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continúan deserciones por iraq


[Monica Davey] Soldados improvisan modos de escapar de la guerra de Iraq.
La noche anterior al vuelo de su unidad del ejército hacia Iraq, el soldado de primera clase, Brandon Hughey, 19, simplemente escapó. Condujo toda la noche desde Texas a Indiana, y desde allí, con la ayuda de un veterano del Vietnam al que había conocido en internet, desapareció en Canadá.
En Georgia, el sargento Kevin Benderman, 40, cuyos lazos familiares con las fuerzas armadas se remontan a la época de la Revolución Americana, se acogió al estatuto de objetor de conciencia y fue informado que será sometido a una corte marcial en mayo por no reportarse a su unidad cuando esta marchó a Iraq para cumplir su segundo período de servicio.
Uno por uno, un goteo de soldados y marines -algunos de ellos recién de vuelta de Iraq, otros todavía con la perspectiva de viajar allá- está buscando un modo de escapar.
Los soldados, sus partidarios y abogados especializados en derecho militar dicen que han observado a algunos miembros de las fuerzas armadas intentar rutas todavía menos probables y desesperadas: ingerir drogas con la esperanza de que sean dejados en casa cuando los resultados de los análisis den positivo; o buscando razones psicológicas o médicas para ser declarados no-desplegables, incluyendo embarazos de última hora. El especialista J. Roberts está acusado de pedir a un familiar en Filadelfia que le disparara en una pierna de modo que no tuviera que volver a la guerra.
Una bala en la pierna, dijo a la policía el especialista Roberts, de Hinesville, Georgia, le pareció la mejor alternativa. "Tenía miedo", dijo, de acuerdo a un informe de la policía sobre el incidente de diciembre. "No quería volver a Iraq y abandonar a mi familia. Pensé que mi cadena de mando no se preocupaba de la seguridad de las tropas. Sólo sabía que yo no volvería allá".
Funcionarios del ministerio de Defensa dicen que no han visto un aumento en casos de deserción desde que comenzara la guerra de Iraq. Desde octubre de 2002, unos 6.000 soldados han abandonado sus puestos por al menos 30 días y han sido declarados desertores. (Un soldado que retorna eventualmente a su unidad, sigue siendo considerado desertor por el resto del año). El Cuerpo de Marines, que toma una instantánea de cuántos marines no se presentan en un momento dado, informó sobre unos 1.300 desertores en diciembre, algunos de los cuales desaparecieron el año pasado y otros años antes. Las cifras, dijeron funcionarios del Pentágono, sugieren que las filas de los desertores en realidad han disminuido desde los años justo antes del 11 de septiembre de 2001. Por supuesto, muchas cosas han cambiado desde entonces, incluyendo la gravedad de desertar en tiempos de guerra.
También, muchos de los métodos se resisten a ser clasificados en categorías como deserción oficial.
"Hay un montón de gente, mucho más de lo normal, que están tratando de escapar ahora", dijo el sargento de primera clase, Tom Ogden, justo antes de partir para un segundo período con su unidad de aviación del Ejército desde Front Carson, Colorado. Dijo que en los últimos meses había visto a colegas soldados que estaban empecinados en no aprobar los análisis de drogas porque creían que no serían enviados si los resultados eran "calientes", mientras otros pretendían espaldas y cuellos lesionados, con el mismo objetivo.
"Te diré algo", dijo el sargento Ogden. "Están inventando maneras que piensan son creativas para eludir el servicio".
En el otoño de 2003, el sargento de segunda clase, Camilo Mejía, de la Guardia Nacional de Florida, fue uno de los primeros en anunciar que él se negaba a volver a Iraq y se acogió al estatuto de objetor de conciencia. Hace un año, el soldado Jeremy Hinzman, de Dakota del Sur, desapareció de su puesto sólo para reaparecer en Canadá, con su familia.
La noticia de esos casos se difundió entre los soldados. Algunos reaccionaron con indignación, acusando de cobardía a sus colegas: ¿cómo podían abandonar a otros soldados en tiempos de guerra, a diferencia de los conscriptos de la Guerra de Vietnam, que eran todos voluntarios? Otros, sin embargo, dicen que los casos les hicieron pensar más en su propia ambivalencia.
"Lo que he visto es que los soldados tienen más miedo de decir lo que piensan que ir a la guerra", dijo el sargento Mejía, que fue dejado en libertad en febrero después de pasar casi nueve meses confinado en Fort Sill, Oklahoma, por deserción. "Hasta que no tomé una posición, estaba realmente actuando contra mi conciencia. Tenía miedo de que me llamaran cobarde".
En los meses que han pasado desde su caso, han surgido iniciativas más organizadas.
Un grupo de soldados que logró acogerse al estatuto de objeción de conciencia iniciaron una página en la web, www.peace-out.com, mostrando cómo acogerse al estatuto. La página tuvo 3.000 visitas durante el primer día.
En Canadá alguna gente se unió para ayudar a los soldados norteamericanos que llegan allá, proporcionándoles dinero, comida y alojamiento. Michelle Robidoux, una organizadora de la Campaña de Apoyo a los que Rechazan la Guerra, dijo que sus miembros estaban presionando a funcionarios canadienses para otorgar a los soldados la condición de refugiados.
Esos soldados provienen de ciudades muy diferentes, de todo el país, pero sus razones para no querer ser enviados a la guerra se hacen eco unas a otras. Algunos describieron espeluznantes escena de su primer servicio en Iraq. Un soldado dijo que vio a un niño iraquí herido, llorando, al que nadie podía ayudar; otro dijo que vio cómo otro soldado quemaba perros callejeros para matar el tiempo. Otros dijeron que simplemente se habían dado cuenta de que no creían en la guerra, o al menos no en esta guerra.
"No era lo que yo pensaba", dijo el soldado Hughney. Dijo que se había alistado a los 17 años, desde su casa en San Angelo, Texas, debido a que un reclutador le prometió que los militares le pagarían la educación que su padre no podía pagar. Dijo que había tratado de dejar de lado sus dudas, incluso durante el adiestramiento básico, pero cuando su unidad se preparaba para dejar Fort Hood, Texas, para partir hacia Iraq en marzo pasado, se dio cuenta de que él no podía ir.
"Hay gente a la que le gustaría colgarme por esto", dijo en una entrevista telefónica desde Toronto. "La cosa es que, sí, yo firmé voluntariamente. Y cuando lo hice tenía la intención de ser un buen tipo y defender a mi país. Pero matar a gente por algo en lo que no creo solamente para cumplir mi contrato no me pareció que fuera lo correcto".
En una base en Alemania, el especialista Blake Lemoine, 23, que estuvo en Iraq el año pasado, envió este año una carta a su cadena de mando, exponiendo todas las razones que tenía para que le permitieran renunciar: el Ejército contradice sus creencias y ritos religiosos; él y esposa no son monógamos, lo que es contrario al reglamento militar; es bisexual. En febrero, oficiales del Ejército presentaron cargos en una corte marcial, acusándolo de negarse a cumplir sus tareas asignadas.
Oficiales del Ejército han dicho que la cantidad de gente tratando de encontrar una ruta de escape es relativamente pequeña y no muy diferente al pasado.
"Siempre habrá alguna gente que hace este tipo de cosas, pero no he tengo evidencias de que se trate de una tendencia", dijo el teniente coronel Bryan Hilferty, portavoz del Ejército. "Hay más gente que se presenta voluntariamente para ser desplegada, que quieren ir a la guerra. Recuerde, son todos voluntarios".
Aunque los archivos disponibles del Pentágono se remontan a sólo algunos años, muestran un incremento en las peticiones de aplicación del estatuto de objeción de conciencia. En 2002, 31 soldados y marines se acogieron al estatuto, en comparación con 92 en 2003. Para noviembre, el último mes en los archivos disponibles, 75 soldados y marines lo habían solicitado en 2004. De las 75 peticiones, 34 fueron aprobadas, y 41 rechazadas.
Ese camino, sin embargo, puede ser lento y complejo. Las reglas militares exigen que el miembro de las fuerzas armadas demuestre que tiene verdaderamente razones morales, éticas o religiosas para oponerse a la guerra.
El sargento Benderman aplicó en diciembre, días antes de que su unidad se embarcara hacia Iraq, sin él.
Su petición de objeción de conciencia está siendo tramitada, pero de momento un oficial militar ha recomendado no acoger su solicitud, dijo. Puede ser sometido a una corte marcial general bajo cargos de deserción y abandono de su unidad. Puede ser condenado a penas muy severas, de hasta siete años en confinamiento, pérdida de toda remuneración, degradación de rango y licenciamiento deshonroso.
"Todo el mundo te quiere meter en una cajita, y quieren tener alguna epifanía solemne y lienzos en el cielo", dijo hace poco el sargento Benderman. "Pero no es así. Lo que ocurre es que yo pasé seis meses allá, volví y he pensado sobre esto. Lo que sé es que es inhumano, está convirtiendo a hombres y mujeres de 18 años en gente desalmada".
Entre algunos soldados desesperados, el proceso de solicitud del estatuto de objeción de conciencia es una posibilidad tan remota como partir hacia Canadá.
En su entrevista con la policía, el especialista Roberts dijo que su esposa, preocupada por su inminente partida hacia Iraq, había sugerido herirlo de un balazo: "Me dijo: ‘¿Por qué no haces lo que está haciendo todo el mundo?' Ella estaba tratando de ayudarme a encontrar una salida".
El juicio se celebrará la semana entrante. Entretanto, el resto de su unidad ya se encuentra en Iraq.

19 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
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