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prostíbulos clandestinos


[Edwards Gajardo Gutiérrez] ¿Qué fue de los ‘cahuines'?
Antofagasta, Chile. La población Lautaro reunió a la mayor parte de ellos con nombres tan míticos como ‘El Sofía', ‘El Ramón', ‘El dos de oro', ‘Los Coléricos'. También por el lado de la Bellavista estaba el ‘Gungadín, donde la noche no tiene fin'.
‘El Sofía' fue en su momento el prostíbulo clandestino más grande de toda la población Lautaro. El local tenía más de 40 muchachas y algunos muchachos para atenciones especiales. Hoy funciona como un bar establecido, con patente y todo.
Durante la década del 60, 70 y hasta la del 80, la población Lautaro era una de las más famosas de Antofagasta. Allí fue donde los Robert Taylor se convirtieron en leyenda, también fue ahí donde comenzó a crecer la capital regional.
Pero ese también fue el punto neurálgico de los antiguos ‘cahuines', prostíbulos clandestinos donde chiquillas y también chiquillos, entregaban favores sexuales y entretención por algunos pesos en tiempos cuando la cosa era más bien ‘a la escondida'.
Decenas de ellos se esparcían por las calles de la población y eran el punto de reunión de las pandillas más choras de la Perla del Norte. Muchas veces también se convertían en el lugar donde los grupos como los ‘Robert Taylor', ‘Los Gitanos' y ‘los del Fátima' se disputaban el cetro como los más ‘paraos' o, en su defecto, el amor de una de las muchachas que laboraban con su cuerpo.
¿Pero qué fue de ellos? ¿Son sólo parte de las historias urbanas o en realidad fueron tan concurridos como se cuenta?

Las Más Famosas Picás
La mayoría de los ‘cahuines' o ‘picás' de la Lautaro, entre los 60 y 80, estuvieron ubicados en calle Loa, a un costado de la línea férrea. Eran decenas y los amantes de la bohemía llegaban allí por montones, incluso los que pertenecían a la llamada clase alta de la época.
Un conocedor de la historia de los ‘cahuines' -que prefirió mantenerse en el anonimato por posibles retos en la casa- comentó que a pesar que existieron por décadas, el boom de estos locales fue entre 1970 y 1985. Junto a los tradicionales prostíbulos con décadas de operación, se abrió más de una veintena de "picás", concentrándose casi en su totalidad en calle Loa.
El más famoso y grande de todos fue conocido como ‘El Sofía'.
Ubicado en la misma calle, entre Pisagua y Peñuelas, tenía cada noche más de 40 chiquillas para todos los gustos. Según los testimonios, era tal la demanda que, incluso, tenían 10 muchachos para clientes con gustos especiales.


Eran Caleta
En la actualidad ‘El Sofía' se transformó en un bar llamado ‘Il Toscano'. Funciona con todas las de la ley -o sea patente de alcoholes-, pero igualmente es recordado por su pasado como parte de la historia popular de la capital regional.
En las cuadras contiguas había oferta al por mayor con ‘cahuines' como ‘El Ramón', ‘Pelao Tuli, ‘Tito Rocco', ‘El Mari... Segundo', ‘El Mari... Robert, ‘El Buque', ‘La Estrella Azul', ‘El Yako', ‘El Bossanova', ‘El Peñablanca', ‘El Boulevard', ‘La Casa de Piedra' y otros.
No menos populares eran los también míticos ‘Mari... Pingüino', ‘El dos de oro', ‘La Rueda', ‘La Carreta', ‘Los Coléricos' y el ‘Gol y Gol'.
Todos ellos reunían cada noche a cientos de personas en este sector, ampliamente conocido por la diversidad sexual que existía en cada jornada bohemia.

Pero Hay Más...
Aunque la mayoría de los ‘mataderos clandestinos' -como eran catalogados vulgarmente- se concentraban en los alrededores de la población Lautaro, existieron algunos famosos en otros barrios como Bellavista y Montevideo.
‘El Gungadín, donde la noche no tiene fin', es quizás el más recordado por los bohemios de Bellavista. Cada noche se disputaba los clientes con casas como la de ‘La Yenny', ‘El Cola Puñal' y ‘Adriana Wilson', otra de las que mandaba en la zona.
El Montevideo los más conocidos eran el ‘Liberti' y ‘El Bullesqui', aunque en ambos barrios eran bastantes más los locales que ofrecían en forma clandestina los más excéntricos servicios sexuales.
De ellos casi nada queda, sólo los recuerdos de una bohemia que murió, de acuerdo a sus protagonistas, con la proliferación de los clubes nocturnos y topples en el centro de Antofagasta. La pérdida de clientes frente a locales establecidos fue matando a estos locales que, para bien de algunos y mal de otros, marcaron una época en la población Lautaro y todo el sector bohemio.
Lugares llenos de historias, secretos y uno que otro episodio policial que marcó la Perla del Norte.

egajardo@estrellanorte.cl
18 de octubre de 2007
©estrella del norte
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