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¿por qué reciben a aznar?


columna de mérici
Llama la atención que el gobierno de Chile -su presidente, su ministro de Exteriores, el presidente del senado- reciba al ex primer ministro Aznar, de España. Senadores y diputados demócrata-cristianos incluso se dan de codazos para salir en las fotos con él. ¿Se han vuelto todos locos o no saben quién es Aznar? ¿O lo saben demasiado bien? Y todo esto ocurre a semanas de la bochornosa actuación de las autoridades cuando visitó el país el juez Baltasar Garzón, con el que Chile tiene una inmensa deuda de gratitud por su compromiso con su causa en defensa de los derechos humanos.
Aznar no ha hecho nada comparable. De hecho, se alió con los enemigos de Chile cuando participó en la trama para impedir que el ex dictador fuese extraditado a España en 1989 para ser juzgado allá por crímenes contra la humanidad por el juez Garzón.
Quienes no conozcan bien Chile han de recordar que la Democracia Cristiana, un partido de nefastos antecedentes históricos que nació como retoño de los antiguos fascistas chilenos y que conspiró con la jauría militar contra el gobierno de Allende, se oponía a que Pinochet fuese juzgado en España argumentando -con su presidente Eduardo Frei, el mismo presidente del senado que recibió al ex primer ministro español- que se violaba la soberanía del país y asegurando que el dictador sería juzgado en Chile. A esta farsa también se unió entonces el socialismo y los socialdemócratas chilenos -dirigidos por Lagos y el abyecto ministro Insulza.
Nadie creía en esta farsa. Y ciertamente las sospechas de los más pesimistas se cumplieron plenamente: hoy el ex dictador sigue en su casa relamiéndose con la rememoración de sus crímenes y disfrutando del dinero que robó de las arcas fiscales. Un hombre libre que, por repugnante que parezca, sigue gozando de la protección de las fuerzas armadas que piensan enterrarlo con honores cuando inicie su regreso definitivo al infierno.
Por otro lado, Aznar no solamente ha sido un político deleznable por su actuación con el pueblo chileno, sino además es una figura de todo punto de vista despreciable por su intervención en la guerra contra Iraq sobre la base de argumentos falsos y de la maquinación de evidencias por sus servicios secretos. Aznar es cómplice de la muerte de decenas de miles de civiles iraquíes. ¿Nadie recuerda su último argumento la noche del ataque contra Bagdad: que las empresas españolas recibirían contratos para la reconstrucción de Iraq por un valor de unos 800 millones de dólares? Sí, de esta calaña es Aznar.
Ciertamente, no es un personaje al que se deba recibir. No es un personaje con quien aparecer en la foto. Obviamente, es uno de esas figuras que las personas de bien normalmente evitan a todo precio. Su presencia contamina y rebaja.
Pero tal parece que la izquierda y la derecha han conspirado para abolir la decencia y hacer olvidar a la ciudadanía que Chile tuvo alguna vez, en el pasado ahora remoto, gentes de bien.
Los chilenos y los que fueron víctimas de la dictadura deben sentir las atenciones que brindan el gobierno y otras autoridades al señor Aznar como una puñalada. Otra puñalada más en la espalda de los familiares que perdieron a sus padres e hijos en las garras y fauces de las bestias uniformadas dirigidas por el demoníaco e infrahumano general. Y mientras las autoridades se recochinean con el dolor de las víctimas, reciben con honores y títulos a enemigos de Chile y a cómplices de horribles crímenes, a seres que como Aznar chorrean de la sangre de inocentes cuyas vidas sesgó por codicia y para complacer al innombrable que, según testimonio de Chávez, incluso huele a azufre.
Así que nuestra pregunta inicial tiene y no tiene respuesta. No se entiende que el gobierno reciba a Aznar, y no invite a Garzón. Es incoherente. Es el mundo al revés. Sólo se entiende si se suponen o atribuyen a las autoridades chilenas las peores intenciones. No lo entienden los que creían que la causa chilena era la causa contra la dictadura y los abusos y por los derechos humanos y los que creíamos que Bachelet iniciaría en Chile, en cuanto a estos temas, un retorno a la decencia.
¿Y por qué viene en estos momentos? Es verdad que una universidad gremialista (así se llaman los neofascistas en Chile) le otorgará un papel por su contribución a la ignominia y al mal y que su visita, por tanto, es privada. Pero qué coincidencia. ¿No será que trae un mensaje de su demonio mayor, el de Washington, para impedir que la presidente Bachelet opte por Chávez?

 

©mérici

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