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yo no maté a rodrigo anfruns


Patricio Pincheira, único inculpado en muerte del niño. Se ha cerrado por tercera vez la investigación por la muerte de Rodrigo Anfruns Papi, ocurrida en 1979 en Providencia, cuyo cadáver apareció tras 11 días de haber desaparecido. Quien fuera acusado como autor del crimen asegura que es inocente.
[Soledad Pino] Han sido 30 años de vivir en la sombra. Patricio Pincheira Villalobos (P.P.V.) y su familia tuvieron un cambio radical en sus vidas desde el 11 de junio de 1979, cuando funcionarios de la Policía de Investigaciones llegaron a su barrio preguntando si alguien conocía a Rodrigo Anfruns Papi, que estaba sin paradero conocido. Para entonces, la imagen del niño de seis años y melena rubia llevaba más de una semana siendo difundida profusamente en los medios de comunicación. Tanto así, que el fin de semana anterior, en el programa ‘Sábados gigantes’, Don Francisco se había ofrecido como canje para que lo liberaran.
El día que llegaron los detectives, Patricio (entonces de 16 años) estaba jugando en la calle con un primo. Cuando los detectives preguntaron si alguien conocía al menor desaparecido, como quien está acertando a una pregunta de ingenio, Patricio levantó su siempre callada voz y dijo: "Yo lo conozco".
Esta afirmación marcó un punto de no retorno en su vida.
Luego vino su detención, varias horas de encierro y, finalmente -según la justicia-, P.P.V confesó haber dado muerte al niño. Más tarde, una jueza de menores lo declaró sin discernimiento, sin embargo debió pasar cerca de tres años en centros de reclusión de menores.
Desde que el caso Anfruns se reabrió en 2004, Patricio Pincheira ha insistido en su inocencia a los distintos jueces que han llevado el caso. Hoy, este hombre de 46 años, que nació un 11 de septiembre, padece una diagnosticada amnesia disociativa que le impide recordar detalles de lo ocurrido aquellos días de junio del ’79. Nunca había accedido a aparecer en la prensa, pero la medida del juez Manuel Antonio Valderrama de volver a considerarlo único autor del crimen, lo ha llevado decir lo que la justicia -asegura- no ha querido oír.

¿Cómo dio la policía con usted, como autor del crimen, en junio 1979?
Yo estaba en la calle, cerca de mi casa, con un primo y otra gente del barrio. Llegaron detectives preguntando sí conocíamos a Rodrigo, nosotros dijimos que sí y nos detuvieron, pero después sólo yo fui llevado a un lugar que, ahora sé, era el cuartel de la Policía de Investigaciones, no pude ver ni hablar con nadie de mi familia. Al día siguiente, llevaron a mi papá para interrogarlo. Luego, a él lo dejaron irse a la casa y yo permanecí ahí. No sé cuántos días estuve, recuerdo haber estado en una oficina con unos hombres que ponían armas sobre la mesa, yo me aferraba al asiento porque tenía miedo, terror. Me encerraron en otra oficina que era más chica y no tenía ventanas, sólo luz artificial. Ahí pasé muchas horas y no podía saber si era de día o de noche, sentía hambre y frío, era invierno. De repente entraba un tipo y ordenaba que me desvistiera, después entraba otro, me retaba por estar sin ropa y me decía que me la pusiera. Después me llevaron a otra oficina que estaba llena de gente, ahí unos me decían que eran mis amigos y que me querían ayudar, otros me gritaban. Me acuerdo que en algún momento entró uno que quería hacer un gallito conmigo, yo me puse a llorar, él me pegó una cachetada. Al final hicimos el gallito y me dijo que tenía una fuerza desproporcionada y que entonces yo era el asesino del niño. Me acuerdo de un tipo que me dijo que iba a estar toda mi vida en la cárcel y que no iba a volver a ver a mis papás nunca más.

¿Usted es culpable del crimen del niño Anfruns?
No, yo no maté a Rodrigo.

¿Por qué se autoinculpó hace 30 años?
Nunca tuve nada que ver con él. Esa supuesta confesión es falsa, yo nunca afirmé que haya matado a Rodrigo, ni nada parecido, recuerdo que dentro del cuartel me dijeron ‘confiesa y te podrás ir a tu casa’, pero ni siquiera ahí confesé. Me han dicho se supone que yo confesé ante el ministro (Ricardo) Gálvez y alguien más, pero no me acuerdo de eso. Además, la firma que está puesta en esa supuesta declaración ni siquiera es mía, yo no tenía firma en esa época.

Pero hay detectives que lo inculpan.
Con solo palabras. No hay ninguna prueba, lo único que me inculpa es esa supuesta confesión.

Detectives, como el subcomisario Raúl Maturana y Luis Cárcamo, aseguran no sólo que confesó, si no que además indicó el lugar donde estaba el cadáver del niño.
Recuerdo que los detectives me sacaron en un auto tapado con un chal, me acuerdo porque no podía respirar bien, iba sofocado. No sabía dónde me llevaban y estando así, tapado con el chal, adentro del auto me hicieron levantar la mano como apuntando a algún lugar, yo lo hice, pero sin ni siquiera poder mirar. Después me subieron al auto y me llevaron de vuelta. Eso fue todo, pero yo nunca supe dónde estaba el cuerpo, fueron ellos los que me llevaron a ese lugar.

El sicólogo Hernán Tuane asegura, en un libro que escribió, que logró su confesión tras pasar varias horas reunido conversando con usted en el cuartel.
No recuerdo que me haya entrevistado un sicólogo. Él dice que yo hice un croquis, un dibujo, y de eso tampoco me acuerdo ni menos haber escrito unas palabras en inglés como ha dicho ese señor, si nunca he sabido ni una palabra en inglés.

Existe la tesis de que Tuane, que trabaja con hipnosis, lo condicionó para que usted diera una versión del crimen.
No sé. Sólo tengo claro que hay muchas cosas que no recuerdo, tal vez pude haber sido hipnotizado para olvidarlas, porque mi memoria tiene problemas.

En 1979 la policía dijo que usted lanzó un zapato del niño Anfruns en el jardín de la casa de los abuelos, para dar una pista. Y que usted habría llamado por teléfono dos veces para decir que buscaran ese objeto.
Eso, por ejemplo, es imposible. Está el libro de clases que demuestra que yo fui todos esos días al colegio, cómo iba a llamar. Además, en mi supuesta confesión digo que hice esas llamadas el día lunes y eso de que tiraron el zapato está registrado que fue un miércoles. Todo eso es falso.

En este caso usted dice que es inocente, y la familia de Rodrigo Anfruns opina lo mismo. ¿Ha conversado con ella sobre su inocencia?
La mamá de Rodrigo una vez me llamó por teléfono, dijo que quería hablar conmigo y bueno, los dos lloramos nada más. Después nos hemos reunido en un par de ocasiones, ella me ha buscado y hemos conversado de otras cosas y una vez hablamos del tema y nos dio mucha pena, ella dice que todo esto es muy triste porque no sólo mataron a Rodrigo sino que también me mataron a mí. Ella está segura de que yo no fui y puede que yo no recuerde cosas, pero estoy seguro de que no soy un asesino y jamás lo voy a ser.

¿Qué recuerda de sus años de reclusión?
Estuve en varios centros, pero me acuerdo más del último, Golda Meir, donde habíamos más de 50 niños. Los mayores me pegaban, tengo varias imágenes de ese tipo. Pero también tuve un amigo que me defendía y también tocaba guitarra.

¿Por qué anda con su rostro prácticamente cubierto? ¿A qué le teme?
Quisiera poder pasar desapercibido, no quiero que la gente me reconozca ni me apunte con el dedo. Me siento estigmatizado. Lo único que quiero es que no molesten más a mi familia, que ya han sufrido mucho con todo esto, no quiero que los vuelvan a molestar. Yo no salgo mucho de la casa, mi nombre es conocido y me parece que el nombre es lo que pesa.

Usted afirma que no es culpable, pero ni usted ni sus padres han hecho mucho por aclarar su situación.
La verdad, no confío en nadie ni tampoco en la justicia. Mi familia siente miedo. Ya me declararon culpable sin serlo y eso no lo van a cambiar, lo único que me interesa hoy es tratar de vivir tranquilo y creo que eso será posible sólo si no se habla más de este tema porque está visto que la justicia no hace nada. No quiero que molesten más a mi familia. El que se haya reabierto el caso, para nosotros, ha sido como volver a vivir toda esa pesadilla y para nada, porque no creemos que se vaya a saber la verdad. Ya me arruinaron la vida y ahora sólo me interesa tratar de vivir tranquilo. La cicatrices de esto y el dolor que genera es algo que va a ser eterno.

Es decir, antes de 2004, cuando se reabrió el caso, ¿usted y su familia vivían tranquilos?
Sí. Tenía un taller de electrónica con mi hermano donde reparábamos equipos de sonido e instrumentos musicales y después tuvimos que cerrarlo porque la prensa no nos dejaba tranquilos, ahora sólo puedo trabajar en mi casa. Han pasado cinco años desde que se reabrió el caso y todavía tengo que salir a la calle comprobando que no haya periodistas que quieran fotografiarme o filmarme. A cada rato llaman a mi casa molestando, pidiendo cosas insistentemente por este caso, y yo lo único que quiero es que nos dejen en paz.

¿Qué le ha parecido la actuación del juez Manuel Valderrama, quien acaba de cerrar la investigación diciendo que usted es el único culpable?
Al conocerlo supe que ya me había prejuzgado. Con su mirada me trataba como un delincuente. En reiteradas ocasiones le dije que yo no era el asesino de Rodrigo.
"Él, en sus interrogatorios, me ha vuelto a atemorizar, me ha presionado para que reconozca que soy culpable. Incluso, en el último interrogatorio me dijo que confesara que yo lo hice, que habían encontrado muestras de mi piel en las uñas de Rodrigo. Yo sé que eso no es verdad. He sido interrogado por otras personas que no son jueces, parece que sicólogos o siquiatras. Me han mostrado fotos y recortes de diario de esa época para que recuerde, pero no con la idea de escucharme, si no de que confiese algo que no he hecho".

< b> Abogado de PPV: "No Hay Prueba Que Lo Incrimine"
El abogado de Patricio Pincheira, José Pedro Mayol, considera inaceptable que la investigación se haya cerrado concluyendo que su cliente es autor del crimen: "La única prueba que el juez Valderrama ha considerado es la supuesta confesión y las versiones –todas contradictorias- de los detectives que incriminan a Patricio".
Mayol dice que en la investigación han surgido varios testimonios que confirman (como dijera el ex carabinero Jorge Rodríguez) que el cuerpo del menor fue puesto en lugar donde fue hallado.
El abogado destaca que "el nombre de Patricio surgió prácticamente al azar, cuando la policía fue a preguntar a la calle quién conocía al niño Anfruns. Es decir, no hubo una investigación o pista previa que hubiese llevado a la policía hasta él".
Recuerda además, que existen informes tanatológicos que muestran que la data de muerte del niño era de sólo un par de días.

5 de julio de 2009
©la nación
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