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hijos del incesto


[Leyla Ramírez] El drama de los hijos del incesto. Estudio del Cemera revela cómo están más expuestos a negligencia, maltrato y muerte.
Una tortura. Así viven su maternidad las adolescentes que quedan embarazadas producto de incesto. En su vientre no sólo crece su bebé. También el dolor y la ira contra el agresor. El rechazo suele desembocar en maltrato e incluso la muerte de su hijo, ya sea ésta intencional o por abandono extremo. La entrega en adopción aparece como la opción más recomendable.
Apenas tenía 16 años cuando se dio cuenta que su menstruación tardaba más de lo debido. Su corazón se estrujó. Quería morir. El miedo la hizo guardar silencio, pero pronto su vientre comenzó a abultarse. El embarazo era un hecho y no le quedó más remedio que contárselo al padre del bebé: su propio padre biológico.
Pamela (nombre ficticio) llevaba en su vientre el fruto de un incesto y la prueba de años de maltratos y abusos sexuales que comenzaron cuando apenas era una niña. El secreto que la obligaron a callar por años salía a la luz y de la forma más inesperada. Una verdadera bomba de racimo en medio de la apacible vida familiar.
La solución fue dolorosa, pero pragmática. El tema no saldría de las paredes hogareñas, se inventaría un padre ficticio para el bebé, la familia se haría cargo del nuevo integrante y se intentaría seguir adelante. Se pensó en la adopción, pero nunca se concretó. Hasta que parió una niña. Al principio todo el mundo se conmovió con su ternura y la familia pareció olvidar las trágicas circunstancias en que fue concebida. Pero Pamela no. Ella nunca olvidó. Con su agresor en casa y sin sanción, su rabia inevitablemente se concentró en su hija. La veía como un estorbo.
El resto del grupo familiar fue delegando el cuidado de la menor en Pamela a medida que la niña crecía y comenzaba a generar mayores responsabilidades. Su vida era un infierno. Pero la de su hija también. La niña, abandonada a su suerte, acostumbraba llorar en busca de la atención que no le otorgaban. Hasta que una tarde Pamela no la soportó más y la metió a la fuerza en un canasto lleno de ropa, puso la tapa sobre él y dejó a la pequeña ahí hasta que callara. A los minutos la niña efectivamente no lloró más. Pamela suspiró aliviaba. Su sola vocecita, su presencia, todo lo que tuviera que ver con la pequeña le era intolerable. No la fue a ver más. Hasta que horas más tarde se sabría por qué la niña, de tres años, permanecía en silencio: había muerto por asfixia.

Niños Víctimas

Electra González, asistente social del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral de la Adolescencia (Cemera) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, conoció el caso de Pamela, quien con un embarazo ya avanzado llegó a este centro para ser tratada. "Era una niña que venía del sur, en ella como en muchas otras niñas que han sufrido este tipo de situaciones el rechazo hacia sus hijos es muy fuerte. Acá suelen llegar cuando ya están con embarazos muy avanzados, por lo que trabajar con ellas el apego es difícil, aunque a veces se logra. Pero en la mayoría de los casos no quieren seguir con las terapias, porque lo único que quieren es olvidarse de esa etapa de sus vidas y sienten que venir acá sólo les recuerda lo que les pasó", cuenta.
Preocupada de estas niñas-madres, González se dedicó a realizar diversos estudios, a entrevistarse con ellas y a hacerles seguimiento. Más de una década en el área le han dejado en claro una cosa: los niños que nacen producto de violaciones y –peor aún- de relaciones incestuosas son mucho más propensos a ser maltratados, sufrir accidentes, enfermar más e incluso morir. "Muchas entregan sus bebés en adopción, pero en otros casos deben hacerse cargo un familiar, aunque claro también hubo algunas mujeres que asumieron la maternidad. También observamos que estos niños eran más propensos a los accidentes, muchos graves, conduciendo, incluso, a la muerte de los menores",
Según uno de sus trabajos, de 112 niños nacidos producto de una violación, el 4,3% (por incesto) y el 10% (por un desconocido), habían fallecido antes de cumplir los seis meses. La mayoría por negligencia o abandono extremo más que por infanticidio.

 

Rechazo Dura Años
El odio es una batalla cotidiana, que a las madres también daña, y contra el cuesta luchar. "Cuando nació José fue bien difícil, porque tenía mucho miedo, sentía que no lo quería, sentía mucha rabia contra él. Un sacerdote me ayudó y me dijo que mi hijo no tenía la culpa", dice una de las madres encuestadas por González.
Las cifras son aún más decidoras. Consultadas por el sentimiento que tenían hacia sus hijos un 88,1% de las chicas que fueron violadas por familiares cercanos dijeron sentir rechazo y un 11,9% dudas profundas sobre sus sentimientos. Cuando la violación la perpetró un desconocido, el rechazo al hijo baja a un 69%. "Nunca veo a mi hija, la tienen unos tíos. No me gusta pensar en ella, me da pena. Yo sé que no tuvo la culpa, pero la miro y me acuerdo y por eso se las pasé a mis tíos. Cuando la tuve chiquitita me daban ganas de pegarle y después me ponía a llorar por que me sentía mala".
En tanto, de 225 adolescentes víctimas de violación atendidas en el centro un 22,2% fue agredida por su padre, abuelo, hermano o tío, mientras un 18,2% por otro familiar.
La asistente social sostiene que -en términos generales- es más saludable para la madre y el niño que sea dado en adopción. "Por supuesto que hay excepciones, pero al conversar con estas mujeres ellas comentan, con mucho pesar que, si bien saben que el niño no tiene la culpa, sienten rabia, no desean cuidarlo, tampoco quieren amamantarlo y cuando han empezado una nueva vida, con otros hijos, les cuesta demostrarle cariño porque al verlo no pueden olvidar las circunstancias en que fue concebido", plantea.

Atrapadas por la Violencia
González dice que en sus investigaciones también pudo constatar que las adolescentes que habían sufrido violación intrafamiliar o extrafamiliar tenían antecedente de maltrato. "Lo más peligroso es que el círculo se repite, ya que muchas de estas jóvenes tienden a ser madres maltratadoras", comenta la académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.
En un grupo de 225 adolescentes embarazadas producto de una violación, un 59% de las chicas que habían sufrido incesto vivieron maltrato doméstico previo, mientras un 41% de las agredidas sexualmente por alguien extraño a su familia había vivido igual situación.

8 de enero de 2007
©la nación
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