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fiscales piden voluntad política


[Nora Boustany] Fiscales de crímenes de guerra hacen un llamado a la acción. En una inusual convención en Nueva York, fiscales llaman a la comunidad internacional a entregar a acusados de crímenes de guerra.
Chautauquia, Nueva York, Estados Unidos. Esta semana una convención sin precedentes de fiscales de crímenes de guerra -los que buscan justicia para atrocidades recientes y dos que hicieron historia en los juicios a los nazis en Nuremberg hace 62 años- hicieron un llamado colectivo a la comunidad internacional para que detengan a criminales de guerra todavía libres y se los entreguen para ser juzgados.
En la reunión en este pintoresco enclave victoriano con vistas a un pequeño puerto deportivo, los fiscales trataron de reavivar el legado de Nuremberg y enviar un mensaje a los fiscales de crímenes de guerra de todo el mundo de que no hay nadie por encima de la ley.
En la reunión también se criticó enérgicamente a Estados Unidos por no respaldar completamente el Tribunal Penal Internacional [TPI] y por no respetar las Convenciones de Ginebra en cuanto a la detención e interrogatorio de sospechosos de terrorismo.
"Nadie está por encima de la ley. La ley es justa, y el imperio de la ley es más poderoso que el poder de las armas", dijo David M. Crane, el primer fiscal del Tribunal Especial de Sierra Leona, resumiendo el comunicado final del grupo con el título de Primera Declaración de Chautauqua, firmada por nueve fiscales internacionales a cargo de importantes juicios por crímenes de guerra en el siglo pasado. Crane es ahora profesor de derecho penal internacional en la Universidad de Siracusa.
El llamado menciona a los cabecillas serbo-bosnios Ratko Mladic y Radovan Karadzic; Joseph Kony, líder del Ejército de Resistencia del Señor, de Uganda; Ahmad Muhammad Harun, ministro de estado de Sudán acusado de organizar ataques contra civiles en Darfur, y Félicien Kabuga, de Ruanda, entre otros.
"Nosotros no tenemos poderes coercitivos. Dependemos de los estados miembros. Necesitamos que los estados procedan a las detenciones exigidas por las fiscalías. Si no, nuestras labores serán inútiles", dijo Hassan Bubacar Jallow, del Tribunal Penal Internacional para Ruanda. "¿La justicia que buscamos, es la justicia que quieres?", preguntó, recordando a los presentes que los deseos y necesidades de las víctimas tienen que ser consideradas más cuidadosamente.
La idea central de las intervenciones el miércoles durante las reuniones públicas y cerradas de la asamblea fue que algunos sospechosos de crímenes de guerra seguían en libertad debido a cuestiones políticas y que su detención pondría fin a la cultura de la impunidad.
"Ahora entregar a los fugitivos es una decisión política, no jurídica. Nosotros hemos hecho nuestro trabajo", dijo Crane sobre los acusados. "Que lo sepan los señores de la guerra y presidentes del mundo. Por poderosos que seáis, por fuertes que seáis, por temidos que seáis, la ley está por encima de vosotros. La ley os derribará", dijo Desmond de Silva, fiscal segundo del tribunal de Sierra Leona.
Los nueves fiscales que asistieron al encuentro fueron Whitney R. Harris y Henry T. King Jr. de; Tribunal Militar Internacional de Nuremberg; Luis Moreno-Ocampo, del TPI; Jallow, del tribunal para Ruanda; Crane, de Silva y Stephen Rapp del tribunal de Sierra Leona; David Tolbert de Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia; y Robert Petit, de las Salas Extraordinarias de los tribunales de Camboya.
Después de tratar los avances desde los juicios de Nuremberg y los retos que subsisten, firmaron solemnemente la declaración. El TPI tiene su sede permanente en La Haya, y el resto son tribunales ad hoc instalados por Naciones Unidas, Estados Unidos y otros estados.
En el vestíbulo de la asamblea se rumoreaba que el ex presidente liberiano Charles Taylor le costaba al tribunal de Sierra Leona unos mil dólares al día por las dos celdas en el recinto asignado por las autoridades holandesas para el TPI. Taylor detestaba algunas comidas holandesas, como el pescado ahumado y las croquetas y exigía "alimentos culturales". Después de recibir permiso para pedir cacahuetes y hojas de mandioca en una tienda de abarrotes especial, dijo Rapp, Taylor se quejó de que tuviera que preparar su propia comida. El oneroso caso de Sierra Leona se viene arrastrando desde 2002 debido a retrasos exigidos por los jueces y ha provocado una investigación de Naciones Unidas.
Entre los jóvenes fiscales y sus colegas mayores de Nuremberg reinó la camaradería y conciencia histórica. Crane recordó cómo, después de tres años en Sierra Leona y todavía descomprimiéndose del horror de las atrocidades, preguntó al veterano de Nuremberg, King, qué se necesitaba para superar el dolor.
"Unos tragos de whisky", fue la respuesta. Considerando que el trago de whisky en el Grand Hotel de Nuremberg costaba 20 centavos, era el remedio más barato, dijo King, 88.
En 1988, Moreno-Ocampo se acercó a otro fiscal de Nuremberg, Benjamin Ferencz, para ayudarle a entender un fastidioso misterio sobre los históricos juicios: ¿Por qué exactamente 22 altos oficiales nazis en la primera ronda de juicios? "Había sólo 22 sillas en la sala del Palacio de Justicia", respondió Ferencz, pragmático, refiriéndose al edificio del tribunal con menores daños en Alemania en ese tiempo. Ferencz dijo en una entrevista telefónica que no podía asistir a la convención de Chautauqua debido a un abultado programa de viajes.
Los rumores en los pasillos de la reunión decían que Ferencz y King, aunque se admiraban mutuamente, eran también rivales, ya que el primero es un graduado de Harvard, y el otro, de Yale. También contaba la diferencia de edad. King era probablemente el fiscal más joven en Nuremberg, cuando de hecho Ferencz, nacido el 11 de marzo de 1920, era apenas unos meses más joven. King se había ocupado del caso de Albert Speer, que dirigía la maquinaria de producción de guerra alemana y al que King describe como una ventana en el alma de Adolf Hitler. Ferencz se encargó de los escuadrones de la muerte Einsatzgruppen.
Harris, que cumplió 95 en vísperas de la convención de Chautauqua, contó que había mirado a la cara a Rudolf Hess y tomado su confesión: "Dirigí Auschwitz hasta diciembre de 1943 y calculo que se ejecutaron y exterminaron allí, en cámaras de gas y hornos, a unos dos millones y medio de víctimas".
Harris y otros en la convención sugirieron que la guerra como método para resolver disputas internacionales no podía seguir siendo tolerado y que la agresión debía redefinirse como un crimen contra la humanidad.
Sobre el actual azote del terrorismo que proviene de difusos rincones del mundo, Crane dijo: "La guerra global contra el terrorismo confunde a la gente. Pero podemos derrotarlos; nosotros tenemos justicia, leyes y libertad".
"Esta es una guerra ideológica de veinte a treinta años, y la ganaremos si respetamos la ley. Tenemos el as de espadas en nuestra mano: la libertad. Todo el mundo quiere ser libre en su religión, libre para expresarse y libre de necesidades. El fin de la Guerra Fría nos enseñó eso", dijo.
King, de lejos el más abierto de los participantes, dijo que los temores a los que se enfrenta el mundo hoy no son nuevos y que Nuremberg demostró que el imperio de la ley no era "una cosa frágil, y que fortalece a las democracias, incluso cuando se le aplica a aquellos que la niegan a otros".
King acusó a Estados Unidos, que impulsó a los aliados en la Segunda Guerra Mundial a crear el tribunal para los criminales de guerra nazi, de "actuar contra los principios de Nuremberg". Se refería a un memorándum del saliente ministro de Justicia, Alberto Gonzales, en el que llama las Convenciones de Ginebra "pintorescas", y criticó al gobierno de Bush por suspender su respaldo al Tribunal Penal Internacional.

20 de septiembre de 2007
1 de septiembre de 2007
©washington post
©traducción mQh
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