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la muerte de san la muerte


Juicio oral y público al hijo que mató de cinco balazos al padre. El hombre era un parapsicólogo que decía tener poderes sobrenaturales sobre las personas. Su hijo, que trabaja con él, lo asesinó luego de que el padre amenazara con ofrecer en sacrificio a su hijito de pocos meses.
[Lorena Panzerini] Argentina. "Me venía diciendo que iba a terminar con cinco tiros por parte de su propia sangre", dijo Marta Aguirre, la mujer que le alquilaba el consultorio a Juan Carlos Abramor, el parapsicólogo devoto de San La Muerte, que fue asesinado en abril de 2010. El hombre, de 50 años, era conocido como "Antonio" o "el ángel de la muerte" entre sus clientes. Con ayuda de su hijo y su pareja, tiraba las cartas y hacía "sanaciones" en nombre de San La Muerte, en barrio Itatí; actividad que convocaba a mucha gente, y de la que vivía toda la familia. Por el delito está acusado su hijo Juan Gabriel, de 25 años, quien declaró haber matado a su padre porque éste lo amenazó con ofrecer en sacrificio a su hijito de pocos meses. Aguirre, que de lunes a sábados veía a Juan Carlos atender pacientes en su casa, desmintió que se hicieran ese tipo de rituales con humanos o animales, aunque aclaró: "Al menos no sucedía en el consultorio de mi casa". En tanto, el informe psicológico de Juan Gabriel indica que el chico "tiene signos de haber sido abusado sexualmente por su progenitor", cuando era chico.
La noche del 6 de abril de 2010, Gabriel discutió con su padre porque su pequeño hijo no dejaba de llorar, y éste lo amenazó con que "lo iba a sacrificar si no se calmaba". Al día siguiente, Gabriel vio un papel con el nombre de su bebé en el altar de San La Muerte, que tenían en la casa. Se bañó, se vistió, salió del dormitorio con un arma y le disparó cinco veces a su padre.
Ayer, durante la segunda jornada del juicio oral y público que se sigue en los Tribunales Provinciales, Natalia, la mujer de la víctima, relató lo sucedido esa mañana ante el juez José Luis Mascali: "Gabriel salió de la pieza después de bañarse y escuché el impacto; me di vuelta y mi marido estaba tirado en el suelo de la cocina; él se acercó y le dio otro tiro. No dejó de disparar hasta que vació el arma". Natalia, que tiene una nena de cinco años fruto de su relación con Juan Carlos, señaló que Gabriel ayudaba a su padre con el trabajo de la parapsicología, y contó que varias veces le dijo que le estaba enseñando a tirar las cartas para que Juan Gabriel "fuera su sucesor"; aunque no negó que las discusiones eran continuas. "El quería que su hijo progresara: le compró computadora, y hasta tres motos", dijo.
Además, el hombre tenía un programa de radio al que la gente llamaba para dar su nombre y fecha de nacimiento, y "Antonio" les adivinaba el futuro, o los contactaba con un familiar fallecido. Gabriel era operador musical de ese programa, donde sacaba unos 200 pesos semanales para mantener a su mujer (Bárbara) y a su bebé. Sin embargo, Natalia aseguró que todas las ganancias de su marido eran compartidas con Gabriel.
Ambas parejas --con sus hijos-- vivían bajo el mismo techo, pero tenían dos cocinas y dos heladeras en la cocina de la casa. Bárbara, la ex mujer de Gabriel --de quien se separó hace poco tiempo, cuando el chico fue trasladado a la cárcel de Coronda-- relató que tenía "miedo" mientras vivía con la familia de su marido. "Prendían velas negras, blancas y rojas", afirmó. Además, aseguró que Juan Carlos no la trataba bien: "Le decía a Gaby que cómo podía comer lo que yo cocinaba, que era un asco, y me trataba de boluda". La chica señaló que mientras estaba embarazada bajó diez kilos y su hijo nació prematuro. "Después que pasó todo y yo volví a la casa de mi mamá, mejoré", aseguró.
Aunque no definió claramente qué actitudes o acciones le causaban temor, Bárbara contó que la cuñada de su hermana fue una vez a ver a "Antonio" en su consultorio para que su hija se alejara de un novio adicto, y señaló que el parapsicólogo le cobraría 1500 pesos por ese "trabajo" de alejamiento del joven, pero que "si querían, podía matarlo". También relató la misma historia que contó Juan Gabriel: "Una mujer fue a ver a Antonio para que hiciera que se muera la madre así ella se quedaba con un terreno; al tiempo volvió pidiendo que revirtiera el trabajo, porque se estaba cumpliendo, y él le dijo que ya no podía hacer nada".
Aguirre la desmintió: "Nosotros no hacíamos trabajos malos. En el consultorio no teníamos velas negras porque son malas". Ante la pregunta de la defensora Marta Macat, Aguirre negó que se hicieran "imposición de manos" con pacientes desnudas, aunque habría declaraciones que lo afirman. También desmintió que se hicieran sacrificios con animales o humanos. "Al santo le ofrecemos cigarrillos, cosas de oro, golosinas o dinero", contó la mujer.
Según el relato de Bárbara, Gabriel vino a vivir a Rosario desde Buenos Aires, donde convivía con su madre. La mudanza se debió a "problemas de adicciones", que el chico reconoció en su declaración. Desde que vivía con su padre, trabajaba con él. "Yo lo quería sacar de todo eso, le decía que él era inteligente y que podía estudiar o trabajar de cualquier otra cosa. Para mí no era normal lo que hacían en esa familia. El siempre me decía que no se podía ir", dijo la chica.
En tanto, el informe psicológico firmado por la profesional Olga Carlstein Wilson, confirma que Gabriel fue abusado sexualmente por su padre --que estuvo preso en Coronda, al parecer, acusado de asesinar a un comisario en Buenos Aires--; y habla de "trastornos en su identidad sexual". Además, se refiere a una "relación perversa" entre padre e hijo. El progenitor "pudo haber manipulado su conciencia al punto de creer que su padre tenía poderes sobrenaturales, poder de vida o muerte sobre las personas". "Es factible que (Gabriel) sintiera que su padre era dueño de su cuerpo generando sentimientos de amor y odio", agrega el texto.
4 de noviembre de 2011
©página 12

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