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el estilo hipopótamo en la política


columna de mérici
No sé quién es el señor Álvaro Bardón. Pero estoy en desacuerdo con todo lo que escribe. Y se ha convertido para mí en uno de los más poderosos ejemplos de chochez intelectual que caracteriza a muchos de los que escriben en las páginas de opinión de El Mercurio. Lo que escribe este autor es de una lógica tan precaria y de un ánimo tan trol que llega a ser simpático.

Empieza diciendo: "Hay que ser muy caradura para vivir hablando de los derechos humanos, después de décadas de ignorarlos y violarlos, como es el caso de los socialistas que se decían revolucionarios". ¿Qué significa esta frase? Que hay un caradura o unos caraduras, que en realidad son socialistas revolucionarios, que se la pasan hablando de los derechos humanos. No tienen derecho a hablar, dice, porque en los regímenes socialistas del mundo han muerto millones de personas.
Francamente, no veo yo la lógica de esto. Me hace recordar a una persona que, tratando de defender la dictadura pinochetista, me dijo: "¡Pero los comunistas camboyanos mataron a dos millones!" Le pregunté si pensaba realmente que los crímenes de la dictadura chilena eran una especie de venganza por la muerte de los camboyanos que corrieron el pavoroso destino que conocemos todos porque fueron estigmatizados como enemigos por el régimen del Hermano Número Uno.

Creo que piensa que yo soy el desatinado por hacer estas preguntas. A esta persona le parecía obvio que si los comunistas camboyanos habían matado a sus enemigos, los comunistas chilenos harían lo mismo o peor con los suyos. En realidad, esta lógica me parece ahora muy parecida al estado de ebriedad, aunque pienso que fue seguramente un temor legítimo. La parte ebria del discurso es que las campañas de exterminio de los kmer rouges empezaron en 1975, dos años después de la dictadura chilena. Pero es verdad también que en los años setenta en muchas ciudades de Chile paseaba gente por la calle con retratos de Stalin y banderas de la Unión Soviética, y había poetas célebres que le escribían loas -todas cosas hoy impensables. Pero no me parece en absoluto legítimo pretender que esos temores, encima en gran parte infundados, justifiquen de modo alguno las atrocidades cometidas por la tiranía de Pinochet.

Escribe con una ligereza sobre las víctimas de las dictaduras comunistas del mundo, que delata su insinceridad. Unos cien millones de muertos! Las causas de sus muertes: guerrillas y revoluciones, "hambrunas y operativos de ingeniería social peores que los de sus primos nazi-fascistas". Qué espíritu picarón delata el autor dejando fuera de su círculo de amistades a los nazis.
Pero es una argumentación de plano absurda, porque mezcla y confunde experimentos socialistas en diferentes países, culturas y épocas. Además, esos gobiernos definían a sus enemigos de diferente manera. En Camboya, el régimen trató de exterminar a los habitantes de las ciudades, a los que el partido comunista consideraba parásitos (porque no trabajaban la tierra, porque hablaban inglés, porque eran mecánicos de coches, también porque eran maestros de escuela). En la Unión Soviética, dependiendo de la época, los enemigos fueron los ricos, las clases altas, la aristocracia, los terratenientes, los curas; y, más tarde, otros comunistas, a la derecha o izquierda del régimen; y luego los judíos y otras categorías de gentes que iban cambiando con las épocas.
Sencillamente, ni siquiera es cuerdo meter a todos esos regímenes en el mismo saco de los experimentos sociales. Además, si el autor fuese serio, tendría que empezar a hilar más fino, porque quienes pusieron fin a la infame pesadilla que fue la dictadura de Pol Pot, y contra la opinión de las potencias occidentales, fueron nada menos que los comunistas vietnamitas, que imagino tampoco son de la predilección del escritor.

Luego habla sobre los socialistas y comunistas chilenos y los acusa de cosas inverosímiles: "matar, hacer prisioneros, torturar, robar la propiedad y las empresas, además de la libertad". Me parece simplemente alucinante esta supuesta descripción de los ideales de esos grupos. Yo, personalmente, nunca he leído en ningún documento de esas colectividades que esos sean principios u objetivos de socialistas o comunistas. Esto es realmente estrafalario. Otro descerebrado de El Mercurio escribía hace algunas semanas que los comunistas, que habían negado su convocatoria a las manifestaciones nocturnas del 11 de septiembre en La Pintana en una declaración pública de esos días, escribía el autor, digo, que los comunistas habían organizado subrepticiamente esas manifestaciones. Y este modo de redefinir las cosas me hace recordar también a aquellos partidarios del pensamiento dialéctico, que decían que uno podía ser objetivamente esto o lo otro.

No se le puede escapar a Bardón que justamente quienes fueron víctimas de torturas y asesinatos, quienes vieron sus propiedades robadas, fueron justamente los socialistas y comunistas a los que acusa.

Pero, además, lo que dice Bardón es de una tremenda injusticia, porque socialistas y comunistas se han reformado considerablemente y ninguno pretende ya ni la instauración de una dictadura del proletariado y menos mediante levantamientos y sublevaciones armadas. Seguir afirmando de los comunistas que pretenden, abierta o subrepticiamente, implantar la dictadura proletaria y dominar el planeta, es realmente una infamia y una hilarante ridiculez al mismo tiempo.

Les acusa -a socialistas y comunistas chilenos- de haber violado los derechos humanos. Sorprendente acusación. ¿En qué circo trabaja el señor Bardón? Este payaso me está cayendo bien. Miren lo que dice: el golpe ocurrió porque los militares chilenos tenían que impedir el intento totalitario de esa época. Que yo sepa, la única vez que se ha denunciado este intento totalitario -la conspiración comunista para hacerse con el poder- ha sido el ahora impresentable documento con el Plan Z, que todo mundo reconoce hoy como un infundio lleno de falsedades y fabricaciones de pe a pa. Si es esta la prueba que tiene el señor Bardón, bonitos estamos.

Como ilustración de su estilo, valga esta frase: "El uso y el abuso de dichos derechos [humanos] para conseguir plata y votos por parte de los PS, PPD, MIR, PC, MAPU y gran parte de los PR y PDC, sugieren que nunca..." Lo que sigue es poco interesante. ¿No se habrá olvidado de alguien? El estilo de mezclar al buen tuntún a tus adversarios me confirma en la creencia de que la derecha hace política del mismo modo que cagan los hipopótamos. Estos, cuando evacuan, giran furiosamente la cola y desparraman en toda direcciones sus feces, dizque para fijar territorio.

Y, justamente, lo que me temía: Justifica el horror pinochetista en Chile por los horrores del comunismo en el mundo. Dice que durante la dictadura no hubo persecución religiosa. Sin embargo, el más importante enemigo de Pinochet era el pueblo chileno, que es predominantemente católico, y las instituciones y grupos católicos fueron especialmente señalados para su represión y exterminio. No quiero que esto suene hueco: Quiero decir, el catolicismo chileno tiene como principios esenciales cosas como la solidaridad y la justicia social. Toda nuestra historia demuestra esta tendencia de la ciudadanía chilena. La intención de Pinochet, y en lo que falló, era justamente erradicar este aspecto de la identidad de los chilenos. De aquí se siguen naturalmente las persecuciones y asesinatos de sacerdotes, los atentados contra templos católicos y los otros vejámenes a los que la dictadura sometió a chilenos y católicos. Y todo esto mientras el Demonio Mayor se pretendía -en 1974- "occidental y cristiano".

Dice que los crímenes de Pinochet son menos que los cometidos en otras dictaduras. Pero, naturalmente, no menciona cifras ni países -que sería, de todos modos, inútil, porque está comparando cosas incomparables.

El broche de oro de los desgañites de Bardón es este: "[...] no se observa el más mínimo esfuerzo por concluir nuestra crisis con inteligencia, perdón y olvido, como hacían antes los cristianos". No ha dicho antes a qué crisis se refiere. Imagino que tiene en mente una suerte de crisis de los derechos humanos, pues sobre estos discurren sus esfuerzos. Eso del perdón y el olvido no lo quiere nadie cuerdo, porque no es posible dejar a las generaciones futuras la creencia de que en este país se pueden cometer crímenes tan crueles e insensatos como infundados y cobardes sin pagar las consecuencias. Muchos chilenos, yo entre ellos, no queremos perdón ni queremos olvidar. ¿Por qué? ¿Para hacerle la vida más agradable a esas hienas sedientas de sangre humana? Nunca. Lo que queremos es simplemente justicia. La justicia de siempre, la justicia que se interrumpió en 1973, la justicia tal como se conoce fuera de las fronteras de nuestro país. Ni siquiera la medida de justicia que merecen, sino una simple y llana justicia. ¿Tanto duele la dignidad? ¿No vale Chile el sacrificio de confesar la verdad, pedir perdón, pagar el castigo merecido y desaparecer de la vida pública para siempre?

Dice algo todavía más increíble: Que la Concertación no desea aclarar todas las violaciones de derechos humanos de la dictadura porque no les conviene, "porque se quedarían sin discurso". Entonces, ¿en qué quedamos? ¿No me acaba de decir que las violaciones a los derechos humanos son cosas de comunistas y socialistas? Recuerdo un crimen atroz cometido por unos policías macedonios de extrema derecha: asesinaron a creo que ocho inmigrantes ilegales, les vistieron con unos uniformes hechizos con adornos moros, les plantaron rifles y armas de fuego en las manos y dijeron que eran una célula infiltrada de al-Qaeda. En la época, fueron encarcelados. Pero este incidente es lo mismo que este otro: Pinochet justificó el golpe de estado con argumentos falaces publicados por el régimen tras el golpe en un folleto sobre el Plan Z. Los macedonios fueron descubiertos y encarcelados; Pinochet se salió con la suya. Pero son los mismos matones. El mismo estilo. La misma banalidad y ordinariez. La misma estúpida inteligencia de un animal acorralado.

Sigue escribiendo cosas que son en realidad fantasmagóricas. Dice que en Chile hubo una guerra civil. Yo, en mi vida, llevo bien contadas dos personas que me han hablado de guerra civil. La mayoría habla de matanzas, torturas, exterminio, robos, sobornos. Todos sabemos que las joyas de la reconstrucción nacional de Pinochet terminaron en el cuello de la tirana -de la que se dice era todavía más malvada que el marido. Todos sabemos quién se robó la espada de O'Higgins. Todos sabemos que esto fue matanza y carnicería, no guerra civil, por más que los generales chilenos obedecieran órdenes de una potencia extranjera.

Y entonces, prosigue ofreciendo una amnistía, cheque con plata oficial, "de esa que ahora va a la pujante y emergente industria de los derechos humanos, que ya llega hasta los jueces". O sea, en realidad, a él esto de los derechos humanos le fastidia. Finalmente lo confiesa él mismo. Y, muy acorde al estilo hipopótamo de hacer política, trata de salpicar a todo el mundo. Los derechos humanos son una industria, dice. Una industria pujante, que incluso llega (o sea, soborna, quiere decir) a los jueces. Se refiere probablemente al juez Cerda, y lo que no se atreve a decir rectamente, es que al juez los anglosajones simplemente le pagaron por someter a juicio a la banda de los Pinochet, lo que constituiría una afirmación injuriosa e infame que a Bardón le podría costar más de un dolor de cabeza en tribunales.

Vaya dónde vino a terminar nuestro defensor de los derechos humanos: empieza acusando a socialistas y comunistas de ser violadores de derechos humanos y termina confesando que son una lata y en realidad un obstáculo para solucionar la ‘crisis de los derechos humanos', y oficio de gitanos concertacionistas.

A mí El Mercurio me sorprende. También cuenta con excelentes columnistas y periodistas. No todos son como este trol de Bardón. Pero es definitivamente surrealista que un personaje con semejantes fragmentos y trozos de ideología (perceptos decían algunos antes) tenga un espacio en un diario que se pretende serio. Es un insulto a la inteligencia y a la paciencia de los lectores. El señor Bardón, francamente, es un psicópata, una especie de demonio ¿No tiene la derecha mejores eh... intelectuales? Porque con defensores ideológicos como este, realmente, no van a llegar a ningunísima parte.

Sigue aquí abajo la columna de Álvaro Bardón :

Y los derechos humanos...
Hay que ser muy caradura para vivir hablando de los derechos humanos, después de décadas de ignorarlos y violarlos, como es el caso de los socialistas que se decían revolucionarios. Los muertos por el socialismo en el siglo XX se estiman en 100 millones en la URSS, China, Europa, América Latina, África, Asia, en guerrillas y revoluciones, además de hambrunas y operativos de ingeniería social peores que los de sus primos nazi-fascistas.

Nuestros compatriotas socialistas y comunistas -buenos tipos- siempre han creído que para derrotar el capitalismo hay que hacer "la revolución" y, si es necesario, matar, hacer prisioneros, torturar, robar la propiedad y las empresas, además de la libertad. Las personas no son el centro del sistema -como lo creen los demócratas-, sino sólo entes que deben ser conducidos por la "clase trabajadora" que, usando el Estado y su inherente violencia, instauraría la dictadura del proletariado. Ésta, sin juicios ni nada, mataría o encarcelaría a los contrarrevolucionarios.

Nuestros "ex violadores" de derechos humanos ahora sólo hablan de ellos, culpando a los militares, la derecha y los empresarios de todos los estropicios resultantes de su intento totalitario, que llevó al 11 de septiembre. Sin ese intento, no habría habido golpe y, quizás, los que hoy ganan elecciones con los derechos humanos seguirían ignorándolos. ¡Pinochet los convirtió!

El uso y el abuso de dichos derechos para conseguir plata y votos por parte de los PS, PPD, MIR, PC, MAPU y gran parte de los PR y PDC, sugieren que nunca han creído en ellos, sobre todo cuando se observan sus propuestas, todas encaminadas a agrandar el Estado, sacarle dinero y libertad a la gente, igualarla a la fuerza en todas las facetas de la vida, darle una educación única oficial y regimentar su trabajo, emprendimiento, sexo, familia y todo lo demás.

Las matanzas, persecuciones, restricciones a la libertad, hambrunas y cierre de oportunidades al gran pueblo -no a los del régimen- que practicaron los gobiernos socialistas en el mundo no tienen ni remoto parecido con lo visto en el Chile desde 1973 en adelante. Aquí nunca hubo persecución religiosa ni matanzas de miles de curas y monjas, como en España y Europa Oriental. Nuestros muertos y heridos fueron un número profundamente lamentable, pero también muy inferior al de otras guerras civiles, nacionales y extranjeras, y al de los variados experimentos socialistas. Esto lo sabemos todos, desde la Presidenta para abajo. Sin embargo, no se observa el más mínimo esfuerzo por concluir nuestra crisis con inteligencia, perdón y olvido, como hacían antes los cristianos. Es "bueno" aclarar todo, pero los de la Concertación -cristianos incluidos- no lo desean, porque se quedarían sin discurso y tendrían que recurrir al que hemos denominado "estilo huevo" (por Hugo y Evo). Para allá vamos, pero con disimulo, solapadamente, a lo Navarro o Girardi. Por ahora, sigamos con los derechos humanos.

Conseguir información sobre las víctimas de nuestra guerra civil sería fácil y bastaría con una amnistía condicionada a ello, más un cheque con plata oficial, de esa que ahora va a la pujante y emergente industria de los derechos humanos, que ya llega hasta los jueces. Pero, ¿con qué cuento ganaríamos las elecciones?

Usar y abusar política, financiera y electoralmente de los derechos humanos es típico de los que no creen en ellos, como es el caso de quienes en estos mismos días hacen homenajes a los tiranos favoritos de Hollywood: Fidel y el Che.

[mérici ]

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