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pakistán

servicio secreto colabora con el talibán


Entre las denuncias de un nuevo informe: es política oficial apoyar la subversión en Afganistán, y la agencia está implicada en los más altos niveles del movimiento.
[Alex Rodríguez] Islamabad, Pakistán. El poderoso servicio de inteligencia paquistaní no solo financia y adiestra a los insurgentes talibanes que luchan contra las tropas de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán, sino también tiene representación en el directorio de la insurgencia, según denuncia un nuevo informe de la London School of Economics.
Las denuncias de que el servicio de inteligencia de Pakistán, el Inter-Services Intelligence, continúa manteniendo vínculos con el Talibán afgano, no son nuevas. Pero el alcance de esa relación, según el autor del informe, Matt Waldman, es sorprendente y podría dañar la frágil alianza que Washington está tratando de cultivar con Pakistán, su estamento militar y su débil gobierno civil encabezado por el presidente Asif Ali Zardari.
Waldman, investigador de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, basa sus denuncias en entrevistas con nueve comandantes talibanes afganos así como con funcionarios de seguridad afganos y occidentales. El informe dice que brindar apoyo a la subversión del Talibán en Afganistán es política oficial del gobierno paquistaní, y que su ISI tiene mucho que decir en la Quetta shura, el directorio afgano del Talibán, llamado así como por la sureña ciudad paquistaní que se cree que es donde se refugia el directorio.
El informe afirma que, sobre la base de entrevistas, "el ISI tiene delegados en la shura, sea como participantes o como observadores, y la agencia está pues implicada en los más altos niveles del movimiento".
El informe también revela que Zardari, considerado durante largo tiempo como un estrecho aliado del gobierno de Obama en la guerra contra el terrorismo, se reunió con uno de los altos líderes talibanes capturados en Pakistán y juró procurar su libertad así como apoyar sus campañas en Afganistán.
Las denuncias del informe provocaron vehementes protestas desde Islamabad, que describió la investigación como especulativa y sin fundamento.
"Considero que el informe es muy especulativo y provocador", dijo el portavoz de las fuerzas armadas paquistaníes, el mayor general Athar Abbas. "Pongo en duda la credibilidad y autenticidad de esta investigación... No merece ningún tipo de respuesta".
Los vínculos entre Pakistán y el Talibán afgano han sido uno de los problemas más espinudos que está complicando las relaciones entre Estados Unidos y Pakistán y los continuados esfuerzos para terminar con al Qaeda y otras organizaciones islámicas extremistas en la región. Aunque Islamabad insiste en que no apoya a los insurgentes talibanes que luchan contra el gobierno del presidente afgano Hamid Karzai y las tropas occidentales, diplomáticos y comandantes militares occidentales han sospechado durante largo tiempo que funcionarios paquistaníes, particularmente en la agencia de inteligencia, no han renunciado nunca a sus lazos con el Talibán afgano.
Muchos observadores sostienen que Pakistán sigue apoyando entre bastidores al Talibán afgano como un modo de contrarrestar los intentos de su eterno rival nuclear, India, por aumentar su influencia en Afganistán y en el gobierno de Karzai.
A principios de año, Pakistán arrestó a varios importantes líderes talibanes que habían buscado refugio en Karachi y otras ciudades paquistaníes, incluyendo al segundo al mando de la insurgencia, Mullah Abdul Ghani Baradar. Sin embargo, los analistas sugieren que las detenciones, que fueron encomiadas por Estados Unidos, pueden haber tenido como propósito asegurar un lugar para Pakistán en la mesa de negociaciones cuando Occidente, Karzai y el Talibán inicien conversaciones de paz.
El calibrado enfoque paquistaní para abordar la relación con el Talibán es especialmente evidente en las áreas tribales en gran parte libradas a su propio destino a lo largo de la frontera afgana. Allá los militares paquistaníes persiguen activamente a los insurgentes talibanes que han atacado instalaciones de seguridad y a civiles, pero no se molesta a los insurgentes que se concentran principalmente en Afganistán, como la red Haqqani en Waziristán del Norte.
En el canal Al Jazeera, Waldman defendió su investigación diciendo que además de entrevistar a comandantes del Talibán afgano, había hablado con varios funcionarios de gobiernos occidentales que reconocieron sus revelaciones.
"No son acusaciones erráticas", dijo Waldman. "No carecen de fundamento, y las comparten muchos analistas de todo el mundo".

5 de julio de 2010
14 de junio de 2010
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el divorcio entre mujeres paquistaníes


Las mujeres no tienen mucho que decir cuando un hombre se quiere separar, pero no tienen demasiado espacio si el marido es un abusador pero quiere mantenerla en casa. Una vez divorciadas, a menudo pierden la custodia de sus hijos.
[Mark Magnier] Karachi, Pakistán. Zahida Ilyas se ve como toda recatada mujer musulmana, de negro de pies a cabeza, la cabeza envuelta por un pañuelo, el epítome de la modestia exterior.
Luego sus ojos brillan y su mandíbula se endurece cuando recuerda las decenas de veces que fue golpeada, vio a su marido quitarle sus cinco hijitas, divorciarse de ella sin siquiera decírselo y dejarla sin nada, incluso sin dignidad ni confianza en sí misma.
"Me podría matar y no le importaría a nadie", dice Ilyas, 32. "La policía, los tribunales, todos están a favor de los hombres. Nadie nos escucha".
El divorcio y la violencia intrafamiliar están aumentando en Pakistán y las mujeres a menudo reciben una doble mala mano, dicen expertos en asuntos de familia. Las mujeres no tienen mucho que decir cuando el hombre quiere separarse, y tienen muy poco espacio si es abusador y quiere mantenerla en casa.
Aunque las estadísticas son difíciles de conseguir en Pakistán y son a menudo poco fiables, la Fundación Aurat, que estudia los problemas de las mujeres, encontró en 2009 608 informes policiales sobre violencia intrafamiliar, en comparación con los 281 en 2008. Los expertos dicen que la mayoría de los casos no son denunciados. La violencia en los matrimonios puede llegar hasta el noventa por ciento, dice la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán. La mayoría de las mujeres no están conscientes de que son maltratadas.
En el papel, la ley de familia paquistaní es una de las más progresistas del mundo islámico, aunque todavía no incluye la violencia intrafamiliar. Pero la corrupción, la débil implementación, la ideología patriarcal y las lagunas legales dejan a menudo todas las cartas en manos de los hombres.
"El principal problema es el modo de pensar feudal", dice Zia Awan, directora de Madadgar Helpline, que ayuda a las mujeres en crisis. "Las mujeres son tratadas como muebles".
Cuando Zahida Ilyas se casó con Mohammad, un pariente lejano, en Lahore en 1999, creía que su futuro sería radiante, dijo, hojeando un álbum de cartón con instantáneas de su gran día, ella con maquillaje compacto, él envuelto en flores rojas, abrazados sobre una tarima.
No se habían hablado antes del matrimonio, que era convenido, y se ruborizó al servirle té, recordó. Entonces soñaba con una familia cariñosa y niños felices. "Tenía muchas ilusiones", dijo.
Tuvieron tres hijas, en rápida sucesión. Cuando Mohammad perdió su trabajo en ventas en 2004, sus padres lo ayudaron y él empezó a pasar más tiempo con la familia.
Empezó a golpearla, dijo, culpándola de no tener un niño. Contó que su suegra también la maltrataba, y en una ocasión la golpeó tan severamente que tuvo un aborto.
En 2004 tuvo un hijo, Saim. Pero las cosas empeoraron, probablemente porque, dijo, su marido ya tenía un heredero y no la necesitaba.
Poco después del nacimiento de su sexto hijo en el verano pasado, Mohammad se marchó a vivir con sus padres. En septiembre fue a visitarlo y a pedirle el dinero del alquiler, contó, pero él la recibió con un par de tijeras y le hizo un tajo en la muñeca.
Empezó a asistir a un taller de educación. Sin dinero para pagarse una niñera, dejaba a la bebita con sus parientes políticos. Un día de octubre llegó a casa solo para descubrir que su marido, sus parientes políticos y sus cinco hijas habían desaparecido; la casa estaba cerrada. Cuando su marido escapó, todavía tenía a su hijo, que estaba en otra escuela.
No pudo pagar el alquiler, y poco después su casero la echó a la calle con todas sus pertenencias. El casero cedió, pero sigue viviendo al día. Vive en un departamento de dos cuartos, el colchón parado, el catre roto, la ropa dispersa por el suelo. No puede comprarse gas de cocina ni comida. "Me han convertido en una pordiosera", contó.
Meses después descubrió que su marido había pedido el divorcio en agosto, sin decírselo, sin mencionar siquiera la palabra talaq ni esperar el fin del periodo de reconciliación, como exige la ley de divorcio de los musulmanes chiíes.
Finalmente se enteró dónde estaba viviendo su marido y trató de ver a sus hijas -Thooba, de 10; Fiza, 9; Maliha, 6; Maryam, 3; y Maira, 7 meses-, pero él la volvió a golpear, dijo. Muestra el informe del hospital que menciona "contusiones múltiples en piernas y espalda".
Su hijo pregunta a menudo dónde están sus hermanas. No quiere ir a la escuela, por miedo a que lo secuestren, dice. El abogado de su marido le dijo que la familia obtendrá legalmente la custodia del niño, contó.
Muchos de los detalles de la historia de Ilyas no pudieron ser corroborados, aunque las asistentes sociales dijeron que su relato no es inusual. Pakistán ocupa el lugar 124, entre 155 naciones, en el Índice de Desarrollo Humano Relativo al Género de Naciones Unidas de 2009, una medición de la posición de las mujeres en la sociedad.
Mohammad Ilyas, localizado por teléfono, dijo que se había divorciado por las leyes civil e islámica, con todos los procedimientos debidos. Dijo que su esposa le había entregado voluntariamente a sus hijas, el año pasado. Las niñas prefirieron vivir con él y son felices, dijo. El niño prefirió quedarse con su madre.
"Me arrojó cuchillos, incluso una botella, y trató de pegarme", dijo. "Yo nunca la golpeé. Sólo estuve desempleado un año, e incluso entonces recibía cincuenta dólares al mes".
Dijo que estaba dispuesto a discutir sus diferencias económicas, pero quiere testigos. "No confío en ella", dijo. "Siempre miente".
Las mujeres divorciadas son tan parias en la sociedad, dijo Zahida Ilyas, que podrían volver a vivir juntos si sólo su madre dejase de entrometerse y él consiguiera un trabajo.
Sabe que lo más seguro sería marcharse con su hijo a vivir con sus padres en Lahore, pero eso significaría no volver a ver a sus hijas, dijo.
"No sé qué hacer", dijo. "¿Me prendo fuego? ¿Y si hago eso, quién cuidará de mi hijo?"
Ha oído que su marido tiene una nueva esposa. A principios de año recibió una llamada anónima. "No hagas nada o te mataremos a ti y a tu hijo", dijo la voz.
"Eso me asusta mucho", dijo. "Ruego a Dios para que me dé fuerzas".
Muchas de las cosas que dice que hizo su marido son contrarias a las leyes, las normas y las tradiciones religiosas en Pakistán, que posee un marco legal razonablemente bueno, dicen los expertos.
Los padres no pueden llevarse a las hijas antes de la pubertad ni a los hijos antes de los siete años, a menos que la madre sea una drogadicta o esté incapacitada mentalmente. Las mujeres tienen algunas protecciones bajo la ley hereditaria, y el acoso sexual es ilegal, incluyendo la violación marital.
"La ley no es mala", dice Ali Dayan Hasan, un investigador del sur de Asia que trabaja con Human Rights Watch. "Sin embargo, cómo se implementa es algo completamente diferente".
En realidad, la ignorancia, la economía, la intimidación, la manipulación y el club de los viejos amigos todos toman partido contra las mujeres, así como el contrato matrimonial, redactado a menudo por la familia del hombre. Se cree que si una mujer habla sobre el divorcio antes de casarse, especialmente en áreas rurales, atrae la mala suerte sobre la unión.
Los hombres también gozan de carta blanca para influir en los fallos locales, para falsificar documentos e interceptar citaciones. "Los hombres siempre hacen lo que quieren", dice Khawar Mumtaz, directora de Shertaz, una organización de beneficencia que trabajar en la educación de las mujeres sobre sus derechos.
Los llamados de organizaciones de mujeres y otros para reformar el sistema y fortalecer su implementación tienden a ser derrotados por conservadores religiosos. En respuesta a llamados a aprobar una ley contra la violencia intrafamiliar, los fundamentalistas inicialmente negaron que existiese un problema y ahora dicen que la ley no solucionaría el problema del abuso masculino y sólo incrementaría los divorcios.
"La comunidad religiosa siempre ha resistido las reformas", dice Mumtaz. "Desde su punto de vista, una mujer con más derechos es una mujer más caprichosa".

18 de abril de 2010
23 de marzo de 2010
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trabajando con un dictador


La débil respuesta de Bush ante el golpe de estado en Pakistán se burla del ‘programa para la libertad'.
El presidente paquistaní Pervez Musharraf reclama que suspendió la Constitución y, de hecho, impuso la ley marcial el sábado para salvar a su país de los extremistas islámicos. Pero su represión se ha dirigido casi enteramente contra la oposición moderada, laica y pro-democracia de Pakistán -la gente misma que podría ofrecer una alternativa política a los talibanes y a al-Qaeda. Al menos quinientos abogados, jueces, dirigentes de partidos políticos, activistas de derechos humanos y periodistas han sido arrestados. Los canales de televisión independiente han sido cerrados. Los abogados que trataron de manifestarse contra la represión ayer frente a la Corte Suprema fueron atacados por las fuerzas de seguridad.
Musharraf está librando una guerra no contra el extremismo sino contra la democracia. Actuó porque temía que la Corte Suprema estuviera preparando una resolución en la que declararían inconstitucional su orquestada reelección como presidente el mes pasado. Estaba tratando de eludir los compromisos que hizo a los líderes políticos laicos de Pakistán y al gobierno de Bush de que dimitiría como jefe del ejército el 15 de noviembre y convocaría a elecciones parlamentarias libres y honestas a principios del próximo año.
La elección a la que se enfrentan ahora Estados Unidos y otros gobiernos occidentales no es entre Musharraf y las fuerzas terroristas contra las que ha combatido esporádicamente desde 2001. Es entre un gobernante militar profundamente impopular, ineficiente y políticamente agotado que está tratando de prolongar su gobierno por la fuerza en una de las sociedades civiles musulmanas más grande y liberal del mundo. El presidente Bush ha dijo justamente que la democracia es el mejor antídoto al totalitarismo de los extremistas islámicos. Los propios antecedentes de Musharraf son una prueba de que los gobiernos autocráticos sólo hacen más fuerte al extremismo.
No debería haber ninguna duda sobre de qué lado está Estados Unidos. Sin embargo, el gobierno ha ampliado sus apuestas. Ha calificado las medidas de Musharraf de "extremas" y declarado que "no apoyaremos un gobierno de emergencia". Pero Bush dijo ayer que "queremos seguir trabajando con él" en la campaña contraterrorista, y los personeros han dejado en claro que la ayuda destinada a esa colaboración -que es la mayor parte de la ayuda que recibe Pakistán de Estados Unidos- no será afectada. El general probablemente considerará esa postura como una aceptación de su golpe -como harán la mayoría de los paquistaníes y los millones de otros musulmanes en todo el planeta que están observando la respuesta estadounidense.
Estados Unidos deberá apoyar explícita y completamente a los políticos y jueces civiles de Pakistán. Esa postura no tiene porqué provocar la caída de Musharraf; todavía tiene la opción de retroceder, restaurar la Constitución y convocar a elecciones. Pero tal como están las cosas, si logra resistir la casi universal oposición a su golpe, Estados Unidos será responsabilizado por apuntalarlo -y por ponerse al lado equivocado en una crucial prueba de su seriedad de su proyecto de luchar con democracia contra el extremismo.

7 de noviembre de 2007
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talibanes controlan frontera


[Carlotta Gall y Mohammad Khan] Ejército paquistaní pierde provincia ante avance de talibanes.
Peshawar, Pakistán. Dos años después de que el ejército paquistaní iniciara operaciones en áreas tribales fronterizas para erradicar a miembros de Al Qaeda y otros militantes extranjeros, funcionarios paquistaníes que conocen el área dicen que la campaña militar se ha atascado, las administraciones políticas locales son impotentes y los militantes están más fuertes que nunca.
Se cree que tanto Osama bin Laden, que sacó esta semana una nueva grabación con amenazas contra Estados Unidos, y su lugarteniente, Ayman al-Zawahiri, están viviendo en algún lugar de las siete comunas que conforman estas áreas tribales, que se extienden por más de 800 kilómetros a lo largo de la accidentada frontera afgana y ha sido el blanco de varios ataques estadounidenses con misiles en las últimas semanas.
Los funcionarios dijeron que a la zona han llegado posiblemente cientos de militantes extranjeros de países árabes, de Asia Central y el Caúcaso, que representan una permanente amenaza para las autoridades de la región.
El área tribal está prohibida a los periodistas extranjeros, pero los funcionarios paquistaníes, y antiguos residentes que no quieren ser identificados por temor a las represalias, dijeron que los militantes -que se llaman a sí mismos talibanes- ahora aplicaban su propio sistema de justicia, tenían sus propias cárceles, robaban bancos y atacaban recintos militares y del gobierno civil y convoyes a voluntad. Están reclutando a hombres de las tribus locales y han logrado controlar a la población por medio de una mezcla de temor y religión, dijeron los funcionarios y antiguos vecinos.
Un oficial militar estadounidense en Afganistán, en una respuesta por email a preguntas sobre las áreas tribales de Pakistán, dijo: "Creo que esta región está atravesando por un período de cambios revolucionarios, en el que los moderados y extremistas luchan por el futuro de sus países. Y con extensas y caóticas áreas dominadas por los talibanes, Pakistán hace frente a serios peligros". El oficial accedió a comentar a condición de guardar el anonimato.
El general de división Shaukat Sultan, principal vocero de las fuerzas armadas paquistaníes, dijo que se había exagerado el tamaño de las fuerzas militantes. Calculó el número de militantes extranjeros en todas las áreas tribales en "unos cien, menos o más".
Pero los funcionarios y residentes dicen que los militantes son muchos más, y se han embarcado en una inquietante campaña de terrorismo, particularmente en Waziristán del Sur y del Norte: el año pasado los militantes asesinaron a 108 jebes tribales pro-gobierno, 4 o 5 funcionarios oficiales, soplones e incluso a 2 periodistas locales, dijeron aquí periodistas de la zona.
Los operativos de Al Qaeda son la fuerza motriz tras los militantes locales y están influyendo en sus tácticas, dijeron los funcionarios. Los militantes han logrado esta situación a pesar de la estrategia de yunque y martillo, en la que las fuerzas militares estadounidenses presionan desde el lado afgano de la frontera. En las últimas seis semanas han habido tres ataques norteamericanos en el área, incluyendo misiles lanzados desde aeroplanos Predator no tripulados manejados por la CIA, pero no está claro si fueron la expresión de la frustración estadounidense o un el resultado de una operación de inteligencia.
A pesar de las negativas del gobierno, dijeron los funcionarios, los ataques han contado con el apoyo tácito del presidente paquistaní, que ha emitido condenas pro forma de los ataques. Los funcionarios pidieron no ser identificados debido a que sus jefes no les permiten hablar con órganos de prensa.
El ataque más reciente, en Bajaur el 13 de enero, causó la muerte de 18 civiles, pero también puede haber eliminado a cuadros de alto nivel de Al Qaeda.
El sábado, el presidente Pervez Musharraf dijo al subsecretario de Relaciones Exteriores, R. Nicolas Burns, que el ataque del 13 de enero "no debe repetirse", informó la Associated Press.
Funcionarios de seguridad de Bajaur, Afganistán y Pakistán dijeron que la situación no está tan descontrolada como en el norte y sur de Waziristán, pero se ha convertido en una estación de postas de combatientes que entran o salen la oriental provincia afgana de Kunar, donde las fuerzas estadounidenses han encontrado una enconada resistencia el año pasado.
La unidad de propaganda de Al Qaeda ha producido un video en CD que muestra a combatientes afganos cuando son adiestrados por un comandante árabe y montando emboscadas contra soldados estadounidenses y convoyes en Kunar. Los afganos conocen a dos comandantes árabes que pelearon contras las fuerzas soviéticas y se han quedado en Bajaur, dijo el gobernador de Kunar, Asadullah Wafa.
La policía fronteriza afgana dice que se han enterado de una reunión en una mezquita de Bajaur seis meses atrás entre miembros de los talibanes afganos, un grupo dirigido por el renegado comandante muyahidin Gulbuddin Hekmatyar, de Afganistán, y los árabes, durante el cual dijeron que han dividido la responsabilidad para las operaciones insurgentes en Afganistán.
Las fuerzas armadas paquistaníes se han mostrado más cautas a la hora de salir de sus bases en Waziristán del Sur y del Norte, y el gobierno civil está tan desjarretado que el representante del gobierno en Waziristán del Sur ni siquiera vive ahí.
"Tenemos un gobierno en los papeles, pero no en el terreno", dijo un funcionario de gobierno que ha trabajado en Waziristán del Sur y del Norte, que ha presenciado algunos de los combates más violentos de los últimos dos años.
Ahora los combates se han trasladado a Wziristán del Norte, donde hay informes casi diarios sobre bajas entre militares y la población civil. Al menos tres pequeños puestos de avanzada fronterizos construidos por ejército con fondos estadounidenses han sido eliminados, dijo un funcionario que ha estado allá hace poco.
"La situación pasó de mala a peor", dijo el funcionario. "Nadie puede alzar su voz contra los talibanes". Militantes locales armados se movilizan libremente y han inclusive abierto oficinas en el principal mercado de Wana, en Waziristán del Sur, adonde llegan camiones llenos de combatientes armados. Utilizan las oficinas para reclutar seguidores entre los numerosos jóvenes analfabetos y desempleados del área, dijo un antiguo residente, pidiendo no ser identificado por temor a las represalias de los militantes.
Las operaciones militares, que han causado la muerte de al menos 40 civiles y dejado heridos a otros 600, dijo uno de los funcionarios, también han empujado a los jóvenes a unirse a los militantes.
El general Sultan, el vocero militar, advirtió no tomar demasiado en serio esos informes. "Decir que son talibanes es deformar la situación", dijo en una entrevista en su cuartel en Rawalpindi. "Hay varios extranjeros, y partidarios locales de Al Qaeda y los talibanes". Con ‘talibanes’ se refería a combatientes de Afganistán.
Dijo que los militantes extranjeros habían sido eliminados de Waziristán del Sur y seguían operando ahora en Waziristán del Norte en pequeños grupos, agregando que había también algunos grupos locales de militantes aliados al Al Qaeda y otros extranjeros.
No tenía cifras sobre las bajas militares en 2005, pero dijo que eran menos que en 2004, cuando murieron 250 soldados paquistaníes. "No se parece en nada a esa situación", dijo.
Con seis millones de habitantes y un territorio de 26 mil kilómetros cuadrados, las áreas tribales administradas federalmente fueron durante años un santuario de combatientes afganos y extranjeros que se oponían a la ocupación soviética. Pero en los últimos cuatro años, después de que miembros de los talibanes, Al Qaeda y otros aliados extranjeros fueran expulsados de Afganistán, han vivido en el área y adquirido poco a poco más poder.
Funcionarios de gobierno que han pasado algún tiempo en las áreas tribales dicen que puede haber hasta mil militantes extranjeros en el lugar, pero que debido a que muchos de ellos se han casado con mujeres locales, su condición de extranjeros es un poco turbia.
Hoy se cree que la región es el hogar de una especie de galería de granujas. Además de los cabecillas de Al Qaeda, se cree que vive en Waziristán del Norte, Tohir Yuldashev, el lídes uzbeco del Movimiento por la Independencia de Uzbekistán, que era un aliado de los talibanes.
Se cree que Jalaluddin Haqqani y Hekmatyar, los dos buscados por las fuerzas estadounidenses en Afganistán, que ganaron fama como comandantes afganos en los días de la resistencia ante la ocupación soviética, se encuentran entre las áreas tribuales y Afganistán.
Se cree que el líder talibán, el ulema Muhammad Omar, y sus lugartenientes más estrechos, están más al sur en la provincia de Baluchistán.
Los militantes locales son en su mayoría hombres que han luchado en Afganistán, sea contra el ejército soviético o junto a los talibanes en su guerra civil contra la Alianza del Norte. Pero son los combatientes extranjeros los que más han radicalizado a la población, concuerda todo el mundo. "Las fuerzas motrices son los extranjeros", dijo el general Sultan.
El oficial militar estadounidense en Afganistán dijo que la solución del problema era fortalecer la policía fronteriza afgana, y "casi ciertamente implicará que Pakistán continúe las operaciones en la región fronteriza y haga cuenta de la influencia talibán en Pakistán".
"Pakistán está luchando para terminar con Al Qaeda y los talibanes. No se trata de cómo eliminarlos", escribió. "Esta guerra tomará tiempo y desafortunadamente esperamos más ataques contra las fuerzas de la coalición y afganas".
Los habitantes de las áreas tribales son profundamente religiosos. Sin embargo, los militantes locales han introducido un nuevo lenguaje extremista, como el de Al Qaeda, dijo un funcionario que ha pasado tiempo en las áreas tribales.
La principal obsesión de los militantes es luchar contra los estadounidenses en Afganistán, pero también atacan al ejército paquistaní y a funcionarios de gobierno, que son vistos como sus aliados serviles.
"Son religiosos, muyahedines, y piensan que los militares están actuando al servicio de Bush", dijo el funcionario. La lucha es definida en términos mesiánicos, como una batalla entre Dios y Satanás, dijo.
Cualquiera que se crea que tiene vínculos con Occidente o el gobierno, incluyendo a periodistas que trabajan para agencias internacionales de prensa, es también un blanco. Dos periodistas locales fueron asesinados y uno secuestrado en los últimos meses. Otro abandonó el área con su familia el mes pasado después de que una bomba destruyera parte de su casa.
Los militares, antes que pacificar la región, han agravado la situación al tomar partido por la administración civil y los consejos tribales tradicionales, que se han visto gravemente socavados por los numerosos asesinatos de jefes tribales, dijeron los funcionarios.
La táctica del ejército de negociar con los militantes en Waziristán del Sur sólo los ha envalentonado, dijeron los funcionarios paquistaníes. Militantes talibanes autónomos han emergido de manera espectacular en Waziristán del Norte.
En Miran Shah, el centro administrativo, un grupo de militantes libró batalla con una banda de delincuentes locales 7 de diciembre, matando a 11 de ellos e incendiando 25 casas.
Los militares y el Cuerpo de Fronteras, que es una milicia formada por las tribus locales, se mantuvieron ajenos a la batalla. Más tarde los talibanes mataron a 26 o 27 pandilleros.
El enfrentamiento hizo enormemente populares a los militantes entre los residentes locales, que habían sufrido extorsiones a manos de la banda, dijo el funcionario. La campaña hizo recordar las de los talibanes afganos, que nacieron en 1994 de un movimiento que tenía por objetivo limpiar el sur de Afganistán de violadores y otros criminales.
Ahora, dijo el funcionario, nadie puede poner en duda la autoridad de los talibanes en Miram Shah. El general Sultan rechazó los dichos, diciendo que los dos grupos que se enfrentaron había sido eliminados.

Ruhallah Khapalwak contribuyó a este reportaje.

22 de enero de 2006

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rescatando novias en pakistán


[Declan Walsh] Diplomáticos británicos rescatan novias involuntarias.
Provincia de Punjab, Pakistán. La mujer de 21 años se lanzó hacia la libertad cruzando el dormido villorrio, corriendo por un camino de arena y encaminándose hacia el todoterrenos que la esperaba.
Con la valija hecha a toda prisa, un diplomático británico trotaba detrás de la mujer, seguidos por un guardia de seguridad con una pistola oculta en su traje. Las puertas se cerraron y el vehículo se alejó a toda prisa, esquivando a burros, tractores, y un grupo de niños curiosos.
A medida que el remoto villorrio se perdía en la distancia, la joven, nacida en Gran Bretaña de inmigrantes paquistaníes, contó cómo la habían golpeado, amenazado con una pistola, y obligada a casarse con un extraño. "No puedo confiar en mi familia, nunca más. La próxima vez me matarán", dijo.
Según diplomáticos occidentales, cada año cientos de jóvenes mujeres occidentales vuelven a la tierra natal de sus padres en Pakistán para pasar unas vacaciones que empiezan inocentemente pero terminan en la pesadilla de los matrimonios forzados. La mayoría de las víctimas provienen de Gran Bretaña, que tiene una larga historia de inmigración de Pakistán, aunque algunas son del norte de Europa y un puñado de Estados Unidos.
Enfrentados a una avalancha de casos semejantes, diplomáticos británicos en Pakistán han formado un ‘equipo de rescate’ diplomático para localizar a las novias involuntarias, sacarlas a toda velocidad hacia la seguridad, y enviarlas de vuelta a Gran Bretaña. La pionera iniciativa ha introducido a los funcionarios británicos al complejo mundo del choque cultural y los traumas personales.
"Haremos todo lo que sea necesario para liberarlas", dijo Jon Turner, un funcionario consular que forma parte del equipo británico de cuatro miembros que realizó el año pasado en Pakistán 105 misiones de rescate. Entre estas se encontraba el caso de una mujer de 18 años que había sido prometida a un primo en Cachemira y a una farmacéutica veinteañera nacida en Gran Bretaña que fue retornada de regreso a Gran Bretaña antes de que tuviera lugar su boda concertada.
Un corresponsal del Globe pudo hace poco observar la operación en la oriental provincia de Punjab, a condición de que no revelar las identidades ni de la mujer ni sus parientes, ni la ubicación exacta de los acontecimientos.
Los matrimonios forzados son el horrible reverso de los matrimonios concertados, una extendida y apreciada tradición en el sudeste asiático. En los matrimonios concertados los padres normalmente ayudan a su hijo o hija a elegir a un candidato conveniente -a menudo a lo largo de las líneas de clase social, educación o riqueza-, pero dejan la decisión última en manos de los hijos.
Pero el matrimonio forzado no es consentido, sino un contrato social brutalmente impuesto. El problema es extendido en la región, dijo Khalida Salimi, de Struggle for Change, una organización femenina paquistaní.
"Estas es una sociedad patriarcal donde las mujeres y los niños son considerados posesiones de los hombres. Ellas no tienen nada que decir’, dijo.
Diplomáticos británicos contaron cómo se desarrolla normalmente la celada.
Las mujeres, usualmente de 18 a 24, son empujadas por sus padres para que viajen a Pakistán con razones inocuas -pasar las vacaciones de verano, visitar a una abuela enferma o más frecuentemente asistir a la boda de un primo. Pero entonces las semanas se convierten en meses, los pasaportes se ‘extravían’, y se cancelan los vuelos de vuelta a casa.
Aparecen misteriosos pretendientes a la puerta de calle de sus parientes. Hay agitadas conversaciones sobre bodas. Las mujeres caen en cuenta de una terrible verdad: La única boda que se está planeando es la de ellas.
Parece no haber escapatoria. Sus primos observan cada uno de sus movimientos, y las mujeres no se pueden movilizar fácilmente en los pequeños pueblos de Pakistán: incluso caminar sola hacia una parada de buses puede despertar sospechas. Pero existe una esperanza poco convencional de escape: el equipo de rescate de la embajada británica.
Turner, el funcionario consular, dijo que a menudo un pariente o un novio en Gran Bretaña da la señal de alarma. El número de contacto de las mujeres desaparecidas -usualmente de un celular- llega al escritorio de Turner en Islamabad, la capital paquistaní. Siguen días y a veces semanas de preparativos secretos, y se fija la fecha del rescate.
El gobierno paquistaní apoya indirectamente a los rescatadores proporcionándoles asistencia policial local; también participa un guardia armado de la embajada. El elemento de sorpresa es crucial, dijo Turner, para impedir que los parientes saquen a toda prisa a la mujer por la salida de atrás antes de que llegue el equipo.
Finalmente, el equipo de Turner golpea a la puerta. Lo que sigue a menudo es una desgarradora experiencia para todos los involucrados, admite.
Parientes nerviosos imploran a las mujeres que se queden, recurriendo a menudo a chantaje emocional.
"Les dicen: ‘A tu padre le dará un ataque al corazón, tu madre se matará’, o ‘Deshonrarás a tu familia’", dijo.
A menudo las víctimas se sienten atormentadas entre el alivio de ser rescatadas y el remordimiento por traicionar a sus familias. "Casi siempre se sienten culpables", dijo Turner.
Después, las mujeres son llevadas a toda prisa hacia Islamabad y alojadas en un refugio administrado por Struggle for Change. Los diplomáticos emiten un pasaporte de emergencia, les prestan dinero para el billete de avión y días después llevan a las mujeres al aeropuerto.
Pero en un país donde donde los ‘asesinatos por honor’ son corrientes, el peligro de que los parientes traten de atacar a las jóvenes antes de que dejen el país sigue estando presente. En los casos de alto riesgo, las mujeres se pueden ocultar con un chal, salir a través de aeropuertos regionales, o ser escoltadas hasta el avión por funcionarios de la embajada.
El rescate de la joven en Punjab fue relativamente simple. Una hora más tarde, la escuálidad mujer estaba sentada en un café en la Grand Trunk Road -una ruta histórica que atraviesa el oriente de Pakistán- con Turner y Ghazala Shah, un funcionario paquistaní de la Alto Comisariado británico. Comiendo una hamburguesa de pollo y disfrutando de su libertad, responsabilizó de sus problemas a su padre. Nacido en Pakistán y empleado como taxista en una ciudad del norte de Inglaterra, era "un poco anticuado", dijo.
"No le gustaba la ropa inglesa; una vez me quemó mis vaqueros. No le gustaba que las chicas salieran". Sobre todo, no le gustaba su novio, el que, aunque también era inglés-paquistaní, no era considerado un buen partido.
En febrero último, dijo, su padre la envió a cinco semanas de vacaciones a casa de un primo al oriente de Punjab. Cuatro meses más tarde, estaba casada con un arquitecto local de 23 años.
En la fiesta de la boda la entristecidad joven lloró amargamente mientras sus parientes la cargaban de joyas de oro, una tradición de las bodas paquistaníes. "Mi familia pensó que yo estaba triste porque los dejaría", recordó. "Pero yo solamente quería irme de ahí".
Previsiblemente, la vida matrimonial fue un desastre. Su nueva familia se escandalizó cuando ella se negó a dormir con su nuevo marido, dijo.
La mujer nacida en Gran Bretaña resentía las restricciones del Pakistán rural, donde las mujeres llevan siempre pañuelos de cabeza y soportan la interminable rutina de cocinar y limpiar. Ella añoraba las hamburguesas, las patatas fritas, y los vaqueros; empezó a disputarse con sus parientes políticos.
Pocas semanas después de la boda le dijo a su marido que estaba enamorada de otro hombre. Fue un error.
Dijo que su padre -que había tomado vacaciones en Inglaterra- y su tío la golpearon y exigieron la dirección de su novio británico en Gran Bretaña. Su tío le ordenó que le entregara su celular. Cuando ella se negó a hacerlo, él sacó una pistola.
"Me apuntó a la cabeza. Me dijo: ‘No mereces vivir’", dijo.
La mujer se había contactado telefónicamente con su novio, y él le contó la historia a un asistente social en Inglaterra. Poco después, el número de teléfono de la joven aterrizó en el escritorio de Turner en Islamabad.
Diplomáticos británicos han realizado rescates en India y Bangladesh, así como en África y Oriente Medio, pero ningún otro país se acerca a la magnitud del problema como Pakistán, dicen. Otras embajadas occidentales en Pakistán están observando cuidadosamente el programa británico como una guía para combatir los matrimonios forzados.
La cónsul general de Estados Unidos en Islamabad, Zandra Flemister, dijo que los funcionarios norteamericanos habían tratado tres casos desde marzo. No fueron misiones de rescate -las mujeres fueron capaces de viajar por sí solas a la capital-, pero la embajada les proporcionó documentos de viaje de emergencia y les prestó dinero para el viaje de retorno.
Comenzar una nueva vida después de semejante pesadilla no es cosa fácil. Las mujeres rescatadas de matrimonios forzados a menudo se encuentran aisladas de sus familias y sin apoyo económico.
Ahora de regreso en el centro de Inglaterra, la mujer que fue liberada del pueblo de Punjab dijo que estaba viviendo con un subsidio de desempleo del gobierno británico. Su enemistado marido paquistaní se niega a darle el divorcio y estaba buscando asesoría legal.
Después de la euforia inicial de su retorno, su relación con su novio estaba bajo presión. Esta vez, era su madre de él para que no aprobaba el matrimonio.
Y los intentos de reconciliarse con su padre habían fracasado. "No acepta lo que hice", dijo.
Dijo que se sentía presionada por dos culturas y países a 6 mil 500 kilómetros de distancia.
"Pakistán es difícil, estar aquí es difícil", dijo. "No importa qué haga, siempre hay alguien que se siente ofendido".

 

2 de enero de 2006

©globe

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odio estrafalario


[Paul Watson] La educación pública en Pakistán incita a un estrafalario odio contra Occidente.
Lahore, Pakistán. Todos los años, miles de niños paquistaníes aprenden en sus libros de historia que los judíos son tacaños prestamistas y los cristianos, vengativos conquistadores. Un libro de texto dice a los niños que deberían estar dispuestos a morir como mártires por el islam.
No están siendo adoctrinados en las madrasas, seminarios musulmanes privados a los que se acusa a menudo de alentar el fanatismo en Pakistán , por ulemas extremistas. Son pupilos en escuelas públicas que aprenden de libros de texto aprobados por el gobierno del presidente Pervez Musharraf.
Desde que se uniera a Estados Unidos como un aliado en su "guerra contra el terrorismo" hace cuatro años, Musharraf ha llamado a los paquistaníes a rechazar al islam radical y a buscar una "moderación ilustrada".
Musharraf y funcionarios estadounidenses dicen que la reforma de la educación es crucial para derrotar al extremismo en Pakistán, el único país musulmán con armas nucleares. Sin embargo, los reformadores que estudian el sistema educativo del país dicen que las clases en las escuelas públicas todavía fomenten el odio contra los no-musulmanes y llaman a la yihad, la guerra santa.
"He estado diciendo durante un buen tiempo que, de hecho, nuestro sistema educativo estatal es la madrasa más grande", dijo Rubina Saigol, una experta en educación educada en Estados Unidos. "Culpamos de todo a las madradas y, por supuesto, las madrasas hacen un montón de cosas con las que estamos en desacuerdo.
"Pero la ideología del estado, que fomenta un nacionalismo negativo, odioso y violento, se está difundiendo en lugares donde las madrasas ni siquiera podrían llegar".
Las instrucciones actuales para el currículum en estudios sociales para el sexto y séptimo aconsejan a los escritores de libros de texto y profesores que "desarrollen la ambición de la yihad y "desarrollen el respeto por la lucha de los pueblos musulmanes por su independencia".
En la provincia de Peshawar, que es gobernada por partidarios del derrocado régimen talibán en el vecino Afganistán, los libros de texto de estudios islámicos aprobados federalmente para el octavo, enseña a los estudiantes que deben prepararse "para sacrificar lo más precioso, incluso la vida, por la yihad".
"De momento, la yihad continúa en varios lugares del mundo", continúa el capítulo. "Numerosos muyahedines del islam defienden nuestra religión e independencia y ayudan a sus hermanos oprimidos en el mundo".
El libro de texto para estudiantes adolescentes dice que los musulmanes están autorizados a "tomar las armas" y declarar la guerra santa en defensa propia o si se les impide practicar su religión.
"Cuando el pueblo de Dios se ve obligado a convertirse en esclavo de leyes hechas por el hombre, se le está impidiendo practicar la religión de su Dios", dice el libro de texto. "Cuando se agotan las vías legales, debe usarse la fuerza para eliminar el mal.
"Si los musulmanes son oprimidos", dice el libro, "entonces se hace necesaria la guerra santa para liberarlos de esta cruel opresión".
La yihad puede significar lucha pacífica lo mismo que guerra santa. Se puede hacer a varios niveles, empezando por una lucha pacífica e íntima por la salvación de la propia alma del feligrés y puede escalar al asesinato de los infieles.
Pero críticos paquistaníes del sistema de escuelas públicas sostienen que la acepción más blanda de la yihad se pierde fácilmente entre los cursos que enfatizan que los musulmanes viven en la opresión en muchas partes del mundo, y que alientan a otros musulmanes a luchar para liberarlos.
"Alguna gente que viene del sistema educativo normal se enlista en varias formas de yihad, que no son yihad en la teoría musulmana clásica, sino en realidad, en conceptos modernos, terrorismo", dijo Husain Haqqani, escritor y profesor paquistaní de relaciones internacionales en la Universidad de Boston.
"Todo eso muestra que de algún modo el sistema ha nutrido la intolerancia y el fanatismo".
Un 97 por ciento de los paquistaníes son musulmanes, de modo que no es raro que su gobierno fomente los valores islámicos en las escuelas públicas. Muchos musulmanes piensan que la interpretación de la historia que se enseña en países no-musulmanes, es anti-musulmana.
Pero el sistema de educación pública de Pakistán va más allá de instilar el orgullo de ser musulmán y promueve una intolerancia que puede fomentar la violencia contra "los otros", dice Haqqani, que ha escrito un nuevo libro sobre los lazos entre las fuerzas armadas paquistaníes y el islam radical.
En el gobierno federal paquistaní, el departamento de currícula nacionales en Islamabad, la capital, determina los criterios de las comisiones provinciales de libros de texto, que encargan los libros de texto para las escuelas públicas locales.
Javed Ashraf Qazi, general de ejército retirado y ex director de la poderosa agencia de inteligencia militar Inter-Services Intelligence ISI, fue nombrado ministro de educación en septiembre para revivir el encallado proyecto de reforma. Reconoce que todavía está en camino.
En un país con una de las tasas de analfabetismo para grandes de Asia, Qazi dijo que estaba determinado a contratar a especialistas que rescriban las instrucciones para clases y libros de texto, desde el primer año hasta el instituto, de modo que "el currículum esté al mismo nivel de países avanzados".
"No queremos condenar a ninguna religión -no lo haremos", agregó.
Un estudio del currículum de las escuelas públicas y libros de texto realizado por 29 académicos paquistaníes en 2002, concluyó que "los libros de texto" en las escuelas "cuentan falsedades, crean odio, inculcan el fanatismo y mucho más".
El estudio del independiente Instituto de Políticas de Desarrollo Sostenible [Sustainable Development Policy Institute] causó la ira de los conservadores religiosos, e incluso de algunos liberales, que lo vieron como un ataque contra los valores musulmanes del país, o incluso como una conspiración de gobiernos occidentales y de la rival India para subvertir el país musulmán.
Qazi encabezó el ISI de 1993 a 1995, cuando la agencia de inteligencia estaba reclutando estudiantes de las madrasas de Afganistán para unirse a la milicia extremista de los talibanes. Durante el término de Qazi, los talibanes obtuvieron su primera victoria, la toma de la sureña ciudad afgana de Kandahar, con adiestramiento y armas del ISI.
Sus críticos dicen que eso descalifica a Qazi como el hombre que deba atacar a los partidos islámicos de la línea dura y los clérigos que bloquean las reformas de la educación. Pero el ministro de Educación insiste en que se esforzará por corregir un currículum, que calificó de "torcido".
Sería más fácil terminar con el extremismo paquistaní si los gobiernos occidentales hicieran más por resolver los conflictos que agrian a los musulmanes en el mundo, tales como la guerra de Iraq, la disputa con India por la región de Cachemira, o la lucha palestina contra Israel, dijo.
Qazi insistió en que él no era un extremista, pero presentó una breve historia del conflicto en Oriente Medio que dejó pocas dudas de que quería que los niños paquistaníes siguieran aprendiendo una visión distinta del mundo.
"A los palestinos se les prometió su estado. Originalmente, eran los dueños de todo ese área", dijo Qazi. "Ok, Israel fue creado por los ingleses. Y ellos permitieron el terrorismo. Los judíos eran los peores terroristas del mundo".
"Crearon su estado. Okey. Ahora que todo el mundo lo ha aceptado como un hecho consumado, también han debido aceptar el estado palestino. Los israelíes, con uno o otro pretexto, no les han otorgado ese estado. Y cada vez que se presenta alguna moción al Consejo de Seguridad, Estados Unidos la veta".
Pakistán obtuvo su sistema de educación pública laica tras ganar su independencia de Gran Bretaña en 1947. El presidente Zia ul-Haq, el ex dictador militar, ordenó en los años ochenta que en el currículum de las escuelas públicas se incorporara la educación musulmana, cuando consolidaba su poder con el apoyo de los clérigos de la línea dura.
Pakistán está todavía lidiando con las letales fuerzas que desencadenó la política de "islamización" de Zia.
Los educadores que presionan por reformas más profundas sospechan que Musharraf, un general del ejército que se hizo con el poder con un golpe militar en 1999, quiere conservar elementos de la estrategia de Zia para preservar la posición dominante de los militares en la sociedad paquistaní.
"La reforma de la educación no hace parte del programa de Musharraf porque implica oponerse derechamente a los ulemas", dijo Pervez Hoodboy, un profesor que se especializa en física nuclear y de campos intensos.
"Musharraf actúa sólo bajo presión, y debe haber una presión sostenida, estrcita, del mundo exterior para que se hagan realidad reformas significativas", dijo. "Los que creen en la educación laica son demasiado débiles y pocos".
El libro de texto de estudios sociales para el séptimo en el estado en Punjab, publicado en enero, empieza con un mensaje de Musharraf, de una página, instando a los alumnos a concentrarse en asignaturas modernas, tales como tecnología de la información y ordenadores.
"Es un hecho histórico que los musulmanes dominaron el mundo durante cientos de años", escribe Musharraf. Reconoce que en el pasado, el currículum escolar de Pakistán "no estaba adaptado a las exigencias de los tiempos modernos". Pero asegura a los estudiantes que "los libros de texto han sido consiguientemente elaborados, revisados y actualizados ".
Los cambios, si los hay, son difíciles de detectar. Las desalentadoras referencias a cristianos, judíos e hindúes de ediciones previas fueron simplemente trasladadas al nuevo texto.
"Antes del islam, la gente vivía en una indescriptible miseria en todo el mundo", dice el libro de texto. "En Arabia también vivían unas tribus judías. Prestaban dinero a los obreros y campesinos a altas tasas de interés y se apropiaban de sus ganancias. Tenían a toda la sociedad en su poder debido a los siempre crecientes intereses.
"En resumen, no mostraban simpatía hacia la humanidad", continúa el párrafo. "La gente era egoísta y cruel. Los ricos vivían en el lujo y nadie se preocupaba de los necesitados o de los que sufrían".
Un capítulo sobre las Cruzadas enseña que los gobernantes cristianos de Europa atacaron a los musulmanes en la Tierra Santa en venganza, aunque "la historia no conoce paralelos en cuanto al tratamiento extraordinariamente generoso que dieron los musulmanes a los cristianos".
"Algunos de los peregrinos cristianos a Jerusalén inventaron muchas historias falsas de sufrimiento", sigue el pasaje. "Si les robaban en el camino, decían que los asaltantes eran musulmanes".
Finalmente los cristianos se dieron cuenta de que eran inferiores a los musulmanes, concluye el capítulo.
Combinada con clases sobre la guerra santa armada, esta visión de la historia prepara a los jóvenes paquistaníes para ser manipulados por militantes musulmanes, que han dado a la yihad "una interpretación demoníaca", dice Saigol, la experta en educación.
"La palabra está tan asociada a la violencia, asesinatos, muerte y sangre", dice, "que creo que es difícil reivindicarla como están tratando de hacer los modernistas, para convertirla en una guerra contra tu yo íntimo".

18 de agosto de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

paquistaní violada continúa lucha


[John Lancaster] Para la mujer paquistaní que fue víctima de una violación colectiva, la batalla continúa. En una entrevista, Mukhtar Mai cuenta sus emociones y habla sobre la actitud de sus vecinos y parientes.
Meerwala, Pakistán. Mukhtar Mai lloró toda una hora, dijo, cuando se enteró el 3 de marzo de que los hombres condenados por violarla, recuperarían su libertad. Pero el peor momento llegó al día siguiente, cuando cruzó su pueblo en un taxi. "Podía ver la felicidad de la gente en sus caras", recordó, "como si se estuvieran riendo de mí".
Esa actitud reflejaba la satisfacción de algunos vecinos sobre la decisión del tribunal que desechó las condenas de cuatro hombres sentenciados a muerte por violar a Mai obedeciendo las órdenes de un consejo tribal el 22 de junio de 2002. El consejo, de acuerdo a testimonios, había ordenado la violación para arreglar cuentas con el hermano adolescente de Mai, que había sido acusado de sostener relaciones impropias con la hermana de uno de los acusados.
El caso provocó indignación internacional y un estallido de simpatía por Mai, la hija de un jornalero analfabeto, que ahora dirige dos escuelas básicas en su pueblo con ayuda del gobierno y de donantes privados. La decisión del tribunal revirtiendo las sentencias de los cuatro acusados -así como de otros dos vinculados al incidente- volvió a encender la rabia sobre el caso y levantó temores por la seguridad de Mai, que ahora vive 24 horas al día bajo protección policial.
La preocupación por Mai ha descendido algo desde que los acusados fueran detenidos el 18 de marzo a la espera de una revisión de las pruebas en su contra por la Corte Suprema paquistaní. Pero el caso sigue siendo el foco de la indignación pública por el fracaso del sistema de justicia penal para hacerse cargo de los que cometen agresiones contra las mujeres en este conservador país musulmán.
Debido al estigma social, las mujeres paquistaníes se muestran extremadamente reticentes a reportar violaciones, que, de cualquier modo, son notoriamente difíciles de probar porque la ley islámica en Pakistán exige cuatro testigos de una agresión sexual a menos que haya concluyentes evidencias físicas. Además, dicen juristas, la policía normalmente carece de los recursos y adiestramiento -y a menudo de motivación- para investigar adecuadamente casos de violación.
Al revertir las sentencias en el caso de Mai, el Alto Tribunal de Lahore mencionó que Mai no reportó la violación sino siete días después, evidencias médicas poco confiables y contradicciones en las declaraciones de la víctima y testigos. Afirmó que la historia de Mai "no sonaba verídica" y que la "posibilidad de una mentira e imputaciones falsas no puede ser excluida".
La decisión indignó a activistas de derechos humanos, que dijeron que la reticencia de Mai a reportar el delito era difícilmente sorprendente a la luz de factores sociales así como de las amenazas que dijo que recibió de los supuestos violadores y sus compañeros de la tribu mastoi, que ocupan una posición social más alta en la comunidad, que Mai.
El fiscal en el caso, Ramzan Khalid Joya, dijo que no había dudas de que Mai había sido violada, y describió las contradicciones en las declaraciones como "pequeñas" y la evidencia médica como convincente. Pero Joya reconoció que la investigación policial dejó mucho que desear e incluso sugirió que la corte de Lahore tenía razón en rechazar las sentencias que él mismo había conseguido a un nivel más bajo en 2002.
"Fue un caso investigado deficientemente por la policía local", dijo Joya en una entrevista el lunes. "Hicieron la investigación de manera informal".
Mai, una delgada mujer de 32 de voz suave que proyecta una tranquila dignidad, proviene de una comunidad de pastores conocidos como gujjars, en Meerwala, una bucólica aldea de casas rodeadas de murallas de adobe, en medio de campos de trigo y palmas de dátiles en la sureña provincia de Punjab, a unos 400 kilómetros de Islamabad.
El incidente empezó según se dice cuando el hermano adolescente de Mai fue visto con una joven de la tribu mastoi -una violación del protocolo de la aldea por lo que el joven fue secuestrado y sodomizado por varios miembros de la tribu mastoi. Para encubrir el delito, los mastois llamaron a Mai a un consejo tribal o jirga en un huerto, donde se pronunció la sentencia de violación.
Aferrada a un Corán y preguntando si había "algún musulmán que salvara su honor", Mai fue arrastrada hacia una casa cercana y violada por cuatro hombres, de donde salió una hora más tarde con su ropa ensangrentada y rasgada, de acuerdo a documentos del tribunal. Una semana más tarde, por insistencia de un clérigo de la localidad, informó de la violación a la policía; en agosto, después de un juicio inusualmente rápido, los cuatro hombres y dos miembros del consejo tribal, fueron encontrados culpables y sentenciados a muerte por un tribunal especial anti-terrorista.
El caso, sobre el que se informó ampliamente en la prensa paquistaní e internacional, transformó a Mai en una especie de celebridad. Participó en foros sobre la mujer en Bombay y en Madrid y tuvo brevemente una página propia en internet, financiada por sus partidarios. El caso también la transformó en una agente de desarrollo, ya que funcionarios de gobierno proporcionaron fondos no solamente para las primeras escuelas de la aldea, sino también pavimentaron los caminos e instalaron electricidad. Mai es al mismo tiempo la administradora de la escuela y alumna; actualmente está haciendo su tercer año.
Las noticias de la decisión de la Corte Suprema de dejar en libertad a los hombres condenados este mes provocó jubilosas celebraciones entre los mastoi, que bloquearon el tráfico y repartieron caramelos el día en que se anunciaron las exculpaciones. Tras su liberación, uno de los acusados organizó una fiesta para 500 personas, dijo Mohammed Siddique, el administrador del gobierno para Meerwala y aldeas vecinas.
"Me hirió mucho", dijo Mai, que vive en una sencilla casa de dos habitaciones junto a la escuela de niñas aquí. "Yo podía entender por qué lo hacen los mastoi, que son analfabetos e incultos, ¿pero los jueces? Perdí toda confianza".
Dijo que incluso algunos de sus parientes adoptaron la actitud de te-lo-advertí, diciéndole que debió haber aceptado las ofertas económicas -transmitidas a través de intermediarios- de los mastoi de que retirara las denuncias cuando pudiera.
"Uno de los tribunales más importantes del país no puede protegerte", citó a uno de sus tíos. "¿Qué harás ahora?"
Huyó a Islamabad porque temía por su vida, dijo Mai, y allá se refugió en una organización no-gubernamental hasta fines de la semana pasada, cuando el primer ministro Shaukat Aziz ordenó volver a detener a los acusados. La Corte Suprema está considerando si ordena reabrir el caso. Incluso si lo hace, no hay garantías sobre el resultado.
"El gobierno está apaciguando a la opinión pública", dijo Khalida Parveen, un activista de derechos humanos de la localidad involucrado en el caso. "Mientras se retrase la justicia, estos acusados encontrarán más y más espacios de maniobra, y el caso seguirá arrastrándose".
Pero Mai dijo que ella no había perdido las esperanzas y que no lamenta su decisión de continuar el caso -si no por ella misma, al menos por su aldea.
"En mi sociedad, si una niña es violada, se suicida o huye", dijo Mai. "Si yo hubiera optado por algunas de las dos alternativas, el proceso de cambio que ha comenzado en esta remota región no habría empezado".
Mai dijo que le satisfacía particularmente el rápido crecimiento de las matrículas en la escuela de niñas, que se acerca a las 200 alumnas. Entre ellas, la hija menor de uno de los hombres condenados por violarla.

26 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
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auge para ricos de pakistán


[Somini Sengupta] Pakistán vive desde el 11 de septiembre de 2001 un auge, al menos para los ricos.
Karachi, Pakistán. Umar Sheikh, 31, educado en Nueva York y casado con una mujer de Nueva Jersey, soñaba con tener su propio restaurante. Londres era demasiado caro. Nueva York era muy arriesgado. Karachi parecía la ciudad más indicada.
De momento, su apuesta en esta inquieta ciudad portuaria mejor conocida por sus fanáticos religiosos que por sus ravioles, ha funcionado. Limoncello, el íntimo y elegante restaurante inspirado en la cocina italiana, con paredes color limón y un menú que no incluye el kebab y sirve rúcula y salmón noruego, es todo un éxito.
Y refleja un inesperado auge post-11 de septiembre: provocado por una combinación de medidas del gobierno, casualidad y corrientes globales fluctuantes ocasionadas por la campaña norteamericana contra el terrorismo, la economía de Pakistán está floreciendo. Al menos los ricos están viviendo extremadamente bien.
En los primeros dos meses, Limoncello ha redundado en beneficios que Sheikh no esperaba sino en meses. Desde ya, tres inversores han ofrecido participar en su siguiente aventura.
Un viernes noche reciente, estaban ocupadas casi todas las mesas. Una cena para cuatro -no incluye el vino, ya que el alcohol está prohibido en lugares públicos- costó 70 dólares, substancialmente más que el salario mensual de una criada en Karachi.
"Viene un montón de gerentes de empresas, un montón de nuevos ricos, gente del extranjero que no son necesariamente ricos pero sí saben sobre cocina", dijo Sheikh, hijo de inmigrantes paquistaníes en el Reino Unido. "La gente quiere productos de alta calidad".
La economía del país creció un 6.4 por ciento durante el último año fiscal, y el primer ministro Shaukat Aziz, un ex ejecutivo del Citibank, pronostica un crecimiento anual de 8 por ciento de aquí a dos años.
"Pakistán es hoy un país que ha pasado por una reforma muy intensa en los últimos cinco años", dijo Aziz en una entrevista en la capital, Islamabad. "Estamos viendo los resultados".
Hay muchos factores que explican el auge. Las transferencias de emigrantes paquistaníes que antes llegaban a casa a través de canales informales, están ahora aterrizando en los bancos, elevando las reservas de divisas extranjeras del país a 12.7 billones de dólares en un año, de 1 billón de dólares en 2001.
Como importante aliado de Estados Unidos, Pakistán ha sido capaz de rebajar la deuda externa. En los últimos cinco años, los ingresos de la exportación se han duplicado a más de 13 billones de dólares, en gran parte por los textiles, de acuerdo al Banco del Estado de Pakistán. "Hay confianza en la economía del país", dijo Ishrat Husain, presidente del banco.
Emigrantes ricos preocupados sobre sus futuros en Estados Unidos y Europa desde el 11 de septiembre de 2001, han apartado ahorros en casa o retornado. La bolsa de Karachi se ha disparado. El mercado de propiedades inmobiliarias ha explotado. Un terreno residencial que Sheikh compró hace dos años en la ciudad natal de su madre, Lahore, ha triplicado su valor.
"La gente se siente más optimista", dijo en una entrevista reciente Muhammad Yasin Lakhani, presidente de la Bolsa de Karachi. "La gente quiere colocar su dinero en una economía que crece cada día antes que en una economía desarrollada".
Lakhani tenía razón para estar optimista. Esa mañana la bolsa saltó a un récord de 295 puntos. Su mercado de capitales había llegado a 40 billones de dólares, de 5 billones en 1998. Gran parte de la subida de la bolsa, dicen analistas, es el resultado de las medidas del gobierno para privatizar capitales estatales.
La gran pregunta ahora es si ese impresionante crecimiento puede alcanzar a la mayoría de los paquistaníes. La pobreza creció constantemente a fines de los años noventa, de acuerdo al último estudio del gobierno, realizado hace cuatro años. En 2001, un 32 por ciento de los paquistaníes vivía por debajo de la línea de la pobreza. Ese sigue siendo el más ampliamente citado y fiable barómetro de la pobreza.
Un sondeo más limitado realizado en 2004, dijo el primer ministro Aziz, mostró un descenso de la pobreza, pero gente fuera del gobierno observó que el sondeo era más pequeño en escala y por tanto no era comparable con estudios previos. "El goteo hacia abajo no ha tomado lugar", dijo Lakhani.
En un enclave obrero apretujado contra uno de los más elegantes barrios de Karachi, unas chiquillas llenaban de agua enormes cubos en el grifo de un vecino y la cargaban hasta sus casas sobre sus hombros. Sólo algunas casas de aquí están conectadas al servicio de agua potable de la ciudad. Los que pueden, consiguen agua a través de sus vecinos; otros pagan a los camiones aguateros.
No es que la gente de aquí no esté consciente del auge económico de Pakistán. "¿Qué ha cambiado para nosotros?", dijo, lacónico, Ishtiaq Malik, 28. "Han subido los alquileres, la gasolina y la electricidad".
Como muchos de sus vecinos en esta apiñada barriada de laberínticos y fangosos callejones, Malik llegó desde un pueblo rural de Punjab para ganarse la vida en la ciudad. Hoy, como jardinero, gana unos 85 dólares al mes. Después de pagar las cuentas del alquiler, la comida y la electricidad, dice, no le queda demasiado para enviar a sus padres, campesinos sin tierra que viven en el pueblo.
Kaneez Gazar, una criada en sus 40 que llegó a Karachi para escapar de la agobiante pobreza de su propia aldea, sonrió cuando le pregunté sobre el desarrollo económico del país. "Ganamos dinero, comemos", es como lo dijo.
Entre sus propios ahorros y los de sus dos hijas, también criadas, la familia lleva a casa unos 100 dólares al mes. La mitad se destina al alquiler. Los precios del azúcar y la mantequilla han aumentado. Debe comprar agua a un aguatero particular. Con su afección cardíaca y la crónica tos de su hija, también hay que pagar cuentas médicas. Sobre su cabeza cuelga una deuda de 420 dólares, que pidió para la boda de su hija mayor.
Sin embargo, dice, la vida en Karachi ha significado algo de dignidad. "Al menos me estoy alimentando a mí misma", dijo. "Al menos tenemos ropa y zapatos".
Es la profundamente estratificada sociedad paquistaní la que hace que algunos analistas sean escépticos sobre cómo y cuánto de las sobras de arriba se filtrarán hacia abajo hacia los que, de entre los 150 millones de paquistaníes, apenas logran sobrevivir. Un estudio de diciembre pasado por el Centro de Política Social y Desarrollo, un instituto de investigación de Karachi, informó que por cada rupia de crecimiento económico, un 34 por ciento va al 10 por ciento más rico de la población, y sólo un 3 por ciento al 10 por ciento más pobre.
Son paquistaníes como el dueño del restaurante Limoncello, como Sheikh, los que han animado y explotado el auge económico de su país. Algo de este, piensa, ha sido causado por la incertidumbre de los paquistaníes en el extranjero sobre sus futuros en Estados Unidos y Europa. Otra parte, como en su caso, fue motivado por la oportunidad: el sentido común le dijo dónde se podía ganar dinero.
En los últimos años, su suegro volvió y compró propiedades en todo el país. Un amigo de Londres abrió un locutorio. Una mujer que gestiona una panadería en Londres abrió ahora una bollería, llamada Truffles, más abajo en la calle.
Recordando a los que emigraron al extranjero antes, Sheikh dijo: "Había todo tipo de gente, con todo tipo de ideas, que dejaban el país y se llevaban el dinero".

23 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
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