”, dice Pedro Vicente Romero del otro lado de la línea telefónica y agrega que ya hay muestras de irrespeto por esa norma. “En las zonas de España gobernadas por la derecha no tenemos mapas de las fosas comunes. Está habiendo acciones violentas en distintas localidades. Por ejemplo, en Poyales del Hoyo, un pueblo de la provincia de Ávila, el alcalde del PP decidió sacar los restos de diez víctimas del franquismo de su panteón y fueron a parar a una fosa común, sin nombres ni apellidos. Eso fue un retroceso violento, porque afectó los cuerpos recuperados.”
La semana pasada, medio centenar de activistas de colectivos de víctimas, entre ellos la Plataforma contra la Impunidad del Franquismo, se concentraron frente al Congreso para reclamar a los nuevos diputados que hagan en el hemiciclo una condena de los crímenes de la dictadura. “Han pasado 36 años desde que murió Franco y yo creo que ya es hora. Ni el Parlamento ni ningún gobierno han condenado nunca la sublevación franquista ni el régimen”, dijo Julián Rebollo al diario El País.
La plataforma entregó a todos los grupos parlamentarios y al nuevo presidente del Congreso, el aznarista Jesús Posada, un documento con sus reivindicaciones para la Legislatura. Entre éstas destaca el pedido de creación de una comisión de la verdad y de anulación de las condenas emanadas de Consejos de Guerra; que el gobierno asuma las tareas de localización y exhumación de los fusilados enterrados en cunetas y que instaure un día oficial de la memoria histórica.
El mismo documento incluye una defensa del juez Baltasar Garzón, acusado de prevaricato por abrir una investigación de los crímenes del franquismo. La agrupación ultraderechista Manos Limpias presentó la querella contra el juez. Miguel Bernad, la cara visible de ese grupo, fue condecorado días atrás por la Fundación Nacional Francisco Franco “por sus servicios en defensa de los ideales del movimiento”.
Pedro Vicente Romero subraya la contradicción en la Justicia española. “Garzón está sentado en el banquillo por intentar investigar qué pasó con los 113 mil hombres y mujeres desaparecidos. España aplica el principio de justicia universal, por ejemplo, para investigar qué pasó con los desaparecidos españoles durante la dictadura argentina. Pero en el propio país no. Es una aberración.” El juicio contra el afamado juez comenzará el 24 de enero. Las agrupaciones de víctimas planean organizar una gran movilización para ese día.
19 de diciembre de 2011
18 de diciembre de 2011
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al fin se va moreno-ocampo


La Corte Penal Internacional ha tenido que enfrentar muchas críticas a través de los años, dirigidas principalmente contra su fiscal Luis Moreno-Ocampo, quien ha sido descrito como autorreferente. Especialistas legales confían en que las cosas mejorarán con su sucesora, Fatou Bensouda. 


Nadie puede acusar al Corte Penal Internacional (CPI), fundada en 1998 y operativo desde mediados de 2003, de no tener metas nobles. El preámbulo del Estatuto de Roma, documento fundacional del tribunal, declara que “los crímenes más graves que preocupan a la comunidad internacional en su conjunto no deben quedar impunes” y que “crímenes tan graves amenazan la paz, la seguridad y el bienestar del mundo”.
Pero lo difícil que es cumplir esta misión se ha hecho evidente en los últimos ocho años. Hasta ahora, la CPI no ha emitido ningún dictamen. Su primer caso, que involucra a Thomas Lubanga Dyilo, un señor de la guerra de la República Democrática del Congo sometido a juicio por crímenes de guerra relativos a niños soldados, todavía se arrastra. Se espera una resolución en cualquier momento, pero esta ha sido ya pospuesta varias veces. Incluso cuando se produzca, aún será posible una apelación.

“Tribunal Penal Africano” 
El número de casos pendientes ante la CPI ha crecido rápidamente. Hoy, la corte está investigando a Omar al-Bashir, Presidente de Sudán, así como a Seif al-Islam, hijo de Muamar Gadafi, el ex dictador de Libia. Más recientemente, el Gobierno de Costa de Marfil extraditó a Laurent Gbagbo, ex Presidente del país, para que enfrente cargos por crímenes contra la humanidad.
Para tener éxito, la CPI tiene que depender de la comunidad internacional. Que sus órdenes de detención sean o no obedecidas depende del Estado territorial involucrado y de otros terceros países.
Gbagbo fue entregado a la CPI, pero no ocurrió así con Al-Bashir. En cambio, hasta ha viajado al extranjero, incluyendo a países que son miembros de la alta corte pero que no lo arrestaron.
Esta semana, la CPI emitió sus primeras decisiones de no cooperación contra Malawi y Chad, países que recibieron a Al-Bashir sin tomar acciones. Por ello, es justo decir que la trayectoria del tribunal ha sido, a lo más, contradictoria.
Además, el hecho de que hasta ahora sólo hayan sido llevados a juicio imputados africanos hace vulnerable al tribunal a acusaciones de ser un “Tribunal Penal Africano”.
Hasta la fecha, el órgano más visible y probablemente más importante de la corte es la Oficina del Fiscal. El argentino Luis Moreno-Ocampo ha estado encabezándola desde junio de 2003. Su adjunto, la abogada de Gambia, Fatou Bensouda, lo sucederá en junio de 2012.
Los 120 Estados miembros de la CPI la eligieron como su candidata de consenso el 12 de diciembre. Observadores la consideran una buena elección, no sólo porque es una mujer africana, sino también porque probablemente ella ha aprendido de los fracasos de su antecesor.
Lo cierto es que expertos legales no evalúan favorablemente el desempeño de Moreno-Ocampo.
David Kaye, especialista en derecho internacional, escribió recientemente un veredicto condenatorio en la revista “Foreign Affairs”. Su título fue: “¿Quién le teme a la Corte Penal Internacional?”
Su ensayo resumió lo que anda mal con Moreno-Ocampo, incluyendo un “estilo de gestión y de toma de decisiones que ha alienado por igual a subordinados y funcionarios del tribunal”, “batallas mezquinas en torno de territorio y recursos”, “errática toma de decisiones”, “comportamiento soberbio” y “acusaciones de politización”.
Kaye escribió que los recurrentes traspiés judiciales de Moreno-Ocampo han sembrado dudas sobre su oficina.

Habilidad Diplomática
En la comunidad del derecho internacional, muchos comparten los puntos de vista de Kaye. Medios de habla inglesa y sitios Web han incluso exigido la renuncia de Moreno-Ocampo.
Algunos sienten que él sólo ha conseguido mantenerse por tanto tiempo en el cargo gracias a sus habilidades diplomáticas.
La triste verdad es que es un fiscal que prefiere celebrar conferencias de prensa a leer expedientes.Le gusta hacer grandiosas declaraciones acerca de ser “el fiscal más poderoso del mundo”, pero no gasta mucho tiempo en evaluar diligentemente intrincadas materias legales.
Una escena particularmente bochornosa en el documental “Prosecutor”, que intenta hacer un retrato halagador de Moreno-Ocampo, lo muestra saliendo de un helicóptero en una fangosa plaza de aldea en el noreste de la República Democrática del Congo, vestido con un inmaculado traje blanco. Da la impresión de que había llegado a este lugar olvidado de la mano de Dios a sermonear a la gente sobre la importancia de la justicia penal internacional.

Lento en Decisiones, Rápido en Declaraciones
Moreno-Ocampo es también un fiscal lento en tomar decisiones, por lo menos, al parecer, si sus decisiones pudieran molestar a las grandes potencias, especialmente a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
La declaración palestina respecto de presuntos crímenes de guerra cometidos por Israel durante la “Operación Plomo Fundido” en la Franja de Gaza a fines de 2008, es un ejemplo. La Autoridad Nacional Palestina presentó su declaración el 22 de enero de 2009, pero el fiscal no ha tomado aún ninguna decisión.
En abrupto contraste, cuando el Consejo de Seguridad, en votación unánime de sus 15 miembros, decidió referir la situación de Libia a la CPI el 26 de febrero de 2011, el fiscal anunció sólo cuatro días después, el 2 de marzo, que creía que había suficientes evidencias para iniciar una investigación a toda escala. ¿Es entonces sorpresivo que algunas personas vean al fiscal (con razón o sin ella) como un títere de las potencias globales?
En suma, no es ser injusto con Moreno-Ocampo, el primer fiscal jefe del primer tribunal penal global permanente, si se concluye en que pasará a la historia como un hombre de palabras grandilocuentes y un gran ego, más que como un fiscal profesional y exitoso. Sus fracasos debieran haberle enseñado unas cuantas lecciones a su sucesora Bensouda.
18 de diciembre de 2011
15 de diciembre de 2011
©la nación

sor consuelo lucha por los ddhh


En medio de la violencia desatada por la guerra contra los carteles, una monja mexicana dedica su vida a la defensa de los derechos humanos. Sor Consuelo Morales es una de las activistas más efectivas de los derechos humanos.
[Tracy Wilkinson] Monterrey, México. Incluso en una carrera llena de amenazas y hostigamientos, el día que alguien dejó cuatro gatos con sus gargantas cercenadas a la puerta de su oficina es un día que Consuelo Morales no puede olvidar.
"Nos querían decir que nos calláramos o seríamos los siguientes", dice.
Eso fue hace catorce años, y todavía no se calla.
La monja católica de 63 años es una de las más infatigables y efectivas activistas por los derechos humanos. Mientras su país entra aterrado al sexto año de la violencia de la guerra contra los carteles, Sor Consuelo (como la llaman sus colegas) tiene más trabajo que nunca.
Madres cuyos hijos fueron vistos por última vez cuando era detenidos por la policía buscan sus consejos. Encabeza marchas y se enfrenta a gobernadores de estados, fiscales, detectives. Acompaña a las víctimas que deben pasar junto a soldados de guardia en edificios gubernamentales y les ayuda a presentar el tipo de quejas que las autoridades preferirían ignorar: sobre los desaparecidos, los asesinados, los torturados, todos a manos de agentes de policía y soldados.
Apenas 1 metro 52 de estatura, con una pequeña cruz de plata que cuelga de su cuello, Sor Consuelo no le tiene miedo a nada y es apasionada. Es rápida para sonreír cálidamente, pero puede ponerse a llorar en cualquier momento cuando escucha una historia especialmente horrorosa, como la violación colectiva de detenidos cometida por soldados que acaba de empezar a investigar. Después de que una angustiada madre le rogara que ayudara a su hijo, Sor Consuelo viajó por caminos llenos de baches durante horas para encontrar al joven y oír su historia.
Pese a la barbarie de las acusaciones, se arma de valor, se encoge de hombros y se zambulle en el caso con una práctica determinación.
"Simplemente no puedes darles la espalda", dice. "Si no estuviéramos aquí, ¿qué pasaría?"
Intimidación, encarcelamiento e incluso asesinato de activistas por los derechos humanos son ocurrencias corrientes en México, de acuerdo a organizaciones como Amnistía Internacional. Decenas de activistas de derechos han entrado en la clandestinidad o buscado protección.
Extraordinariamente, los esfuerzos de Sor Consuelo han conducido en los últimos cuatro meses a la detención de quince personas, incluyendo funcionarios de gobierno y policías. Es un progreso significativo, dice, pero apenas sí rasguña la superficie de las violaciones de los derechos humanos que han sido un feo subproducto de la guerra de las drogas.
"Estamos abrumados", dice, en la oficina que comparte con su equipo de jóvenes abogados en lo que fue una vez una antigua mansión y luego una discoteca gay. Es un correntoso y laberíntico edificio con vistas a un parque y al otro lado de una iglesia llamada Purísima.
Nik Steinberg, que cubre México para Human Rights Watch y ha trabajado con Sor Consuelo en numerosas ocasiones, dice que le cuesta seguir su ritmo.
"Es asombrosa. Trabaja incansablemente y es incansable", dice. "Su organización es la única del ámbito de los derechos humanos que está investigando los abusos de las fuerzas de seguridad en un estado donde esos abusos se han disparado. Pasar un día en su oficina es mirar un incontable flujo de víctimas.
"Puede ser cautivadora ante figuras de autoridad acostumbradas a gente que les teme. Ella podría ser su abuela. Tiene una firmeza y una sinceridad que no conocían. Pero también es amable y cálida con las víctimas y sus familias".
Sor Consuelo nació en Monterrey, un centro industrial y la ciudad más rica de México, que hasta hace poco había escapado de lo peor de la guerra de las drogas. Para 2009, la notoria banda de los Zetas se estaba instalando y estaba peleando por territorio.
Balaceras a plena luz del día, puestos de control montados por pistoleros de los carteles, gente que se queda en la casa -estas cosas se convirtieron en normales en la antes apacible metrópolis. Quizás el nadir fue agosto 25 cuando matones de un cartel incendiaron un casino atiborrado de mujeres de edad mediana que estaban jugando bingo; murieron 52 de ellas.
El gobierno federal despachó mil quinientos soldados adicionales a Monterrey y los estados aledaños en la Operación Escorpión, una medida saludada por muchos hombres de negocios desesperados por salvar el centro económico más importante de México pero condenado por activistas como Sor Consuelo.
Con una incrementada presencia militar, la violencia no ha parado y se han multiplicado los informes sobre violaciones a los derechos humanos.
"Es un juego perverso", dice Sor Consuelo. "Mientras más militares haya, más violencia habrá. Ellos son preparados para matar, no para vigilar, no para investigar, no para proteger".
Parece que no pasa un día sin que otra familia angustiada llegue a su oficina, Ciudadanos en Apoyo de Derechos Humanos (Cadhac), para denunciar la desaparición de un familiar o un asesinato de las fuerzas federales.
"Por cada queja que recibimos, hay siete más que no tratamos", dice. "La gente todavía no se atreve a denunciar".
Sor Consuelo supo desde niña que quería ser monja. En su juventud, era una de las pocas opciones disponibles para una mujer que quería llevar una vida religiosa. Sin embargo, fue una crisis de fe la que la llevó al campo de los derechos humanos.
Era el año 1992, y no pensaba que podía sacrificarse lo necesario como para ayudar a un extraño del mismo modo que ayudarías a tu hermano, como ordena la Biblia. Con reflexión, meditación y guía espiritual, finalmente llegó a la conclusión de que ella estaba a la altura de la tarea. Al año siguiente, fundó Cadhac.
"Trabajar en derechos humanos me permite confirmar mi fe, todos los días", dice. "Con los derechos humanos puedo confirmar que creo en Dios".
Sor Consuelo viajó a Los Angeles para recibir un premio de la organización Human Rights Watch, con sede en Nueva York, en una ceremonia el martes noche. El Premio Alison Des Forges Award "celebra el valor de los individuos que arriesgan su vida para proteger la dignidad y derechos de otros", de acuerdo a Human Rights Watch.
Aunque el honor fue hecho público hace varias semanas, no ha llamado mucho la atención en México. Claramente, el tipo de cosas sobre las que habla Sor Consuelo incomoda a los poderosos.
"Hacemos lo que tenemos que hacer", dice. "Ni más ni menos".
Aunque lo más grave que le ha pasado es el incidente con los gatos degollados (que ocurrió durante protestas contra el maltrato de reos y logró que renunciara la mitad del personal), las amenazas continúan.
El año pasado, Sor Consuelo y su personal adoptaron la causa de los ambientalistas que estaban luchando contra la construcción de un balneario y cancha de gol en medio de la reserva natural La Huasteca cerca de Monterrey. Hubo llamadas amenazadoras, y miembros del personal estaban seguros de que estaban siendo perseguidos.
"Cada vez que tocas un interés, sea político o económico, hay una reacción", dice Sor Consuelo.
En el caso de La Huasteca, los ambientalistas ganaron, y el proyecto fue abandonado.
No se ha sentido amenazada por los militares. "Creo que están demasiado ocupados para darse cuenta de lo que estamos haciendo", dice.
En la entrevista con el Times hace dos años, Sor Consuelo se lamentaba de la falta de activismo público en México y se quejaba de que los ciudadanos no protestaran, hicieran demandas, participaran en la vida cívica. Ahora, dice, la gente parece estar involucrándose más, incluso si la mayoría de los que hablan son víctimas de violencia con sus familias.
"Si la víctima habla, llama más la atención Y luego la víctima se siente acompañada. Siente que no está sola", dice Sor Consuelo. "Pero todavía se ve el temor cuando participan. Todavía tenemos un largo camino por recorrer".
6 de diciembre de 2011
15 de noviembre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

tres líderes kmer rouge a juicio


En Camboya. Cientos de víctimas y observadores llenaron la galería pública de la corte cuando los acusados oyeron cargos relacionados con atrocidades cometidas en los años setenta. Los recuerdos de ese periodo son todavía, para muchos, heridas abiertas.
[Mark Magnier] Nueva Delhi, India. Tres altos líderes khmer rouge que fueron acusados de haber planeado los "campos de la muerte" en Camboya en los años setenta, fueron juzgados en Phnom Penh el lunes mientras cientos de víctimas y transeúntes curiosos llegaron a la corte desde todo el país para observar los procedimientos.
El juicio patrocinado por Naciones Unidas debe tomar algunos meses. Además, han habido a menudo importantes retrasos en tribunales pasados entre el fin de las declaraciones y el fallo.
Esto refleja en parte la naturaleza altamente política de estos procedimientos en un país donde los sentimientos sobre ese brutal periodo de la historia son aún heridas abiertas y muchos de los que trabajaron con el régimen Khmer Rouge siguen en funciones prominentes de la sociedad.
Se agrega a la presión la avanzada edad de muchas de las víctimas y acusados, en medio de temores de que los que cometieron atrocidades mueran antes de ser juzgados.
Los tres acusados -Nuon Chea, 85, el principal ideólogo de los Khmer Rouge y segundo en el mando; Khieu Samphan, 80, ex jefe de estado; y Ieng Sary, 86, ministro de Asuntos Exteriores- se sentaron junto a sus abogados el lunes en una sala del tribunal construido para el caso.
Los cargos incluyen crímenes contra la humanidad, genocidio, persecución religiosa, homicidios y torturas.
La semana pasada un tribunal falló que el cuarto acusado, Ieng Thirith, 79, no será acusada porque padece de la enfermedad de Alzheimer, aunque los fiscales están recurriendo ese fallo. Es la esposa de Ieng Sary y ex ministro de Asuntos Sociales.
"Agradecemos el inicio de este juicio y creo que es bueno para Camboya", dijo Rupert Abbott, un investigador de derechos humanos de la organización Amnistía Internacional. "Es importante no solamente hacer justicia para las víctimas de los Khmer Rouge y que la corte acata normas internacionales. Es también importante crear un legado, un ejemplo, para la justicia en Camboya y mostrar lo que es un juicio justo".
El jefe máximo e inspirador ideológico de los Khmer Rouge, Pol Pot, murió en 1998 en la selva cuando era mantenido prisionero por sus propios compañeros.
Durante el régimen de 1975 1979, que fue el tema de la película ‘Los gritos del silencio’ [The Killing Fields], de 1984, se calcula que murieron un millón setecientos mil camboyanos de hambre, ejecutados o por agotamiento o falta de atención médica como resultado de radicales políticas para crear una sociedad socialista completamente agraria.
En la declaración inicial de la fiscalía, de acuerdo a la Associated Press, el co-procurador  Chea Leang describió las atrocidades de los khmer rouge cuando sus tropas ocuparon Phnom Penh, la capital, en abril de 1975 después de una guerra civil de cinco años y empezaron la evacuación forzada de cerca de un millón de habitantes de la ciudad hacia zonas rurales.
Chea Leang también prometió mostrar que el régimen, que era dirigido por tres de los acusados, "fue uno de los más brutales y horribles de la historia moderna". Se espera que ella y otros fiscales pidan la reclusión perpetua, la pena máxima, para los acusados.
Este es el segundo de cuatro casos del tribunal, fundado en 2006. En el primer caso, Kang Kek Ieu, conocido como Kaing Guek Eav en los expedientes del tribunal, ex director de la infame prisión S-21 del régimen, fue condenado en julio de 2010 y sentenciado a 35 años de cárcel. Los cargos contra el gendarme de la prisión, un oficial de menos nivel que los tres ahora en juicio, incluyen crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y delitos relacionados. La sentencia fue luego reducida a diecinueve años en parte por los años que lleva en prisión.
El tribunal ha sido acusado de interferencias políticas y los críticos dicen que ha sucumbido a la presión del gobierno para dejar de examinar muy de cerca la historia del régimen.
En el juicio actual la corte ha dividido el caso en varios mini-juicios a la luz de la edad de los acusados, en lugar de considerar todos los complejos cargos en un solo procedimiento.
Presumiblemente una razón es la preocupación de que todo el juicio pueda tomar demasiado tiempo", dijo Abbott. "Así que están tratando un solo delito a la vez".
El lunes cientos de personas -incluyendo a sobrevivientes, ex cuadros del régimen, monjes en túnicas y estudiantes con uniformes escolares- atiborraron la galería pública del tribunal para el inicio de cuatro días de alegatos en el estrechamente observado caso.
27 de noviembre de 2011
21 de noviembre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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saif gadafi, torturado y mutilado


Paramilitares habrían cortado los dedos de Saif Gadafi en venganza. El hijo de Gadafi era conocido por hacer el signo de la victoria frente a las cámaras y por llamar "ratas" a los rebeldes.
Libia. Los libios que lo capturaron brevemente después del bombardeo de la OTAN contra Sirte que condujo a la captura y muerte de su padre, dijo un doctor, pueden haberle cortado los dedos a Saif Gadafi.
Saif, hijo del coronel Moamar Gadafi, está retenido en la ciudad libia Zintán después de ser capturado cuando intentaba cruzar la frontera con Nigeria disfrazado de pastor de camellos. En fotografías se ven claramente vendas en torno al pulgar, el índice y el dedo corazón de su mano derecha.
Gadafi dice que quedó herido cuando aviones de la OTAN bombardearon un convoy que lo llevaba a él y a su padre hacia las afueras de Sirte durante un bombardeo de la OTAN.
Pero de acuerdo al Daily Mail, circula un rumor entre los soldados libios de que Saif fue capturado antes de escapar y que durante su cautiverio le cortaron los dedos en venganza por su hábito de aparecer frente a las cámaras durante la rebelión, haciendo el signo de la victoria y denunciando a los rebeldes como "ratas".
El doctor Andrey Murkhovsky, que trató a Saif después de su captura durante el fin de semana, dijo que la parte superior de sus dedos índice y pulgar había desaparecido y que su mano era un "desastre".
Dijo: "Podría haber sido una bomba. Pero es extraño, porque en ese caso habría otras marcas en su cuerpo, y no las tiene".
Soldados de Zintán también fueron acusados de cortar los dedos de Saif, pero rechazan toda responsabilidad. En un video visto por The Daily Telegraph, el jefe del consejo civil de Zintán, Taher al-Tourki, dice: "He recibido un montón de llamadas diciendo que le cortamos los dedos. No es verdad, pero nadie nos cree".
Entretanto, el presidente del consejo militar en Zintán parece empecinado en pedir la pena de muerte toda vez que se habla de juzgar a Saif. Interrogado sobre si quería que ejecutaran al hijo de Gadafi, Osama Jueili respondió: "Lo que la ley nos permita".
27 de noviembre de 2011
22 de noviembre de 2011
©the week
cc traducción c. lísperguer

caos y terror en libia


Filtración de Naciones Unidas: paramilitares libios detienen ilegalmente a miles de personas. Ban Ki-moon informó sobre "lectura incómoda" para los que apoyaron a los rebeldes en su lucha contra Gadafi.
Paramilitares rebeldes que operan en la Libia después de Gadafi están deteniendo ilegalmente a miles de personas, incluyendo mujeres y niños, a los que consideran "enemigos del estado", de acuerdo a un informe que será presentado por el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, la próxima semana.
Se calculan en setenta mil las personas que están siendo retenidas en las que se describe como cárceles privadas que no son controladas por el gobierno libio. Algunos detenidos son torturados y maltratados.
El informe filtrado, visto por The Independent, dice que ambos lados -las tropas libias del coronel Gadafi y los paramilitares que se levantaron contra él- han cometido actos que pueden ser descritos como crímenes de guerra durante el duro combate por el control de Sirte, la ciudad natal del dictador asesinado.
Muchos de los detenidos ilegalmente son africanos sub-saharianos que pueden haber sido trabajadores inmigrantes en la Libia de Gadafi y fueron acusados -injusta o correctamente- de ser mercenarios a la paga de Gadafi. "Se ha informado de casos de individuos que han sido atacados debido al color de su piel", dice el informe.
El informe también refleja los temores de muchos sobre el destino de Gadafi mismo, que fue capturado vivo pero luego aparentemente asesinado por sus captores.
Como dice The Independent, "el informe será una lectura incómoda para los gobiernos occidentales, incluyendo a Gran Bretaña, que participó en la campaña para derrocar a Gadafi".
Patrick Cockburn, corresponsal para Oriente Medio de The Independent, dice que la noticia sobre las detenciones no le sorprende. "El conflicto en Libia siempre fue mucho más que una guerra civil entre libios de lo que pretenden los gobiernos o la prensa extranjeros".
Muchas de las milicias paramilitares quieren vengar la muerte de amigos y familiares. Algunos que viven en Sirte le contaron a Cockburn: "Hay un frenesí profundo y creciente, especialmente entre los jóvenes milicianos y los fundamentalistas, para perseguir a cualquiera que pueda ser asociado al antiguo régimen".
Cockburn concluye: "El Consejo Nacional de Transición, cuyo control del país es en gran parte teórico, no está en condiciones de impedir esta purga porque muchos de sus propios miembros están ellos mismos asustados de que se les pueda acusar de nexos con el antiguo régimen".
27 de noviembre de 2011
©the week
cc traducción c. lísperguer

condenados por asesinato de civiles


Soldado es condenado por asesinato de civiles afganos -para divertirse.
[William Yardley] Base Conjunta Lewis-McChord, Washington, Estados Unidos. El soldado acusado de ser el cabecilla de una unidad paria del ejército que asesinó el año pasado, para divertirse, a tres civiles afganos, crímenes que enfurecieron a líderes y campesinos afganos y repercutió en los más altos niveles de las fuerzas armadas estadounidenses, fue declarado el jueves culpable de todos los cargos.
El soldado, el sargento Calvin Gibbs, 26, de Billings, Montana, fue declarado culpable de tres cargos por homicidio, conspiración para cometer un homicidio, y otros cargos, entre ellos agresión contra otro soldado y cercenar dedos y un diente a uno de los [campesinos] muertos. Fue sentenciado a reclusión perpetua, pero podría pedir su libertad condicional en menos de diez años.
El fallo, entregado en un día de deliberaciones por una comisión de cinco miembros después de una corte marcial que sesionó nueve días en esta base militar a 72 kilómetros al sur de Seattle, fue una decisiva victoria para los procuradores del ejército, cuyo caso contra el sargento Gibbs se armó en gran parte con testimonios de otros soldados, incluyendo a muchos que se habían declarado culpables de los delitos. De los cinco soldados acusados en el caso por homicidio, tres se han declarado culpables, y uno de ellos, de homicidio.
El abogado del sargento Gibbs, Phillip Stackhouse, trató de convencer a la comisión de que dictara sentencias más leves, y que las versiones de los soldados eran contradictorias. Los procuradores del ejército dijeron que debido a que muchos de los soldados se habían declarado culpables de homicidio y otros cargos graves, no tenían motivos para mentir. "¿Hicieron todo eso para hundir a Gibbs?", preguntó el mayor Robert Stelle a la comisión durante su alegato final el miércoles. "Esto es ridículo. Es ridículo".
Considerando todo, los cinco soldados fueron acusados de asesinar a civiles en tres incidentes separados a principios del año pasado. Los soldados describieron repetidas veces al sargento Gibbs ideando "tramas" en las que la unidad falsificaba situaciones de combate haciendo detonar granadas o plantando armas cerca de sus víctimas. Dijeron que él incluso proporcionaba las armas y granadas para hacer creer que las víctimas estaban armadas. Algunos soldados se tomaron fotografías posando junto a los cadáveres y cercenaron parte de sus cuerpos para llevárselos como trofeo. El sargento Gibbs está acusado de cercenar los dedos de las víctimas, que más tarde utilizó para intimidar a otro soldado.
También le sacó un diente a un hombre, diciendo en la corte que había  "disociado" los cuerpos de su naturaleza humana, y que había extraído los dedos y el diente del mismo modo que se quitan las astas a un venado.
El sargento Gibbs dijo que se avergonzaba de haber extraído esas partes de los cuerpos, que estaba "tratando de ser duro, un individuo duro". Pero insistió en que la gente a la que asesinó había representado amenazas genuinas contra él y su unidad.
Los soldados eran miembros de la ex Quinta Brigada Stryker, Segunda División de Infantería, que se desplegó en 2009 en Afganistán desde su base. Pasaron la mayor parte del tiempo patrullando caminos y pequeños pueblos cerca de Kandahar, y algunos soldados dijeron que los asesinatos por diversión se produjeron debido a la frustración de la unidad que hacía tiempo que no entraba en acción.
El sargento Gibbs se unió a la unidad como jefe de grupo en el otoño de 2009, varios meses después del despliegue, después de servir previamente en Iraq. Medía 1.95 metros y sus compañeros soldados lo describieron como alguien con carisma e inteligente tácticamente. Mientras muchos miembros de la unidad admitieron que habían fumado hachís cuando salían de patrulla, el sargento Gibbs no fue acusado de consumir drogas.
Para enero de 2010, ya había ocurrido el primer asesinato. El siguiente ocurrió en febrero y el último en mayo. En todos los casos los asesinatos fueron descritos como situaciones de combate.
Aunque algunos acusados confesaron su participación e implicaron al sargento Gibbs desde que se iniciara la investigación en mayo de 2010, el sargento Gibbs declaró consistentemente que no era culpable, que todos los crímenes habían ocurrido en lo que él creía que eran situaciones de combate legítimas. "Ten esta palabra en mente: traición", dijo Stackhouse a la comisión, "porque lo que usted está viendo en este caso es la traición de un soldado".
El sargento Gibbs se quedó atónito, con la boca abierta, cuando se dio lectura al fallo.
Uno de los principales testigos contra él, el soldado raso Jeremy Morlock, se declaró culpable de los tres asesinatos en marzo y podría ser condenado a veinticuatro años de prisión. El especialista Adam C. Winfield se declaró -en agosto- culpable de homicidio en uno de los asesinatos y podría ser condenado a tres años de cárcel. El soldado raso Andrew Holmes se declaró -en septiembre- culpable de uno de los homicidios.
Muchos de los acusados, así como otro seis acusados de la unidad, se declararon culpables de otros cargos, incluyendo fumar hachís y agredir a un soldado, el mismo que finalmente llevó a los investigadores del ejército a descubrir los asesinatos.
El sargento Gibbs era el militar de más alto rango acusado en el caso. El comandante de la Quinta Brigada Stryker, el coronel Harry D. Tunnell IV, fue removido de su posición en el verano de 2010 después de que empezará la investigación de los asesinatos.
[Foto viene de El Blog de Forner].
22 de noviembre de 2011
10 de noviembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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