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murió lee lockwood


Retrató la vida durante el comunismo. Escribió un célebre libro sobre Fidel Castro, al que entrevistó intensamente durante una semana..
[Margalit Fox] Murió el 31 de julio en Tamarac, Florida, el reportero gráfico Lee Lockwood, que tuvo la rara oportunidad de captar la vida política, militar y civil de países comunistas -documentando el tratamiento de un prisionero de guerra estadounidense en Vietnam del Norte y convenciendo a Fidel Castro para una larga entrevista, con discursos, humo de cigarros y muy personal.
La causa de su muerte fueron complicaciones de diabetes, informó su hermana Susan Lewinnek.
En su trabajo durante décadas quedó claro que Lockwood consideraba el periodismo fotográfico como un potente instrumento para el cambio social. Fotógrafo independiente, estuvo asociado durante muchos años con la agencia Black Star, que entregaba sus fotografías a diarios y revistas de todo el mundo.
También escribió varios libros, incluyendo ‘Castro’s Cuba, Cuba’s Fidel: An American Journalist’s Inside Look at Today’s Cuba in Text and Picture’ (Macmillan, 1967).
En 1967, en el punto más álgido de la Guerra de Vietnam, Lockwood fue el primer fotógrafo extranjero en más de una década en ser autorizado a entrar a Vietnam del Norte. (No mucho antes, mientras investigaba en La Habana para su libro sobre Castro, había obtenido prudentemente una visa norvietnamita allá).
El fruto de la visita de veintiocho días de Lockwood, un ensayo abundantemente ilustrado, titulado ‘North Vietnam Under Siege’, fue publicado en el reportaje de portada de la edición del 7 de abril de 1967 de la revista Life.
Aunque el viaje de Lockwood a Vietnam del Norte fue cuidadosamente controlado -le prohibieron fotografiar instalaciones militares y lo acompañaba siempre un funcionario del gobierno-, logró recorrer 1.600 kilómetros en el mes que estuvo ahí.
En palabras y fotos, Lockwood retrató la vida de un país que estaba entonces siendo bombardeado pesadamente por fuerzas estadounidenses: pueblos destruidos y vacíos; fábricas abandonadas; un niño con una pierna, perdida la otra por una bomba. También había imágenes más apacibles, de granjeros, vendedoras de flores y tintoreros trabajando.
Su encuentro más extraordinario, en Hanoi, fue con el teniente comandante Richard A. Stratton, un piloto de la Armada estadounidense que había sido capturado en 1967. Mientras escuchaban Lockwood y otros periodistas extranjeros, un hombre que se identificó como el comandante Stratton leyó a través de los altavoces una larga "confesión" en la que atacaba la intervención norteamericana en la región.
Entonces, desde detrás de un cortina, apareció el comandante Stratton, con aspecto de "títete", escribió Lockwood.
"Sus ojos estaban vacíos", escribió Lockwood. "Estuvo cuadrado mientras lo enfocaban con los focos y los fotógrafos hacían fotografías. Su expresión no cambió nunca".
Acompañando la versión de Lockwood se veía en su fotografía al comandante Stratton, en pijama de cárcel, haciendo una profunda y suplicante venia cuando recibía órdenes de un oficial norvietnamita. La imagen, que ocupó toda una página del artículo en Life, fue reproducida ampliamente.
Parcialmente en respuesta al artículo de Lockwood, el Departamento de Estado acusó a Vietnam del Norte del lavado de cerebro de prisioneros estadounidenses para obtener de ellos declaraciones contra la guerra.
En una entrevista con el New York Times en 2009, el comandante Stratton, que había sido liberado en 1973, sugirió que esas declaraciones eran menos el producto de un lavado de cerebro que sentido común.
"Te están torturando todo el tiempo y todo lo que tienes que hacer para dejen de hacerlo es decir lo mismo que está diciendo Bobby Kennedy", dijo el comandante Stratton said.

Lee Jonathan Lockwood nació el 4 de mayo de 1932 en Nueva York y empezó a fotografiar de niño. Se licenció en literatura comparada en la Universidad de Boston en 1954 e hizo trabajo de investigación para su tesis en la Universidad de Columbia. A mediados de los años cincuenta, sirvió en el ejército, en Munich.
Además de su hermana, la señora Lewinnek, le sobreviven a Lockwood su esposa, la antigua Joyce Greenfield, con la que se casó en 1964; su hermano Roger; dos hijos: Andrew Lockwood y Gillian Rubin; y seis nietos.
Otros de sus libros son ‘Conversation With Eldridge Cleaver: Algiers’ (McGraw-Hill, 1970) y Daniel Berrigan: Absurd Convictions, Modest Hopes — Conversations After Prison With Lee Lockwood’ (Random House, 1972).
El libro mejor conocido de Lockwood fue el que nació de su extensa entrevista con Castro, que se extendió durante toda una semana en Cuba en 1965. El discurso giró sobre marxismo, la crisis de los misiles, las relaciones raciales en Estados Unidos, el sexo, la prostitución y muchas otras cosas.
Según creía Lockwood, era vital que los lectores estadounidenses recibieran el retrato completo de un hombre conocido aquí, en el mejor de los casos, como cifra, en el peor, como demonio.
"No nos gusta Castro, así que cerramos los ojos y nos tapamos los oídos", escribió en la introducción del libro. "Sin embargo, si fuera realmente nuestro enemigo, tan peligroso para nosotros como se nos dice, deberíamos saber todo lo posible sobre él".
20 de agosto de 2010
7 de agosto de 2010
©new york times
cc traducción mQh
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