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retirándose de iraq


Estados Unidos teme nuevo resurgimiento del terrorismo de al Qaeda. Funcionarios del Pentágono discuten sobre futuro rol en Iraq.
[Michael S. Schmidt y Eric Schmitt] Bagdad, Iraq. Mientras Estados Unidos se prepara para retirar sus tropas de Iraq para fines de este año, altos funcionarios estadounidenses e iraquíes están expresando su creciente temor de que la rama local de al Qaeda, que hace apenas unos años ofreció una debilitadora resistencia que empujó al país a la guerra civil, esté preparando un mortífero renacimiento.
Los aliados de al Qaeda en África del Norte, Somalia y Yemen están tratando de ejercer más influencia después de la muerte de Osama bin Laden y el reducido rol de lo que queda de la dirigencia de al Qaeda en Pakistán. Por su parte, al Qaeda en Iraq está luchando por recuperarse de las importantes derrotas que le infligieron grupos tribales iraquíes y tropas estadounidenses en 2007, así como de la muerte de sus dos líderes en 2010.
Aunque ciertamente la organización está más débil que en su periodo de apogeo hace cinco años y es improbable que vuelva a tener el vigor de antaño, analistas estadounidenses e iraquíes dicen que la franquicia de al Qaeda está cambiando sus tácticas y estrategias -como montando ataques contra las fuerzas de seguridad iraquíes con pequeños pelotones- para explotar las brechas que están dejando las tropas estadounidenses salientes y tratando de reiniciar la violencia religiosa en el país.
La organización, que también se conoce como al Qaeda en Mesopotamia, ha mostrado una sorprendente flexibilidad incluso en momentos en que sus rutas tradicionales de combatientes extranjeros a través de Siria han sido interrumpidas por el caos en ese país, dicen funcionarios de la inteligencia estadounidense. Está realizando más de treinta ataques a la semana, monta atentados de gran escala cada cuatro a seis semanas y ha ampliado sus campañas de reclutamiento de iraquíes, lo que ha redundado en un significativo aumento de terroristas suicidas nacidos en Iraq.
"Me estremezco cada vez que alguien dice que al Qaeda está en las últimas", dijo el general de división Jeffrey Buchanan, el más alto portavoz de los militares estadounidenses en Iraq. "Creo que algún día vamos a mirar alrededor y decir que ha pasado un largo tiempo desde que oímos hablar de al Qaeda por última vez y entonces podremos decir que la organización está en las últimas".
El resurgimiento de la organización afiliada a al Qaeda ha contribuido a alimentar el debate entre algunos funcionarios del Pentágono, por un lado, que están buscando la manera de dejar pequeños grupos de instructores militares estadounidenses y fuerzas de operaciones especiales para operar en Iraq, y algunos funcionarios de la Casa Blanca, por el otro, que están ansiosos por concluir el último capítulo de una polémica guerra que le ha costado la vida a más de 4.400 soldados en los últimos ocho años.
Analistas iraquíes expresan sus temores de que los lazos entre al Qaeda y miembros del ex partido gobernante Baath puedan estar restableciéndose. "El gobierno teme que una alianza entre al Qaeda y Baath precisamente ahora, después de la retirada de las tropas norteamericanas de Iraq", dijo Ehssan al-Shemari, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Bagdad. "El tema de la seguridad es el mayor reto que tendrá el gobierno en la siguiente fase".
De acurdo al general Buchanan, hay en la red de al Qaeda en Iraq entre ochocientas a mil personas, "desde terroristas implicados en operaciones hasta medios para financiar a los combatientes". Un documento dado a conocer por los militares en julio de 2010 decía que al Qaeda contaba con cerca de doscientos combatientes "duros" en Iraq. La débil economía iraquí está proporcionando una enorme bolsa de reclutas jóvenes y vulnerables, dicen analistas.
Un funcionario del Ministerio de Defensa familiarizado con la rama de al Qaesa dijo que los líderes y reclutas de la organización son árabes sunníes de las regiones central, occidental y norte de Iraq. Aunque algunos pueden haber estado afiliados al Partido Baath durante el gobierno de Sadam Husein, dicen los analistas, no estuvieron relacionados con niveles altos ni del gobierno ni de las fuerzas armadas. Los extranjeros sólo constituyen un pequeño porcentaje de la base de miembros de la organización.
Durante el verano la rama de al Qaeda en Iraq trató de encender una guerra religiosa con una serie de atentados coordinados en todo el país y la ejecución de veintidós peregrinos chiíes de la ciudad de Karbala que pasaban por la provincia de Anbar, una zona controlada por al Qaeda.
Tras la matanza de los peregrinos, las fuerzas de seguridad del gobierno local en Karbala realizaron allanamientos en Anbar, detuvieron a varias personas y los llevaron a Karbala. Los allanamientos enfurecieron a los líderes locales de Anbar, que amenazaron con responder con violencia. Pero el gobierno del primer ministro Nuri Kamal al-Maliki intervino frenéticamente. El ministro interino de Defensa viajó a Anbar para reunirse con líderes locales y finalmente uno de los líderes locales amenazó con una demanda judicial -una forma de resolver una disputa en Iraq que antes era impensable.
La capacidad del gobierno de Maliki para aliviar las tensiones llevaron a muchos funcionarios estadounidenses e iraquíes a creer que los iraquíes serían capaces de distender las tensiones religiosas sin la tutela estadounidense.
Los allanamientos subrayaron las cambiantes tácticas de la organización. La rama local de al Qaeda "se ha abstenido de intentos de imponer sus leyes y controlar territorios -iniciativas que la dejaron extremadamente vulnerable a las operaciones anti-subversivas- y adoptó un modelo terrorista más tradicional construido sobre la base de una organización clandestina y ocasionales atentados a gran escala", de acuerdo a un estudio -en agosto- de Brian Fishman, analista experto en contraterrorismo de la New America Foundation, un centro independiente de investigación.
Aunque Estados Unidos está retirando todas sus 33 mil tropas, excepto el puñado que permanecerá en el país para proteger la embajada estadounidense, ambos gobiernos están conversando sobre la continuidad de la cooperación militar. Uno de los principales objetivos de Estados Unidos es que el gobierno de Iraq apruebe la presencia de un contingente de fuerzas especiales norteamericanas para adiestrar y asistir a las fuerzas de seguridad, de acuerdo a dos funcionarios estadounidenses.
El viernes, la Casa Blanca anunció que el presidente Obama se reunirá con Maliki el 12 de diciembre para tratar la continuidad de la "asociación estratégica" entre Estados Unidos e Iraq.
Altos funcionarios estadounidenses dicen que el intercambio de inteligencia entre fuerzas iraquíes y norteamericanas, que funcionarios de ambos países dicen que redujo el número de atentados a la mitad en los últimos dos años, se reducirá significativamente una vez que las tropas se marchen.
Los funcionarios están particularmente preocupados sobre las capacidades nocturnas de las fuerzas especiales iraquíes, que dependían de los estadounidenses para localizar a los insurgentes, para el transporte por helicóptero y otras misiones contraterroristas nocturnas.
"No será tan nítido como cuando les ayudábamos", dijo un funcionario estadounidense que fue interrogado sobre los militares en Oriente Medio. "Probablemente tendremos allanamientos de casas equivocadas, blancos confundidos. Tampoco quiere decir que al Qaeda tendrá luz verde para hacer lo que quiera. Pero los iraquíes harán cosas que les hemos aconsejado no hacer" y su capacidad para actuar contra la resistencia será menor, dijo el funcionario.
A medida que decae el apoyo de los militares estadounidenses, el Departamento de Estado, que tendrá una mayor presencia en Iraq en los próximos años, está aumentando sus esfuerzos para ayudar a los iraquíes en su lucha contra al Qaeda.
El mes pasado, la secretario de Estado Hillary Rodham Clinton clasificó al líder de al Qaeda en Iraq, Ibrahim Awwad Ibrahim Ali al-Badri, como un terrorista global especial y ofreció una recompensa de diez millones de dólares por informaciones que conduzcan a su captura. Pocos iraquíes habían oído hablar de Badri, que fue uno de los primeros terroristas en elogiar a Osama bin Laden tras su asesinato en mayo pasado, jurando que cometería cien atentados en Iraq para vengar la muerte de bin Laden. Badri, conocido también como Abu Dua, ha mantenido un bajo perfil desde que asumiera el control de la organización después de que los dos líderes previos del grupo fueran asesinados en abril pasado.
Al Qaeda en Iraq ha concentrado sus ataques contra las fuerzas de seguridad iraquíes, pero altos funcionarios estadounidenses también han expresado sus temores de que la organización pueda exportar su violencia. En mayo, dos refugiados iraquíes que vivían en Bowling Green, Kentucky, fueron acusados de tratar de enviar rifles para francotiradores, misiles Stinger y dinero a la rama de al Qaeda en su país natal. Ninguno de los acusados -Waad Ramadan Alwan, 30, y Mohanad Shareef Hammadi, 23- fue acusado de conspirar para cometer atentados en territorio estadounidense. Una operación policial encubierta impidió que las armas y el dinero fueran enviados a Iraq.
El nuevo director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Matthew G. Olsen, advirtió en una declaración ante el Congreso el mes pasado, que era cada vez más probable que al Qaeda en Iraq cometiera atentados fuera del país. Mostró un video de la organización que circuló en enero en el que se llama a sus miembros a atacar a estudiantes y destruir infraestructuras en Occidente.
[Michael S. Schmidt informó desde Bagdad, y Eric Schmitt desde Washington. Zaid Thaker contribuyó al reportaje.]
20 de noviembre de 2011
6 de noviembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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la paranoia de sadam husein


Documentos de un archivo iraquí revela paranoia conspirativa de Sadam Husein.Estaba convencido de que Estados Unidos conspiraba para prolongar su guerra con Irán para debilitarlo.
[Michael R. Gordon] Washington, Estados Unidos. El 15 de noviembre de 1986, Sadam Husein convocó a una reunión a sus asistentes más antiguos para una importante sesión sobre estrategia. Dos días antes, el presidente Ronald Reagan había reconocido en un discurso televisado que su gobierno había enviado armas y repuestos a Irán.
"Sólo puede tratarse de una conspiración contra Iraq", dijo Hussein, que infirió  misteriosamente que Estados Unidos estaba tratando de prolongar la guerra Irán-Iraq, ya en su sexto año, y aumentar las enormes bajas de Iraq.
A decir verdad, el gobierno de Reagan había cerrado ese acuerdo para la entrega de armas por un sinfín de razones que poco tenían que ver con Iraq: se trataba de asegurar la liberación de los rehenes estadounidenses en el Líbano, abrir un canal privado con el nuevo gobierno en Teherán y generar beneficios secretos que pudieran ser enviados a los contrarrevolucionarios nicaragüenses.
Pero Husein no abandonaría sus sospechas de que se trataba de una conspiración. Mencionó nuevamente la venta de armas en su fatídico encuentro, el 25 de julio de 1990, con April Glaspie, la embajadora estadounidense en Bagdad, donde nuevamente interpretó mal las intenciones de Washington y asumió que se cruzaría de brazos cuando sus tropas invadieran Kuwait una semana después.
Las deliberaciones en el círculo íntimo de Husein se encuentran documentadas en un voluminoso archivo de documentos y reuniones grabadas que las fuerzas estadounidenses requisaron tras invadir Iraq en 2003. Gran parte de la colección, alojada en formato digital en la Universidad de la Defensa Nacional, no ha sido hecha pública. Pero una pequeña porción de esta ha sido puesta a disposición de investigadores extranjeros y veinte transcripciones y documentos fueron liberados el martes durante una charla sobre la Guerra Irán-Iraq en el Woodrow Wilson International Center for Scholars en Washington.
Incluso en la época de WikiLeaks, un archivo tan detallado como este de las cavilaciones privadas de un presidente extranjero –que revela sus cálculos y percepciones de la política exterior norteamericana- rara vez llega a la opinión pública. Es la versión iraquí de las cintas del Despacho Oval que contribuyeron a hacer caer al presidente Richard M. Nixon, y abrieron para los historiadores una nueva vía de observación de la Casa Blanca entre 1940 y 1973, cuando se había instalado un sistema de grabación.
En el caso de Husein, las transcripciones revelan a un líder inclinado a ver enemigos en todas partes, que exhibía a menudo una escasa comprensión de la diplomacia fuera de Oriente Medio y que abrigaba grandiosas ambiciones para su país, aunque se inclinaba a épicos errores de cálculo.
Husein subestimó tan profundamente la capacidad militar de Irán que asumió erróneamente que los bombardeos aéreos al principio de la guerra habían sido realizados en realidad por aviones de guerra israelíes. Seleccionó personalmente los misiles que serían usados en un ataque contra una ciudad iraní y fanfarroneó que Iraq poseía un arsenal de armas químicas que "mata a miles de una vez". Se sentía tan amenazado por el surgimiento de organizaciones fundamentalistas islámicas que habló sobre su deseo de "engañar" a la opinión pública haciéndole creer que su gobierno también había adoptado valores islámicos.
Desde una perspectiva histórica, la decisión de Husein de atacar Irán y su reacción ante el escándalo Irán-contras son dos de los episodios más intrigantes descritos en los documentos.
Husein preparó el terreno para la guerra con Irán anulando un acuerdo de 1975 que había puesto fin a un litigio sobre Shatt al Arab, una estratégica vía fluvial a lo largo de sus fronteras. De acuerdo a Amatzia Baram, experto israelí, la crucial decisión parece haber sido tomada el 16 de septiembre de 1980, cuando Husein adoptó la optimista idea de que los iraníes, temerosos de las tropas iraquíes concentradas masivamente cerca de la frontera, aceptarían la nueva situación sin gran resistencia.
Un informe secreto del general del Directorado de la Inteligencia Militar apoyó la interpretación de Husein. "Está claro que Irán no tiene poder para iniciar operaciones ofensivas contra Iraq ni para defenderse a gran escala", observa el informe. También pronosticaba un mayor "deterioro de la situación general de la capacidad de respuesta de Irán".
Pero la guerra, que finalmente se prolongó durante ocho años y tuvo cientos de miles de bajas resultó ser mucho más difícil de lo que Husein había esperado. Poco después de iniciada la guerra, la aviación iraní bombardeó una serie de blancos, incluyendo las refinerías de petróleo de Iraq y la planta nuclear Osirak al sur de Bagdad. El ataque sorprendió tanto a los iraquíes que asumieron que el ataque no podía ser iraní.
"Esto lo hizo Israel", exclamó Husein en una reunión el 1 de octubre de 1980. Luego se quejó de que los funcionarios iraquíes habían hecho caso omiso de su sugerencia de enterrar la planta nuclear debajo de las montañas de Hamrin al norte de Bagdad, antes de aprobar un plan para fortificar el complejo con millones de sacos de arena. Pero esos sacos no sirvieron de mucho cuando aviones de guerra israelíes atacaron la instalación en junio de 1981.
Más tarde Husein dijo que no le sorprendía que Israel se sintiera amenazado por Iraq, el que aseguró que derrotaría a Irán y emergería con unas fuerzas armadas más fuertes que nunca. "Una vez que Iraq regrese victorioso, no habrá Israel", dijo en una conversación en 1982. "Técnicamente tienen razón en sus intentos por dañar a Iraq".
Mientras proseguía la guerra, Husein no dudó en dar consejos sobre el campo de batalla, pese a su frágil conocimiento de armas y tácticas."¿No tienes cañones que hagan explotar el aire sobre ellos cuando están en la calle?", preguntó en una reunión el 1 de octubre de 1980, en la que se trató el bombardeo de Abadan, al sur de Irán. "Queremos que sus bajas sean cuantiosas".
Era a menudo cordial con su círculo íntimo en gran parte adulador, pero era capaz de fríos cálculos sobre las tropas que había enviado a la guerra. Al principio del conflicto, Husein expresó su frustración con los pilotos de los bombarderos iraníes que, entorpecidos por una inteligencia deficiente, habían vuelto de sus misiones sobre Irán sin haber disparado contra sus blancos. Decidiendo que tenía que sentar un ejemplo para los aviadores, Husein exigió que los pilotos fueran ejecutados, una práctica que ex comandantes iraquíes dicen que fue común durante la guerra.
El escándalo Irán-contras demostró ser particularmente amargo para Husein y sus asistentes, y se esforzaron durante semanas por entenderlo. Entre otras cosas, no podían entender por qué el gobierno de Reagan había atacado a Libia en 1986 pero se estaba aproximando a Irán, ya que, dijo Husein, Irán "juega un papel mucho más importante en el terrorismo".
"Estoy tratando de entender exactamente qué pasó aquí", dijo. Tariq Aziz, su ministro de relaciones exteriores y el rostro de Iraq ante el mundo durante años, observó, quizás bromeando, que Iraq había apoyado la independencia de Puerto Rico.
Pero Husein dijo que había algo más importante que Puerto Rico en juego: la lucha por influencia en el volátil Oriente Medio. "Prefieren a los iraníes", dijo Husein. "No es que los prefieran porque son más amables que nosotros, o porque sean mejores que nosotros. Los prefieren porque los pueden recoger de la calle y meterlos a sus coches más fácilmente, a diferencia de nosotros", agregó, comparando a los iraníes con prostitutas callejeras.
Pese a su desconfianza de Estados Unidos, Husein también temía, según se lee en los documentos, que la Unión Soviética quisiera prolongar la guerra Irán-Iraq para distraer a Irán de modo que no pudiera ayudar a los combatientes musulmanes en Afganistán y las repúblicas soviéticas. En una grabación no datada de los años ochenta, Aziz desdeñó a Javier Pérez de Cuéllar, secretario general de Naciones Unidas durante largo tiempo, como un espía estadounidense. "Quiero decir, ha estado viviendo en Nueva York en los últimos quince o veinte años", dijo, "que es una ciudad judía".
Hal Brands, profesor de la Universidad Duke que ha estudiado el archivo dijo que el propio ascenso al poder de Husein, que fue producto de años de conspiración baathista y brutales luchas intestinas, probablemente influyó en su opinión de otros países." Llegó al poder gracias a una conspiración y tendía a asumir que todo el mundo hacía lo mismo"., dijo Brands.
La idea de que Israel y Occidente habían unido fuerzas para socavar su gobierno persistió hasta después de que hubiera terminado la guerra Irán-Iraq. En 1990 Husein mismo intervino para cerciorarse de la ejecución de Farzad Bazoft, un periodista nacido en Irán que trabajaba para The Observer, un diario británico. Bazoft estaba investigando una misteriosa explosión en un complejo militar al sur de Bagdad donde fue detenido y acusado de espiar para Israel. El caso Bazoft llamó la atención en todo el mundo, y el gobierno británico pidió clemencia. Husein no se conmovió. Informado de que tomaría un mes para que el proceso legal iraquí concluyera con su ejecución, se encargó él mismo del asunto.
"¿Todo un mes?", exclamó. "Yo lo quiero ejecutar para el Ramadán, y este será el castigo para Margaret Thatcher".
Bazoft fue colgado el 15 de marzo de 1990, seis meses después de su detención y poco antes del Ramadán. En respuesta, Gran Bretaña retiró a su embajador. Cinco meses más tarde, las tropas iraquíes invadieron Kuwait.
20 de noviembre de 2011
26 de octubre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

ambivalencias sobre retirada de iraq


Los iraquíes se alegran del fin de la ocupación norteamericana, pero les preocupa lo que pueda pasar. Temen el estallido de una nueva guerra civil.
[Tim Arango] Abu Ghraib, Iraq. Hace unos días, Hussam Saad estaba en el puesto de verduras al otro lado de la autopista y de la prisión donde dice que trabaja.
"Todavía puedo recordar vigilando la cárcel en la noche, y oyendo las voces y los gritos de la gente que era torturada", dijo Saad, recordando la época en que los estadounidenses estaban a cargo de Abu Ghraib.
Incluso así, dice, ahora es peor.
"Sería mejor", dijo, "si los estadounidenses todavía estuvieran a cargo de la cárcel".
Es difícil verificar las afirmaciones de Saad; el gobierno niega que se maltrate a los reos, aunque el Departamento de Estado dice que los casos de tortura en el país han sido documentados por los propios inspectores del gobierno iraquí. Pero como un indicio de qué tipo de país está dejando atrás Estados Unidos, los comentarios de Saad son asombrosos.
Dado el legado del escándalo de las torturas en la cárcel, esto sería probablemente un lugar tan bueno como cualquier otro para que la inminente partida de las tropas estadounidenses fuera saludada con descarada felicidad.
La ambivalencia refleja todo lo que falta por hacer para volver a fundar este país fracturado -a lo largo de líneas étnicas- como una democracia operacional. Los intentos de incorporar a los sunníes en el gobierno chií han sido a lo menos caprichosos. Las leyes para repartir los valiosos dólares del petróleo entre grupos étnicos y feudos regionales siguen siendo orales. Y casi dos años después de una elección nacional, los bloques políticos del país encarnizadamente divididos no pueden ponerse de acuerdo sobre quién debería dirigir los ministerios de Defensa y del Interior.
La ciudad de Abu Ghraib era en el pasado más famosa por su yogur y quesos que por su cárcel. Durante el gobierno de Sadam Husein, fue una orgullosa área tribal sunní. Hoy, su gente tienen tanto miedo a la brigada local del ejército como a la resistencia.
En cuanto a los salientes americanos, cuyo escándalo dejó una imborrable mancha en la comunidad, los vecinos expresan la misma ambivalencia que se observa en todo Iraq: una combinación de alegría por el fin de ocho años de ocupación y temor por lo que pueda pasar. En el país, el anuncio el mes pasado de que las fuerzas estadounidenses se retirarían antes de fin de año no ha provocado tanto una amplia celebración -aunque algo hay de eso- como en general una silenciosa introspección.
"¿Es verdad, realmente se van a marchar?", se preguntó Ali Sattar, que es dueño de una tienda de artefactos eléctricos detrás de la cárcel, y se quejó del hostigamiento de las fuerzas de seguridad locales.
"¿Qué es lo que hará el ejército iraquí cuando se vayan los americanos?", dijo. "De eso tenemos miedo".
Incluso en casa del anciano sabio de la aldea, donde muchos de los hombres en los últimos años pasaron algún tiempo en centros de detención administrados por tropas estadounidenses aquí y en otros lugares, el inminente fin de la guerra norteamericana ha hecho brotar los mismos sentimientos ambiguos.
Uno de los hombres, Ahmed Ali Dawood, ha saludado el fin de la intervención militar norteamericana en Iraq, pero le preocupa que los iraquíes no puedan superar su propia rabia. Sus amigos y su familia, como en tantas otras comunidades, están divididos entre los que se unieron a la resistencia y los que acogieron a los norteamericanos. "Eso creó odio entre la gente", dijo. "No se puede decir que esas heridas hayan cicatrizado. Todavía no confían en el gobierno".
Dawood pasó tres meses en la cárcel de Abu Ghraib, cuando los americanos todavía la administraban en 2006, por cargos de terrorismo que dijo que eran falsos. "Me trataron como a un animal", dijo. Más tarde pasó "tres años, un mes y doce días" en el Campamento Bucca, una cárcel estadounidense en el sur de Iraq, antes de ser dejado en libertad.
Para Estados Unidos, el fin de su intervención militar es considerado como el cumplimiento de un compromiso que hizo el presidente Obama durante su campaña y la vuelta de página de un doloroso y caro capítulo de su historia más reciente -una que muchos estadounidenses ya han olvidado de todos modos.
Aquí es diferente. La invasión estadounidense y sus secuelas no son más que una capa de un trauma mucho más profundo que empezó hace décadas y estuvo marcado por el terror del Partido Baath y las fosas comunes que generó, la devastadora guerra con Irán y las sanciones internacionales de los años noventa después de la invasión de Kuwait. Todo esto todavía resuena. En una pared en la casa del anciano de la aldea cuelga un retrato enmarcado de un pariente en uniforme militar. Era un oficial del ejército iraquí que desapareció en 1985.
Esa historia hace que los iraquíes se muestren cautelosos sobre el futuro. El jeque Ali Hamad, otro de los hombres reunidos en la casa hace poco para discutir la salida de las tropas estadounidenses, quiere que las fuerzas se marchen, pero le indigna que Estados Unidos no deje atrás un estado más estable.
"Están dejando el país en manos de políticos que son como adolescentes", dijo. "Puede estallar una guerra religiosa. Este es un escándalo mucho más grande que el de Abu Ghraib, esto de dejar las cosas a medio terminar y con estos políticos".
En el puesto de verduras al otro lado de la cárcel, los niños se agolparon alrededor de los adultos, felices, extasiados incluso por la posibilidad de hablar con un extranjero y mostrar los libros de texto en inglés impresos en Londres. Un convoy de vehículos blindados estadounidenses había pasado hace poco por la autopista en dirección al occidente, hacia Jordania y Siria, en medio de otros vehículos, lo que es un signo de lo mucho que ha cambiado todo en el país.
Los niños, que sólo han conocido esta guerra, reían e imitaban el movimiento de apuntar con un rifle y los sonidos del fuego de una ametralladora cuando se les preguntó qué recordarían de los estadounidenses, y dijeron palabras como "caramelos" y "tanques". Luego se echaron a correr.
Saad, que estaba parado cerca del grupo, se identificó como un empleado de la cárcel durante once años -dijo que había empezado durante el gobierno de Sadam Husein. Hoy, dijo, los funcionarios de la cárcel seleccionan a la gente de Anbar y Mosul -es decir, sunníes- y los maltratan, una inversión de las circunstancias durante el gobierno dominado por los sunníes [de Sadam Husein].
Un funcionario a cargo de las cárceles en el Ministerio de Justicia, el general Hamed Hamadi al-Mousawi, dijo que en los centros de detención de Iraq "no se tortura, no se oprime y no hay sectarismos".
"Tratamos de satisfacer las necesidades de los reos en cuanto a alimentación, vestuario, ropa interior, médicos, agua, electricidad", dijo. "Tienen mejor electricidad que la gente fuera. Nunca la apagamos. Lo hacemos por muchas razones. Por ejemplo, para que no escapen".
[Yasir Ghazi contribuyó al reportaje desde Bagdad.]
11 de noviembre de 2011
3 de noviembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

sed de venganza en kirkuk


Mientras los militantes iraquíes huyen, sus familias se convierten en blancos de ajustes de cuentas.
[Jack Healy y Omar al-Jawoshy] Kirkuk, Iraq. Incluso sus padres admitían que Faras Awad era un asesino. Como líder insurgente en esta ciudad al norte de Iraq, en los años que siguieron a la invasión estadounidense secuestró a mujeres y ejecutó a civiles. Entonces desapareció -para escapar de la ley, de sus enemigos y de la recompensa de cincuenta mil dólares que ofrecían por su cabeza.
Una cartelera publicitaria en Kirkuk muestra a individuos "buscados por secuestro y asesinato", incluyendo a Farad Awad, el segundo por la izquierda, cuyo hermano fue asesinado aparentemente como venganza por los crímenes de Farad.
Pero alguien tenía que pagar. A fines del año pasado, el hermano menor de Faras, Yousef, fue secuestrado, ejecutado de un tiro en la cabeza y su cuerpo arrojado a un sitio eriazo. La policía lo describió como un salvaje acto de venganza -un hermano que muere por los pecados del otro.
Los líderes tribales dicen que decenas de otros familiares de insurgentes han sido atacados y asesinados en los últimos años a medida que los iraquíes se volvían contra al Qaeda y otras organizaciones militantes. Algunas familias de los insurgentes también han sido expulsadas de sus casas y pueblos, acusadas de ser cómplices de los crímenes cometidos por sus parientes o simplemente culpables por asociación.
Los ataques representan una pequeña fracción de la violencia general, pero ilustran uno de los grandes problemas de Iraq en momentos en que trata de romper el círculo vicioso de asesinatos y venganza. A medida que Iraq trata de convertirse en un país más estable, basado en el imperio de la ley antes que en códigos de sangre, sus líderes tratan de convencer a los iraquíes de que depositen su fe en el viciado y a veces poco efectivo sistema jurídico. "Este es el problema en Iraq", dijo Zuhair al-Chalabi, asesor para la reconciliación nacional en Iraq, que pasa sus días tratando de mediar en riñas de honor entre milicias y tribus rivales. "Los iraquíes deben olvidar sus heridas. Tiempo. Necesitamos tiempo."
Pero no todo el mundo es igualmente paciente. "La ley y los tribunales no nos ayudan ", dijo Jasim al-Ajili, musulmán chií de la norteña ciudad de Baquba, que perdió dos sobrinos a manos de al Qaeda. Dijo que había identificado al responsable de los asesinatos y estaba preparando su venganza.
"Lo detendré, lo secuestraré, grabaré su confesión", dijo. "Luego, si la justicia no hace nada, lo mataré."
Las familias asociadas a los combatientes extranjeros y nacionales de al Qaeda, que mataron a decenas de miles de iraquíes e inclinaron al país hacia el caos, despiertan pocas simpatías. Las esposas y viudas de los militantes son parias. Sus hijos no son reconocidos legalmente por el gobierno iraquí.
En zonas rurales de la provincia de Diyala, al nordeste de Iraq, reclutadores de la causa encontraron suelo fértil en las filas de sunníes jóvenes y pobres. Decenas de miembros de la tribu de un jeque local, Yousef al-Hilan, se unieron a al Qaeda. Hicieron volar coches; montaron puestos de control desde donde disparaban y asesinaban a conductores chiíes; y controlaban pueblos enteros.
Ahora, calculaba el jeque Hilan, cerca de la mitad de sus familias habían sido asesinadas o desplazadas por ataques de represalia.
"Tuvimos muchas familias cuyos hijos se incorporaron a al Qaeda", dijo el jeque Hilan, que perdió a cuatro hijos en asesinatos por venganza. "Todo el dolor cayó sobre ellos. La gente quiere venganza. Irrumpirán en la casa y matarán a todo el mundo. Hasta que sacien su sed de venganza."
Un concejal de la provincia de Diyala dijo que los asesinatos por venganza eran casi el cinco por ciento de todos los asesinatos cometidos en los últimos dos años.
Los asesinatos y ataques reflejan culturas tribales profundamente enraizadas que permiten, e incluso exigen, duros ajustes de cuentas, en los que la sangre se paga con sangre. Kareem Mohammed Abu Hatem contó que su casa, su coche y una pequeña tienda en el pueblo de Bohruz fueron incendiados como venganza por el trabajo de su hijastro para al Qaeda. Los culpables no fueron nunca habidos, lo que hace imposible verificar su versión.
Poco después de la invasión de 2003, árabes de barga larga, acentos extranjeros y una inclinación por las arengas justicieras llegaron al pueblo de Ahmed Mustafa en Diyala e instaron a los jóvenes a luchar contra los invasores estadounidenses. El hijo mayor de Mustafa, Waleed, quedó encandilado, y se marchó con los combatientes.
Cuando empezaron a aparecer en las calles los cuerpos decapitados de iraquíes, Mustafa pidió a su hijo que dejara la organización. Entonces, contó Mustafa, recibió una carta que le advertía que "te cortaremos la lengua y te mataremos". En 2007, su hijo de diecisiete fue asesinado cuando salía de la granja familiar. Al año siguiente, su otro hijo fue asesinado a balazos cuando hacía las compras con su madre.
Temiendo por su vida, Mustafa y su esposa se mudaron a una aldea donde no conocían prácticamente a nadie. "Soy inocente", dice.
Sin embargo, teme que pueda ser el siguiente.
Para la familia Awad en Kirkuk, la historia de sus dos hijos mayores se interpretaba como la de Caín y Abel en la edad de al Qaeda.
Faras, el hijo mayor, nació en 1981, y Yousef, un año más tarde. Los niños crecieron en una remota granja de hortalizas y melones a unos 32 kilómetros al sur de Kirkuk, fuera del alcance de las promesas de su riqueza petrolífera. De niños eran observantes, y rezaban y ayunaban juntos, contó su padre. Faras llegó a ser un joven ídolo del fútbol y culturista; Yousef ahorraba el dinero que ganaba como obrero de la construcción.
Después de la invasión, la familia empezó a oír rumores de que Faras se había unido a la insurgencia. Yousef trató de convencer a su hermano de que volviera a la agricultura, y sus parientes le dieron un ultimátum: o renuncias, o te marchas. Se marchó.
"Fue su opción", dijo su madre, Khomaysa. "Nos preguntábamos: ¿Qué le dijeron que lo hizo dejar a su familia? Eso no lo pudo entender."
Sus padres repudiaban a Faras ante cualquiera que preguntara, pero los soldados todavía allanaban su casa después de atentados o balaceras. Empezaron a recibir llamadas amenazantes, en las que les decían que Faras tenía que comportarse, sino lo pagaría su familia.
"No es nuestro hijo", dijo el padre de Faras, Awad al-Hail Abdullah. "Le dije al gobierno: ‘Maténlo, secuéstrenlo, deténganlo. Ya no somos responsables de lo que hace."
Funcionarios de seguridad dijeron que Faras emergió como un líder de niveles inferiores de la insurgencia en Kirkuk, quizás la ciudad iraquí más furiosamente disputada, donde las tensiones étnicas entre árabes, kurdos, turcomanos y cristianos estallan frecuentemente en actos de violencia. Aunque en los últimos años se han reducido los asesinatos, la policía observó un reciente repunte en atentados que atribuyen a un influjo de militantes provenientes de la norteña ciudad de Mosul, de Diyala al este y de zonas musulmanas sunníes de Samarra y Kikrit justo al norte de Bagdad.
Funcionarios de seguridad dijeron que Faras se unió a la organización insurgente Ansar al-Sunnah, asociada a la rama iraquí de al Qaeda. Funcionarios de seguridad dijeron que Faras estuvo implicado en atentados con bomba y secuestros de kurdos.
En estos momentos es el criminal más buscado de Kirkuk.
El 29 de noviembre su hermano menor Yousef estaba trabajando en unas obras en Kirkuk cuando varios hombres lo cogieron y metieron en una furgoneta blanca. Dos semanas después su cuerpo fue encontrado en un sitio eriazo, metido en un saco de harina. Había sido torturado y ejecutado de un tiro en la cabeza.
El jefe de la policía de Kirkuk, el general Turhan Abdul-Rahman Yousef, y un líder tribal familiarizado con el caso confirmaron independientemente la versión de la familia y dijeron que Yousef no tenía relación alguna con grupos militantes. Los dos dijeron que creían que el asesinato de uno de los hermanos era en venganza por las acciones del otro.
La familia enterró a Yousef cerca de la granja y trató de olvidar a Faras. Pero es difícil. Sus ojos te miran desde las carteleras en todo Kirkuk, junto con las palabras: "Buscado por secuestro y asesinato."
[Durain Adnan contribuyó desde Iraq a este reportaje.]
5 de junio de 2011
4 de junio de 2011
©new york times
cc traducción mQh

mintió para justificar guerra


Un exiliado ingeniero químico, cuyo testimonio clave fue usado por EE.UU. para justificar la guerra contra Irak, confesó que mintió.
Estados Unidos. Un ingeniero iraquí, cuyo testimonio fue usado por Estados Unidos para lanzar la guerra contra Irak, le confesó a un periódico británico que había mentido sobre la existencia de armas de destrucción masiva en su país de origen.

El ingeniero, Rafid Ahmed Alwan al-Janibi, apodado "Curveball" por los servicios de inteligencia de Alemania y EE.UU., le dijo al diario The Guardian que su objetivo era ayudar a derrocar al gobierno de Saddam Hussein, del que había huido en 1995.
"Quizás lo que hice fue bueno. Quizás no. Tuve la posibilidad de inventar algo para derrocar al régimen. Yo y mis hijos estamos orgullosos de que fuimos la razón para darle a Irak un margen de democracia", señaló, en una entrevista publicada en Londres este miércoles.
Al-Janibi, exiliado en Alemania, dijo que el servicio secreto de ese país, BND, sabía que él había trabajado como ingeniero químico para la Comisión de Industrias Militares de Irak.
Según él, a principios de 2000 se reunió con un agente del BND, al que llamó Dr. Paul, y le aseguró que, en el marco de sus funciones, había visto camiones con unidades móviles de armas biológicas.
Al-Janibi señaló que los alemanes después entrevistaron, en una ciudad del Medio Oriente, a su ex jefe en la Comisión de Industrias Militares y que éste les dijo que él les había mentido sobre la existencia de unidades móviles y sobre un supuesto accidente en una instalación de armas biológicas al sudeste de Bagdad, la capital iraquí.
"Bueno, si él dice que no hay camiones, entonces no los hay", les dijo Al-Janibi a los agentes del BND cuando lo confrontaron con la versión de su ex jefe, de acuerdo al artículo publicado en The Guardian.
 
Testigo Ocular
El ingeniero dijo que el BDN lo volvió a contactar en 2002 y que se dio cuenta de que todavía lo estaban tomando en serio.
Según él, no le volvieron a preguntar sobre los camiones con armas biológicas hasta un mes antes de que el entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, defendiera ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la necesidad de lanzar una guerra contra Irak.
"Aunque el programa de producción móvil de Irak comenzó a mediado de los 90, los inspectores de la ONU sólo tenían ideas vagas de este tipo de programas en esos momentos. La confirmación tuvo lugar después, en 2000", dijo Powell, en su discurso del 5 de febrero de 2003.
"La fuente fue un testigo ocular, un ingeniero químico iraquí que supervisó una de estas instalaciones. Él en realidad estuvo presente durante las pruebas para la producción de agentes biológicos. También estaba en el sitio cuando ocurrió un accidente en 1998. Doce técnicos murieron por haber estado expuestos a agentes biológicos", añadió el entonces jefe de la diplomacia estadounidense.
Powell, quien aseguró que la información había sido confirmada por otros testigos, dijo dos años después, en una entrevista concedida a la periodista estadounidense Barbara Walters, que ese discurso era "una mancha" en su carrera debido a los datos falsos que le habían llegado de la "comunidad de inteligencia".
Por su parte, el ingeniero iraquí le dijo a The Guardian que, a pesar del caos de los últimos ocho años en su país y del gran número de civiles que han perdido la vida, no se arrepiente de lo que hizo.
"Cuando oigo que alguien muere en una guerra, no sólo en Irak sino en cualquier guerra, me pongo muy triste, pero dígame otra solución...No había otra manera de liberar a Irak", manifestó el ingeniero, quien todavía vive en Alemania.
16 de febrero de 2011
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la guerra sucia de blackwater


Tras la revelación de documentos que hizo el sitio wikileaks sobre las muertes de civiles en Bagdad. La compañía de seguridad, que hoy lleva el nombre de Xe, estaría involucrada en los asesinatos de civiles iraquíes que salieron a la luz este fin de semana. El vicepremier británico dijo que las denuncias son "graves".
[Patrick Cockburn] Irak. El gobierno iraquí prometió investigar si los empleados de la compañía de seguridad Blackwater estuvieron involucrados en asesinatos que no habían sido revelados hasta que aparecieron publicados por el medio Wikileaks. Además del caso ocurrido en Bagdad en 2007, cuando guardias de Blackwater asesinaron a 17 e hirieron a 18 civiles, el Buró de Periodismo de Investigación afirmó haber descubierto otros 14 casos cuando el personal de Blackwater abrió fuego contra civiles. La información surgió de los partes de guerra que fueron publicados por Wikileaks. Ese material muestra que más de diez civiles fueron asesinados y unos siete heridos por los integrantes de Blackwater, una compañía de seguridad privada estadounidense que ahora se llama Xe. En un tercio de los casos, los guardias privados estaban protegiendo a diplomáticos norteamericanos como parte de un contrato equivalente a 465 millones de dólares.
Los partes de guerra revelan repetidos casos en que les dispararon a vehículos civiles que pasaban cerca de los convoys. En una ocasión, hasta mataron al conductor de una ambulancia que había concurrido hasta un lugar donde había habido un ataque con bombas. En Bagdad, políticos sunnitas sostienen que los informes militares de Estados Unidos confirman y dan credibilidad a sus denuncias de que miembros de su comunidad estaban siendo torturados por las fuerzas de seguridad dominadas por los chiítas.
La organización Iraq Body Count (Recuento de cuerpos en Irak) afirma que los 400 mil partes de guerra difundidos por Wikileaks muestran que los muertos en Bagdad no son 107 mil, como la entidad estimaba, sino que a esa cifra deben sumársele 15 mil bajas más. Desde el comienzo de la guerra en 2003, los militares estadounidenses reiteraron que no tenían estadísticas de cuántos civiles iraquíes habían sido asesinados o heridos. El objetivo de esto habría sido impedir que se dieran protestas por estas pérdidas, como había ocurrido en Vietnam.
Los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido intentaron restar importancia a las víctimas civiles en Irak, afirmando que sólo en cuatro de las 18 provincias del país existía un alto nivel de violencia. Hace poco, el Pentágono admitió que las muertes no militares llegaron a ser de 3500 o 4 mil en diciembre de 2006.
Aun así, el viceprimer ministro bitánico, Nick Clegg, dijo que las revelaciones de Wikileaks son extremadamente graves. "Debe investigarse todo lo que lleve a pensar que las reglas de la guerra fueron violadas y que la tortura fue tolerada", dijo el político liberal. Clegg, antes de formar parte de la coalición de gobierno del premier conservador David Cameron, fue uno de los más férreos detractores de la participación británica en la guerra de Irak. "Su lectura es francamente desoladora", declaró el vicejefe de gobierno a la cadena BBC, refiriéndose a la publicación de los documentos. "Son hechos muy graves y la administración estadounidense querrá dar su propia respuesta y no nos corresponde decirles cómo hacerlo", agregó. La Casa Blanca todavía no hizo declaraciones, aunque la difusión de los documentos fue condenada por el jefe de estado mayor estadounidense, el almirante Mike Mullen. Dijo que fue una acción irresponsable y que pone en riesgo a muchas personas.
La organización Human Rights Watch (HRW) pidió a las autoridades iraquíes que investiguen las denuncias que afirman que sus tropas infligieron torturas y abusos sistemáticos a los detenidos. "El gobierno estadounidense tiene que investigar si sus fuerzas violaron el derecho internacional al transferir a miles de detenidos iraquíes a custodia iraquí a pesar del riesgo de tortura", agregó.
El primer ministro en funciones iraquí, Nuri al Maliki, negó la veracidad de los papeles y denunció que la publicación en Internet persigue objetivos políticos. En ese clima, la Corte Suprema de ese país le ordenó ayer al Parlamento que se reúna para elegir a su nuevo presidente.
25 de octubre de 2010
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muertes, torturas y mentiras en iraq


Las venas abiertas de la invasión a Irak. Por acá un detenido torturado con cables pelados. Por allá, niños fusilados por tropas estadounidenses en puestos de control. En otro lado, insurgentes usando niños.
[Emily Dugan, Nina Lakhani, David Randall, Victoria Richards y Rachel Shields] Iraq / Estados Unidos. Así que ahora empezamos a ver qué había detrás de lo que Tony Blair llamó "el precio de la sangre". Por acá un detenido torturado con cables pelados. Por allá, niños fusilados por tropas estadounidenses en puestos de control. En otro lado, insurgentes usando niños para cometer atentados suicidas. Y así, 391.832 documentos. En el Pentágono, estos mensajes llegaban todos los días a las casillas de correo de los burócratas. Para los iraquíes, los documentos detallan, en el tono desafectado del lenguaje militar, nada menos que las venas abiertas de una nación.
Hoy, siete años y medio después de la orden de invadir, la mayor filtración en la historia ha mostrado, mucho más que lo conocido hasta ahora, todo lo que desató esa declaración de guerra. Los servicios secretos iraquíes torturaron a cientos de personas, los militares estadounidenses miraron, tomaron nota y mandaron e-mails, pero casi nunca intervinieron. La tripulación de un helicóptero artillado recibió la orden de dispararles a insurgentes tratando de rendirse. Un médico le vendió a Al Qaida un lista de pacientes suyas, mujeres disléxicas, para que sean engañadas para convertirse en bombarderas suicidas. Una empresa privada de Estados Unidos, que ganó millones de dólares tercerizando tareas de seguridad, mataba civiles. Y los estadounidenses que siempre se vanagloriaron de no contar víctimas civiles, en realidad llevaban un conteo secreto. Siendo conservadores, los nuevos documentos suman 15.000 muertes a los números conocidos hasta ahora.
Fue anteayer cuando Wikileaks, el sitio web financiado por la gente que ganó fama mundial al filtrar material sobre Afganistán a principios de año, descargó cerca de 400.000 documentos militares estadounidenses, cubriendo el período 2004-2009. El archivo consiste en mensajes pasados por tropas de rango bajo y medio a sus superiores y que eventualmente llegaron al Pentágono. Están marcados como "secreto", que no es ni por asomo la clasificación más alta de seguridad.
La respuesta del Pentágono fue decir que la filtración puso en peligro la vida de las tropas de Estados Unidos y sus aliados, y otras fuentes oficiales ningunearon los documentos diciendo que no revelaban nada nuevo. Una respuesta llegó de Iraq Body Count, la ONG británica que monitorea las muertes desde el 2003: "estos documentos... contienen información de bajas civiles y militares que han sido ocultadas de la luz pública por el gobierno de EE.UU. durante más de seis años... La información de las bajas es información sobre el público (sobre todo el público iraquí) que fue retenida sin justificación tanto de la opinión pública iraquí como la internacional, por los militares de EE.UU., aparentemente con la intención de ocultarla indefinidamente".
Los documentos filtrados son documentos estadounidenses, por eso detallan apenas un puñado de incidentes que involucran a tropas británicas. Dos de ellos, del año 2008, registran la queja de dos chiítas que dicen haber sido golpeados por tropas británicas no identificadas. Los dos presentaban heridas consistentes con sus relatos. No hay registro de que haya habido una investigación. Otro documento, datado del 2 de septiembre del 2008, dice que un interrogador civil trabajando con los estadounidenses acusó a soldados británicos de arrastrarlo por el piso de su casa y de hundir su cabeza en el inodoro mientras le apuntaban con una pistola. El cable dice que su historia tenía inconsistencias y que el demandante no presentaba heridas.
Estas son las dos áreas significativas de información fresca y nueva:

Muertes de Civiles
El Pentágono y el Ministerio de Salud iraquí venían negándose a publicar estadísticas de civiles muertos en la guerra, y hasta negaban que esas cifras existieran. "No tenemos una cuenta de civiles muertos", dijo el general Tommy Franks, quien dirigió la invasión de Irak. Los documentos filtrados revelan hasta qué punto sus palabras eran huecas.
Desde el principio de la guerra, The Independent reveló que la cuenta verdadera era mucho más alta de lo que los militares de EE.UU. sugerían. Ya en el 2004, este diario informó que el Pentágono estaba juntando datos al respecto y que expertos académicos calculaban que los muertos civiles superaban los 100.000.
Los documentos detallan 109.032 muertes, de las cuales 66.001 son de civiles. Irak Body Count dijo anteayer que un análisis de un muestreo de 860 documentos agregaría 15.000 muertes a la cifra previa de 107.000. A estas muertes habría que agregarles las de los civiles, por lo que el total de muertos en la guerra de Irak estaría en alrededor de 150.000, el 80 por ciento civiles.
Sin embargo, ciertos recaudos deben tomarse al analizar esta información. No se trata de un conteo exhaustivo de las muertes. La muerte de civiles contrasta con las palabras que George W. Bush pronunciara en el 2003, cuando dijo que la nueva tecnología permitía a las tropas tomar recaudos especiales para proteger a los civiles. "Con las nuevas tácticas y armas de precisión, podemos alcanzar objetivos militares sin dirigir la violencia a la población civil", dijo.

Tortura
Los documentos filtrados proporcionan una mirada in situ de los abusos informados por militares de EE.UU. a sus superiores, y aparentemente corroboran mucho de lo ya informado con respecto a los incidentes. Presos golpeados, presos quemados, presos azotados aparecen en cientos de documentos, dando la impresión de que el uso de cables eléctricos, barras de metal, palos de madera y sogas utilizados para torturar prisioneros eran una práctica común. Aunque algunos de estos casos fueron investigados por los estadounidenses, la mayoría que surge del archivo parece haber sido ignorada.
Al principio, el espacio para los presos era limitado y los iraquíes los amontonaban en cárceles temporarias. En noviembre del 2005, soldados de EE.UU. encontraron a 173 prisioneros con quemaduras de cigarrillos, cicatrices y huesos rotos, en una comisaría cerca de Bagdad. El documento dice: "Muchos prisioneros están tosiendo... Aproximadamente 95 están en una sola habitación, sentados con las piernas cruzadas y los ojos vendados, todos apuntando a la misma dirección. Según uno de los prisioneros interrogados en el lugar, doce prisioneros habían muerto por enfermedad en semanas recientes".
En agosto, 2006, un sargento de EE.UU. en Ramani escuchó el sonido de latigazos saliendo de una estación de policía y se topó con un teniente iraquí que usaba un cable eléctrico para pegarle a un detenido en las plantas de sus pies. Después descubrió al mismo teniente azotando la espalda del detenido. El estadounidense presentó una declaración jurada acompañada por fotos de "marcas circulares de latigazos y sangrado de espalda". El caso no se investigó.
Pero algunos de los peores ejemplos son muy recientes. En diciembre pasado doce soldados iraquíes, incluyendo un agente de Inteligencia, fueron filmados en Tal Afar matando a tiros a un detenido con las manos atadas. En otro caso, tropas de EE.UU. encontraron a un detenido con dos ojos en compota, lesiones en el cuello y "costras de sangre en su tobillo izquierdo". El detenido dijo que fue picaneado para que hiciera una confesión. Funcionarios iraquíes dijeron que se lastimó tratando de escapar.
Amnesty International condenó las revelaciones y sugirió que EE.UU. había violado leyes universales al entregarles prisioneros a fuerzas iraquíes conocidas por cometer abusos "a una escala realmente alarmante". El Alto Comisionado de Naciones Unidas para la Tortura, Manfred Nowak, dijo que es un deber del gobierno de EE.UU. investigar si sus empleados estuvieron involucrados o fueron cómplices de las torturas.

El Uso de Al Qaida de Pacientes Discapacitados
Un doctor habría vendido "listas" de pacientes discapacitados para que les coloquen bombas accionadas a control remoto y sean detonadas en mercados bulliciosos en Bagdad. Según los documentos, en octubre del 2008 un médico fue detenido bajo sospecha de entregarle once nombres de pacientes a los insurgentes.
El archivo dice que las mujeres "probablemente fueron usadas en el doble atentado suicida del 1o de febrero del 2008 en contra de mercados locales, refiriéndose a dos mujeres con síndrome de Down que fueron engañadas para colocarse chalecos con explosivos que estallaron en dos bazares en el centro de Bagdad. Las explosiones, que según funcionarios iraquíes fueron detonadas desde teléfonos celulares, mataron al menos 73 personas e hirieron a más de 160.
No fue un incidente aislado. El 4 de abril del 2008 un adolescente "retardado mental" se inmoló en un funeral en la provincia de Dilaya, al noreste de Bagdad, matando a seis e hiriendo a 34. "Tenía los rasgos faciales de una persona con síndrome de Down", dice el documento. El 28 de febrero del 2008 un adolescente con retraso mental fue baleado por una patrulla de EE.UU. mientras intentaba huir de sus captores que intentaban usarlo como bombardero suicida.
24 de octubre de 2010
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se retiran tropas de iraq


No hubo gloria en la retirada de tropas de Irak. Tras siete años de invasión, Estados Unidos dejó al país arruinado y sin liderazgo político. El saldo de la guerra es más que negativo para la Casa Blanca, ya que en siete años y cinco meses murieron 4419 soldados de ese país y más de 100.000 civiles. Más de 1,2 millón de personas murieron durante la invasión estadounidense.
Iraq / Estados Unidos. Sin gloria, avergonzado por los casos de tortura en la cárcel de Abu Ghraib, Estados Unidos dejó un país arruinado y sin liderazgo político al retirarse de Irak tras siete años de invasión. La aventura emprendida por el ex presidente George W. Bush, el 20 de marzo de 2003, terminó mucho antes de la fecha límite del próximo 30 de agosto establecida por el presidente demócrata Barack Obama.
La excusa para invadir Irak, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 –sin el apoyo de Francia y de Alemania– eran las supuestas bombas de destrucción masiva que poseía el dictador Saddam Hussein. Pero las armas jamás fueron encontradas por unos 176.000 militares que desplegaron Estados Unidos y sus aliados en ese país. La guerra se transformó en una trampa mortal para Bush, cuyo gobierno logró un desprestigio sin precedentes en el mundo y culminó con una derrota republicana en las elecciones de noviembre de 2008 a manos de un joven senador demócrata de Illinois llamado Obama.
"Tortura. Corrupción. Guerra civil. Estados Unidos ciertamente ha dejado su marca en Irak", opinó el periodista Robert Fisk. Y dijo que Washington llevó a Irak "la infección de Al Qaida, la enfermedad de la guerra civil; ellos inyectaron en Irak la corrupción en gran escala; estamparon el sello de la tortura en Abu Ghraib, después de poner su sello de tortura sobre (la base aérea de) Bagram y las prisiones negras en Afganistán".
El saldo de la guerra es más que negativo para la Casa Blanca, ya que en siete años y cinco meses murieron 4419 soldados de ese país y más de 100.000 civiles, según cifras citadas por la prensa estadounidense. En 2007, la consultora británica ORB (Opinion Research Business) estimó que más de 1,2 millón de personas murieron durante la invasión norteamericana. Además, las fuerzas de la red Al Qaida –que no existía durante la era de Hussein en Irak– continúan sus operaciones para desestabilizar el país, luego del atentado del 17 de agosto pasado, que causó 57 muertos en un centro de reclutamiento de Bagdad.
Los dirigentes políticos iraquíes no logran consensuar la formación de un nuevo gobierno tras las elecciones del 7 de marzo, que fueron ganadas por el bloque laico liderado por el ex primer ministro Iyad Alaui, con 91 bancas. En tanto, el Estado de la Ley, el partido del primer ministro Nuri al Maliki, obtuvo 89 escaños y la coalición chiíta Alianza Nacional Iraquí, 70.
Sin embargo, a estos dos partidos les faltan 4 bancas para lograr la mayoría absoluta de 163 escaños. Más de 50.000 soldados norteamericanos permanecerán de apoyo en Irak. El Departamento de Estado entrenará a la policía iraquí y elevará a 7000 el número de contratistas privados que tendrán a su cargo la defensa de cinco barracas fortificadas, así como el control de radares para prevenir ataques con cohetes.
La retirada ha provocado algunas protestas entre los militares iraquíes, entre ellas la del jefe del Estado Mayor, Babakir Zebari, quien la calificó de "prematura" y dijo que su ejército era incapaz de garantizar la seguridad del país antes de 2020. Sin las tropas estadounidenses en su territorio, Irak enfrenta otros peligros como la posibilidad de que se repita un golpe de Estado, como los cuatro que sucedieron tras la caída de la monarquía en 1958.
Los chiítas, marginados por Hussein con el apoyo de los sunnitas, son la rama religiosa mayoritaria del país. "La aprensión socava una peligrosa combinación de fuerzas que ha aquejado a Medio Oriente: una impredecible fractura militar y la creciente frustración con una clase política que parece aislada, sin timón", señaló desde Bagdad el analista Anthony Shadid, en una nota del diario The New York Times.
Los analistas no esperan que aparezcan liderazgos populares en Irak, salvo el caso del clérigo chiíta Moktada al Sadr, quien se convirtió en una presencia turbulenta tras el derrocamiento de Hussein.
En el escenario político iraquí surgen otros nombres, como los del chiíta Al Maliki y los ex primeros ministros Ayad Allawi e Ibrahim al Jaafari, así como Ahmad Chalabi, un ex aliado de Estados Unidos, entre otros. Estados Unidos se retira sin gloria de Irak, dejando un país con el 23 por ciento de la gente viviendo en una situación de pobreza extrema, con dos dólares por día, mientras que un 3 por ciento sufre de hambre y desnutrición, según informes de las Naciones Unidas.
La retirada tiene más sabor a derrota que a victoria, con Estados Unidos desplegando más soldados en Afganistán para hacer frente al avance de los talibán y las fuerzas de Al Qaida. Y aquella imagen de la estatua de Hussein, con la cara cubierta por la bandera de las barras y las estrellas, que tanto entusiasmaba a Bush y al ex ministro de Defensa, Donald Rumsfeld, hoy forma parte de un pasado de intervención estadounidense.
22 de agosto de 2010
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