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los dejan morir de hambre


[Jeffrey McMurray] Dejan de alimentar a los caballos porque el mercado de carne se ha encogido.
Staffordsville, Kentucky, Estados Unidos. La puja por el poni negro empezaba con 500 dólares. Pero bajó en picado.
No había interesados ni en 300, ni en 200 ni en 100. Cuando se llegó a 75 dólares, el subastador le dio al vendedor la opción de retirar al animal de la subasta. Pero el vendedor dijo que no.
"No puedo alimentarlo", dijo. "Ni siquiera me puedo alimentar a mí mismo".
Kentucky, la capital equina del mundo, está siendo invadida por miles de caballos que nadie quiere -algunos sanos, pero muchos de ellos en los huesos y enfermos. Otras regiones del país pasan por problemas similares.
La razón: la oposición al sacrificio de caballos para el consumo humano en el extranjero.
El rechazo público -y la prohibición oficial de las matanzas- han provocado el cierre de varios mataderos que procesaban a los caballos que ya no podían correr o trabajar. Las casas de subastas están atiborradas de caballos y muchas organizaciones de rescate no tienen espacio.
Se han recibido informes del este de Kentucky sobre caballos encadenados que no son alimentados ni provistos de agua durante días. Otros han sido soltados en el campo.
En todos los estados es legal que los dueños maten a sus caballos indeseados. Pero hacerlo puede costar hasta unos 150 dólares por caballo, por costes de veterinario y disposición del cadáver. Muchos lugares prohíben la sepultura de caballos debido a temores de polución.
Enviar los caballos a una fábrica de pegamento ya no es una opción; hoy los pegamentos son en su mayoría sintéticos, dice Lawrence Sloan, del Consejo de Pegamentos y Selladores. Y debido al rechazo de la opinión pública, la carne de caballo ya no se procesa en alimentos para perros, dijo Christopher Heyde, de la Sociedad por una Legislación para la Protección de los Animales.
Los grupos anti-matanza insisten en que el mercado se compondrá por sí solo, lo que quiere decir que habrá menos caballos indeseados.
"No puedo absorber el precio", dice Nelson Francis, que cría caballos de paso. "Uno trata de aguantar hasta que cambie el precio, pero no parece que vaya a ocurrir... ¿Qué puedo hacer? Tengo caballos de buena calidad que no puedo vender".
Los ‘comecaballos' pagaban antiguamente apenas unos centavos por los caballos no deseados. Los metían en camiones en dirección a los mataderos, para luego enviar la carne a Europa y Asia.
Sin embargo, el rechazo público al consumo de carne de caballo ha provocado que el número de caballos sacrificados cada año en Estados Unidos bajara a unos noventa mil en 2005, después de haber llegado a más de trescientos mil en 1990, de acuerdo al Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Sólo un matadero -en DeKalb, Illinois- todavía procesa equinos para consumo humano.
"¿Qué haces con todos ellos?", pregunta Nori Neagle, directora ejecutiva del nuevo Kentucky Equine Humane Center en Lexington. "¿Qué haces con noventa mil cabezas de caballos?"
California prohíbe expresamente el sacrificio de caballos; medidas similares se están considerando en Kentucky, Nueva York e Illinois. Entretanto, el precio de los caballos ha caído en picado en el mercado, aunque no los costes de alimentación, albergue y salud.
Kathleen Schwartz, directora de Days End Farm Horse Rescue en Lisbon, Maryland, que adopta caballos maltratados y abandonados, dijo que las operaciones de rescate que excluyen la aplicación de la eutanasia a los caballos, están normalmente llenas.
"Teníamos un caballo... que era un montón de huesos -padeciendo los dolores de la inanición y con una infección de parásitos y lesiones", contó Schwartz. "Su dueño pensaba que siguiera viviendo era mejor que llevarlo al matadero. Bueno, sería vida... si lo alimentara y se ocupara de él".

16 de marzo de 2007
©chicago tribune
©traducción mQh
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