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cómo pillaron al cura demoníaco


[Gustavo Villavicencio Aravena] Así se descubrió al ‘Cura del Diablo' en El Quisco, Chile.
La Plata, Argentina. Llueve fuerte en la ciudad de La Plata. Son las ocho de la noche y las campanas de la catedral suenan cuando Hernán Brienza (36) -el autor del único libro que narra con lujo y detalle la historia del sacerdote Christian von Wernich, ‘Maldito tú eres' (Editorial Marea)- llega agitado. El periodista viene desde el tribunal donde el religioso ha sido condenado a cadena perpetua por participar en torturas entre 1976 y 1983. "Un día lluvioso de justicia", sentencia.
El periodista es la persona que mejor conoce la historia de Christian von Wernich. Fue él quien se encargó de localizarlo en Chile y, de paso, poner en alerta a la justicia trasandina para su arresto.
El mismo Brienza recuerda: "Von Wernich viajó silenciosamente a Chile y se refugió en una parroquia de la Quinta Región, en la localidad de El Quisco. Allí se hacía llamar Christian González. Tras adoptar la práctica carismática, el sacerdote llegó a celebrar hasta cinco misas diarias. La mayoría de los parroquianos quería comulgar con él, que saludaba a todos sus fieles por su nombre".
Según el trasandino, Von Wernich había guardado un silencio sepulcral de su pasado, tanto que cuando en 1998 comenzaron los llamados ‘Juicios por la Verdad en La Plata', él no se preocupó. Pero cinco años después, el 5 de febrero de 2003, el fiscal del juicio, Félix Pablo Crous, presentó ante un juzgado federal una extensa denuncia de 169 páginas contra Von Wernich. El pedido incluía la detención, la declaración indagatoria del acusado y la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
Dos meses después, Brienza lo localizaba por teléfono en la parroquia de El Quisco. Y así recuerda ese diálogo:

Qué tal, buenas tardes. ¿El señor Christian von Wernich?
Sí...

 

¿Usted es el sacerdote argentino Christian von Wernich?
Sí, soy yo. ¿Quién es?

Soy de la revista ‘TXT', de Buenos Aires y quería pedirle una entrevista personal.
Mire, le agradezco, pero no tengo ningún interés.

Queríamos preguntarle por el pedido de detención sobre usted que hizo el fiscal.
Mire, le agradezco la preocupación, ha sido un gusto charlar con usted. Le agradezco su llamado. Hasta luego.

Sólo eso bastó para que Brienza diera cuenta de inmediato del paradero de Von Wernich a la policía argentina y para que desde el 6 de agosto de 2003 el sacerdote quedara tras las rejas.
Después de tres años, el martes pasado el sacerdote católico fue condenado a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad, en los llamados campos de la muerte de la dictadura militar argentina, entre 1976 y 1983.

Según su opinión, ¿cuál es el episodio más espeluznante que protagonizó Von Wernich?
Podríamos decir que es el caso del denominado ‘Grupo de los Siete'. Se trata de un núcleo de militantes montoneros, ‘quebrados' por la participación de Von Wernich, a quienes se les prometió la libertad a cambio de ‘colaboración' con las fuerzas represivas.

¿En qué consistió tal episodio?
A lo largo de un año, los jóvenes (el mayor tenía 28 años) asistieron a interrogatorios, ayudaron a los verdugos y reconocieron gente por la calle con la única esperanza de poder salir del infierno en el que se encontraban. Von Wernich, además de ‘apadrinarlos' y ‘contenerlos espiritualmente', funcionaba como el nexo entre los detenidos y sus familiares, a los que les pedía sumas de entre 1.500 y 3.000 dólares para la mantención de los integrantes del Grupo de los Siete, para que en el futuro pudieran vivir en el exilio.

¿Y cómo terminó la historia?
La experiencia duró hasta finales de 1977, cuando los muchachos iban a ser liberados y llevados a distintos países limítrofes. Hubo incluso una cena de despedida en la Brigada de Investigaciones de La Plata, durante la cual Von Wernich bendijo sus vidas. Durante los días posteriores, en dos noches distintas, salieron en coche rumbo a Ezeiza. En el primer viaje, en plena madrugada, uno de los detenidos se dio cuenta de que no se dirigían al aeropuerto. Intentó forcejear, pero un culatazo en la nuca lo doblegó. La profusa sangre que emanó de la herida manchó incluso la camisa sacerdotal de Von Wernich, quien iba sentado en el asiento del copiloto.

16 de octubre de 2007
©líder de san antonio
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