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entrevista con juan castellanos


Juan Castellanos, guerrillero en Cuba con el Che y en Argentina con Masetti. “Si el Che llegaba a la Argentina, o nos mataban o hacíamos una gran revolución aquí”. Castellanos combatió en Cuba con el Che, quien lo incorporó a su proyecto latinoamericano. Integró la guerrilla de Masetti en Salta, donde cayó prisionero como ciudadano peruano. Tras 47 años regresó de visita a la Argentina.


[Adrián Pérez] Argentina. ¿Qué recuerdos tiene de su infancia en Cuba?
Mi papá era peón agrícola; apenas ganaba para comer. Mi mamá era ama de casa; lavaba y planchaba para la calle, “despalillaba” tabaco y hacía el dulce de leche que yo vendía a los ocho años. Todos los días comíamos “sota, caballo y rey”. Éramos cinco hermanos, y aunque sólo los dos más chicos íbamos a la escuela pública, ella no podía comprarnos el uniforme. Un día me dijo: “No quiero que tu hermana sea prostituta ni criada”. A los 11 años tuve que dejar de estudiar, pero me gradué en la universidad de la calle. Fui comerciante y cuentapropista hasta que me fui para la Sierra Maestra.

¿Qué fue lo que cambió en usted al leer “La Historia me absolverá”, texto donde Fidel Castro emprende su propia defensa mientras es juzgado por el asalto al cuartel Moncada?
La Guardia Rural y la policía les pegaban a los trabajadores y a los campesinos. Nunca me gustaron las injusticias, aunque en realidad era un analfabeto político. Pero el asalto de Fidel al Moncada me golpeó. En ese histórico alegato Fidel hizo un recuento de lo que sucedía en Cuba. Y me metí de lleno en el Movimiento 26 de Julio.

¿Cómo llegó a reunirse con el M-26?
Viviendo en Camagüey me fui por mi cuenta a la sierra. Pero cuando llegué me viraron para atrás porque no llevaba armas. Entonces regresé a buscar dos fusiles 22. Cuando iba a subir me mandaron para Santiago de Cuba, donde estuve en la clandestinidad hasta el 2 de febrero de 1958. Como premio por unos trabajos que hice en una habitación secreta y soterrada donde se guardaban las armas, me mandaron para la Sierra Maestra, donde estaban las tropas de Fidel. Ahí conocí al Che.

Aunque se había encontrado con el hombre que acompañaría en la victoria, la primera impresión del Che lo decepcionó.
En Cuba conocíamos a Hugo del Carril, Carlos Gardel o Luis Sandrini, porteños que en las películas decían: “¿De qué te la das?”. Esa era la impresión que teníamos de los argentinos.

¿No encajaba en esa imagen? ¿Qué pensó al verlo?
¿Cómo era posible que hablara pausado y bajito cuando los argentinos lo hacían fuerte y claro? Además, era delgadito. Aunque lo hacía más alto, teníamos la misma estatura. Tuvimos varios choques, porque, cuando creo tener la razón, no me callo. Pero él sabía escuchar. Me dejaba protestar, y cuando no convenía lo que uno pensaba, me decía “cállate”.

Más allá de las jerarquías (y los choques) trabaron una profunda amistad.
(Alberto) Granados pensaba que yo era uno de los cubanos que más lo habían interpretado como persona. Parece que el Che vio en mí alguna madera. Aunque trabajaba, me gustaba el ron, era mujeriego y jugador. Cuando lo conocí dejé todas esas cosas, menos las mujeres y el ron (risas).

¿Cómo comenzó en la guerrilla?
Pertenecía a una escuadra que más tarde pasó a ser la columna invasora del Che. Las fuerzas de Batista habían comenzado una gran ofensiva con diez mil efectivos. Nosotros seríamos 300. El problema de la guerrilla no es combatir sino sobreponerse al frío, al hambre, a las largas caminatas, al peso de las mochilas. Si uno era cobardón, cuando empezaban los tiros se te quitaba el miedo.

En cierta ocasión, el Che lo castigó por abandonar su escuadra sin permiso.
“¿Qué hacés acá? ¡Mandé a tu escuadra a una misión y vos estás aquí!”, me dijo. Esperó a que regresaran mis compañeros y me hizo un juicio. De la Sierra Maestra salí desarmado y como enfermero, porque sabía aplicar inyecciones. Le pregunté: “¿Che, usted cree que pueda ganarme nuevamente el fusil?”. Yo no había ido a la Sierra a cargar mochilas, lo haría si volvía a ganarme el fusil. Entonces dijo: “Quédate ahí que sos útil”. Y ahí me quedé. Empecé de chofer del Che en Cabaiguán. En Santa Clara me puso como jefe de la Comandancia. Camilo (Cienfuegos) estaba atacando Yaguajay. Regresábamos de allí cuando el Che me preguntó: “Si quedás vivo, ¿qué pensás hacer?”. “Irme para el carajo porque no me gusta que me manden tanto”, contesté. Pero me la guardó.

¿Por qué dice que “se la guardó”?
Cuando terminó la guerra, vivíamos con el Che en La Habana, en la misma casa. Un día me dice: “¡Por fin te vas para el carajo!”. “Si usted cree que soy útil me quedo, si no, me voy”, respondí. Como no contestó, me quedé.

¿Recuerda el día que entraron a La Habana?
La escolta del Che éramos (Harry Villegas Tamayo) “Pombo”, sobreviviente de Bolivia; Hermes Peña, que murió en Salta; (Jorge) Argudín, quien actualmente está en La Habana; y yo. Nos acompañaba Aleida (March). Llegamos en un Chevrolet que tomamos a los servicios de inteligencia de Santa Clara. Durante el viaje a La Habana el Che nos había nombrado jefes de escuadra. A Villegas lo puso de jefe de pelotón (el jefe de escuadra era primer teniente, el de pelotón era capitán y el de columna era comandante: los tres grados militares que había en la guerrilla). No nos advirtió que ya éramos oficiales.

¿Y cómo tomaron la ciudad?
Aunque Batista se había ido, el 1º de enero combatimos en Santa Clara. Fidel había hablado con el Che para que le avisara a Camilo que se adelantara a tomar Columbia (N. d. R: Fulgencio Batista residía en esa ciudad y desde allí escapó hacia República Dominicana en avión). Al Che le dijo que fuera a tomar La Cabaña, segunda fortaleza en importancia de la capital. Camilo entró a la ciudad en la madrugada del 2 de enero y nosotros en la madrugada del 3. El 8 llega Fidel a Columbia (hoy ciudad Libertad), que ya había caído. Así fue como nos apoderamos de La Habana.

¿La visita a Tropicana existió realmente o fue parte de un cuento que el mito de la Revolución Cubana echó a rodar?
Yo fui el de la idea de visitar Tropicana. Cuando el Che se dormía, le robaba el carro y nos íbamos al cabaret. A Pombo y a mí nos metió cinco días presos por robarnos el carro. A Hermes y a Argudín tres. Un día le pregunté a Pombo por qué nos metía cinco días, y a los otros, tres. “¡Mira que sos bruto, Alberto! Tú y yo tenemos séptimo grado y somos del pueblo. Ellos son semianalfabetos y de la Sierra Maestra”, respondió.

Luego el Che le dio a usted una casa en La Cabaña, donde se celebró una boda.
Me preguntó si podía casarse allí. Le dije que cómo no iba a poder hacerlo si me había asignado la casa. En la boda estaban Raúl (Castro), Fidel y Camilo y todos los comandantes que viajaron en el “Granma”. Yo era primer teniente, nada más. Me llaman a la hora de firmar; estaba por fuera del grupo. El Che había elegido como testigos del casamiento a Fidel, Raúl y a mí.

Por lo que comenta, fue una reunión íntima. ¿Cómo fue la ceremonia?
Muy sencilla. Me quedé con todo lo que sobró (risas). Una vez, registrando una casa, encontré dos cajas de sidra. A Aleida, que iba con nosotros, le digo: “Vamos a hacer un negocio. Agarro una caja, porque me voy a casar, y te guardo otra para cuando tú te cases”. El día de la ceremonia Camilo me preguntó qué tenía para la boda. “Una caja de sidra que me robé, si el Che se entera caigo preso”, dije (risas). Camilo pidió a los otros comandantes que llevaran cerveza. La fiesta se celebró con esas bebidas y una torta.

¿Qué tareas desempeñó cuando la Revolución empezaba a consolidarse?
El Che comenzó a dirigir el Banco Nacional y tuvo que dedicarse más a la burocracia que a la acción. Lo único que hacía yo era joder. Un día le dije: “Doy la vida por usted, pero estar todo el día aquí sentado no me gusta”. Le conté que había sido comerciante y le pedí que me pusiera en una fábrica. Terminé como administrador de la Fábrica Cubana de Tejido. Luego me envió a estudiar a la Escuela de Administradores del Ministerio de Industria, que él había creado. En el ’62, estando en la escuela, le cuento a Villegas que iba a ver al Che porque me parecía que se iba. Villegas me dice: “Le avisas que también me voy”. Le pregunté al Che: “¿Cuándo se va?”. “¿Por qué me preguntás eso?”, quiso saber. Insistí: “Hermes está desaparecido y usted es el único que sabe dónde está. Vengo a decirle que me voy con usted a cualquier lado”. “Vamos a tenerlo en cuenta”, contestó.

Cumplió con su palabra cuando lo mandó a llamar un año más tarde.
En agosto del ’63 estaba de guardia en la Escuela de Oficiales de Matanza. Era domingo. A las doce de la noche llegó un telefonema. Tenía que ver al Che en el Ministerio de Industria. “¡Coño, si no me he emborrachado el fin de semana ni me he escapado con nadie! ¿Para qué carajo me manda a buscar?”, pensé. Llegué asustado. Le pregunté a (José Manuel) Manresa, jefe de despacho, si había algún problema. “Que yo sepa, ninguno”, dijo. Lo primero que me preguntó al entrar fue: “¿Recordás hace un tiempo lo que me prometiste? Recordá”, insistió. Enseguida le pregunté cuándo nos íbamos; me cortó diciendo: “Párate, que son veinte años peleando y vos estás recién casado y embollado (enamorado)”. Al rato lo convencí y me indicó: “Vas a ir a un lugar y vas a encontrar gente conocida. No te vayas a disfrazar de indio porque no lo sos. Inventa un cuento bastante verosímil para que te le pierdas un tiempo a la familia y no estén jodiendo por aquí. Y vas a ser el jefe hasta que llegue”. Me adelantó que Villegas no me acompañaría porque adonde iba no había negros. En el entrenamiento tuve que imitar la firma del pasaporte de Raúl Dávila Sueyro, un muchacho peruano que estaba estudiando en Cuba.

¿Qué itinerario siguió hasta llegar a Argentina?
Viajé hasta Praga donde agarré el pasaporte de Dávila. Luego fui a Roma, Lisboa, Dakar, Río de Janeiro, San Pablo, Curumbá, Santa Cruz de La Sierra, La Paz y Cochabamba. En Tarija contacté a (Jorge Ricardo) Masetti, a quien conocía de La Habana. El y Hermes eran los únicos que sabían quién era yo. Aunque fui segundo jefe y jefe de la escolta, me incorporé al EGP (Ejército Guerrillero del Pueblo) como aspirante a combatiente. Mi misión era esperar al Che en Bolivia. El venía en el ’63 para pasar a Argentina.

¿Cree que hubo un exceso de confianza en el desembarco del EGP en Salta?
Cometimos el error de mantenernos siempre en una zona. Eso le permitió a la Gendarmería detectarnos y prácticamente aniquilarnos. Reconocíamos el terreno y hacíamos cuevas para guardar alimentos. Sabíamos que una vez que comenzáramos a operar, íbamos a tener que andar escondiéndonos y huyendo hasta que pudiéramos dominar un territorio libre, para conectarnos con la retaguardia.

Pero fueron detenidos sin poder afianzarse del todo en una zona determinada.
Esperábamos a un grupo de compañeros cuando Henry Lerner me dice: “Vamos a La Toma”. Enrique Bollini manejaba el rastrojero. Al salir de unos árboles, en el camino chocamos con una patrulla que iba de civil. “Me jodí”, pensé. Querían saber dónde estaban los demás. Les explicamos que andábamos solos, cazando. El río estaba crecido. “Nos van a fusilar”, le dije a Henry. Nos ordenaron que nos sentáramos. Cuando observé que nos iban a montar en los camiones, le pedí a Henry una dirección en Córdoba que no comprometiera a nadie. “Sol de Mayo 125”, susurró. Nunca lo anoté. Eso fue el 4 de marzo de 1964, sobre las seis y media de la tarde.

¿Sólo con esa dirección justificó su presencia en Argentina?
Cada vez que me daban una paliza, daba una nacionalidad distinta. Primero era español, después mexicano, hasta que dije que era peruano. Les di la dirección de Córdoba, donde funcionaba un albergue de estudiantes universitarios. Con el nombre que di Interpol confirmó la existencia de Raúl Moisés Dávila Sueyro.

En el penal de Villa Las Rosas, usted protagonizó una huelga de hambre porque fue encarcelado sin haber sido acusado de ningún delito.
El fiscal Alberto Velarde no quería acusarnos y le metimos una huelga de hambre de ocho días. (Arturo Humberto) Illia estaba de presidente. La prensa comenzaba a hablar de los guerrilleros en huelga de hambre. Hasta que Velarde nos acusó. El general (Julio Argentino) Alsogaray nos entrevistó y nos dijo: “Ustedes se salvaron porque el jefe del Regimiento los presentó ante la prensa”. Al llegar a Orán, el jefe del Regimiento llamó a los periodistas. Fotografiaron a (Oscar) del Hoyo, a Fernando (Alvarez), que acaba de incorporarse, a dos “pungas” que nos infiltraron, y a mí. Uno de los prisioneros era Federico Frontini, hijo de un abogado y periodista de Buenos Aires. Henry Lerner era hijo de un comerciante de Cosquín. Uno de los muchachos infiltrados dijo: “Les presento al primer cubano”. “Yo no soy cubano, soy latinoamericano”, me salió.

Habrá pensado que había llegado al final.
En los interrogatorios me enseñaron una foto de Fidel, me preguntaron si lo conocía. Dije que no. Después me enseñaron una foto del Che. “No lo conozco, sé que es el Che Guevara pero nunca lo he visto.” Así me mantuve siempre. Hubiera sido un buen boxeador. Mira que me pegaban y no me tiraban al piso. Salí fortalecido porque a golpes no hablo. Me podrían haber ofrecido dinero para que los traicionara pero no tengo precio. Son momentos en los que se prueban las bases de los principios; te das cuenta de que eres capaz de morir por una idea.

¿Cuándo supo que Hermes Peña había muerto?
Me dan una paliza grande. Al amanecer me llevan ante su cadáver y me obligan a meterlo en el cajón. Tenía el brazo izquierdo completamente partido. Cuando lo levanté estaba rígido. Su cuerpo estaba acribillado a balazos pero no se veían las heridas por la ropa que llevaba puesta. Cuando leí la noticia sobre el asesinato del Che en El Tribuno de Salta, no lo podía creer.

Con motivo de su muerte se publicaron fotos de la boda del Che donde usted estaba.
Un preso salteño me reconoció en una foto donde estaba con barba y uniforme: “Este sos vos”, dijo. Yo estaba cagado. “Si fuera ese tipo, el alcalde tendría que pedirme audiencia”, contesté. Al tipo le decían “el Indio”; se calló la boca. Lo recordé en la entrevista que me hicieron en Salta (N. d. R: durante el rodaje de Alberto Castellanos, la vanguardia del Che en Orán). Si está vivo, sabe que lo estoy mentando y reconociendo que no me delató.

Finalmente, lo liberaron el 14 de diciembre de 1968.
Salí en libertad condicional a las dos de la tarde. Me llevaron a la policía, a Inmigración. Querían deportarme a Perú. Como no tenía documentos, mis abogados lograron un permiso para presentarme al día siguiente. El abogado Farat Salim organizó un “motivito” allí y salimos con el doctor Gustavo Roca y el doctor Horacio Lonati. Llegamos a Córdoba al amanecer. Al día siguiente ya estaba en manos del Partido Comunista Argentino. Con una cámara fotográfica que habíamos logrado meter en la cárcel me sacaron una foto y me hicieron la cartilla de colimba. Salí con ese documento para Buenos Aires el 17 de diciembre, escoltado por un agente del PC. Antes de llegar a la Terminal de Buenos Aires nos bajamos. Fuimos a una cafetería, el agente llamó por teléfono, vino un auto con un chofer y una muchacha y me llevaron a otro lugar. Volvieron a llamar, vino otro auto con otro chofer y otra muchacha y me metieron en una casa de familia. El 24 de diciembre del ’68 cruzamos el Río de la Plata.

...Y su familia se enteró de la misión en Argentina diez años después.
Una de mis hijas había empezado a estudiar ruso en los Camilitos. Un día me dice: “Papi, ¿cómo se dice ‘jugar’ en ruso?”. Le dije que no sabía ruso. “¡Papi, mira que eres bruto! ¡Cinco años en la Unión Soviética y no sabes hablar ruso!”, respondió. Aquello me hirió tanto... Entonces senté a las mellizas y a la madre. Les dije que no podían contar nada de lo que iba a decirles porque, hasta que no lo dijeran oficialmente, era secreto. Terminada la historia sobre Argentina salimos llorando los cuatro.

Hay quienes señalan que haber llevado la guerrilla a Salta fue, al menos, una utopía del Che.
¡Ninguna utopía! Estábamos creando las condiciones para cuando él llegara. Teníamos órdenes de tratar de no combatir, explorar el terreno y no incorporar a ningún campesino mientras no estuviéramos combatiendo. Si el Che hubiera llegado a Argentina, o nos mataban a todos o terminábamos haciendo una gran revolución aquí. El tenía una gran confianza en la juventud. Ustedes estaban muy politizados y lo hubieran seguido sin dudar.

¿Cuáles fueron sus sensaciones durante este regreso a Argentina?
Sentí una emoción muy grande. Conocía Argentina por dentro pero no por fuera. Fui a la Quebrada (de Humahuaca) en Jujuy y a Chaco. Conocí el Paraná. La ciudad de Salta y la de Jujuy se parecen a Las Tunas, donde nací. La Habana se parece a Buenos Aires, con su bullicio y su gente en las calles. Los caribeños y los sudamericanos tenemos características similares, no somos europeos. Regresé a la cárcel y recordé cómo era la celda, la comida. En Orán me acordé cuando pasé por el río Bermejo, con el agua hasta la cintura y el fusil en la mano. Me emocioné en la selva cuando entramos por un terraplén hacia un sitio boscoso parecido al lugar donde había estado. ¡Figúrate, a tantos años! La otra vez había llegado como guerrillero, escondido. Ahora llego filmando, como artista.
13 de diciembre de 2011
12 de diciembre de 2011
©página 12
 

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mercosur investigará plan cóndor


Mercosur recopilará datos del "Plan Cóndor". Grupo técnico se abocará la "obtención de datos, información y relevamiento de archivos de las coordinaciones represivas del Cono Sur". Lo anunció Argentina.
Argentina. El Mercosur, bloque integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, acordó crear un grupo que recolectará información sobre el "Plan Cóndor", como se denomina a la coordinación represiva de las dictaduras del Cono Sur en los años setenta, representada en Chile por Augusto Pinochet.
Se trata de un grupo técnico que se abocará la "obtención de datos, información y relevamiento de archivos de las coordinaciones represivas del Cono Sur", según informó en un comunicado la Secretaría de Derechos Humanos de Argentina, país que el próximo día 20 asumirá la presidencia semestral del bloque suramericano.
La creación de este grupo fue propuesta por Argentina y aprobada el pasado día 1 en la XX Reunión de Altas Autoridades de Derechos Humanos y Cancillerías del Mercosur, realizada en Montevideo.
Las autoridades argentinas destacaron que ésta "es la primera vez que se resuelve formalmente la cooperación entre los países del Mercosur para efectuar un trabajo conjunto de investigación sobre la actividad represiva coordinada entre las dictaduras que asolaron el Cono Sur" americano.
El "Plan Cóndor" consistió en la coordinación de tareas de represión ilegal entre los Gobiernos de facto de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Perú durante la década de 1970.
Además de sus cuatro socios fundadores, el Mercosur tiene a Venezuela en proceso de adhesión plena al bloque y cuenta entre sus miembros asociados a Chile, Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador.
9 de diciembre de 2011
8 de diciembre de 2011
©la nación

nadie escapó del plan cóndor


"Ninguna dictadura fue ajena al Plan Cóndor".
Brasil. "Eduardo Luis Duhalde nos trajo de Argentina la propuesta de crear la Operación Paloma para la integración regional a través de los derechos humanos. Estamos confiados en que recibiremos colaboración de Argentina" para develar la participación brasileña en el Plan Cóndor. La ministra de Derechos Humanos, Maria do Rosario Nunes, transmite convicción al hablar con este diario luego de participar en la ceremonia. "Esta comisión tendrá también la misión de investigar al Cóndor, tenemos instrucciones de hacerlo y está la decisión política de la presidenta... se abre una nueva situación histórica en Brasil, está comenzando una nueva narrativa, las violaciones de los derechos humanos no quedarán en el olvido."
El gobierno de Dilma sacó pecho ayer en el acto en el Palacio del Planalto por haber sancionado, tras sólo once meses de gestión, una ley a la que no se le animó ningún mandatario democrático desde 1985. A paso lento, Brasil comienza así a igualarse a los países de la región, pero por lo que se comentaba ayer entre los ex presos políticos y familiares de los desaparecidos esto es sólo el comienzo.
"Todavía hay mucha resistencia militar y poca voluntad de contribuir con la apertura de archivos, vamos a tener que pelear mucho para conocer la verdad y después llegar a la Justicia, como en Argentina, para nosotros el apoyo de los demás países será importante", razona Iara Xavier Pereira, con los nombres de sus dos hermanos y marido muertos por la dictadura estampados en su remera blanca. Diplomáticos de los países del Mercosur fueron convidados a la ceremonia, donde la delegación argentina estuvo encabezada por el secretario de Derechos Humanos, Duhalde.
"Propuse hace un mes crear una comisión del Plan Cóndor para el intercambio documental en el Mercosur, ahora tenemos una reunión en diciembre y espero allí presentarlo formalmente, es fundamental intercambiar los archivos e invitar a Chile a hacer lo mismo", cuenta el funcionario argentino.
A unos pocos metros de él pasan los tres comandantes de las fuerzas armadas brasileñas, los mismos que en 2009 llegaron a amenazar con renunciar a sus cargos cuando Lula presentó el primer proyecto de Comisión de la Verdad. Por lo que trascendió, ahora aceptaron la comisión a regañadientes, pero siguen negando la existencia de archivos sobre la guerra sucia y asegurando la participación secundaria en el Cóndor.

¿Brasil fue un actor secundario en el Cóndor?
Mi impresión es que no, sobre todo si tenemos en cuenta la colaboración prestada por Brasil a la represión argentina, los secuestros de argentinos que estaban en tránsito por Brasil y de brasileños secuestrados en Argentina, como se dijo esta semana en notas de Página/12. Creo que ninguna dictadura del Cono Sur fue ajena al Plan Cóndor. Son los brasileños los que tienen que iluminar esta etapa, pero yo creo que no hubo socios secundarios.

¿Existió un Cóndor diplomático?
Creo que las cancillerías fueron un elemento coadyuvante del Plan Cóndor, y no sólo contando con la diplomacia de nuestros países, sino con la diplomacia del Departamento de Estado norteamericano.

Bajo la conducción de Henry Kissinger...
Del señor Kissinger y también del general Vernon Walters.

Después de hablar con ministros brasileños, ¿cree que irán a fondo?
El gobierno argentino es muy respetuoso de los tiempos de los procesos políticos de los países del Mercosur. Los argentinos somos conscientes de que hemos avanzado muchísimo, pero es cierto que el número de víctimas que hubo en Argentina es muy superior a los otros países del Cono Sur. Me parece muy importante esta Comisión de la Verdad, es fruto de las convicciones y de la decisión política de la presidenta Rousseff, yo le he traído el abrazo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y también la congratulación por la medida. Creo que la presidenta Rousseff ha avanzado bastante y es de esperar que esto no se quede aquí, que la comisión llegue a conclusiones importantes y permita que la sociedad tome conciencia de lo que significó el terrorismo de Estado en Brasil.
[Foto viene del blog Memoria Viva.]
19 de noviembre de 2011
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brasil ya tiene comisión de la verdad


La presidenta Dilma Rousseff promulgó ayer la ley que busca aclarar la represión. Después de años de resistencia militar, se logró inaugurar una comisión de siete funcionarios que podrá exigir ver los archivos, indagar testigos y pedir análisis forenses para aclarar desapariciones y asesinatos de la dictadura militar.
[Darío Pignotti] Brasilia, Brasil. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, promulgó ayer la ley que crea una Comisión de la Verdad que investigará violaciones de los derechos humanos, torturas y asesinatos durante la dictadura militar (1964-1985).
La comisión, que no tendrá funciones punitivas, fue aprobada en octubre por el Congreso. Contará con siete integrantes elegidos por Rousseff, con un plazo de dos años para exigir documentos públicos, indagar a testigos y solicitar análisis forenses para identificar los restos de desaparecidos políticos.
Sin embargo, el grupo no podrá castigar a los responsables, fueron beneficiados por la Ley de Amnistía dictada en 1979 por el último presidente del régimen militar, el general Joao Figueiredo. El proyecto fue aprobado en votación simbólica por el Senado el 25 de octubre pasado, tras intensas negociaciones con las Fuerzas Armadas. La oposición, entre ellos el Partido de la Socialdemocracia Brasileña y Demócratas, apoyó el proyecto, pero introdujo modificaciones como la que contempla que la comisión tenga entre sus integrantes a representantes de las Fuerzas Armadas o víctimas de atentados guerrilleros. Para evitar asperezas con los militares, del texto de la propuesta se quitaron expresiones como represión política y el período de investigación se amplió de 1946 a 1988. El consenso legislativo fue reivindicado ayer por Rousseff como una prueba de madurez democrática y un gran avance en la consolidación de las instituciones. Durante la ceremonia de promulgación de la norma, Rousseff destacó que la comisión permitirá que el país nunca más vuelva a vivir sin democracia. "Para que los hechos que mancharon nuestra historia nunca más vuelvan a ocurrir, es necesario que se conozca la verdad", remarcó la mandataria en el Palacio del Planalto. Con los jefes de las Fueras Armadas y ministros en el auditorio, la presidenta, que fue presa política durante la dictadura, rindió tributo a los que lucharon y perecieron por la democracia durante los años de dictadura, y rechazó que el armado de la comisión pueda estar movido por un espíritu de venganza.
Aunque está claro que la comisión no tendrá efectos punitivos, miembros del Comité por la Memoria, la Verdad y la Justicia de San Pablo consideraron que la investigación puede resultar un paso hacia la apertura de procesos. Tras la promulgación, la ministra de Derechos Humanos, Maria do Rosario Nunes, expresó su deseo de que Argentina haga su aporte en las investigaciones que tengan relación con el llamado Plan Cóndor, que coordinó a las dictaduras en los años los años ’70.
"Esperamos; estamos confiados en que recibiremos colaboración de Argentina. Hablé de eso con el secretario de Derechos Humanos Eduardo Luis Duhalde", relató Nunes. La ministra subrayó que hay voluntad política en el gobierno para avanzar en las investigaciones del Plan Cóndor. Desde Ginebra, en tanto, la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, celebró la sanción presidencial, que destacó como un avance que pone de manifiesto el compromiso de Brasil en el tratamiento de los derechos humanos a nivel nacional.
"Es un primer paso esencial y muy bienvenido para curar las heridas del país y aclarar las injusticias del pasado", resaltó la funcionaria sudafricana. En un comunicado, Pillay instó a Brasil a adoptar medidas adicionales para facilitar el procesamiento de los supuestos responsables por violaciones pasadas a los derechos humanos, aunque ese paso exige derogar la Ley de Amnistía de 1979 o declararla inaplicable. Para la representante de la ONU, el trabajo de la comisión incluye escuchar testimonios de las víctimas. "A menudo son dolorosos, debería ayudar a los brasileños a entender y reconocer su propia historia, que hasta ahora ha sido frecuentemente cuestionada o negada", afirmó.
19 de noviembre de 2011
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brasil busca su verdad


Sancionan la ley para investigar los crímenes de la última dictadura. Brasil comienza a buscar su verdad. Investigar los crímenes del terrorismo de Estado es prioritario para la política de derechos humanos del gobierno de Dilma, quien sufrió sus efectos durante los dos años en que estuvo presa y sometida a torturas.
[Eric Nepomuceno] Río de Janeiro, Brasil. Todo fue preparado para una sesión solemne. La invitación al acto, expedida por la Secretaría Nacional de Derechos Humanos de la Presidencia de la República, recuerda que la sanción de la ley que crea la Comisión de la Verdad, por parte de Dilma Rousseff, "significa la consolidación de la democracia y de los derechos humanos", y que se trata de "un momento histórico".
Así que hoy, día de la sanción, momento histórico, Dilma cumple con lo que prometió el 1o de enero, cuando asumió la presidencia. Investigar los crímenes del terrorismo de Estado es una de las prioridades de la política de derechos humanos del gobierno de quien sufrió directamente sus efectos, durante los dos años en que estuvo presa y sometida a torturas de todo tipo. Pero se trata de algo más complejo. Se investigarán crímenes contra los derechos humanos cometidos durante la dictadura que sojuzgó al país entre 1964 y 1985, pero ese terrorismo de Estado quedará impune. Asegurar esa impunidad fue condición impuesta por los militares para que hubiese acuerdo con su antecesor, Lula da Silva. Y Lula, quizá el presidente con mayor respaldo popular de la historia de Brasil, se tragó esa imposición.
También hoy se espera que Dilma anuncie los nombres de los siete miembros que integrarán la comisión. Hay expectativa en relación con esa lista. Acorde a los términos que Dilma sancionará serán brasileños, "de reconocida idoneidad y conducta ética, identificados con la defensa de la democracia y de la institucionalidad constitucional, como con el respeto a los derechos humanos".
Esa obviedad –¿alguien pretendería nombrar a brasileños de reconocida conducta inmoral e identificados con la agresión a la democracia para semejante tarea?– le fue impuesta por el sector más derechista del Congreso, no por casualidad heredero de la dictadura. Ha sido una forma de impedir que quienes hayan participado de la lucha por la amnistía o que hayan defendido la revisión de la ley que aseguró impunidad perpetua para los represores (una aberración jurídica, bajo la luz de acuerdos internacionales firmados por Brasil) sean llamados para investigar el terrorismo de Estado. Queda abierta la posibilidad de que los sectores más recalcitrantes de las fuerzas armadas, a través de sus propuestas en el Congreso, traten de vetar a quien no sea considerado, bajo su óptica peculiar, imparcial.
En los últimos días, grupos de defensores de los derechos humanos y de familiares de víctimas de la represión elaboraron una lista de nombres, que ha sido formalmente enviada al despacho de Dilma, como sugerencia para el nombramiento de la Comisión de la Verdad. Hay juristas, altos funcionarios del Poder Judicial, profesores universitarios, abogados, viudas de muertos por la represión. João Vicente Goulart, hijo de Jango Goulart, el presidente constitucional depuesto por el golpe de 1964, está en una de esas listas. Aunque hasta la noche de ayer los nombres efectivamente seleccionados por Dilma fuesen un misterio, parece obvio que nadie directamente relacionado con víctimas de la represión integrará la lista efectiva. Serían vetados por los voceros de los cuarteles en el Congreso.
Durante la tramitación del proyecto de ley fueron muchos los grupos y organizaciones que propusieron enmiendas para que, además de investigar, la comisión pudiese elevar sus conclusiones y denuncias a la Justicia. Todas las enmiendas fueron rechazadas.
Frente a las limitaciones de los trabajos de la comisión, muchas personalidades relevantes pidieron de manera velada que sus nombres no fuesen evaluados por el gobierno para una eventual invitación. Figuras históricas de la lucha por el derecho a la memoria y a la verdad han preferido no legitimar una comisión que no llegue a las últimas consecuencias, o sea, a la punición de los que participaron en actos de lesa humanidad.
De todas formas, se trata de un avance. Si logra efectivamente cumplir con su tarea, la comisión realizará sesiones públicas, convocará testigos y requerirá informaciones de órganos públicos, como el ejército, inclusive documentos clasificados como secretos. No habrá punición pero seguramente habrá malestar por lo que será expuesto al público. Ese resultado servirá de base, según esperan los optimistas, para lo que pueda ocurrir el día en que Brasil entienda que su ley de amnistía, decretada al cierre de las luces de la dictadura, es absurda bajo el punto de vista moral, jurídico y del derecho a la verdad y a la memoria.
De parte de Lula da Silva, Dilma Rousseff recibió un legado plagado de conquistas formidables. Pero también recibió un baúl lleno de espinas. Además de ministros corruptos, heredó la corrupción de la memoria, practicada por los sectores militares que siguen creyendo que pueden amenazar al régimen democrático constitucional y que todavía existe alguien que todavía les teme. Lula da Silva, por ejemplo.
18 de noviembre de 2011
©página 12

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el plan cóndor en brasil


Documentos obtenidos por este diario derriban el mito de los "casos aislados". Un dossier secreto obtenido por Página/12 demuestra el nivel de colaboración que existía entre las dictaduras de Brasil y Argentina, algo que en este país se da por descontado, pero que en Brasil aún genera debate.
[Darío Pignotti] Brasilia, Brasil. Cientos de documentos secretos a los que tuvo acceso este diario indican que los lazos que unían a Brasil y Argentina en el Plan Cóndor fueron intensos y continuos por lo menos desde 1975, y con cierta frecuencia antes de ello. La colaboración entre los militares argentinos y brasileños no se limitó al plano operativo. Además de facilitar informaciones o desplegando agentes para dar caza a la resistencia en ambos países, también existió una estrecha colaboración en el plano diplomático. Según muestran los documentos, una parte importante de los diplomáticos brasileños en Sudamérica reportaban al CIEX, una red de inteligencia formada en el Palacio Itamaraty en la segunda mitad de los años ’60 por Manoel Pio, quien llegó a ser secretario general de la Cancillería y a fines de los ’60 se desempeñó como embajador en Buenos Aires. Lo sucedió Francisco Azeredo da Silveira, "un hombre que avaló los secuestros de brasileños en Buenos Aires en los ’70", afirmó Jarbas Silva Marques, el prisionero político que purgó más años en las cárceles de la dictadura brasileña.
En los archivos de la inteligencia brasileña hay informes sobre las actividades del escritor Juan Gelman en Roma y sobre un viaje que al parecer realizó a Madrid "junto a Bidegain, Bonasso M. y otros dirigentes... el 17 de junio de 1978", reza el despacho incluido en un dossier del Estado Mayor del Ejército de Brasil, caratulado "Movimiento Peronista Montonero en el exterior, Accionar, Contactos, Conexiones con Grupos Terroristas, Antecedentes". El documento recoge la información que los servicios de inteligencia argentinos les pasaron a sus colegas brasileños. En el dossier del Ejército brasileño también hay detalles sobre las tareas de los exiliados argentinos en México para lograr el exilio del ex presidente Héctor Cámpora, recluido en Buenos Aires, así como datos sobre un encuentro en Beirut, el 21 de junio de 1978, entre "jefes del Ejército Peronista Montoneros (con) los servicios especializados de la resistencia palestina".
El dossier no contiene grandes revelaciones sobre los Montoneros, pero demuestra el nivel de colaboración que existía entre ambas dictaduras, algo que en la Argentina se da por descontado, pero que en Brasil aún genera debate.
"En Brasil está instalada la idea de que no hubo participación o si la hubo fue secundaria y esto es completamente ajeno a la realidad. Brasil no sólo participó sino que fue una pieza importe dentro del Cóndor", señala Jair Krischke, titular del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos brasileño, que sigue el rastro del Cóndor verdeamarillo desde hace tres décadas. "En Brasil se conoce poco y se oculta mucho, gracias a que se impidió que la Justicia investigue. Aquí todavía tenemos la Ley de Amnistía, un absurdo... y porque los militares no liberan sus archivos. Yo le diría así: quien inauguró la Operación Cóndor cuando ni siquiera se la llamaba de ese modo fue Brasil. Agentes de inteligencia brasileños secuestraron a militantes brasileños en Argentina al principio de la década del ’70. Luego, cuando el Cóndor es formalizado en Chile, por Contreras y su gente, los militares brasileños siempre tuvieron la cautela de no dejar huellas en esa coordinación, pero estaban."
"Supe que fui espiado hasta por la Stasi (policía política de Alemania Oriental), pero ignoraba que mi nombre estaba en los archivos de la dictadura brasileña, como usted está informándome ahora", dice Gelman desde México, al comienzo de la conversación telefónica. Más adelante, luego de conocer otras informaciones ocultas durante décadas en los armarios de Brasilia, Gelman pondera: "En fin, la verdad es que no parece ser tan asombroso que mi nombre figure en los documentos brasileños citados por usted, porque hubo montoneros importantes secuestrados allá, Horacio Campliglia fue uno". Se refería al guerrillero desaparecido luego de ser capturado en marzo de 1980 por agentes de ambos países en el Aeropuerto del Galeao, Río de Janeiro, para posteriormente ser trasladado a la mazmorra de Campo de Mayo.
Otras comunicaciones reservadas, éstas procedentes de la embajada en Roma, hablan de las actividades desarrolladas por religiosos brasileños ante organismos internacionales de derechos humanos, gestiones que contaban con el aval de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, en el seno de la cual hubo cardenales como Paulo Evaristo Arns, quien acogió refugiados argentinos en San Pablo.
Se observa en los despachos elaborados por diplomáticos y agentes del Cóndor brasileño una preocupación recurrente con los religiosos ligados a la Teología de la Liberación, tanto por las presiones que ésta realizaba en el Vaticano como por el supuesto "financiamiento internacional" que recibían las comunidades eclesiales radicadas en zonas rurales donde actuaba la guerrilla del Partido Comunista de Brasil.
La obsesión sobre los efectos "subversivos" de los curas "tercermundistas" reaparece en una ficha donde está escrito que los "Montoneros son la única organización guerrillera que tienen en su seno, de forma oficial, a sacerdotes con rango de capellanes".
Más adelante el mismo texto, por momentos borroso, trae informaciones del cura argentino Jorge Adur, quien ostentaba "el grado de capitán del Ejército Montonero... organización que en julio del ’78 envió una notificación al Vaticano sobre su designación".
El reporte, con sello del Ejército brasileño y presuntamente escrito por los servicios argentinos, está fechado en septiembre de 1978, casi dos años antes de la desaparición de Adur, ocurrida en junio de 1980, poco después de haber sido visto en el estado de Río Grande do Sul, hasta donde viajó para presentar denuncias ante la comitiva del Papa Juan Pablo II.
Un despacho "confidencial", generado por el Servicio Nacional de Informaciones (SNI) y el Ministerio del Ejército, aborda la presencia "de terroristas del ERP y Montoneros en Brasil", divaga sobre los motivos de la "infiltración" argentina y ordena a los miembros de las fuerzas armadas y la policía que redoblen esfuerzos para capturarlos.
Y en otro escrito reservado, del 4 de abril del ’78, el SIN, máximo organismo de espionaje subordinado directamente a la presidencia argentina, indica que los Montoneros "volverían a intensificar sus operaciones (en Argentina) durante la realización de la Copa del Mundo, buscando afectar entidades gubernamentales e interferir en las estaciones de radio y televisión".
El balance provisorio surgido de la lectura de los telegramas e informes reservados obtenidos por Página/12 es que el aparato represivo de los dictadores, particularmente de Ernesto Geisel (gobernó entre 1974 y 1979) y Joao Baptista Figueireido (1979-1985), tipificaba a la guerrilla argentina como una amenaza a la "seguridad nacional" brasileña (tal como consigna textualmente en algunos mensajes).
Algunas de las primeras acciones terroristas binacionales habrían ocurrido en Buenos Aires, en 1970 y 1971, cuando en dos operativos coordinados con Brasil fueron secuestrados, primero, el ex coronel nacionalista Jefferson Cardim y más tarde el guerrillero Edmur Pericles Camargo, hasta hoy desaparecido. Según un telegrama fechado en Buenos Aires en 1971, obtenido por este diario en el Archivo Nacional de Brasilia, la captura de Pericles Camargo fue monitoreada por la embajada brasileña, cuyo titular era Antonio Francisco Azeredo da Silveira.
"En el Archivo del Terror paraguayo estaba guardado un telegrama llegado desde Brasil hablando sobre la coordinación con Argentina y los raptos en 1980. Eso lo descubrió Stella Calloni, autora de un gran trabajo sobre el Cóndor", apunta el Premio Nobel de la Paz alternativo Martín Almada.
La estrategia de espiar, informar, capturar y eventualmente eliminar extranjeros en Brasil, y connacionales en el exterior, fue aplicada sistemáticamente por el aparto militar-diplomático montado poco después del golpe contra el presidente democrático Joao Goulart, en 1964, sostiene Almada.
"Los brasileños veían a los demás países del cono sur como su patio trasero, y lo querían disciplinado dentro de su plan de guerra al comunismo, y en función de ella secuestraron y asesinaron a disidentes paraguayos a pedido de (Alfredo) Stroessner, que les retribuyó haciendo igual, colaborando en la persecución de brasileños en Paraguay. He visto varios telegramas venidos de Brasil pidiendo la captura de Carlos Maringhela (líder guerrillero). Brasil fue bien disimulado, trabajó con eficacia, sin dejar huellas dentro del Cóndor, se articuló mucho con las dictaduras de Chile, Paraguay, Uruguay, Bolivia. Es lógico que debe haber bastante por descubrir sobre su colaboración con Argentina", declaró Almada a Página/12. "Nos falta descubrir mucho, espero que esta Comisión de la Verdad lo haga. Creo que hay voluntad de hacerlo, la presidenta Dilma Rousseff mostró coraje impulsándola, los brasileños son responsables de lo que yo llamo Pre Cóndor, y de eso no se sabe casi nada", señaló Almada.
Ciertamente, el know how de la coordinación represiva no surgió en noviembre de 1975, con la formalización del Cóndor durante la cumbre secreta de las bandas represivas estatales sudamericanas en Santiago, Chile, encabezada por el coronel Manuel Contreras.
17 de noviembre de 2011
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tío sam nos está vigilando


El gobierno de EUA junta datos de las redes sociales y la almacena en una base de datos. El nuevo proyecto de supercomputadoras está a cargo de un organismo poco conocido, Intelligence Advanced Research Projects Activity (Iarpa), que funciona bajo la orientación del director de Inteligencia Nacional de EUA.
[J. Patrice McSherry] Estados Unidos. El gobierno de los Estados Unidos, con el apoyo técnico de algunas universidades estadounidenses, quiere utilizar información "pública" que los usuarios colocan en Facebook, Twitter, páginas de web, webcams, blogs y otros medios sociales para acumular una enorme base de datos con el propósito de predecir tanto las crisis políticas, es decir, revoluciones, inestabilidad o estallidos sociales, como crisis económicas. Al igual que el Proyecto Camelot de los años ’60, este proyecto de vigilancia y espionaje estará dirigido a América latina.
El nuevo proyecto está a cargo de un organismo poco conocido, Intelligence Advanced Research Projects Activity (Iarpa), que funciona bajo la orientación del director de Inteligencia Nacional de los EE.UU. El proyecto copiará, automáticamente, por medio de supercomputadoras, datos de 21 países de América latina, por un período de tres años que comenzaría en 2012. Hay un proyecto similar para Afganistán, patrocinado por Darpa (la organización "hermana" militar, del Pentágono) para identificar redes sociales de potenciales terroristas en este país.
En 1964, la Oficina de Investigación y Desarrollo del ejército de los Estados Unidos patrocinó el Proyecto Camelot, que fue un esfuerzo de recopilación de información en el contexto de la estrategia de contrainsurgencia. Camelot fue concebido, originalmente, para tener una vasta cobertura, abarcando países en todo el mundo en desarrollo. Sin embargo, el proyecto se implementó solamente en Chile y no por mucho tiempo.
Los objetivos declarados del proyecto eran "diseñar procedimientos para evaluar la potencialidad de que se desarrollara una guerra interna al interior de las sociedades nacionales" e "identificar... aquellas acciones que un gobierno pudiese desarrollar para mitigar las condiciones favorables a ella". Bajo el camuflaje brindado por un proyecto universitario de ciencias del comportamiento, que se ubicaba en la Oficina de Investigación de Operaciones Especiales de la American University (financiada por el ejército), Camelot era un proyecto encubierto de inteligencia. Un general del ejército estadounidense afirmó que dicho proyecto "nos ayudaría a predecir la utilización potencial del ejército estadounidense en cualquier número de casos en donde la situación pudiese desbordarse".
En Chile, Camelot fue presentado como una encuesta académica, escondiéndose su relación con el Pentágono. Los investigadores encuestaron a chilenos de todos los sectores de la sociedad para establecer sus creencias políticas, su compromiso con la democracia y otra información personal y política. Según una chilena que fue entrevistada, cada persona fue luego puesta en categorías de conformidad con el nivel de peligro o de "potencial subversivo". Cuando esta persona trataba posteriormente de obtener una visa de los Estados Unidos, las autoridades estadounidenses tenían un archivo completo sobre ella, con toda la información supuestamente confidencial que ella había colocado en el formulario.
Las bases de datos de Camelot también fueron utilizadas para la guerra psicológica. Sirvieron para influir en las actitudes políticas y, de esa manera, para manipular ciertas elecciones clave. La CIA digitalizó los datos recopilados por Camelot y los analizó y utilizó para producir atemorizantes anuncios anticomunistas durante la campaña eleccionaria de 1964 de Eduardo Frei, candidato demócrata cristiano, contra el izquierdista Salvador Allende. Por ejemplo, se les dijo a las mujeres que, de ser electo Allende, sus hijos serían enviados a Cuba y sus esposos a campos de concentración. La naturaleza contrainsurgente del Proyecto Camelot fue descubierta por el gobierno chileno y fue clausurado en 1965, luego de audiencias tanto en el Congreso de Chile como en el de los Estados Unidos.
No es la primera vez que en época reciente el gobierno de los EE.UU. ha acumulado grandes cantidades de datos en proyectos de data mining (extracción masiva de datos). Durante la administración de George Bush, la National Security Agency empezó la extracción de datos de millones de ciudadanos de los Estados Unidos –de llamadas telefónicas, correos electrónicos, fax y otras fuentes– en un programa secreto sin autorización judicial, supuestamente para descubrir y vigilar a potenciales integrantes de redes terroristas. Dicha administración también trató de implementar otro enorme proyecto, que se llamó Total Information Awareness, para acumular una base de datos para buscar patrones de conducta o tendencias en los correos, llamadas telefónicas, transacciones financieras, información de visas, etcétera, supuestamente para identificar enemigos. Este programa fue rechazado por el Congreso después de que se produjera una reacción muy negativa del público.
Este tipo de proyecto tiene implicancias sumamente preocupantes para los ciudadanos, tanto de América latina como de los Estados Unidos y cualquier otro país. Es el punto de partida para una vigilancia masiva a toda la población, a través de su vida personal y social, violando su libertad personal y sus derechos. La idea de que organizaciones de inteligencia y militares estén vigilando y realizando seguimientos de los ciudadanos –todos bajo sospecha– para predecir actos de violencia en el futuro es autoritario y orwelliano, y evoca la doctrina de seguridad nacional. El aparato de seguridad nacional estadounidense parece estarse extendiendo y ampliándose fuera de control, con proyectos cada vez más intrusivos y antidemocráticos. Ahora que los ciudadanos en muchos países están cada vez más indignados con los respectivos sistemas y recurren a actos de protesta para plantear cambios económicos, sociales y políticos, se hace necesario conocer y desafiar a este tipo de proyectos.
[La autora es directora del Programa de Estudios sobre América latina y el Caribe en Long Island University, Brooklyn. Autora de ‘Los Estados Depredadores: Operación Cóndor y la Guerra Encubierta en América Latina’.]
30 de octubre de 2011
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alberto pérez pérez, juez de la cidh


Reportaje a Alberto Pérez Pérez, juez uruguayo de la CIDH. "La Ley de Caducidad no puede ser obstáculo".
Uruguay. Alberto Pérez Pérez se desempeña como juez en la Corte Interamericana de Derechos Humanos y por ser uruguayo no participó en el fallo sobre la causa Gelman. Legisladores del Frente Amplio lo consultaron sobre el proyecto sancionado en la madrugada de ayer. "Esta ley es un paso adelante", afirmó en entrevista con Página12 el profesor titular de Derechos Humanos y Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, en donde fue decano.

¿Cómo interpreta esta nueva ley?
Es una forma de dar cumplimiento a gran parte de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que determinó que la Ley de Caducidad es incompatible con el Pacto de San José de Costa Rica y carece de efecto jurídico. El fallo de la CIDH sostiene que el Estado uruguayo tiene que hacer lo necesario para que la Ley de Caducidad no sea un obstáculo a los fines de investigar y castigar a los responsables de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Y que uno de los institutos como la prescripción no sea un obstáculo. La ley que impulsó el Frente Amplio se ubicó en este punto: el de la imprescriptibilidad de los delitos. La urgencia de los legisladores tiene que ver con que el 1º de noviembre la Corte Suprema determinó que esos delitos prescriben.

Hay quienes dicen que como ya está el fallo de la CIDH no hacía falta sancionar esta norma.
Los que lo dicen son contrarios a la aplicación del fallo. Esta ley no está de más. Como dijo el senador Rafael Michelini, hijo del desaparecido Zelmar Michelini, el Legislativo estaría cometiendo una omisión si dijera que no se necesita nada más.

¿Por qué se dice que en los hechos se anula la Ley de Caducidad?
La nueva ley establece que a los efectos de la prescripción no se computará el período entre el 22 de diciembre de 1986 (en que se sancionó la Caducidad) y la vigencia de la nueva ley. Es decir, que no corre ningún día de prescripción durante estos veinticinco años. Y tampoco durante el período dictatorial (1973-1985), en el que cualquier persona que hacía una denuncia terminaba presa: en eso los jueces uruguayos coinciden en que no corría ningún plazo de prescripción. Antes, el Poder Ejecutivo tenía que decidir si un caso quedaba excluido de la Ley de Caducidad. Durante los gobiernos blanco y colorado los casos quedaban comprendidos en la ley. Con Tabaré Vázquez primero y después con José Mujica se pudieron investigar casos de violaciones a los derechos humanos. Después del fallo de la CIDH, Mujica decretó que quedaban sin efectos las declaraciones en la materia de gobiernos anteriores al Frente Amplio, con lo que abrió la posibilidad de juzgar 85 casos. Sin embargo, aunque se siguiera adelante, la prescripción podría haber actuado como freno. Por eso lo importante de esta nueva ley. Es un paso adelante sin duda.

¿Por qué la Caducidad fue ratificada en dos referendum?
Yo fui miembro de la comisión pro referéndum en 1989. No logramos convencer a la mayoría porque existía un temor de que los militares volvieran o reaccionaran, fue muy próximo a la vuelta a la democracia. Hoy el clima es distinto. En 2009 no hubo ratificación de la ley. No se pidió que se votara a favor o en contra, sino que se preguntaba si el pueblo quería anular la norma vía una reforma constitucional. No se alcanzó para el 50 más uno de los votos.

¿La próxima batalla será en la Corte Suprema?
Si alguien presenta un recurso de inconstitucionalidad a un juzgado o a la Corte Suprema tiene que alegar que la ley lo afecta y de este modo reconocer que cometió un delito. En cambio, si alguien está procesado, entonces puede presentar ese recurso.
30 de octubre de 2011
28 de octubre de 2011
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