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la masacre de abu salim


La cárcel de Abu Salim en Trípoli, donde hacer quince años fueron masacrados mil doscientos reos fundamentalistas, se está convirtiendo en un símbolo de la crueldad de Gadafi y en un memorial a las víctimas.
[Patrick J. McDonnell] Trípoli, Libia. El alcaide no dejó lugar a dudas: pasara lo que pasara fuera de las murallas de la prisión donde las balaceras y explosiones de la creciente insurgencia destrozaban regularmente la tranquilidad de la noche,  la libertad no era una opción.
"Si ganamos, se quedarán por el resto de sus días", dijo el hombre, un funcionario del gobierno de Moamar Gadafi al que los reos sólo conocían por el nombre de Khalifa. "Si perdemos, los mataremos."
Parecía indiferente ante cualquiera de las dos posibilidades.
Khaled Abu Harber, un doctor de veintisiete años capturado transportando medicinas para los rebeldes, pensaba que era un hombre condenado. "No pensaba que alguno de nosotros fuera a quedar con vida", recordó.
Entre los últimos sitios en Trípoli en caer en agosto en manos de los rebeldes que pondrían fin al régimen de Gadafi después de 42 años, se encontraba la cárcel de Abu Salim, una ominosa ciudadela en el borde sudoeste de la ciudad.
Abu Salim era más que una cárcel: era una personificación en ladrillo y mortero del caprichoso poder de un dictador sobre sus súbditos. Los conductores evitaban acercarse a ella, como si pudiera atraerlos hacia su malévolo campo gravitacional.
Pero la notoria cárcel también jugó un papel en la rebelión que finalmente derrocó a Gadafi. Y mientras los libios empiezan a reconstruir su sociedad, está asumiendo un nuevo rol como una suerte de memorial a las víctimas de Gadafi y un cauto recordatorio de cómo puede torcerse una revolución.
"Todo el mundo aplaudió cuando la revolución de Gadafi derrocó al rey", dijo Abdul Rahman Shengheer, abogado y ex reo de Abu Salim, refiriéndose al golpe militar que expulsó al rey Idris. "Todos pensábamos que Gadafi nos haría libres. Pero mira lo que pasó. Tenemos que asegurarnos de que no se vuelva a repetir."
Mucho antes de que el tambaleante régimen libio lanzara una desesperada redada de sospechosos de ser rebeldes y simpatizantes, abultando la población de Abu Salim, la penitenciaría era conocida como un infame depósito de humanidad y patio de ejecuciones.
En junio de 1996, según organizaciones de derechos humanos y sobrevivientes, cerca de mil doscientos reos fueron asesinados después de un motín que enfureció a Abdullah Senussi, cuñado de Gadafi y durante largo tiempo el jefe de seguridad de Libia. Senussi está todavía prófugo.

Anwar Haraga, 49, un informático que vive ahora en Manchester, Inglaterra, dice que sobrevivió por suerte. Cuando estalló el motín, llevaba siete años en Abu Salim, probablemente debido a que usaba barba y se vestía como islamita, dijo. Los que dirigieron la revuelta en la cárcel, dijo, eran libios que habían luchado contra la Unión Soviética en Afganistán [en la rebelión anti-soviética dirigida por Osama bin Laden]. En la época, Gadafi consideraba a los fundamentalistas como su más grande amenaza.
Los reos, que estaban indignados por las limitadas visitas familiares, malas condiciones de vida y por el hecho de que estaban encarcelados sin juicio y otras quejas, tomaron de rehén a varios gendarmes, se hicieron con las llaves y abrieron las puertas de las celdas, de acuerdo a testigos.
Senussi se apresuró para llegar a Abu Salim y prometió atender las quejas de los reos, logrando que volvieran a las celdas, contaron testigos.
Haraga era uno de más de doscientos reos de un pabellón que no pudieron abrir las celdas, y cree que es la razón por la que todavía están vivos. Fueron trasladados a un ala separada y a la mañana siguiente les sirvieron un opíparo desayuno. Entonces empezaron a oír tiros -múltiples al principio, y separados luego, los que según Haraga fueron interpretados por los sobrevivientes como tiros de gracia de los otros reos. El tiroteo duró más de dos horas, dijo.
"Tus hermanos están muertos", le dijo a Haraga un gendarme.
Finalmente fue dejado en libertad en 2000, se reunió con su novia que lo había esperado durante once años y reanudó sus estudios en Inglaterra. Ahora tiene cinco hijos.
Versiones de testigos compiladas más tarde por Human Rights Watch y una organización de la oposición libia, dicen que los reos fueron agrupados en varios patios interiores y que los gendarmes les dispararon desde los tejados.
El gobierno de Gadafi no reconoció nunca completamente esas muertes. Durante años, la desaparición de los reos fue una tema tabú. Pero las familias exigieron aclaraciones, llegando incluso a realizar protestas públicas, lo que era una iniciativa peligrosa en la Libia de Gadafi.
En febrero, la policía libia detuvo a un abogado de Bengasi, Fathi Terbil, que trabajaba para familiares de Abu Salim. La indignación por la detención del abogado, combinada con el ejemplo de las rebeliones de la Primavera Árabe en los vecinos Túnez y Egipto, contribuyeron a espolonear el movimiento de protesta del 17 de febrero de 2011, que más tarde se convirtió en una revuelta armada.
Abu Harber, el doctor capturado transportando medicinas; Shengheer, el abogado calvo detenido por brindar asistencia material a los rebeldes; y Haraga participaron en la lucha de diferentes maneras.
El doctor y el abogado se encuentran entre los miles de sospechosos detenidos en los últimos y caóticos días del régimen. Entretanto, Haraga volvió clandestinamente a Libia y se unió a los rebeldes.
Cuando Haraga finalmente volvió a su ciudad natal, lo hizo con los rebeldes que entraron a la capital desde las montañas occidentales de Libia. Después de meses de lucha, las defensas libias se derrumbaron con sorpresiva rapidez.
Sin embargo, en esas semanas finales los reos de Abu Salim no sabían cuándo ni si serían liberados. La prisión era un mundo en sí mismo.
El aislamiento empezaba cuando los detenidos eran introducidos con una capucha cubriéndoles el rostro, desnudos y esposados, contó Shengheer. Un "comité de recepción" los golpeaba metódicamente y eran obligados a repetir lemas a favor de Gadafi.
"¡Moamar es tu amo!", gritaban los gendarmes en una avalancha de abusos verbales. "¡Perros! ¡Ratas! ¡Traidores de la OTAN!"
Finalmente, contó Shengheer, fue desatado, le pasaron un uniforme de presidiario y fue alojado en una celda de cinco por cuatro metros con otros nueve presos, muchos de ellos también profesionales, miembros de las clases educadas y empresarios de los que Gadafi desconfiaba. Muchos de ellos se habían desconectado de la retórica revolucionaria del líder.
Cada día, dijo Shengheer, los reos eran alimentados con una comida, normalmente un plato de cuscús y una botella de un litro y medio de agua. El abogado dijo que durante sus setenta días en Abu Salim, nunca salió de la celda infestada de ratas, y nunca vio la luz del día. Esperaba nerviosamente el temido interrogatorio.
"Sabíamos que el único modo de salir era en una bolsa de cadáveres o liberados por los rebeldes", dijo Shengheer durante una entrevista en su casa en un barrio de clase media en Trípoli.
Durante los interrogatorios, los reos eran coaccionados con golpizas, descargas eléctricas y otras formas de tortura para que revelaran los nombres de sus contactos con los rebeldes, dijeron sobrevivientes. Algunos entregaban nombres de personas que había salido del país o que ya se encontraban con los rebeldes.
Abu Harber dijo que después de que fuera detenido, fue llevado a una comisaría donde un interrogador disparó con un rifle Kalashnikov hasta que el cañón empezó a quemar y luego lo apretó contra su piel. El doctor dice que entregó a los interrogadores el nombre de un rebelde que se encontraba en Túnez y lejos del alcance de la policía libia.
Sin embargo, Abu Harber dice que los policías hicieron algo inesperado: llevaron al padre del hombre, un ex coronel de ejército de 75 años. Los agentes colgaron al viejo por sus pulgares frente a Abu Harber, lo golpearon y aplicaron descargas eléctricas en sus manos y orejas.
El doctor contó que la víctima fue finalmente liberada y que huyó del país. Espera encontrarlo y ofrecerle sus disculpas.
Pero Shengheer no fue interrogado nunca. Incluso la notoriamente efectiva policía secreta libia fue superada por los acontecimientos. Con detenidos en todas partes, la policía no tuvo tiempo para interrogar a todos los que se hacinaban en Abu Salim y otras cárceles.
El 24 de agosto algunos reos temían que los rebeldes que irrumpían en Abu Salim fueran gendarmes que se disponían a asesinarlos. Pero los gendarmes habían huido. Los últimos reos de Abu Salim de la era de Gadafi fueron liberados.
Desde entonces la ahora desierta prisión ha asumido un nuevo rol como monumento a la injusticia vivida durante las décadas del régimen de Gadafi y un sitio de peregrinación para los ex reos y familiares de los que fueron asesinados en 1996.
La semana pasada el gobierno provisional del país declaró que había encontrado la fosa en la que fueron enterradas las víctimas de la masacre de 1996 en un árido tramo del desierto fuera de las murallas de la cárcel. Tomará meses, probablemente años, para excavar los restos y completar los análisis de ADN.
"Sabemos que nuestros hermanos están enterrados en alguna parte", dijo Haraga, que visitó la prisión hace poco para pensar en los acontecimientos de hace quince años y en el milagro de los últimos meses.
"Me siento como un hombre nuevo en un país nuevo", dijo.
24 de octubre de 2011
1 de octubre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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