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EL FIASCO DE LA RECONSTRUCCIÓN Y EL PILLAJE DE IRAK


Queda cada vez más evidente que Estados Unidos ha iniciado un descarado pillaje de los recursos iraquíes, destinando muchos de los fondos de ese país a compañías norteamericanas cuya presencia allá es injustificada y priva a los iraquíes de su dinero y de empleo.
Las cosas han ido tan obviamente mal con la conducción estadounidense de la reconstrucción de Iraq que incluso el gobierno de Bush está ahora dispuesto a escuchar algunos consejos bien informados. Antes de la invasión, la Casa Blanca y el Pentágono ignoraron despectivamente los memoranda sobre la planificación para después de la invasión redactados por funcionarios del departamento de Estado expertos en Iraq, en el mundo árabe y en los problemas más amplios que supone la construcción de una nación. Ahora algunos de los mismos expertos del departamento de Estado están siendo llamados de vuelta discretamente para tratar de reparar el daño. Su re-emergencia es bienvenida, pero llegan tarde a la partida. Recuperar la buena voluntad y la confianza de los iraquíes de a pie supondrá, en el mejor de los casos, nadar río arriba.
Casi un año después de que el Congreso aprobara la contribución estadounidense de más de 18 billones de dólares para reconstruir Iraq, se ha gastado muy poco de este dinero. En realidad, se ha construido muy poco en el país, y la mayor parte de las cosas que sí se han hecho han sido financiadas con los propios recursos de Iraq. Esto es más que un caso vergonzoso de manejo inapropiado de la ayuda y de una contabilidad sospechosa. Ayuda a explicar por qué tantos iraquíes resienten la ocupación estadounidense, incluso aunque haya implicado el derrocamiento de un dictador odiado y terminara con 13 años de agotadoras sanciones económicas. Incluso la gente que inicialmente dio la bienvenida a la invasión están pasado por dificultades a la hora de entender o aceptar por qué 16 meses después de que las tropas norteamericanas tomaran Bagdad, la electricidad y el agua potable están sólo ocasionalmente disponibles y casi la mitad de la fuerza laboral iraquí está sin empleo.
De los 18.4 billones de dólares que aprobó el Congreso en otoño pasado, sólo unos 600 millones de dólares han sido efectivamente gastados. Billones más han sido asignados a proyectos gigantescos que están aún en sus fases de planificación. Parte de la culpa reside en la deficiente planificación del Pentágono y la reluctancia de las autoridades de la ocupación a consultar a profesionales iraquíes. Al contrario, el gobierno llevó consigo a contratistas de defensa norteamericanos que no tienen ni idea de qué es lo que se necesita con más urgencia ni cómo moverse en un clima altamente poco familiar y peligroso.
Los funcionarios de la ocupación se sienten con el derecho a usar recursos iraquíes, que son mucho menos supervisados y controlados que los fondos asignados por el Congreso. El año pasado, por ejemplo, la subsidiaria de Halliburton, la firma Kellog, Brown & Root recibió un contrato fuera de licitación que será pagado con ingresos iraquíes. En ese momento, el Congreso pudo oponerse a seguir haciendo negocios con una compañía que debe responder indagaciones sobre los precios excesivos que carga por la importación de gasolina en Iraq y sobre un contrato fuera de concurso otorgado por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército justo antes de la invasión. La semana pasada, el Washington Post informó que casi 2 billones de dólares en recursos iraquíes fueron otorgados a compañías norteamericanas.
Los expertos del departamento de Estado sugieren ahora que un giro hacia proyectos de menor escala darían resultados visibles mucho más rápidamente. También están hablando sobre una mayor implicancia iraquí en la planificación y ejecución de los proyectos de reconstrucción financiados por Estados Unidos. La implicación iraquí ampliaría la conciencia pública sobre estos proyectos, proporcionaría nuevos puestos de trabajo para los iraquíes y reduciría drásticamente los costes. La fuerza laboral iraquí en la construcción cuesta menos de una décima parte de lo que se le paga ahora a los contratistas extranjeros. Consultas más seguidas con los ministerios bagdadíes y ayuntamientos locales también daría alguna credibilidad a los alegatos de Washington de que ahora son los iraquíes los que manejan su país. A pesar de todas las cosas por las que ha tenido que pasar Iraq, el país sigue siendo una de las sociedades más avanzadas del mundo árabe, con un número considerable de expertos profesionales que podrían ser mejor utilizados.
Todo esto debió haber hecho hace un año atrás. Y todavía debe ser hecho. La necesidad de reconstruir Iraq se ha hecho más urgente y la mayor parte de esos enormes fondos siguen sin ser utilizados.

8 de septiembre de 2004
23 de septiembre de 2004
©newyorktimes
©traducción mQh
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