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las nanas de la ex ministro


Los días de furia de Mónica Madariaga. Tres mujeres acusan haber recibido golpes de la ex ministra de justicia.
Santiago, Chile. La abogada tenía dos querellas por violencia. Sonia Lagos, su ex nana, se enteró por las noticias y decidió sumarse a las denuncias. A poco más de un año de haber vivido en carne propia "el infierno", aquí acusa castigos y amenazas. El hermano de Madariaga sale en su defensa: "No se puede pretender que cualquier persona que está sometida a tratamiento por cáncer actúe en forma normal".
Nada tienen en común Dyane Wilson, María Coñué y Sonia Lagos, salvo que las tres habrían sido violentadas por la misma persona: Mónica Madariaga, ex ministra de Justicia y de Educación de la dictadura.
Eso es lo que relatan al abogado Hugo Gutiérrez en su oficina de la Corporación de Asistencia Judicial. Las dos primeras ya presentaron una querella en contra de la prima de Pinochet; la última, en cambio, sólo dejó constancia en Carabineros a fines de diciembre pasado y aún se atora con las lágrimas cuando intenta recordar los dramáticos momentos que -dice- vivió como empleada doméstica en la casa de la abogada.
Sonia Lagos escuchó por las noticias sobre los episodios de violencia que la ex secretaria de Estado tuvo con Wilson y Coñué. Se armó de valor pese a que tiembla al hablar de su ex patrona y buscó la ayuda de Gutiérrez, patrocinador de las anteriores acciones judiciales.
Para Sonia, el tiempo que pasó como empleada en la casa de Madariaga fue una pesadilla. No sólo trabajó con la ex ministra, sino que vivió varios meses a su lado y asegura que durante ese tiempo sintió en carne viva "el infierno".
Sonia está notoriamente emocionada y derrama lágrimas de impotencia mientras cuenta sobre las riñas de "la señora Mónica" y una amiga que frecuentaba su casa: "A los pocos días que llegué a trabajar empezaron las dos a pelear con armas tenían revólveres . Que te voy a matar, se gritaban. Una vez quedó la media escoba. La señora Angelina su amiga la empujó cuando ella tenía un yogur en la boca y al otro día tenía los labios moreteados. En la mañana la encontré limpiando... Fueron de terror todos esos días".
Sonia tiene 42 años. Es morena y de baja estatura. Afirma haber aceptado y resistido el trabajo de empleada puertas adentro para pagarle la carrera técnica de contador auditor a su hija. Soportó más que sólo un espectáculo violento. "Les llevaba comida. Les ponía mesitas a las dos. Una vez se enojó por cómo le había aliñado la ensalada a la señora Ange. Pescó la bandeja y me la refregó en la cara. Me apoyó contra el ropero. Yo no paraba de llorar".
Recuerda haber pasado muy mal aquella noche, encerrada en su pieza. La cosa estaba lejos de terminarse. Junto con sufrir estos golpes, vio los moretones que su propia jefa le enseñaba "producto de las golpizas en que se enfrascaba muchas veces con unos tragos de más", según cuenta.
Y es que éste era uno de los motivos constantes de pelea en la casa de Mónica Madariaga: "Ella se ponía a tomar y en la tarde se agarraban a cachetadas. Quien pegaba más era la señora Angelina".
Sonia relata que cuando fue a dejar constancia en Carabineros fue inútil, ya que, según señala, en la comisaría se rieron de ella. "Me dijeron que por qué yo no le había hecho lo mismo (pegarle). Yo les dije que me dio miedo, ya que estaba sola y ellas eran dos personas altas".
En su cabeza no hay claridad. No puede contabilizar el tiempo que transcurrió en la casa de la que por fin salió, aunque con amenazas. "Me hizo firmar los papeles apurada y ni siquiera vi lo que estaba firmando. No podía irme porque si lo hacía sin llevarme mi ropa, dijo que iba a acusarme de abandono de trabajo".
Sonia se animó a denunciar el hecho porque por las noticias comprobó que no era la única.
El abogado Hugo Gutiérrez siente que en vez de dejar una constancia en Carabineros, Sonia no haya tomado una decisión más drástica y denunciara el hecho ante los tribunales; aun así, cree que es posible visualizar futuras acciones legales. "En el caso de Sonia debería proceder una querella por amenazas, ya que Madariaga la obligó a firmar su renuncia para no pagarle nada", sentencia.

Terror en el Supermercado
Diciembre, 21, año 2004. Mientras la ciudadana escocesa de 38 años Dyane Wilson hacía las compras en el Jumbo de La Reina para Navidad, la que pasaría junto a su marido chileno y a sus dos hijos, que en ese momento la acompañaban, la fila de pago sufrió un atraso.
Dos lugares más atrás estaba Madariaga. En ese momento, la extranjera relata que aunque no entendía muy bien el español, pudo percatarse del fuerte lenguaje usado por la ex ministra, quien luego pasó junto a ella con notoria molestia. Wilson le dijo que no era necesario enojarse. Mónica volvió a explotar.
"Ella se da una vuelta y dice, con cara de mucha rabia: ¡Yo soy la ministra de Justicia de Pinochet y tú eres una perra! Luego me pega. Mi hijo de cinco años cayó al suelo llorando. Yo quise ayudarlo y continuó pegándome y después se fue. Yo pedía ayuda, gritaba ¡policía, policía! , y no pasó nada. Y aunque en ese momento no era ministra, ella dice yo soy. Esto fue muy malo para mí. Fui al doctor, no paraba de llorar. Tengo miedo, pienso que puede matarme en la noche".
Según evoca, nadie en el supermercado se acercó a ayudarla. Luego tuvo que irse sola con sus hijos hasta la Clínica Alemana.
A estos dos casos se suma el de la cajera de supermercado María Coñué, quien también fue agredida por la prima de Augusto Pinochet. "Mientras le pegaba le decía perra, inepta, ladrona, clonadora de tarjetas y muerta de hambre... Le tomaba el pelo y la agredía", dice el abogado de la causa, Hugo Gutiérrez, quien asegura que Madariaga "vive anclada en el pasado, en un cargo que tuvo en dictadura y que prolonga hasta el día de hoy. Sigue abusando de lo que en su momento significó. El Poder Judicial debería tomar las medidas para que este abuso cese y permita a todas las personas que agredió verse satisfechas en sus pretensiones de la sanción penal".
Aunque LND intentó comunicarse con Mónica Madariaga, no contestó el teléfono. Sin embargo, su hermano Patricio Madariaga, ex cónsul en Estados Unidos, justifica su actitud, atribuyendo sus bruscos ataques de mal humor al tratamiento médico a que se ha sometido por su cáncer de mamas.
"Hay que entender que ella ha estado bajo tratamiento y no se puede pretender que cualquier persona que está sometida a tratamiento por cáncer, con todas las radiaciones y quimioterapias, actúe en forma normal. Ella tenía un cáncer que ahora está detenido y que primero le tomó las mamas, después la espina dorsal, se le fue a los huesos.
Es muy complicado. Lógicamente, por razones políticas, la gente se aprovecha para atacarla, pero no es una persona en estos momentos que pueda ser sometida a ataques".

13 de enero de 2008
©la nación
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