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opositores denuncian torturas


Opositores a Mugabe denuncian en tribunales haber sido torturados. En declaraciones incorporadas en los archivos judiciales, seis activistas describieron las circunstancias de sus detenciones.
[Celia W. Dugger] Johanesburgo, Suráfrica. Jestina Mukoko, una conocida activista por los derechos humanos en Zimbabue fue obligada en el suelo de grava durante horas y le golpearon la planta de los pies con porras de caucho durante los interrogatorios, dijo en una declaración jurada presentada hace poco ante un tribunal en Zimbabue.
Chris Dhlamini, asesor del líder de oposición y futuro primer ministro de Zimbabue, Morgan Tsvangirai, dijo en una declaración jurada que le metieron la cabeza en un lavatorio lleno de agua hasta que creyó que podía morir ahogado.
Son algunos de los más de doce activistas que dicen que fueron torturados para que confesaran acusaciones falsas después de haber sido secuestrados y detenidos durante semanas por agentes del gobierno del presidente Robert Mugabe en ubicaciones secretas. Ahora están encarcelados en Harare, capital de Zimbabue, acusados de delitos relacionados con actos de sabotaje y terrorismo contra el gobierno.
Mukoko echó a llorar el jueves en un tribunal de Harare cuando contó su detención. "Fui secuestrada, torturada, agredida sexualmente", declaró, según la Associated Press.
Con todavía otra ronda de negociaciones sobre la distribución de poder entre Mugabe y Tsvangiari la próxima semana, Tsvangirai exigió el jueves que todos los detenidos por cargos que calificó de "fabricados" sean liberados antes de que considere gobernar Zimbabue con Mugabe. Once de sus colaboradores están todavía desaparecidos "en medio de crecientes temores por su seguridad", dijo.
"Aquellos secuestrados y detenidos ilegalmente deben ser liberados incondicionalmente si acaso se quiere que se consuma el acuerdo", dijo en una rueda de prensa en Johanesburgo.
Hace cuatro meses Mugabe y Tsvangirai firmaron un acuerdo para distribuir el poder que pondría fin a casi cuatro décadas de gobierno de Mugabe como presidente incontestado de Zimbabue, donde la economía y los servicios públicos están ahora en ruinas. En marzo, Tsvangirai superó a Mugabe en las urnas, pero se retiró de la campaña en julio antes de la segunda vuelta debido a los ataques organizados por el estado contra sus partidarios.
Tsvangirai dijo que volvería el sábado a Zimbabue, después de una ausencia de dos meses. Y cuando él y Mugabe se reúnan la próxima semana, con los presidentes actual y pasados de Suráfrica como mediadores, dijo, insistirá en que antes de la formación de un nuevo gobierno se debe liberar a los secuestrados y se deberán dictar nuevas leyes para que él y su partido supervisen a las fuerzas de seguridad junto con Mugabe y su partido gobernante, ZANU-PF.
Los rivales de Mugabe están tratando ahora de entender por qué uno de los presidentes más arteros de África envió a sus agentes habituales a reprimir a los activistas de oposición poco después de que accediera a compartir el poder con Tsvangirai.
¿Cree realmente que sus rivales en política y en la sociedad civil están utilizando a Botsuana, cuyos líderes son sus críticos más declarados en la región, como base para adiestrar a guerrilleros empecinados en su derrocamiento, pese a los categóricos desmentidos de los acusados?
Ciertamente eso es lo que sugieren los aliados de Mugabe. Johannes Tomana, nombrado hace poco fiscal general por Mugabe, dijo al diario estatal esta semana que las evidencias reunidas hasta el momento probaban que Mukoko, la líder de derechos humanos, "es una amenaza para la sociedad y no debería ser dejada en libertad".
Y el ministro de Seguridad del Estado, Didymus Mutasa, en una declaración entregada al tribunal, rehusó identificar a los agentes que investigaban a los activistas, por razones de seguridad nacional.
Los críticos de Mugabe dicen que su gobierno fabricó la acusación con los activistas para difamar a Botsuana y debilitar a sus peores adversarios. ¿Pero con qué fin?
Algunos en el opositor Movimiento por el Cambio Democrático creen que Mugabe quiere instilar temor en sus organizadores de base en caso de que el acuerdo fracase. Otros dicen que Mugabe, que ha recurrido a la violencia para mantenerse en el poder durante todo su gobierno, puede estar tratando de obligar a Tsvangirai para que acepte su papel como colega más joven sin grandes poderes.
Suráfrica, el país más poderoso de la región, está presionando a Tsvangirai para que acepte la posición de prime ministro, mientras que Mugabe continúa como presidente, y preocuparse más tarde sobre cómo sacar a su gente de la cárcel.
"Seguimos creyendo que el acuerdo debe ser implementado inmediatamente", dijo Thabo Masebe, portavoz del presidente Kgalema Motlanthe, de Suráfrica.
Pero muchos en la oposición creen ahora que fue un error que Tsvangirai firmara en septiembre el acuerdo para compartir el poder, antes de conseguir un acuerdo para que su partido controle al menos una rama de las fuerzas de seguridad del estado, la policía.
Tsvangirai, que cree que Suráfrica ha tomado partido por Mugabe, parece ahora mucho más insistente en su posición de que firmó un acuerdo que dejó sin resolver importantes cuestiones.
El destino de los secuestrados depende ahora de los jueces zimbabuenses, muchos de ellos comprometidos con el gobierno de Mugabe tras recibir granjas, televisores, coches y otros artículos de lujo de regalo.
Los abogados de los activistas han alegado, de momento sin éxito, que sus representados son las verdaderas víctimas, mientras que sus secuestradores en los servicios de seguridad del estado deberían estar tras las rejas.
Beatrice Mtetwa, la más importante abogado de derechos humanos de Zimbabue, dijo que su representada, Mukoko, presidente del Proyecto Paz para Zimbabue, estaba tratando de mantener las apariencias, pero en realidad estaba terriblemente traumatizada. Fue detenida la madrugada del 3 de diciembre, en pijama, y no fue vista durante tres semanas.
"Ya no es la misma persona que se llevaron", dijo Mtetwa.
Abogados de los acusados dicen que las autoridades les han permitido visitar a sus clientes sólo brevemente y en presencia de funcionarios de la cárcel, de modo que sus versiones sobre lo ocurrido en cautiverio fueron entregadas rápidamente y con temor. El tono de las declaraciones es a menudo forzado, y las descripciones incompletas. Sin embargo, se puede percibir el horror de lo que han tenido que soportar.
Dhlamini contó que le ataron las piernas, le amarraron las manos por la espalda y fue "suspendido a considerable distancia del suelo" para ser golpeado en todo el cuerpo con algo "como una lata con piedras dentro" con la que golpearon haciéndola girar.
"Me sentí como Jesús se ha de haber sentido en la cruz, y estaba completamente delirante", dijo.
Mukoko, cuya organización sin fines de lucro ha documentado flagrantes ataques de fuerzas del estado contra dirigentes de oposición antes de la elección, describió prolongadas golpizas contra las plantas de sus pies, una forma de tortura llamada falanga.
"Me dijeron que pusiera los pies sobre la mesa, y empezaron a golpearme", dijo. "Pero entonces parece que se hizo tarde y mis interrogadores hicieron una pausa y volvieron al cabo de algunas horas. Algunos se pusieron a beber mientras miraban a los otros que continuaron golpeándome en los pies".

30 de enero de 2009
15 de enero de 2009
©new york times
cc traducción mQh
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