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quién está matando a los cantantes


[James C. McKinley Jr.] Canciones de amor y muerte silenciadas por asesinatos.
Morelia, México. Las estrellas de la música country de México están siendo asesinadas a un ritmo alarmante -trece en los últimos dieciocho meses, tres en diciembre- en una tendencia que ha ido de la mano con el aumento de la violencia entre bandas de narcotraficantes.
Ninguno de esos casos ha sido resuelto. Todos llevan la huella de las ejecuciones en el bajo mundo mexicano, provocando escalofríos entre las filas de otros músicos gruperos, que cantan con ritmo de country sobre el amor, la violencia y las drogas en el México moderno.
Uno de los ataques más impresionantes fue el secuestro de Sergio Gómez, fundador y vocalista de K-Paz de la Sierra, que fue sorprendido cuando salía de un concierto en su estado natal de Michoacán la mañana del 2 de diciembre.
Su cuerpo fue encontrado al día siguiente en un camino rural en las afueras de la ciudad, la capital del estado. Había sido golpeado, torturado con un encendedor, luego estrangulado con una cuerda de plástico, dijeron funcionarios policiales. Tenía 34 años y acababa de ser nominado para un Grammy Award.
"No entendemos cómo pudo ocurrir esto", dijo su tío Froylán Gómez en una entrevista. "Nunca le hizo daño a nadie".
Los motivos de los asesinatos siguen siendo materia de especulación, y no se han encontrado evidencias que los vinculen a un solo asesino. En algunos casos, los músicos parecían tener lazos con personajes del crimen organizado, convirtiéndolos en potenciales blancos en ataques de represalia de bandas rivales.
Otros han compuesto baladas conocidas como narcocorridos, cantando las glorias del oscuro mundo de los narcotraficantes y asesinos a sueldo, que pueden haber ofendido a otros narcos y sicarios. Y en otros casos, a medida que crecía la fama de los músicos, pueden haberse embrollado involuntariamente con criminales.
"Algunas veces hay una relación directa entre los músicos y los narcotraficantes", dijo Miguel Olmos, musicólogo del Colegio de la Frontera Norte de Tijuana. "Pero también hay un montón de crímenes pasionales. Es decir, el músico establece algún tipo de relación sentimental con gente que está relacionada con esta cultura de la violencia y del tráfico de drogas, y de algún modo eso se descontrola. Siempre tocan algún nervio de algún narcotraficante".
En el caso de Gómez, que era conocido por sus conmovedoras canciones de amor, los fiscales están investigando si acaso tenía vínculos con el crimen organizado. De momento, sin embargo, la investigación sobre su secuestro ha sido un pantano de versiones contradictorias, testigos desaparecidos y pistas falsas.
Los detectives todavía tienen que interrogar a dos empresarios que estaban con Gómez cuando fue secuestrado, ni tampoco han entrevistado a otros miembros de su grupo. "Esperamos localizar a esa gente", dijo María Elena Cornejo Chávez, la vice-procuradora del estado de Michoacán. "Para nosotros es muy complicado, porque todos ellos salieron del estado".
Los asesinatos han sido especialmente brutales. El jueves, José Luis Aquino, 33, un trompetista de Los Conde, fue golpeado hasta la muerte en el estado de Oaxaca, y encontrado con una bolsa de plástico sobre su cabeza y con las manos y pies atados.
El 1 de diciembre, Zayda Peña, la vocalista pelinegra de Zayda y los Culpables, fue atacada a balazos en un cuarto de hotel en Matamoros, en el estado de Tamaulipas. Sobrevivió el ataque, pero los asesinos la siguieron hasta el hospital y terminaron el trabajo con dos balas más cuando yacía en cama. Tenía 28 años.
"Estamos consternados, porque es una cosa espantosa que en una semana maten a tres miembros del movimiento grupero", dijo a periodistas José Ángel Medina, líder del grupo Patrulla después de los últimos asesinatos. "Tenemos miedo porque estamos sobreexpuestos, y esto podría continuar. No sabemos quién será el próximo".
Han atacado a grupos enteros. El 9 de junio cuatro miembros de Los Padrinos de la Sierra fueron matados a balazos en el estado de Durango. El 19 de febrero, asesinos armados de ametralladoras atacaron a los miembros de Tecno Banda Fugaz en Puruarán, una ciudad en Michoacán, matando a cuatro y dejando un herido.
El número de bajas en 2006 fue igualmente lúgubre. El 9 de agosto tres miembros de Explosión Norteña, un grupo que se dedicaba a entonar canciones sobre narcotraficantes, fueron atacados con armas de fuego y gravemente heridos en sus oficinas en Tijuana, al otro lado de la frontera con San Diego.
El 25 de noviembre de ese año se produjo el asesinato del cantante Valentín Elizalde, 25, junto con su agente y chofer, poco después de un espectáculo en la ciudad fronteriza de Reynosa, Tamaulipas, al otro lado de McAllen, Texas. Su coche recibió el impacto de más de sesenta tiros de una AK-47.
Un mes después, Javier Morales Gómez, miembro de Los Implacables del Norte, fue matado a balazos en Huetano, Michoacán.
Todas las víctimas tocaban en varios géneros de grupero, la música country mexicana que se distingue por el repetitivo ritmo de sus instrumentos de bronce y sensibleras letras, narrando a menudo historias de amor no correspondido, mala suerte, bandidos famosos o sus equivalentes modernos, los señores de la droga.
Algunos eran conocidos especialmente por sus narcocorridos. Uno de los éxitos de Peña, por ejemplo, fue ‘Tiro de gracia', una referencia a las ejecuciones gangsteriles. Elizalde era también conocido por sus baladas sobre bandidos y barones de la droga.
Sin embargo, Gómez, de K-Paz de la Sierra, era diferente. Sus grandes éxitos eran canciones de amor como ‘Mi credo' y ‘Volveré'. Su banda tocaba el estilo bailable de Durango, caracterizado por la prominencia de los bronces y un ritmo de marcha super rápido. Como otras bandas gruperas, los miembros de la banda llevaban trajes y sombreros de vaqueros idénticos.
Las noticias sobre su muerte provocaron que algunos músicos cancelaran sus conciertos en Michoacán. Otros dijeron que los asesinatos los hicieron reconsiderar sus presentaciones en público.
"Esos asesinatos fueron muy crueles y eso nos pone tensos", dijo Jorge Medina, un cantante de La Arrolladora Banda, en una entrevista por televisión.
Detectives de Michoacán dicen que Gómez salió de un estadio en Morelia después de su concierto a eso de las tres y media de la mañana, un domingo. Lo acompañaban su chofer y dos ejecutivos de la industria discográfica, Javier Rivera y Víctor Hugo Sánchez. Conducían un sedán, dijo la policía. Los otros siete músicos de la banda y dos hermanos de Gómez les seguían en otros coches.
Poco tiempo después un miembro del grupo llamó a la policía federal e informó que Gómez y los dos hombres de negocios habían sido secuestrados por hombres armados a unos cinco kilómetros en las afueras de Morelia, en la autopista hacia Salamanca. La policía federal informó a la policía del estado, dijeron las autoridades.
No está claro qué ocurrió después. La policía del estado sostiene que cuando ellos llegaron al lugar, agentes federales les dijeron que habían interrogado a los dos hombres de negocios y determinaron que el secuestro era falsa alarma, dijo Cornejo, la vice-procuradora del estado. Un portavoz del despacho del ministro federal en Morelia, Miguel Ángel Hernández, confirmó esa versión.
Sin embargo, Gómez fue torturado hasta la muerte entre las cuatro y media y once de la mañana del 2 de diciembre en un lugar desconocido, determinó la autopsia. Había sido golpeado salvajemente en la cabeza y pecho. Sus muslos y genitales habían sido quemados. Murió estrangulado.
En Ciudad Hidalgo, una pequeña agrícola en un valle a unos cien kilómetros al este de Morelia, la gente recuerda a Gómez con cariño. Creció allá como hijo de un cantante de la localidad que nunca tuvo éxito, en una casa modesta en un barrio pobre. Cuando era adolescente se casó con una chica de un rancho cercano, vivió en casa de sus padres, tuvo su primer hijo y empezó a trabajar como ebanista.
La familia se mudó a Chicago durante la crisis económica de mediados de los años noventa, donde Gómez hizo trabajos meniales, tuvo dos hijos más y problemas con las autoridades de inmigración. Finalmente encontró trabajo como sonidista de una banda, Montéz de Durango.
En 2003 él y otros tres músicos de ese grupo formado K-Paz de la Sierra. Su carrera despegó. La banda grabó cuatro álbumes de enorme éxito y tocaban en estadios y salas de concierto en México.
También visitaba Ciudad Hidalgo todos los años y dio miles de dólares para ampliar la escuela primaria donde estudió de niño. Nunca se dio aires con sus amigos, dijeron sus vecinos. "Siempre se comportó muy bien", dijo un conocido, que pidió no ser identificado por temor a los narcotraficantes. "No era snob".
Su mujer, Felicita, dijo a periodistas que parecía tranquilo durante los días previos a su muerte y nunca mencionó ninguna amenaza. "Nunca lo vi nervioso ni esperando que ocurriera algo malo", dijo.
Froylán Gómez dijo que su sobrino nunca cantó sobre narcotraficantes ni usaba drogas. "Este hombre tampoco fumaba ni bebía", dijo. "No podemos entender qué ocurrió. Toda la familia exige justicia. Queremos saber quién es el autor de este crimen".

1 de enero de 2008
18 de diciembre de 2007
©new york times
cc traducción mQh
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