Blogia
mQh

irak

planes de retirada en iraq


La retirada de tropas estadounidenses de Iraq se efectuará a tiempo, dice el vicepresidente Biden.
[Scott Wilson] El presidente Obama definió a Iraq como la guerra por opción de su predecesor. Ahora su guerra es retirarse, y cuanto antes.
El reto de Obama, cuya oposición a la invasión de Iraq contribuyó a propulsarlo hacia la presidencia, será cumplir con su cronograma para la retirada militar de Estados Unidos pese al aumento de la violencia y a las constantes riñas entre los políticos iraquíes sobre quién debe conducir al país.
La sensible retirada está siendo manejada por el vicepresidente Biden, que dice que las fuerzas armadas estadounidenses reducirán sus niveles de tropas a cincuenta mil este verano, incluso si no llega a formarse un nuevo gobierno iraquí.
"Va a ser doloroso; habrá altibajos", dijo Biden en una entrevista de cuarenta minutos este mes en su despacho en el Ala Oeste [de la Casa Blanca]. "Pero creo que el resultado final va a ser que vamos a cumplir con nuestro compromiso".
Funcionarios de la Casa Blanca dicen que los iraquíes están confiándose cada vez más de la política, antes que de la violencia, para resolver disputas, reduciendo la necesidad de tropas estadounidenses. Pero la situación en el terreno demuestra que Iraq sigue estando fracturado.
Facciones rivales deben todavía formar un nuevo gobierno, casi tres meses después de las últimas elecciones nacionales, y los políticos han empezado a hablar sobre el vacío de poder mientras el vecino Irán ejerce su influencia sobre el resultado. Adel Abdul Mahdi, uno de los vicepresidentes de Iraq, llamó este mes a todos los partidos a ponerse de acuerdo rápidamente sobre el nuevo presidente para prevenir los intentos de "bandas terroristas para aprovecharse de las circunstancias en el país para herir al pueblo iraquí y a las fuerzas armadas".
Algunos ataques recientes fueron cometidos por grupos religiosos que los iraquíes temen que puedan revivir las divisiones que existieron durante la guerra civil de 2006 en las fuerzas de seguridad. Las facciones de Iraq también deben resolver problemas de largo plazo fundamentales como por ejemplo cómo compartir los beneficios del petróleo y cómo resolver diferendos territoriales enraizados en la historia.
En un discurso el sábado en la Academia Militar de Estados Unidos en West Point, Nueva York, Obama dijo que el compromiso de Estados Unidos en Iraq perdurará y que, tras la partida de las tropas estadounidenses, "una fuerte presencia civil estadounidense ayudará a los iraquíes a forjar su progreso político y económico". También reiteró su definición de éxito: "un Iraq que no sea un refugio de terroristas; un Iraq democrático que sea soberano y estable y autosuficiente". El día que Obama habló, el número de tropas estadounidenses en Iraq bajó, por primera vez desde la invasión de Iraq en 2003, por debajo del de Afganistán
Biden, en el pasado escéptico sobre la intervención de Estados Unidos en Iraq, ahora es uno de los más ardientes porristas del país. Está tratando de equilibrar la determinación de Obama de retirarse de Iraq con las crecientes inquietudes de algunos críticos conservadores de que las circunstancias actuales convierten una retirada rápida en una decisión peligrosa.
Altos funcionarios del gobierno rebaten que la novata democracia de Iraq, ahora defendida por una fuerzas de seguridad nacionales mejoradas, es suficientemente robusta como para resolver los problemas del país con mucho menos tropas estadounidenses a la mano.

El Factor Afganistán
Pero incluso algunos partidarios del gobierno dicen que el análisis está motivado más en las crecientes demandas de la guerra en Afganistán -donde se espera que el nivel de tropas estadounidenses llegue a cien mil al fin del verano- que en una evaluación imparcial del progreso iraquí. El plan de retirada llama a reducir las tropas de Estados Unidos en Iraq de las 92 mil hoy a cincuenta mil para fines de agosto, desde el máximo de cerca de 170 mil en 2007. Se programa que las últimas tropas estadounidenses en Iraq dejarán el país a fines de 2011.
"Dejar Iraq no es sólo un problema de relaciones públicas, sino un problema de recuperación de fuerzas", dijo John A. Nagl, presidente del Center for a New American Security [Centro para una Nueva Seguridad Americana], que sirvió como oficial de ejército en Iraq y colaboró en la redacción del manual de campo contra-insurgente del ejército. "El ejército no se ha recuperado de su entrada en Iraq, y ahora se está metiendo en Afganistán, que no ha solucionada para nada sus problemas".
"Hay muchas conexiones entre las dos guerras", dijo Nagl, "y el hecho de que sólo tenemos un ejército es una de ellas. Simplemente no tenemos suficiente ejército para hacer todo lo que quisiéramos hacer ahora".
En un comentario de 2006 publicado en el New York Times, Biden advirtió que Iraq se estaba encaminando hacia una división a lo largo de líneas étnicas y religiosas debido a los "profundos errores de juicio estratégicos" del gobierno de Bush. Escribió que "el presidente Bush no tiene una estrategia de victoria en Iraq", y sólo esperaba "impedir la derrota y pasarle el problema a su sucesor".
Ahora el problema lo tiene Biden, al que Obama nombró su adelantado en Iraq poco después de asumir la presidencia. El vicepresidente preside una sesión de revisión mensual en la sala de crisis, similar a la que preside Obama sobre Afganistán. Ayudantes de la Casa Blanca enfatizan que el tema de Iraq aparece frecuentemente en las reuniones semanales del presidente y del vicepresidente.
Pero la elección de Biden para manejar la política sobre Iraq ha enviado un mensaje involuntario a algunos fuera del gobierno.
"Da la impresión de que es una prioridad de segundo orden, no solamente al pueblo de Iraq sino también a los equipos de ONGes y Naciones Unidas que trabajan allá, dijo Stephani Sanok, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales [Center for Strategic and International Studies] que volvió en diciembre después de un año de estadía en Iraq. "Esas personas se están preguntando: ‘¿Por qué no podemos hablar con el presidente en este momento tan importante? ¿Por qué no recibimos el apoyo de los cargos más altos? El vicepresidente Biden es un hombre poderoso, pero no es el más importante’".
Como ex presidente durante largo tiempo de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Biden conoce personalmente a los líderes de Iraq, algo que ha utilizado para ayudarles a superar irritantes problemas. Un asesor dijo que Biden "habla con ellos de político a político" y ha dejado en claro que cuando es necesario, Obama lo escucha.
En el otoño pasado, durante un impasse sobre una nueva ley electoral que arrojó dudas sobre la votación parlamentaria, Biden visitó Bagdad y la ciudad kurda de Irbil, esperando conseguir un acuerdo. Estuvo a punto de lograrlo.
Así que se volvió hacia Obama, pidiéndole al presidente que llamara a Massoud Barzani, presidente de la región kurda de Iraq, para pedirle que respaldara un compromiso político. Un día después, después de una llamada telefónica de Obama de viente minutos, Barzani accedió.
"Los puso al borde del precipicio, pero no los empujó", dijo un alto cargo de la administración, que habló a condición de conservar el anonimato para describir el incidente. "Para Biden, todo esto tenía que ver con la oportunidad".

Sentimientos Vindicados
El artículo de opinión de Biden de 2006, que escribió con Leslie H. Gelb, propuso la creación de "tres regiones en gran parte autónomas con un gobierno central viable em Bagdad", un sistema federal que dijo que era la forma del acuerdo actual. Sin embargo Biden fue obligado durante toda la campaña de 2008 a defender la idea, que sus rivales políticos describieron como un llamado a fragmentar al país.
Biden dijo que hoy se sentía reivindicado. Pero reconoce que Iraq ha avanzado "más allá de lo que pensé en esa época" porque, dijo, todos los partidos basados en líneas étnicas y religiosas aprecian la participación en política.
"La cola que mantiene a todo el país junto es el petróleo", dijo Biden. "Hay un montón de petróleo, es una promesa real, hay un montón de gas, y está en todo el país. Todos han calculado que hacerse con una cuota legítima más grande de la tarta es un gran negocio".
Biden dijo que tenía confianza en que los líderes iraquíes accederían a firmar un gobierno aceptable para el electorado antes de fines de agosto.
Incluso si las partes fracasan, dijo, el gobierno interino de Iraq está funcionando bastante bien. Desechó las predicciones de una escalada de la violencia como las mismas preocupaciones exageradas que acompañaron el impasse por la ley electoral y otros problemas que los líderes iraquíes han resuelto.
Biden dijo que el general Ray Odierno, comandante en Iraq, nunca pidió al gobierno que pospusiera el plan general de retirada. El ministro de Defensa Robert M. Gates dijo a periodistas el jueves pasado que Odierno "retrasó un poco algunas retiradas" después de que la fecha de las elecciones iraquíes fuera trasladada a marzo, pero Gates dijo que "tenemos toda la esperanza de que traeremos a los cincuenta mil a principio de septiembre".
"No veo nada en el reino de las probabilidades -supongo que podrías imaginar un argumento, pero no puedo pensar en ningún argumento racional basado en lo que hay en el terreno- que pudiera llevarnos a pensar que necesitamos más tiempo", dijo Biden. "Y, dicho sea de paso, cincuenta mil tropas es un montón de hombres".
Este próximo mes Biden realizará una sesión sobre el rápido cambio en la relación entre Estados Unidos y los gobiernos iraquíes desde una relación fundamentalmente militar a una civil, incluyendo el adiestramiento acelerado de la policía y otros programas diseñados para fortalecer al estado iraquí.
"Hemos invertido a largo plazo para que funcione para ellos; no hemos invertido para que se nos llame invasores", dijo Biden.

4 de junio de 2010
27 de mayo de 2010
©washington post
cc traducción mQh
rss

atacan a homosexuales en iraq


Atacan a homosexuales en Iraq en una brutal campaña de torturas y asesinatos, denuncian organizaciones de derechos humanos.
[Kim Gamel] Bagdad, Iraq. Milicianos están torturando y asesinando impunemente a homosexuales iraquíes en una sistemática campaña que se ha extendido desde Bagdad a varias otras ciudades, dice en un informe una importante organización de derechos humanos.
Human Rights Watch llamó al gobierno iraquí a actuar urgentemente para poner fin a los abusos, advirtiendo que la llamada limpieza social representa una nueva amenaza para la seguridad, en momentos en que otras formas de violencia están retrocediendo.
A principios de año se encontraron en la principal comuna chií de Bagdad, Ciudad Sáder, los cuerpos de varios homosexuales con las palabras árabes para "pervertido" y "cachorro" -términos peyorativos para referirse a los homosexuales en Iraq- escritos en sus pechos.
La organización con sede en Nueva York dijo que las amenazas y maltratos se han extendido a las ciudades de Kirkuk, Najaf y Basra, aunque la práctica se ha concentrado principalmente en la capital.
"Los asesinatos se cometen con impunidad y deben servir como advertencia; los cuerpos arrojados a vertederos o colgados como aviso en las calles", dice el informe de 67 páginas.
No se dispone de cifras fiables, dijo Human Rights Watch, que atribuyó a la incapacidad de las autoridades la investigación de estos crímenes y al estigma que impide que las familias informen sobre estas muertes. Pero citó a un bien informado funcionario de Naciones Unidas que dijo en abril que el número de víctimas se situaba probablemente "en los cientos".
La campaña ha sido atribuida ampliamente a extremistas chiíes que han atacado desde siempre las conductas consideradas no-islámicas, golpeando e incluso asesinando a mujeres por no llevar el velo de cabeza y atentando contra las botillerías.
Los milicianos chiíes han detenido en su mayor parte los actos de violencia contra sus rivales sunníes después de que el año pasado las fuerzas del clérigo radical Muqtada al-Sáder fueran derrotadas por tropas estadounidenses e iraquíes y declararan una tregua. Pero el informe indica que estaban implementando una campaña de limpieza social menos publicitada.
"Lo mismo que estaba pasando con sunníes y chiíes está pasando ahora con los homosexuales", dijo un doctor que huyó de Bagdad y fue entrevistado para el informe. El doctor, que se describió a sí mismo como homosexual, dijo que varios de sus amigos fueron asesinados.
Un funcionario del ministerio del Interior iraquí, hablando a condición de guardar su anonimato debido a que no estaba autorizado para tratar el tema con los medios, reconoció que este año ha habido un fuerte incremento de los ataques contra homosexuales cometidos presuntamente por extremistas chiíes. Pero dijo a la Associated Press que el ministerio no tiene cifras "porque en la mayoría de los casos los familiares están o implicados en el asesinato o prefieren guardar silencio, por vergüenza".
La ex funcionaria número 2 de la embajada estadounidense en Iraq, Patricia Butenis, escribió una carta a un parlamentario donde le informa que contactos familiares con las zonas donde se encontraron algunos de los cuerpos "sugieren que los asesinatos son el trabajo de milicias que creen que la homosexualidad es una desviación occidental que no puede ser tolerada".
La carta era en respuesta a preocupaciones planteadas por el parlamentario Jared Polis, un demócrata de Colorado que es abiertamente homosexual. Polis trató el problema durante una visita a Iraq.
Los homosexuales han sido atacados durante toda la guerra de Iraq, pero parece que los asesinatos se han intensificado a medida que aumenta la seguridad general que permite que los homosexuales visiten cafés donde se dejan ver con sus amigos, de acuerdo al informe.
Human Rights Watch acusó a las autoridades de no hacer nada para detener los asesinatos, y advirtió que el caso refleja una incapacidad general a la hora de proteger a la gente.
"Esos asesinatos indican el persistente y letal fracaso de las autoridades después de la ocupación de Iraq en implementar el imperio de la ley y proteger a sus ciudadanos", dijo Rasha Moumneh, investigador de Human Rights Watch.
El informe de Human Rights Watch se basa en entrevistas con más de cincuenta iraquíes que se identificaron a sí mismos como homosexuales y activistas iraquíes de derechos humanos, periodistas y médicos.
El ministerio de Derechos Humanos del gobierno iraquí ha condenado los asesinatos de homosexuales.
"Estamos contra cualquier violación de sus derechos porque son, después de todo, ciudadanos iraquíes", dijo el portavoz del ministerio, Kalim Amin. "El gobierno no debería permitir que grupos armados cometan asesinatos al azar, a veces sólo sobre la base de sospechas".
Ciudad Sáder, un populoso barrio de clase baja, es un bastión de la milicia Sáder, que ha organizado varias rebeliones contra las fuerzas estadounidenses después de la invasión norteamericana de 2003 antes de que las fuerzas iraquíes-norteamericanas se hicieran con el control el año pasado.
La policía iraquí dijo que los homosexuales tenían miedo de ser vistos en público cuando los milicianos controlaban Ciudad Sáder, pero habían empezado a salir a medida que se reducía la violencia.
Octavillas advirtiendo a los homosexuales que serían asesinados "a menos que recuperen la cordura" fueron distribuidos en Ciudad Sáder antes este año y los clérigos chiíes han llamado frecuentemente a la "educación y rehabilitación" de los homosexuales en sus sermones del viernes.
El saderista Sheik Ammar al-Saadi ha negado toda participación de su movimiento en los asesinatos y dijo que los clérigos sólo instaron a la gente a dejar de practicar la homosexualidad.
Un hombre de 35 años con el seudónimo Hamid ha sido incapaz de recuperar la voz completamente después de que su pareja durante diez años fuera secuestrado en casa de sus  padres a principios de abril por hombres de negro. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente.
"Arrojaron su cuerpo a la basura. Le habían cortado los genitales y una parte de su garganta", habría contado Hamid.
Human Rights Watch ha denunciado el uso de cola para obstruir el recto de los secuestrados como una forma común de tortura.
El informe dice que la ley iraquí no prohíbe las relaciones homosexuales consensuales entre adultos, aunque contiene algunas disposiciones que podrían ser utilizadas, incluyendo las de la época de Saddam Hussein, que podrían reducir las penas de los llamados crímenes de honor y crímenes contra las personas por su orientación sexual.

Sameer N. Yacoub contribuyó a este artículo.

8 de noviembre de 2009
17 de agosto de 2009
©fwdailynews
©traducción mQh
rss

porqué mintió saddam hussein


Hussein mencionó la amenaza iraní. El espectro de las armas le permitió aparecer más fuerte.
[Glenn Kessler] De acuerdo a versiones desclasificadas de las entrevistas dadas a conocer ayer, Saddam Hussein contó a un entrevistador del FBI, antes de que fuera colgado, que él había permitido que el mundo creyera que tenía armas de destrucción masiva porque temía aparecer débil ante Irán. El ex presidente iraquí también denunció a Osama bin Laden como "fanático" y dijo que no tenía ninguna relación con al Qaeda.
De hecho, Hussein se sentía tan vulnerable ante la amenaza que veía en los líderes "fanáticos" en Teherán, que estaba preparado para llegar a un "acuerdo de seguridad con Estados Unidos para proteger a Iraq de amenazas en la región".
Ex presidente George W. Bush ordenó la invasión de Iraq hace seis años en el entendido de que Hussein poseía armas de destrucción masiva y representaba una amenaza para la seguridad internacional. Funcionarios de gobierno de la época sugirieron insistentemente que Iraq tenía vínculos significativos con al Qaeda, que organizó los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.
Hussein, que se mostraba en entrevistas a menudo desafiante y fanfarrón, en un momento reconoció con nostalgia que habría permitido que Naciones Unidas presenciara la destrucción del arsenal de armas de Iraq después de la Guerra del Golfo Pérsico en 1991.
Los sumarios y entrevistas del FBI -veinte interrogatorios formales y cinco "conversaciones casuales" en 2004- fueron obtenidas en el marco de la Ley de Libertad de Información, por el Archivo de Seguridad Nacional, un centro de investigación independiente, y subidas a su página web ayer. Detalladas versiones de las entrevistas fueron publicadas con pocas tachaduras, aunque una -la última entrevista formal el 1 de mayo de 2004- fue completamente reformulada.
Thomas S. Blanton, director del archivo, dijo que no podía concebir ninguna razón de seguridad nacional para mantener secretas las conversaciones de Hussein con el FBI. Paul Bresson, portavoz de la oficina, dijo que no podía explicar los motivos de esas correcciones.
Las veinte entrevistas formales tomaron lugar entre el 7 de febrero y el 1 de mayo, seguidas por conversaciones casuales entre el 10 de mayo y el 28 de junio. Más tarde Hussein fue transferido a custodia iraquí, y fue colgado en diciembre de 2006.
Las entrevistas formales cubren el ascenso de Hussein al poder, la invasión de Kuwait, y la represión de Hussein contra la insurrección chií, muy detallada, mientras que el tema de las armas de destrucción masiva y al Qaeda fueron tratados en las conversaciones casuales, después de las entrevistas formales. Blanton dijo que eso sugiere que el FBI recibió nuevas órdenes de Washington para ahondar en temas de gran interés para funcionarios del gobierno de Bush.
El portavoz del FBI no sabía porqué se habían tocado esos temas en las últimas reuniones. En una entrevista el año pasado en el programa ‘60 Minutes’, del canal CBS, George L. Piro, el agente que hizo las entrevistas, dijo que puso a Hussein deliberadamente contra la pared "para decirle que estaba de espalda contra la pared psicológicamente", pero sin usar técnicas coercitivas de interrogatorio porque "está contra la política del FBI". Las entrevistas liberadas ayer no sugieren el uso de ninguna técnica coercitiva.
Durante las entrevistas, Piro, que las hizo en árabe, parece a menudo poner en duda la versión de Hussein de lo que estaba pasando, mencionando hechos que contradecían sus recuerdos. Incluso llegó a obligar a Hussein a mirar un gráfico documental británico sobre el trato que dio a los chiíes, aunque eso no pareció impactar al ex presidente.
En un momento, Hussein desecha como fantasía los numerosos informes de inteligencia de que usaba un doble para eludir los intentos de asesinato. "Eso es magia cinematográfica, no realidad", dijo, riéndose. En lugar de eso, dijo, desde 1990 había usado un teléfono sólo dos veces y dormía rara vez en la misma ubicación dos días seguidos.
El temor que sentía Hussein de Irán, que dijo que consideraba una peor amenaza que Estados Unidos, apareció prominentemente en las conversaciones sobre las armas de destrucción masiva. Irán e Iraq habían librado una devastadora guerra de ocho años en los años ochenta, y Hussein dijo que estaba convencido de que Irán estaba tratando de anexar el sur de Iraq -que es predominantemente chií. "Hussein veía como débiles a los otros países de Oriente Medio y no se podían defender a sí mismos ni a Iraq de un ataque de Irán", dijo Piro en su sumario de una conversación del 11 de junio de 2004.
"La amenaza de Irán fue uno de los principales factores de por qué no permitió el retorno de los inspectores de Naciones Unidas", escribió Piro. "Hussein dijo que estaba más preocupado de que Irán descubriera las debilidades y vulnerabilidades de Iraq que de las repercusiones en Estados Unidos por su rechazo a que volvieran a Iraq los inspectores de Naciones Unidas".
Hussein observó que la capacidad bélica de Irán había aumentado dramáticamente, mientras que las armas de Iraq "habían sido eliminadas por las sanciones de Naciones Unidas", y que eventualmente Iraq tendría que reconstituir sus armas para hacer frente a esa amenaza si no lograba llegar a un acuerdo de seguridad con Estados Unidos.
Piro tocó el tema de bin Laden en su última conversación con Hussein el 28 de junio de 2004, pero la información que entregó contradecía los numerosos intentos del gobierno de Bush de asociar a Iraq con la organización terrorista. Hussein replicó que durante toda la historia ha habido conflictos entre los fieles del islam y los líderes políticos. Dijo que "él creía en Dios, pero no era un fanático... que la religión y el estado no deberían mezclarse". Hussein dijo que no se había reunido nunca con bin Laden y que los dos "no teníamos la misma visión".
Cuando Piro observó que había razones de porqué Hussein y al Qaeda tendrían que haber colaborado -tenían los mismos enemigos en Estados Unidos y Arabia Saudí-, Hussein replicó que Estados Unidos no eran enemigos de Iraq, y que él simplemente se oponía a sus políticas.

14 de julio de 2009
2 de julio de 2009
©washington post 
cc traducción mQh
rss

corrupción en la justicia iraquí


Mientras la presencia americana en Iraq se acerca a su fin, arrestos recientes subrayan un problema difícil de tratar: los motivos ulteriores del encarcelamiento de iraquíes. El poder judicial ha ordenado una pesquisa.
[Ned Parker] Bagdad, Iraq. El jeque Maher Sirhan dice que sus interrogadores lo torturaron con una picana eléctrica y exigieron cincuenta mil dólares en efectivo para sacarlo de la cárcel donde estaba detenido, acusado de terrorismo.
Pero el líder paramilitar sunní, que ha colaborado estrechamente con las fuerzas estadounidenses, dice que resistió.
"Les dije que no les iba a pagar nada", contó Sirhan en una conferencia telefónica desde su último calabozo. "Hay un gobierno y fuerzas de la coalición. La justicia me liberará, no ustedes".
Las versiones de Sirhan y otros dos prominentes líderes paramilitares sunníes, uno liberado recientemente y otro prófugo, entregan una mirada al papel que aparentemente están jugando las disputas y la corrupción políticas en al menos algunas detenciones, a medida que se acerca el fin de la presencia americana en Iraq, a semanas de la partida de la mayoría de las tropas estadounidenses de las ciudades del país.
Un funcionario del gobierno iraquí que trabaja en temas de seguridad, dijo que el problema de las fuerzas iraquíes que encarcelan a personas por motivos extrajudiciales es un problema persistente de larga data.
"Hay muchos casos de rescates y acuerdos", dijo el funcionario, agregando que algunos líderes paramilitares sunníes que han luchado con las fuerzas estadounidenses para erradicar a grupos subversivos como al Qaeda en Iraq han sido encarcelados por fuerzas de seguridad musulmanas chiíes al menos en parte para pedir rescate.
Hace dos meses, varios interrogadores del Centro de Detención Harthiya del ministerio del Defensa, fueron arrestados por extorsionar a hombres de negocios que habían detenido, agregó el funcionario.
Las interrogantes sobre la colusión entre fuerzas de seguridad corruptas y jueces que dictan órdenes de detención son tan grandes que el Consejo Judicial Supremo de Iraq ordenó el mes pasado una pesquisa sobre el asunto, confirmaron el funcionario y un asesor occidental del gobierno iraquí.
El funcionario de gobierno, que no estaba autorizado para hablar públicamente, dijo que las fuerzas de seguridad también deben responder por denuncias fiables de torturas y de cárceles secretas no reveladas.
El mes pasado, una delegación del ministerio de Defensa encontró a más de cien detenidos clandestinamente por el ejército iraquí en la ciudad de Mosul, dijo el funcionario, agregando que 73 de ellos habían sido capturados inmediatamente después de que fueran liberados por los norteamericanos.
Pese a esos casos, legisladores iraquíes dicen que el ejército y la policía están haciendo progresos en erradicar de sus fuerzas la corrupción, la violación de los derechos humanos y la lealtad a los partidos políticos.
Este mes, el ministro del Interior, Jawad Bolani, anunció que 43 agentes de policía estaban siendo investigados por sospechas de torturar a detenidos y el primer ministro Nouri Maliki ordenó una investigación sobre maltratos en una cárcel. Pero en un país que está tratando desesperadamente de salir de la anarquía y que hace frente a toda una miríada de problemas y divisiones étnicas y políticas, los funcionarios creen que tomará años enderezar el sistema.
Algunos funcionarios estadounidenses siguen expresando serias dudas sobre las detenciones que se han realizado, particularmente de algunos líderes paramilitares sunníes con los que han trabajado.
"Si las fuerzas de seguridad tienen pruebas, entonces ¿por qué nos las ocultan? Si tienen realmente evidencias verosímiles, ok, entonces deberíamos colocar a alguien todas esas organizaciones [del gobierno y de seguridad] y tenemos el derecho a examinar esas evidencias", dijo un oficial estadounidense.

El Jeque Maher Sirhan
Los soldados llegaron para detener a Sirham en Hor Rajab, un suburbio de Bagdad, un día de marzo, temprano en la mañana, de acuerdo a su familia. Soldados iraquíes echaron abajo la puerta de su chalet de ladrillos amarillos. Su esposa dice que vio cómo lo golpeaban con porras, y luego se lo llevaron.
"Parecía que lo querían matar. No tenían por qué romper la casa. Podrían haberlo hecho tranquilamente", dice Shaada Rashid.
La orden de detención, dijo, se basaba en los testimonios de tres mujeres que dijeron que sus maridos fueron asesinados por hombres de Sirhan en los últimos dos años. Sin embargo, cuando fueron asesinados, sus maridos habían estado peleando contra al Qaeda en Iraq, dijo Rashid.
Oficiales estadounidenses confirmaron que el gobierno iraquí ha empezado a ejecutar las órdenes emitidas contra los comandantes paramilitares sunníes basándose en declaraciones de familiares de combatientes asesinados del grupo insurgente.
Al principio, Sirhan fue llevado a lo que algunos detenidos dicen que es una cárcel secreta. Allá, dijo Sirhan, le golpearon y torturaron durante dieciséis días, aplicándole descargas eléctricas para hacerlo confesar. Los oficiales le dieron la opción de pagar un rescate de cincuenta mil dólares, si quería que le retiraran las acusaciones.
"Me obligaron a decir cosas que no hice. Me obligaron a decir que maté a gente... Ni siquiera me acuerdo de lo que dije. Tenía dolor... Pedí ver a un doctor, pero me lo negaron y me ocultaron de los norteamericanos", dijo Sirhan por teléfono. Posteriormente Sirhan fue trasladado a una cárcel común donde, teme su mujer, es un blanco para los partidarios de al Qaeda en Iraq. Su hermano Hadi Jamal, un ingeniero jubilado, dijo que está seguro de que Sirhan será dejado en libertad sólo después de que paguen el rescate.
"Se arreglará con dinero. No sabemos dónde lo conseguiremos -si de la tribu, o de la venta de propiedades, o del coche. No sabemos", dijo, sacudiendo la cabeza. "Una persona de al Qaeda estará en la calle al día siguiente si paga cincuenta mil dólares. Eso es normal... Si pagas, te dejan marchar".

El Teniente Coronel Raad Ali
Raad Ali, un líder paramilitar sunní en Bagdad oeste, está libre después de nueve días tras las rejas, con Sirhan, a fines de marzo y principio de abril.
Antes que terminar sus problemas, el teniente coronel teme que su encarcelamiento lo haya dejado más vulnerable ante sus enemigos.
Todo empezó la medianoche del 24 de marzo, contó, cuando los agentes golpearon a la puerta de su casa en el barrio de Ghazaliya. Un coronel iraquí en uniforme de faena que se identificó a sí mismo como proveniente del cuartel militar y policial conjunto responsable de Bagdad oeste, insistió en que necesitaba la ayuda de Ali para encontrar a alguien en el barrio. Ali, que dirige el grupo paramilitar sunní local respaldado por Estados Unidos y que opera en el norte de Ghazaliya, dijo que le vendaron los ojos cuando subió al todoterrenos del coronel.
Después de varias horas, contó Ali, lo escoltaron a un recinto donde unos agentes le tomaron una foto. Sus compañeros de celda le dijeron que era una cárcel secreta del ministerio del Interior. Algunos de los hombres dijeron que llevaban ahí más de un año, y sin juicio. Fue aquí que Sirhan se presentó a sí mismo y mostró sus moretones a Ali.
"Nadie sabe que estás aquí. No tendrás abogado. Nadie viene aquí. Nadie puede preguntar sobre ti. Es una cárcel secreta", dijo Ali.
En los interrogatorios, los agentes acusaron a Ali de ser miembro de al Qaeda en Iraq, que colocaba bombas, secuestraba gente y mataba a policías, acusaciones todas que negó enérgicamente. Después de más de una semana de prisión, fue escoltado a un tribunal en Bagdad oeste donde el juez desechó los cargos.
Ali dijo que se había enterado más tarde que el comandante estadounidense en Iraq, el general Ray Odiermo, se había reunido con el primer ministro Maliki para tratar su detención -una versión que fue confirmada por funcionarios occidentales.
Ali pensaba que nadie podía llegar a él. Pero a fines de abril, un familiar del ministerio de Defensa iraquí le dijo que las fuerzas armadas iraquíes tenían otra orden de detención contra él que podía deshacer si pagaba quince mil dólares a los agentes del ministerio y trabajaba para ellos como informante.
"En Iraq, tienes que pertenecer a alguna de sus bandas, si no quieres que te eliminen", dijo Ali. "Esta vez pasé nueve días en una cárcel. Quizás la próxima vez sean ocho años".

El Jeque
Fue después de las elecciones locales que las cosas empezaron a marchar mal para el jeque, que pidió que no se revelara su nombre por motivos de seguridad. Había luchado contra al Qaeda en Iraq, cerrado un pacto informal con los norteamericanos a fines de 2007 y tenía conversaciones irregulares con funcionarios iraquíes sobre la reconciliación.
En el invierno pasado, dice, un funcionario de seguridad se acercó a él en su provincia natal de Salahuddin en el norte de Iraq, pidiéndole que votara por un partido nacional en las elecciones locales. Dice que le prometió dinero y una posición de liderazgo en la organización paramilitar Hijos de Iraq. Se negó y boicoteó la votación.
Dos días después de las elecciones, dice, emitieron una orden de detención contra él. Poco después, dice, agentes de las fuerzas de seguridad empezaron una serie de llamadas diciéndole lo que debía pagar para evitar la detención. El jeque rebobinó una de las cintas en la que el que llamaba le exigía cien mil dólares.
El jeque dijo que sólo tenía veinte mil dólares, pero la voz se mantuvo firme en cincuenta mil, y luego cortó la comunicación. Ahora el jeque se está ocultando, con la esperanza de que el gobierno intervenga y lo traten con justicia.

4 de julio de 2009
29 de junio de 2009
©los angeles times 
cc traducción mQh
rss

preparan retirada de iraq


Mientras Estados Unidos se prepara para retirarse, la resistencia iraquí se prepara para pelear. "Habrá guerra en Bagdad", advierte un líder. Los insurgentes se muestran frustrados por la falta de progreso desde que depusieran las armas.
[Ned Parker] Bagdad, Iraq. Bagdad arderá, advierte un líder de la resistencia. "Si los norteamericanos nos dicen que no pueden mantenernos... en seis horas vamos a organizar nuestros grupos para luchar contra el gobierno corrupto", dice el comandante, un hombre corpulento con anillos de oro y túnica de color limón, que, quizás comprensiblemente, habló a condición de preservar su identidad. "Habrá otra guerra en Bagdad".
El comandante y otro líder insurgente entrevistado para este reportaje pertenecen al secreto mundo de las tribus musulmanas sunníes y ex militares que depusieron sus armas y ayudaron a llevar paz a Iraq en los últimos dos años. Decidieron luchar contra los partidos religiosos chiíes que controlan el gobierno, por medio de canales políticos, aunque nunca renunciaron a la resistencia.
Ahora las organizaciones insurgentes inactivas, con hombres, armas y redes intactas, se están acercando a su momento de la verdad. Si sus esfuerzos para integrarse a la clase política fracasan, parece casi inevitable que vuelvan a tomar las armas, después de las elecciones nacionales de principios del próximo año o antes.
Mientras las fuerzas estadounidenses se preparan para retirarse de ciudades iraquíes el mes próximo, las organizaciones insurgentes no ven signos de progreso en cuanto a sus demandas de que los norteamericanos garanticen su entrada al sistema político y les protejan contra los partidos en el poder.
Mientras los insurgentes observaban y esperaban, vieron que el gobierno continuaba encarcelando a sus combatientes, pese a su decisión de detener el fuego. Del mismo modo observaron la incapacidad o reticencia de parte de las tropas estadounidenses para detener la persecución de los líderes del movimiento Despertar, sus hermanos que se salieron de la resistencia para trabar relaciones de colaboración formales con los estadounidenses.
El desencanto de los sunníes podría también tener implicaciones para Afganistán, donde los militares estadounidenses esperan reproducir el éxito de su alianza con el movimiento Despertar acercándose a talibanes moderados. Pero el destino de los miembros de Despertar y las organizaciones insurgentes inactivas podría llevar a que los combatientes talibanes se lo pensasen dos veces antes de embarcándose para un trayecto similar.
"Las percepciones pueden ser difíciles de predecir, pero en principio podría reducir la disposición talibán a realinearse con nosotros en Afganistán si no logramos proteger a nuestros amigos en Iraq", dijo Stephen Biddle, experto en defensa del Consejo de Relaciones Exteriores.
Al final, la desconfianza entre los chiíes y sunníes involucrados puede ser demasiado difícil de superar. El gobierno iraquí ve a los grupos armados como un caballo de Troya del partido Baaz de Saddam Hussein para volver al poder y está decidido a bloquear un golpe sigiloso desde fuera del gobierno bagdadí. Por su parte, los líderes rebeldes consideran al gobierno una extensión del vecino Irán, país controlado por los chiíes.
Un oficial estadounidense, que habló a condición de no revelar su identidad, dice que los militares y personal de la embajada norteamericana se sienten frustrados por su incapacidad de reconciliar al gobierno con las organizaciones armadas. Temen que sea sólo una cuestión de tiempo antes de que los rebeldes reanuden su levantamiento.
"Cuando finalmente se den cuenta de que Estados Unidos es una fuerza impotente, o que se comporta como tal, ¿abandonarán los esfuerzos por considerarlos inútiles y volverán al conflicto armado para derrocar al gobierno?", preguntó el oficial. "¿También van a tomar las armas contra la coalición?"
Los contactos entre los grupos armados y los norteamericanos han girado en torno a las demandas de los comandantes insurgentes de protección contra las detenciones y acoso del gobierno iraquí, la rehabilitación de oficiales militares en sus antiguos puestos y ayuda para ingresar a la vida política. Los americanos no han dado respuestas firmes.
Apretujado en una pequeña butaca, el comandante sunní, que tiene cerca de doce mil combatientes a su disposición, habla francamente sobre lo qué ocurrirá si los americanos no cumplen.
"Nuestra última opción es volver a la resistencia, a la guerra. Dimos nuestra palabra a las fuerzas de la coalición, pero esta es nuestra última opción", dice el ex general de la inteligencia militar que dirigió a combatientes en la provincia de Salahuddin después de la invasión norteamericana de 2003.
Dice que se podrá discutir todas las opciones cuando los americanos reduzcan su presencia. Deja en claro que es por los militares estadounidenses que su grupo quiere una solución pacífica, pero que eso podría cambar rápidamente.
"Si los americanos dejan Bagdad en veinticuatro horas, la calle pertenecerá a la resistencia y la gente. La gente está hirviendo. Ahora entienden que el gobierno representa a Irán", dice.
El comandante insurgente, que dirige una organización llamada Ejército de Liberación Iraquí, dice que dejó de pelear contra los norteamericanos a fines de 2007. Ese año ya había roto con la organización al Qaeda en Iraq.
Tras ser herido en una batalla, fue capturado por tropas estadounidenses y tratado en una de sus bases. No sabían que lo tenían en la lista de buscados. Poco después de su libertad, negociaron con los americanos e hicieron una tregua.
"El acuerdo fue que seríamos amigos, no enemigos. Creo que deberíamos unimos a ellos, porque son mejor que los partidos religiosos. Son seres humanos. Confiamos en ellos", dice el comandante. "Dimos órdenes de detener la violencia contra las tropas americanas. Estamos negociando con ellos".
Pero el comandante se queja de que cuando se difundió su alianza con los americanos, los partidos religiosos chiíes en el gobierno empezaron a tratar de detenerlos.
El comandante señala a un hombre sentado a su lado como su vínculo con los militares norteamericanos. Abu Fatima, un hombre delgado en un traje gris, pertenece a un grupo armado en el norte, que se calcula tiene entre dos mil y cinco mil combatientes.
Abu Fatima dice que a fines de 207 ayudó a convencer a las organizaciones armadas a deponer las armas y a principios de 2008 creó una asociación política informal que está siendo respaldada por el Ejército de Liberación Iraquí y otros grupos.
Pero la tregua y formación de su partido han reportado pocos beneficios tangibles, dice. Menciona "la traición de Despertar" y habla sobre la cautela de algunos líderes de la resistencia para reconocer la tregua y aceptar las elecciones.
"De hecho, algunos grupos se han reunido con nosotros para aliarse con nosotros y dejar de pelear. Nos preguntan: ‘¿Qué hicieron los americanos por nosotros?’ Este asunto se ha convertido en una pregunta muy molesta.
"Puedo sortear preguntas sobre política y religión, pero no esto... Estoy perplejo y avergonzado. No tengo respuesta", dice Abu Fatima.
"Digo: ‘No depongan las armas’, porque de otro modo sería deshonesto con ellos. Les he dicho a los americanos: ‘Si continúan enajenándose el apoyo de la gente, los iraquíes lucharán contra ellos, incluso el gobierno’".

25 de mayo de 2009
©los angeles times 
cc traducción mQh
rss

soldado condenado a perpetua


Por asesinatos en Iraq. El soldado asesinó a una familia iraquí y violó y mató a una niña iraquí de catorce años.
[James Dao] El jueves un jurado de Kentucky sentenció al ex soldado de veinticuatro años a pasar su vida en la cárcel, sin posibilidades de ser liberado, por la violación de una niña iraquí de catorce años y de su posterior asesinato, el de sus padres y el de una hermana menor.
El veredicto libró de la muerte al acusado Steven D. Green por un crimen por el que los iraquíes exigieron represalias e hizo surgir dudas por el control que ejerce el ejército sobre sus tropas con estrés de combate.
Después de deliberar por sólo un día, el jurado de doce miembros en Paducah, Kentucky, se declaró disuelto el jueves tarde, lo que resultó en una sentencia más ligera, dijo Dawn Masden, portavoz del fiscal para el distrito occidental de Kentucky, en Louisville.
El veredicto probablemente enfadará a los iraquíes que han alegado que Green y los otros soldados implicados en los asesinatos deberían haber sido juzgados por un tribunal iraquí y que han insistido en que sólo la pena de muerte podría satisfacer a la familia y a sus vecinos.
Al menos otros cuatro soldados se han declarado culpables o fueron condenados en tribunales militares por su participación en la violación y asesinatos. Aunque la mayoría recibió largas penas de prisión, ninguno de ellos fue condenado a muerte y podrán pedir su libertad condicional en diez o menos años.
El juicio de Green fue el primer caso con posibilidad de una condena a muerte juzgado por una ley de 2000 que permite que los tribunales penales federales vean delitos cometidos en el extranjero por ex miembros de las fuerzas armadas, familiares de militares, contratistas y civiles, dijeron juristas. Green dejó el ejército, licenciado honrosamente con diagnóstico de trastorno de personalidad, apenas semanas antes de su detención en 2006.
Los asesinatos de marzo de 2006 en Mahmudiya, a 32 kilómetros al sur de Bagdad, fueron tan sangrientos que las autoridades estadounidenses e iraquíes pensaron primero que eran obra de los rebeldes. Los soldados fueron acusados después de que al menos uno de ellos reconociera ante otros soldados su participación en el crimen.
En la época, la resistencia iraquí estaba cerca de su momento más violento, y las fuerzas estadounidenses estaban sufriendo fuertes bajas. La unidad del soldado Green, la Compañía Bravo, Primer Batallón, Infantería 502, Equipo de Combate de la Segunda Brigada de la División Aerotransportada 101, fue enviada a una zona particularmente violenta que los soldados llamaban el Triángulo de la Muerte, poco después de llegar a Iraq en el otoño de 2005.
El batallón sufrió rápidamente bajas, incluyendo a un sargento amigo de Green. En diciembre, el soldado Green, con otros miembros de su batallón, dijo a una psicóloga del ejército que se quería vengar de los iraquíes, incluyendo a los civiles. El psicólogo etiquetó la unidad como ‘misión incapaz’ debido a la baja moral, alto estrés de combate y resentimiento por las muertes, y dijo que necesitaba descanso y una mejor supervisión. No recibió ninguna de las dos cosas.
Según los testimonios, el 11 de marzo de 2006, después de beber whisky iraquí, el soldado raso Green y otros soldados a cargo de un puesto de control decidieron violar a una niña iraquí que vivía en las cercanías. Con ropas civiles, los soldados entraron a la casa y violaron a Abeer Qassim Hamza al-Janabi. Soldados en el grupo declararon que el soldado Green mató a los padres de la niña y a la hermana menor antes de violar y luego matar a la niña disparándole en la cabeza con el AK-47 que la propia familia guardaba para su defensa.
En el juicio, los abogados de Green basaron la defensa menos en desconocer su papel en el delito que en poner en duda que merecía la pena de muerte.
Green, que se crió en Midland, Texas, proviene de una familia desintegrada y caótica, declararon testigos de la defensa, y pese a sacar un elevado puntaje en tests de inteligencia, era altamente impulsivo y no rendía bien en la escuela. Entró al ejército en 2005 después de tener problemas con el alcohol y las drogas.
El 7 de mayo el mismo jurado que dictó su reclusión perpetua condenó a Green por otros diecisiete cargos, incluyendo homicidio premeditado.
En la fase de la sentencia del juicio, la psicóloga del ejército, teniente coronel Karen Marrs, declaró que el soldado Green estaba trastornado por las muertes en su unidad y había expresado su deseo de atacar a civiles iraquíes. Pero la coronel Marrs también dijo que esos sentimientos habían sido expresados por otros miembros de la unidad y no eran inusuales entre soldados en zonas de combate. Interrogada por la fiscalía, también dijo que pensaba que el soldado Green entendía claramente que atacar a civiles era equivocado y que no tenía planes de venganza.
La defensa alegó que el ejército debería haber proporcionado un liderazgo más firme a la unidad del soldado Green y debería haber retirado al soldado Green de la primera línea para someterlo a un tratamiento más intensivo de salud mental.
La fiscalía rechazó enérgicamente ese argumento, diciendo que muchos soldados en combate enfrentan el mismo tipo de traumas y estrés que el soldado Green y su pelotón, pero que pocos cometen atrocidades.
"El acusado traicionó su deber de proteger a gente inocente en Iraq", dijo Marissa Ford, una de las fiscales.
Después de la sentencia, Doug Green, 28, hermano de Green, dijo a la Associated Press: "Creo que le da una posibilidad de tener algo parecido a una vida. Estamos agradecidos por eso".
El equipo de abogados de la defensa, Scott Wendelsdorf, Darren Wolff y Patrick Bouldin, dijeron en una declaración: "La defensa agradece al jurado por su cuidadosa consideración y decisión final. En un caso como este que es tan trágico en tantos niveles, no hay ganadores".

22 de mayo de 2009
©new york times
cc traducción mQh
rss

auge y caída de un clérigo iraquí


La detención de un hombre fuerte subraya la confusión de lealtades provocada por el retiro de Estados Unidos.
[Anthony Shadid] Thuluyah, Iraq. En octubre de 2006, cuando el calor del verano iraquí estaba finalmente rompiendo, Muthanna Yousef Hammoud observó con sus ojos azules los cuatro coches detenidos en la berma del camino en un tumultuoso tramo del norte de Iraq entonces en manos de los insurgentes. "No prestamos demasiada atención", recordó el adinerado hombre de negocios.
Minutos después, un Toyota beige irrumpió a toda velocidad para colocarse por delante de su BMW azul. Un Toyota blanco bloqueó la calle detrás de él. A los lados, de los otros dos coches bajaron ocho enmascarados vestidos de negro que dispararon una ráfaga al aire, y luego metieron a Hammoud y un amigo en los maleteros de los coches. Harían un viaje de cuatro horas.
Sus secuestradores llamaban ‘jeque’ al cerebro del secuestro, que orquestó una odisea que encerró a los hombres en media docena de escondites, algunos no más que una desmoronada jaula de barro de sesenta centímetros de alto. Tres semanas después, los hombres del jeque lo liberaron después de pagar un rescate de 180 mil dólares, reunidos en parte con la venta de una gasolinera en Thuluyah.
El incidente fue tan anónimo como olvidado. Hammoud y su amigo sobrevivieron, lo que es en sí mismo una proeza en el nadir de la carnicería iraquí, donde, a veces, los civiles de esta ciudad de viñedos y huertos junto a una curva del río Tigris eran decapitados con una pala. Pero la voz del cerebro se quedó grabada en la mente de Hammoud, y sus recuerdos llevaron a que soldados iraquíes y estadounidenses arrestaran a Nadhim Khalil, ex líder insurgente conocido entre sus seguidores como el ulema Nadhim, que se había convertido aquí en un aliado de los americanos.
Los rivales de Khalil recibieron con júbilo su detención. Sus colegas lo llaman azar. De cualquier modo, subraya la confusión de elusivas lealtades, lancinantes traiciones y venganzas no correspondidas a medida que las fuerzas armadas estadounidenses se retiran, sus antiguos aliados se dividen, el gobierno del primer ministro Nouri al-Maliki sigue incierto y todo el mundo pelea por el poder en las preliminares de las elecciones nacionales.
En breve, en Thuluyah no hay nadie a cargo. Se encargaba Khalil, hasta su detención.
"Increíble", dijo Khalil sobre los cargos por el secuestro de Hammoud y otro caso en que se lo acusa de ordenar la ejecución -con una bala en la nuca- de catorce trabajadores chiíes. Pero en una conferencia telefónica desde la cárcel a través de su hermano, prometió a sus opositores: "Volveré".
"Justicia", dice Hammoud, cuyos secuestradores le dieron un Corán verde como regalo de despedida cuando lo liberaron en el cementerio de la ciudad. "En mi opinión, es justicia".
Pero los rivales de Khalil lo describieron como una historia ejemplar en un Iraq veleidoso. "Estaba volando alto, pero finalmente cayó al suelo", dijo Abdullah al-Jabbouri, un brusco y pesimista líder tribal. "Esto es lo que ocurre siempre. ¿Cayó o no?"

Cambios de Lealtades
Khalil, 30, no era un insurgente común arrepentido. Su ciudad natal fue durante largo tiempo un bastión de Saddam Hussein, que cortejaba a sus habitantes sunníes -casi la cuarta parte de ellos trabajaba en el ejército, estado o en la inteligencia. "Viva Saddam", dicen las pintadas que todavía se leen en su entrada. En esos días, como clérigo musulmán, Khalil era una voz solitaria, denostando al gobierno de Hussein por carecer del sentido de justicia de los ancestros del islam, desde el púlpito de la mezquita más grande de Thuluyah, que había heredado de su padre.
Tras la caída de Hussein, tribus poderosas como los Jabbouri, Khazraji, Ubaidi y Bufarraj llenaron el vacío. Peor Khalil jugaría pronto su propio papel. Los estadounidenses convencieron a las autoridades tribales de que lo hicieran miembro del ayuntamiento, como representante de los clérigos de la ciudad. La luna de miel fue breve, y hacia el fin de año, las prédicas de Khalil contra la ocupación, que llamaba cáncer en sus sermones en la Mezquita del Califa, lo pusieron del lado de los insurgentes. Para agosto de 2006, se había unido a al Qaeda en Iraq, un movimiento nacional sunní que los oficiales estadounidenses dicen que es dirigido por extranjeros y que pronto llegó a controlar Thuluyah, imponiendo una visión de la ley islámica que prohibía fumar en la calle.
Incluso hoy Khalil es franco sobre su pasado. ‘Cuatro años en la vida de un insurgente’ era el título de un libro que quería publicar este año.
Pero para junio de 2007, juzgando que la resistencia era una causa perdida, se volvió contra al Qaeda en Iraq y empezó a trabajar con las fuerzas armadas estadounidenses con agentes de policía y hombres que habían desertado del movimiento rebelde para formar una milicia de ex combatientes con el respaldo de Estados Unidos. Khalil exhibe orgullosamente una fotografía de abril de 2007, cuando todavía se luchaba. Lo muestra llevando un rifle de francotirador y está junto a un radiante soldado norteamericano.
Hasta su detención, Khalil dominaba la ciudad. Cuenta con la lealtad de 650 hombres armados que todavía trabajan en la milicia, conocida como Hijos de Iraq, muchos de los cuales recorren las calles en buzo y sandalias de plástico. Presidía un concejo de diez líderes tribales formado por Maliki. Dijo que se reunía con militares estadounidenses cada dos semanas y se enorgullecía de haber conseguido cientos de trabajos en las fuerzas de seguridad. Un canal árabe ofreció un retrato de él; un diario iraquí lo llamó "el dictador de Thuluyah".
"Es un hombre bueno, fuerte, y ha servido al pueblo", dice Anas Khalil, estudiante de veinte años. "Aquí en Thuluyah todos quieren al ulema Nadhim".
Su vecino, Ibrahim Ahmed, interrumpe. "No todo el mundo", advirtió.
El mes pasado, un joven con el cabello engominado y de chaqueta larga entró a la mezquita de Khalil. Adosados al cuerpo, dijo Maher, el hermano de Khalil, llevaba dos lanzagranadas, tres proyectiles de mortero y más de veinte kilos de rodamientos y clavos.
"¡Es un terrorista!", gritaron unos fieles, según recuerdan sobrevivientes.
Casi enseguida, la cabeza del terrorista rebotó contra el cielo raso de la mezquita. En la explosión murieron cuatro fieles. Dieciséis quedaron heridos. Algunos recibieron la metralla en las piernas, cuando corrían hacia la puerta. Khalil todavía no llegaba, pero su hermano Yasser resultó herido en la pierna izquierda, la espalda y la mano derecha. Sus otros hermanos mostraron el ensangrentado Corán, diciendo que le había salvado la mano.
Acusaron a al Qaeda en Iraq del atentado, el segundo contra la mezquita de Khalil.
Diez días después, los enemigos de al Qaeda en Iraq -las fuerzas de seguridad iraquíes y las fuerzas armadas norteamericanas- llegaron a la casa de Khalil a las cinco y media de la mañana, mientras reparaba la mezquita con un grupo de trabajadores. Fueron amables, pero insistentes; él, Yasser -el herido- y otro hermano debían acompañarlos. Khalil pidió permiso para cambiarse el camisón dishdasha por uno limpio. Envió un recado a su otro hermano, Shaker. Que dijera a los milicianos que no hicieran problemas.
Lo llevaron a la vecina Balad, donde, dijo Khalil, un jubiloso grupo de miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes empezaron a gritar a favor de Moqtada al-Sáder, un clérigo chií.

Sombra de la Política
En Thuluyah las lealtades son volubles y la desconfianza enraizada. El ambiente ha empeorado desde la detención de Khalil, cuya ausencia ha envalentonado a sus rivales y confundido a sus partidarios. Maliki dijo, muy claramente, que Khalil "será liberado". Pero como señaló Jabbouri, crítico de Khalil, el futuro podría ser más bien indefinido.
En la ciudad, vecinos que antes tenían demasiado miedo como para hablar, han empezado a ventilar su resentimiento con el pasado de Khalil. Algunos sugirieron que Osama bin Laden había regalado a Khalil el Nissan Armada aparcado en la entrada de su casa. Otros, incluso miembros de su propia tribu, lo responsabilizaron por la muerte de cientos de personas entre 2006 y 2007. A modo de explicación, dicen que era el quinto dirigente de al Qaeda en Iraq. Insisten en que sólo las carnicerías que provocó explican el poder que tiene.
Hammoud, la víctima de secuestro, no tiene ninguna duda sobre la identidad de su secuestrador.
"La voz del ulema Nadhim es la más distintiva de Thuluyah. No hay ninguna que se le parezca. Si lo hicieras hablar entre cien personas, lo reconocería sin problemas", dijo.
Para los partidarios de Khalil, su detención obedecía simplemente a motivos políticos, provocados por rivales sunníes que temen su anunciada candidatura a las elecciones parlamentarias de enero. Incluso Hammoud lo reconoció. El hermano de Hammoud es miembro del nuevo concejo provincial, y el nuevo gobernador pertenece al mismo partido.
"Tal como está la situación ahora en Iraq, todo el mundo quiere ganar, todo el mundo quiere prepararse para las próximas elecciones. Todos los partidos se están desafiando", dijo Shaalan Mohammed, amigo que Khalil.
Los hermanos de Khalil, Shaker y Maher, asintieron.
"Pero todavía tengo una pregunta", dijo Shaker. "¿Por qué se metieron los norteamericanos?"
Hace apenas unos meses, el teniente coronel David Doherty, portavoz de las fuerzas armadas estadounidenses en el norte de Iraq, elogió el papel de Khalil en la guerra contra la resistencia. "Ha ayudado a mantener la paz y la estabilidad en la región", dijo Doherty. "Y al mismo tiempo ha reconocido las necesidades de la gente".
Hammoud dijo que el alcalde de la ciudad le había advertido no presentar cargos contra Khalil porque el año pasado los militares norteamericanos habían declarado que Khalil era intocable.
En la entrevista desde la cárcel, Khalil todavía se llama a sí mismo "el hombre de Estados Unidos y uno de sus partidarios más importantes en la lucha contra al Qaeda y otros grupos armados".
Pero en estos días, los oficiales norteamericanos son menos generosos. Otro portavoz negó que los militares le hayan otorgado amnistía, como reclama Khalil. Los oficiales dicen ahora que él no tuvo ningún papel en Hijos de Iraq, pese a que los combatientes en Thuluyah sostienen que él todavía es su líder.
"Creemos que la detención del ulema Nadhim es un asunto que debe resolver el gobierno de Iraq y tenemos confianza en que será tratado con justicia y de acuerdo a las leyes iraquíes", dijo el mayor Derrick Cheng.
"Aquí los ciudadanos son tratados según la ley iraquí, y son tratados con justicia", agregó.
En el ayuntamiento, considerado durante mucho tiempo como corrupto e incompetente, algunos miembros que antes eran demasiado sumisos para hacer otra cosa que elogiar a Khalil, han asumido una nueva arrogancia. Jabbouri, abogado y ex general que fue uno de los pocos en hablar sobre Khalil, estaba sentado debajo de un lento ventilador como alguien del que se ha demostrado que tenía razón.
Interrogado sobre si se sentía contento con la detención de Khalil, se demoró más de lo normal en contestar.
"Definitivamente", dijo finalmente.
"Olvidó que los norteamericanos tendrían que marcharse algún día", dijo. "Es como la novia y su novio. Antes del matrimonio, él le promete mucho. Después del matrimonio, se olvida de todo. Los norteamericanos lo han abandonado".
Pero la gente se queda, dijo, "y hay algunos que exigen justicia". Sorbió de su té, que se enfriaba. "Es un clérigo. No debió haber abandonado la religión".

17 de mayo de 2009
14 de mayo de 2009
©washington post 
cc traducción mQh
rss

soldado dispara contra compañeros


Soldado estadounidense mata a cinco de sus compañeros en Iraq.
[Timothy Williams] Bagdad, Iraq. Cinco soldados estadounidenses fueron asesinados en un centro de orientación en una base militar norteamericana en Bagdad, por un soldado que fue luego detenido.
El tiroteo ocurrió en Camp Liberty, que forma parte de un extenso complejo de bases militares estadounidense donde están estacionados miles de soldados en las cercanías del Aeropuerto Internacional de Bagdad.
Los asesinatos son el episodio más mortífero de violencia de soldado contra soldado en las fuerzas estadounidenses desde la invasión norteamericana hace seis años.
"Cada vez que perdemos a uno de los nuestros, nos afecta a todos", dijo en una declaración el coronel John Robinson, portavoz de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Iraq. "Extendemos nuestras condolencias a las familias y amigos de los miembros del servicio implicados en esta terrible tragedia".
Los nombres de los soldados aún no han sido dados a conocer, a la espera de notificar a sus familiares.
El centro donde ocurrió el tiroteo ofrece servicios de orientación a soldados que buscan ayuda. Sin embargo, no está claro por qué el tirador o las víctimas estaban en el centro en ese momento, o si algunas de las víctimas eran miembros del personal.
De acuerdo a un estudio publicado en The New England Journal of Medicine en 2004, uno de cada seis soldados que vuelven a Iraq muestran signos de trastorno de estrés post-traumático u otras dificultades emocionales.
En una rueda de prensa el lunes en el Pentágono, al almirante Mike Mullen, presidente del Estado Mayor Conjunto, dijo que el atentado "ocurrió en un lugar donde la gente busca ayuda" para combatir el estrés.
La violencia, dijo, era un recordatorio trágico de la necesidad de una mayor "preocupación para combatir el estrés" y también "llama la atención sobre el problema de los despliegues múltiples" así como sobre la necesidad de encontrar modos de "aumentar el tiempo de reposo" para que el personal militar pase más tiempo en casa entre los despliegues.
El presidente Obama dijo en una declaración que estaba "consternado y con una profunda tristeza al oír las noticias de Camp Victory esta mañana". La base de Camp Victory incluye Camp Liberty.
"Insistiré para cerciorarme de que entendamos completamente cómo se produjo esta tragedia, y que estamos haciendo todo lo posible para asegurar que nuestros hombres y mujeres de las fuerzas armadas estén protegidos cuando sirvan al país de manera tan apta y resuelta", dijo.
Normalmente, los soldados que no están de servicio deben retirar las municiones de sus armas en instalaciones militares estadounidenses en Iraq. No se sabe por qué tenía el tirador un arma cargada. La base está fuertemente fortificada con barreras antiexplosivas y alambre de púa.
El asesinato de estadounidenses por otros soldados no es algo desconocido en Iraq.
En septiembre de 2008 un soldado estadounidense fue detenido después de que matara a balazos a dos compañeros en su base de patrulla cerca de Iskandariya, a unos cuarenta kilómetros al sur de Bagdad. Los soldados habían sido asignados a una unidad en el Fuerte Stewart, Georgia. El caso está ahora siendo visto en una corte militar.
En junio de 2005, dos oficiales de la Guardia Nacional del Ejército de Nueva York en una base cerca de Tikrit murieron después de que estallara una mina antipersonal cerca de una ventana y un especialista de aprovisionamiento fue acusado de las muertes. El especialista fue absuelto el año pasado por un tribunal militar.
En abril de 2005, el sargento Hasan Akbat, de la División Aerotransporada 101, fue sentenciado a muerte por un ataque con granada contra otros soldados en marzo de 2003 en Kuwait, al principio de la invasión estadounidense de Iraq.
El sargento Akbar, que fue el primer estadounidense desde la era de Vietnam en ser procesado por cargos de homicidio de un soldado amigo en tiempos de guerra, fue condenado por homicidio premeditado e intento de homicidio premeditado después de que arrojara granadas en las tiendas y luego abriera fuego contra los soldados. Mató a dos oficiales, dejando heridos a otros catorce en el Campo Pensilvania.
El número de víctimas del tiroteo del lunes es el más alto para militares estadounidenses en un solo ataque desde el 10 de abril, cuando un terrorista suicida en un camión mató a cinco soldados cerca de un cuartel de la policía en la norteña ciudad de Mosul.
Este mes, dos soldados estadounidenses murieron después de ser atacados por un hombre vestido con el uniforme del ejército iraquí en un centro de adiestramiento iraquí al sur de Mosul.
El 18 de abril dieciocho militares estadounidenses murieron en Iraq -el doble que en marzo y la cantidad más alta de bajas desde septiembre de 2008, cuando murieron veinticinco militares.
En los dos últimos años, la violencia ha declinado drásticamente en Iraq, pero una ola reciente de atentados con bomba ha planteado interrogantes sobre la seguridad después de que Estados Unidos anunciara el retiro de las tropas de ciudades iraquíes para el 30 de junio.
Camp Liberty, sin embargo, no es una de las bases que deben cerrar el 30 de junio, porque oficiales iraquíes accedieron a considerar la base de Camp Victory como ubicada fuera de los límites urbanos de Bagdad, aunque en realidad está a horcajadas sobre la frontera.
El complejo de la base de Camp Victory alberga a cerca de veinte mil soldados en cuatro bases. Es aquí donde Obama se dirigió a las tropas estadounidenses en abril y donde un periodista iraquí lanzó sus zapatos contra el presidente George W. Bush durante una rueda de prensa en diciembre.
Las fuerzas armadas estadounidenses anunciaron el lunes que un soldado estadounidense no identificado murió el 10 de mayo en la provincia de Basra, al sur de Iraq, después de que su vehículo fuera impactado por un artefacto explosivo. No se entregaron otros detalles.
También el lunes, el general de brigada Abdul Husain Muhsen al-Kadhumi, un alto funcionario policial iraquí a cargo de las operaciones de tráfico, fue herido mortalmente cuando se dirigía a su trabajo en Bagdad, informó un funcionario policial iraquí que habló a condición de preservar el anonimato debido a que no está autorizado para hablar con la prensa.

Elisabeth Bumiller y Thom Shanker contribuyeron al reportaje desde Washington, y Sharon Otterman desde Nueva York.

12 de mayo de 2009
©new  york times
cc traducción mQh
rss