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centro de tortura será testimonio


[Monte Reel] Argentina está convirtiendo su infame Escuela de Mecánica de la Armada en monumento conmemorativo de derechos humanos.
Buenos Aires, Argentina. La punta de goma del bastión de Víctor Basterra rebotó de una foto en otra, indicando las caras que evocan los recuerdos más vívidos de sus encuentros con ellos en este mismo edificio hace más de veinticinco años.
Basterra estuvo recluido aquí en la Escuela de Mecánica de la Armada, el centro de detención política más grande y notorio de la dictadura militar que gobernó Argentina de 1976 a 1983. Finalmente la armada desalojó las instalaciones a fines del mes pasado, lo que permitió que los trabajadores empezaran a transformar este campus de cuarenta acres en el primero monumento conmemorativo de derechos humanos rememorando esa época y sus persistentes consecuencias.
"Este tipo me pegó", dijo, señalando uno de los retratos en blanco y negro de ex oficiales exhibidos en un mural en uno de los edificios. "Y este tipo me golpeó mucho. Ese otro era su jefe".
Basterra tomó esas fotos él mismo cuando estuvo detenido ahí de 1979 a 1982. Los oficiales lo pusieron a trabajar revelando instantáneas de sí mismos para hacer documentos de identidad falsos, dijo. Pero también hizo en secreto copias de sus fotos, así como de otros de otros detenidos. Algunas de las fotos contrabandeadas son la única evidencia de que algunos prisioneros que nunca volvieron a ser vistos con vida, fueron efectivamente detenidos por las fuerzas armadas.
Rara vez ha quedado tan en evidencia la permanente relevancia de estas fotos, así como de gran parte de otras evidencias físicas de esa época: No sólo serán importantes piezas del nuevo museo, si no también pruebas claves en juicios futuros por delitos que ocurrieron en la Escuela de la Armada.
Los juicios contra la Escuela de la Armada son considerados por muchos como el caso de derechos humanos más emblemático de la época de la dictadura que haya sido tratados en audiencias desde que la Corte Suprema declarara en 2005 que las leyes de amnistía que protegían a ex militares y policías eran inconstitucionales.
Pero muchos de esos casos se han retrasado en los tribunales, llevando a pensar a algunos activistas de derechos humanos que algunos de los mil cuatrocientos miembros de la policía y de las fuerzas armadas que esperan juicio, no comparecerán nunca ante un juez. En una medida para solucionar el problema, la semana pasada la Corte Suprema ordenó que los casos de la Escuela de la Armada fueran agilizados. Los juicios se realizarán dentro de poco.
Durante las dictadura ‘desaparecieron' entre nueve mil y treinta mil personas -y eso quiere decir que se cree que están muertas. Se cree que muchas de ellas pasaron por la Escuela de la Armada, donde detenidos sobrevivientes como Basterra dicen que fueron torturadas.
Besterra recorrió la semana pasada el campus por primera vez desde el fin de la dictadura. En un edificio donde dijo que sacó muchas de las fotos que se exhiben ahora, miró hacia abajo desde una ventana y dijo que recordaba haber estado en el mismo lugar en 1982, mirando a los agentes que llevaban el cuerpo de un prisionero al que habían matado en el edificio de la enfermería al otro lado de la calle.
La enfermería fue también el lugar donde se cree que dieron a luz muchas detenidas, cuyos bebés eran incautados y dados en adopción a familias militares. Se cree que hay unos cincuenta de esos casos. Más de ochenta niños han descubierto la verdad de sus historias en los últimos años gracias a la ayuda de un grupo de derechos, la Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo.
Estela de Carlotto, fundadora del grupo y madre de una detenida desaparecida que dio a luz cuando estaba en prisión, recorrió este mes la Escuela de la Armada apenas días después de que se marcharan los militares.
"Esto es histórico, es uno de los grandes triunfos de la democracia en la que vivimos: Tomar posesión de un lugar que fue un centro de tortura, donde nacieron muchos de nuestros nietos, y convertirlo en una centro del recuerdo", dijo Carlotto, 77, que no ha encontrado a su propio nieto, que ahora tendría 29 años. "Más que nada, le da a la gente joven la oportunidad de entender qué ocurrió, de modo que en el futuro puedan vivir en libertad".
Los organizadores del museo deben decidir todavía qué partes del campus, que contiene más de treinta edificios, albergará esos materiales. Mientras los trabajadores continúan reparando los daños estructurales en muchos de los edificios, las únicas visitas posibles son convenidas y guiadas.
Los organizadores dijeron que el plan es equipar la enorme entrada del edificio con exhibiciones multimedia con la historia del terrorismo de estado en Argentina. Otros edificios accesibles al público serán lugares de reflexión, con algunas modificaciones y letreros explicativos detallando las actividades que se desarrollaban ahí durante los años setenta y ochenta.
"No es simplemente un museo que contará lo que ocurrió en estos edificios, sino que contará toda la historia del terrorismo de estado, incluyendo sus antecedentes y sus consecuencias", dijo Ana María Careaga, directora del instituto, que revisaba el proyecto de museo. "Toda la sociedad argentina fue víctima del terrorismo de estado, porque cuando se olvidan los derechos del pueblo, sufre todo el mundo".
Algunos grupos de derechos humanos objetaron el museo cuando fue aprobado por el presidente Néstor Kirchner en 2004. Las Madres de Plaza de Mayo, un grupo diferente al de Carlotto, dijeron que los sucesos de la dictadura eran demasiado crudos y estaban todavía demasiado frescos en la memoria de las víctimas como para ser rememorados en un museo.
Durante su visita la semana pasada, Basterra dijo que creía que la apertura de los edificios al público no amortiguará esos sentimientos, sino que permitirá que más gente conozca las consecuencias de la dictadura.
"Para mí, esto se ve exactamente igual que antes", dijo, parado en un cuarto donde durmió con otros prisioneros. "Me provoca una sensación extraña, porque no ha cambiado nada. Yo pasé varios meses en este cuarto. Está lleno de horribles recuerdos, pero también recuerdos de solidaridad y coraje. Es una sensación impresionante".

19 de octubre de 2007
15 de octubre de 2007
©washington post
©traducción mQh
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