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crimen del batido de fresas


[Ching-Ching Ni] Una americana ha sido condenada por el asesinato de su marido banquero.
Pekín, China. Parecían una familia americana viviendo una perfecta vida de expatriados en Hong Kong. Él era un rico banquero. Ella, una atractiva ama de casa, criando a sus tres hijos en un apartamento de lujo con dos criadas.
Pero hace dos años se encontró el cuerpo en descomposición de Robert Kissel, envuelto en una alfombra en un depósito alquilado. El jueves, un jurado de Hong Kong condenó a su esposa, Nancy Kissel, de sedar a su marido con un batido de fresas con tranquilizantes, para apalearlo luego hasta la muerte.
El juicio del "asesinato del batido de fresa" ha cautivado la atención de la ex colonia británica desde que comenzaran las declaraciones de testigos en la primavera. Historias de sexo rudo, infidelidad marital, drogas, violencia y encubrimiento hicieron que el caso pareciera un episodio en el exterior del éxito en la televisión americana de ‘Esposas Desesperadas'.
Los Kissel se parecían mucho a la esposa y marido ficticios de Bree y Rex Van De Kamp. Emergieron en el exclusivo centro de las finanzas globales en 1997, cuando fue enviado allá por la agencia de valores Merrill Lynch & Co. Ella cuidaba de los niños y hacía trabajo voluntario en la escuela internacional.
El abogado de Nancy Kissel, sin embargo, ha retratado a la morena de 41 años como una víctima de abusos conyugales que mató a su marido en defensa propia.
Kissel, que declaró en su propia defensa, dijo al jurado que su marido había cogido un bate de béisbol y la había amenazado con matarla durante una pelea de dormitorio. Dijo que había agarrado una pesada estatuilla de metal y le había golpeado cinco veces en la cabeza.
La defensa retrató a Robert Kissel como un estresado adicto al trabajo que esnifaba cocaína, obligaba a su esposa a practicar la sodomía y la aguijoneaba para que se agrandara los senos. También acusó al ejecutivo de navegar en internet para buscar servicios de sexo homosexual antes de un viaje de negocios.
Los fiscales rechazaron esas acusaciones y alegaron que Nancy mató a su marido para embolsarse los 18 millones de dólares de su testamento y ponerse a vivir con un técnico de televisión con el que había tenido una aventura en Vermont.
Antes de su muerte el 2 de noviembre de 2003, Robert Kissel, 40, nativo de Nueva York, había dicho a su esposa que quería divorciarse y quería la tutoría de sus tres hijos, de edades 5, 8 y 10, de acuerdo a su testimonio.
Él estaba disgustado por su aventura con el técnico, al que conoció cuando él y ella tomaron vacaciones en Vermont para eludir la epidemia del SARS asiático en el verano de 2003, de acuerdo a su declaración.
Una criada declaró que el hombre, Michael Del Priore, que vivía en un parque de viviendas móviles, visitaba la casa cuando los niños estaban durmiendo. Los fiscales presentaron cartas de amor explícitas con detalles de la aventura.
Robert Kissel instaló programas espía en el ordenador de su mujer y descubrió sus visitas a sitios en internet sobre fármacos letales, de acuerdo al testimonio de un amigo de la víctima. También había contado al amigo que sospechaba que su esposa estaba tratando de envenenarlo.
La defensa dijo que Nancy Kissel había investigado sobre fármacos porque estaba considerando suicidarse debido a su desdichado matrimonio.
Kissel reconoció haber servido a su marido un enorme batido rosado, pero negó haberlo mezclado con sedantes, y dijo que no recordaba qué había pasado después de que lo golpeara fatalmente. La fiscalía alegó que Robert Kissel estaba probablemente inconsciente cuando fue golpeado. Los informes de la autopsia hallaron varios tipos de tranquilizantes en su cuerpo.
El día después de la muerte de su marido, Nancy Kissel tuvo un ataque de compras impulsivas, y compró una alfombra nueva, colchas y cojines, de acuerdo al testimonio.
Luego llamó a personal de mantención para que se llevaran la alfombra enrollada y envuelta en cinta de pegar y plástico, que contenía el cuerpo de su marido. Cuando los trabajadores le preguntaron por qué eran tan voluminosa, ella les dijo que estaba rellena de almohadas y sábanas viejas. Después de llevar la alfombra al depósito, un trabajador dijo que el bulto apestaba a pescado salado; ella lo ignoró y cerró la puerta, de acuerdo a las declaraciones.Un colega de Robert Kissel presentó una denuncia de persona desaparecida el 6 de noviembre de 2003. Cuando los detectives encontraron el cuerpo al día siguiente, detuvieron a Nancy Kissel.
Después de un juicio de tres meses, un jurado de cinco hombres y dos mujeres deliberaron durante ocho horas antes de volver con el veredicto de culpable. Vestida de negro, como durante todo el juicio, la nativa de Michigan escuchó la sentencia a cadena perpetua sin ninguna expresión. No quedó claro si apelaría.

3 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh


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