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el tatuaje entre los iraquíes


[Christian Berthelsen] Rodeados de muertes violentas, algunos chiíes optan por marcas distintivas para que sus familiares puedan identificarlos en caso de muerte.
Bagdad, Iraq. La espantosa procesión de cuerpos decapitados y cadáveres mutilados que ha dado forma a la muerte en Iraq llevó a Firas Adil Saadi a hacer algo que era antes aquí la provincia de convictos y degenerados: Hacerse un tatuaje.
El musulmán chií de 28 años tiene ahora una marca en su hombro derecho, de modo que su familia se ahorre la desesperación de no poder identificar sus restos. En una adornada caligrafía árabe, dice: "Mi hermano Husam", en homenaje a un primo que sufrió ese destino. Saadi también lleva documentos de identificación, pero cree que en un atentado con bomba podría resultar quemado de tal modo que haga imposible su reconocimiento.
"La idea se me ocurrió después de ver esos incidentes de todos los días en los que algunos cuerpos quedan mutilados y desfigurados, algunos incluso decapitados, y el hecho de que los carnés de identidad se pierden o destruyen", dijo Saadi, un comerciante que trabaja en el mercado Shorja de Bagdad, que ha sufrido numerosos atentados con bomba. "Incluso el agua de los bomberos los destruye, así que pensé sobre un carne de identidad que fuera imborrable, y ese es el tatuaje".

La Muerte Vence al Tabú
En Iraq, se ha convertido en esto: Enfrentados al espectro omnipresente de la muerte, un número creciente de personas, principalmente hombres chiíes, están dispuestos a contravenir el tabú sociológico para buscar un acomodo con ella.
Aunque los tatuajes no son exactamente haram, o prohibidos, según la ley islámica, en el Iraq moderno son mirados con el ceño fruncido. Hubo una época aquí en que hombres y mujeres llevaban tatuajes tribales, tales como marcas en las muñecas o pequeños puntos en la barbilla como un signo de belleza o por razones espirituales, para alejar los malos espíritus.
Sin embargo, en el pasado reciente los tatuajes han adquirido un nuevo papel: Eran usualmente llevados por hombres de las clases bajas y se convirtieron en un modo de identificar los cuerpos de los prisioneros en caso de que fueran torturados hasta la muerte por los gendarmes. Reprimidos por Saddam Hussein, los chiíes constituyen el grueso de las clases bajas, lo que podría explicar porqué están más dispuestos que los sunníes a dejarse tatuar.
"Creo que uso del tatuaje por gente de todas las clases sociales es algo así como un retorno a la barbarie, y eso es exactamente lo que quieren los norteamericanos, que Iraq vuelva a una época de antes de la civilización", dijo Hashim Hassan, profesor chií de la Universidad de Bagdad.
"Tanto las clases bajas como medias están haciéndose tatuajes en el cuerpo. Se da más entre hombres que entre mujeres porque se cree que los hombres son más frecuentemente atacados, así que no quieren perder los vínculos con sus familias", incluso si los matan, dijo. "Creo que llegará una época en que cada familia tendrá un tatuaje propio y serán reconocidas por ello".
La población de Iraq de 27 millones de habitantes es menor que la de California. Según un cálculo, desde la invasión norteamericana de 2003 han sufrido muertes violentas unas 601 mil personas, el equivalente de la pérdida de Long Beach y Thousand Oaks.
Iraq ha sido durante un largo tiempo un país violento y peligroso, pero la tasa de defunciones se ha cuadruplicado desde la invasión, y la violencia se ha hecho mucho más arbitraria que cuando el régimen de Hussein atacaba a sus ciudadanos por delitos reales o imaginarios, grandes o pequeños.
Aunque el nivel de violencia se ha reducido desde el verano pasado, los iraquíes todavía viven con una falta de seguridad personal que es casi inconcebible en cualquier otra parte del mundo. El simple acto de ir al mercado, a la mezquita o a la universidad es una empresa con riesgo de vida. Sin embargo, continúan llevando sus vidas, con pequeños ajustes, como los tatuajes.
Para los artistas del tatuaje, este se ha convertido en un negocio rentable, aunque se realiza en gran parte en la oscuridad, en sótanos sin letreros, en casas o en tiendas que, en sus fachadas, ofrecen otros servicios.
El artista Adil abu Salam, 45, un iraquí graduado de una academia de bellas artes y que trabajaba en tatuajes en el Líbano, donde su arte goza de más aceptación, se reúne con sus clientes en la tienda de ropa de un amigo en el barrio chií de Karada. Volvió a Iraq en 2004, después del derrocamiento de Hussein.
En los últimos meses, el público es cada vez más numeroso, dice Abu Salam. "Al principio, la gente lo usaba como elemento de embellecimiento. Ahora están pidiendo símbolos especiales, signos, colores y dibujos. La cantidad de gente que pide tatuajes ha aumentado debido a la mala situación de la seguridad".

Influencias Occidentales
Por supuesto, no todos los tatuajes se hacen puramente por motivos mortales. Posiblemente en respuesta a la influencia occidental, que va desde la presencia de guardias de seguridad occidentales fuertemente tatuados hasta imágenes de famosos norteamericanos tatuados en la televisión por satélite, algunos iraquíes están haciéndose tatuajes por razones cosméticas, con diseños para tipos rudos, como escorpiones o arañas. Las chicas adolescentes se están haciendo tatuajes en secreto, y Abu Salam está enseñando a una artista para que trabaje con ellas, "especialmente en algunos lugares del cuerpo", dijo.
Pero él y otros creen que el interés por poder ser identificados en caso de muerte sigue siendo la principal razón por el incremento del negocio. Los precios de Abu Salam empiezan a los treinta dólares -el salario de una semana para un iraquí promedio-, y puede llegar hasta ciento cincuenta dólares por el profundo tatuaje que piden los clientes cuando lo que quieren es un elemento de identificación.
"Me siento muy triste y me apena saber cómo estamos pensando, que queremos ser identificados después de nuestra muerte", dijo Saadi, el hombre tatuado recientemente. "Pero en nuestro país los métodos de asesinato son bárbaros, y el blanco es gente inocente".

christian.berthelsen@latimes.com

Raheem Salman y Zeena Karee contribuyeron a este reportaje.

30 de abril de 2007
20 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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1 comentario

Anónimo -

Dios les bendiga!
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